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Ver la versión completa : La Forja de la Espada Maestra: Epílogo [FIN]



Tildom
18th May 2006, 00:43
Pues hala, a derrochar arte escrito se ha dicho. Voy a ir colgando aquí los capítulos de un fanfic sobre Zelda que estoy escribiendo. Sois libres de criticar todo lo que queráis (de hehco espero que lo hagáis, me gusta saber qué piensa la gente de lo que escribo). A disfrutarlo con salud.


Índice (modificado para adecuarlo al cambio de foro)

1. Conspiración Pág. 1
2. Un peculiar arbusto Pág. 1
3. Gloria y Honor al Reino de Hyrule Pág. 1
4. El Santuario Dorado Pág. 2 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=6106&viewfull=1#post6106)
5. El Juramento Pág. 2
(http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=6479&viewfull=1#post6479) 6. El cazador y su presa Pág. 2 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=7047&viewfull=1#post7047)
7. Una fiel amiga Pág. 2 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=7388&viewfull=1#post7388)
8. Un sabio de otra era Pág. 2 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=7708&viewfull=1#post7708)
9. La llamada del Destino Pág. 2 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=8275&viewfull=1#post8275)
10. La Forja de la Espada Maestra Pág. 3 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=8996&viewfull=1#post8996)
11. La Llave Pág. 4 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=9404&viewfull=1#post9404)
12. El asesino Pág. 5 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=9586&viewfull=1#post9586)
13. Hacia el Santuario Pág. 6 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=9939&viewfull=1#post9939)
14. La Puerta al Reino Dorado Pág. 7 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=10490&viewfull=1#post10490)
15. Réquiem Pág. 7 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=10922&viewfull=1#post10922)
16. La Torre Pág. 8 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=11681&viewfull=1#post11681)
17. Las Gerudo Pág. 9 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=13755&viewfull=1#post13755)
18. Los Ojos del Río Pág. 10 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=15778&viewfull=1#post15778)
19. El Desafío Pág. 11 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=22215&viewfull=1#post22215)
20. El Rey del Mal Pág. 11 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=26839&viewfull=1#post26839)
21. La Visión y el Despertar Pág. 12 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=36420&viewfull=1#post36420)
22. La Venganza de los Caídos Pág. 13 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=39521&viewfull=1#post39521)
23. Bautismo de Sangre Pág. 13 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=49276&viewfull=1#post49276)
24. Hombres y Demonios Pág. 14 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=59212&viewfull=1#post59212)
25. El Amor de un Hijo Pág. 14 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=62813&viewfull=1#post62813)
26. La Palabra del Valor Pág. 15 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=70126&viewfull=1#post70126)
27. Siete Mil Aceros Pág. 16 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=104520&viewfull=1#post104520)
28. El Hombre y la Bestia Pág. 17 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=115025&viewfull=1#post115025)
29. La Luz de la Sabiduría Pág. 17 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=118514&viewfull=1#post118514)
30. Los Tres Elegidos Pág. 18 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=131159&viewfull=1#post131159)
31. Epílogo Pág. 18 (http://www.revogamers.net/comunidad/showthread.php/147-La-Forja-de-la-Espada-Maestra-Ep%C3%ADlogo-FIN?p=137043&viewfull=1#post137043)



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1
Conspiración


La posada estaba atestada de gente y el recién llegado tuvo que esforzarse para llegar a la barra. Iba envuelto en una capa de viaje de color marrón cuya capucha le ocultaba el rostro. En sus manos sujetaba un bastón de recia madera con el que golpeó en la barra para llamar la atención del posadero, un hombre de mediana edad y rostro enjuto, que se acercó en cuanto lo reconoció.

- Pasad – le dijo al oído -. Os estaban esperando.

El encapuchado asintió y se dirigió a la parte de atrás de la posada donde había una puerta cerrada con llave. De nuevo con el bastón, golpeó la plancha de madera con una peculiar cadencia y el sonido de una llave al girar en la cerradura le llegó a través del griterío de la gente. La puerta se entreabrió y apareció la cara de un niño a apenas un metro del suelo. Al verle asintió con seriedad y se hizo a un lado, invitándole a pasar.

El otro atravesó la puerta y oyó cómo se cerraba detrás suyo. Apenas hubo andado unos metros cuando se detuvo ante una escalera excavada en piedra que desaparecía un poco más adelante en la oscuridad del subterráneo.

- ¿Hace mucho que han llegado? – preguntó.

- El suficiente como para empezar a impacientarse.

Se rió ante el mordaz comentario.

- Entonces dame una luz para que no sigan esperando.

El niño le tendió un farol que acababa de encender.

- La segunda puerta de la izquierda.

Asintió y, rebuscando en el interior de la capa, sacó una pequeña moneda de cristal azulado que dio al muchacho. Acto seguido se guardó el bastón a la espalda y sostuvo el farol para ver por donde pisaba. Había recorrido aquellos túneles varias veces y cada vez que bajaba aquellas estrechas escaleras de caracol sentía como si la tierra se lo tragase. El olor a cerrado y la humedad del pasadizo no eran de su agrado, pero la naturaleza de su pequeña reunión requería aquel secretismo.

Al cabo de unos segundos, llegó al final de la escalera y al inicio de un túnel con cuatro puertas. Siguió las instrucciones del chico y llamó a la segunda de su izquierda.

- ¿Quién es? – preguntó una voz cascada al otro lado.

- Soy yo, eminencia – contestó.

La puerta se abrió de inmediato y ante él estaba el viejo Cadler, el clérigo a cargo del Santuario Dorado. Era un hombre de expresión amable en el rostro y cabellos entrecanos que le caían en cascada sobre los hombros. Sus ojos eran de un azul clarísimo, casi gris, sus ropajes eran blancos y el único adorno que se permitía era una estola bordada con hilo de oro.

- ¡Muchacho! – exclamó al verle - ¡Cuánto me alegro de que estés sano y salvo!

Correspondió al abrazo del anciano con cariño y afecto.

- También yo me alegro de verte. Veo que todavía no se han atrevido a ponerte la mano encima.

- Aún hay fuerza en estos brazos y cordura en mi vieja sesera. Sin embargo, él es cada vez más fuerte y no está lejano el día en que yo también me vea obligado a luchar por mi vida.

“Pero pasa y hablemos de cosas más inmediatas. Déjame que te presente a los otros y comencemos la reunión.

El hombre entró y se quitó la ajada capa. Resultó ser un joven de apenas veinte años. Su rostro rezumaba juventud y excitación. Sus cabellos eran de un castaño muy claro, casi rubio, y sus ojos de un profundo azul. Sus orejas acababan en una graciosa punta que lo marcaban como a un hylian, la más apreciada de las razas de Hyrule. En la oreja derecha, además, lucía un sencillo aro de oro.

Iba ataviado con una cota de mallas de bella manufactura. Una camisa y un pantalón, ambos de color crema y gastados por el uso, eran los encargados de que la armadura no rozara con la piel. Completaban su vestuario unas botas de viaje, marrones, una bolsa abultada que le pendía de un grueso cinturón de cuero y una vaina a su espalda donde tenía guardado el bastón de madera.

Depositó su raída capa en el respaldo de una silla y con mirada tranquila estudió a las otras personas que se encontraban en la sala, de mediano tamaño, bien iluminada y con varias sillas dispuestas alrededor de una mesa.

Había un hombre de mediana edad, pasados los cuarenta años, de pie, con el cuerpo vuelto hacia un cuadro de caza. Sus cabellos eran rubios y lucía una barba bien cuidada. Vestía con ricos ropajes y una espada pendía de su cinto. Al verle aparecer se dedicó a estudiarle detenidamente con unos inquisitivos ojos verdes.

A los pocos segundos desvió la mirada y la posó en las otras dos personas que quedaban. Una de ellas también estaba de pie y era una mujer de gran estatura, calculó que casi un metro ochenta, protegida con un peto de acero y armada con una espada de pomo oscuro. Sus cabellos eran plateados y de sus hombros surgía una capa negra que le rozaba los tobillos. Su rostro estaba pintado con dibujos tribales y una de sus manos, enfundadas en guantes de cuero negro, se posaba en el respaldo de una silla ocupada por la criatura más bella que había visto en su vida.

Unos cabellos largos y rubios descendían por su espalda como una cascada bajo la luz del atardecer y aureolaban un níveo rostro de facciones exquisitas. Tendría su edad, tal vez un poco menos, y sus ojos, grandes y azules, lo miraron de una forma que sintió que las piernas le iban a fallar. Vestía unos ropajes blancos y una sobretúnica de color azul cuya capucha descansaba sobre sus hombros. Un último detalle, era también una hylian, le confirmó la identidad de la mujer.

Inmediatamente se arrodilló y bajó la mirada.

- Princesa... – dijo con tono reverente.

- Levantaos – ordenó la joven con una voz melodiosa -. En esta habitación no hay lugar para las jerarquías.

- Dejadme hacer las presentaciones - dijo Cadler a la vez que el recién llegado se incorporaba -. Maestro Arad – el hombre rubio asintió con la cabeza -; Lady Impa – señaló ahora a la guerrera plateada y negra –; y ya habéis reconocido a la princesa Zelda.

- Vuestra belleza es digna de mencionarse en las leyendas, princesa Zelda. Es un honor conoceros.

La princesa aceptó el cumplido con una sonrisa que hizo que el joven hiciera otra profunda reverencia que ocultara su sonrojo.

- Y vos sois... – preguntó Arad acercándose a su silla.

- Link - contestó el joven.

- Como ya os dije antes, es mi protegido desde hace muchos años – dijo Cadler mientras que invitaba a todos a tomar asiento.

- También es un placer conoceros, Maestro Arad. Vuestra fama ha llegado a oídos de todos.

El aludido respondió a la deferencia del muchacho con un modesto cabeceo.

- Me temo que esa fama está mal adjudicada, puesto que la guerra está casi perdida, joven Link. Yo... – se frenó y abarcó con un gesto a todos los presentes – Todo el reino está en serio peligro.

- Dejémonos de cortesías inútiles – cortó secamente Lady Impa -. El tiempo corre en nuestra contra y el lazo a nuestro cuello aprieta cada día más.

- Maestro Arad – preguntó la princesa -. Vos sois el único que ha luchado contra Ganondorf. Contadnos cómo fue.

El hombre se mesó los cabellos y cerró los ojos durante un momento, mientras hacía memoria. Luego comenzó su relato.

- Ya hemos perdido la cuenta de las batallas que hemos librado contra él. Esta guerra ya ha durado veinticinco años, demasiados, y a pesar de que al principio ganamos los enfrentamientos, las fuerzas de Ganondorf se han ido haciendo más fuertes mientras que las nuestras se debilitaban.

"Hará cosa de un mes que sufrimos nuestra última derrota, y fue la única ocasión en que he podido ver al Demonio de Jade en persona. Ante nosotros se extendía un enorme ejército mientras que el nuestro apenas contaba con un par de miles. Luchábamos por mantener el puente norte del Zora, el que lleva a la ciudad de Kakariko. La batalla comenzó y los dos ejércitos se juntaron en medio de los gritos y el entrechocar de metales. Y de pronto lo vi. Vi al Demonio de Jade.

"Sacaba una cabeza al más alto de mis hombres y sus ropajes eran oscuros como la noche. Su piel era verdosa y sus cabellos eran del color de la sangre. En su frente refulgía una gema amarillenta y sus ojos rebosaban odio. Iba a lomos de un infernal corcel, tan negro como el alma de su jinete, de cascos, crines y aliento llameantes. Se desprendía de ambos un aura oscura que contrastaba con la luminosidad de la mañana.

“Enarbolaba en su mano una enorme espada curva y aplastaba a cuantos se le ponían en medio. Di la orden de acabar con él y dos compañías de arqueros dispararon. Las flechas parecían no alcanzarle, o si lo hacían no le causaban más daño que el viento o la lluvia. Las espadas, hachas y lanzas rebotaban antes de alcanzarle a él o a su cabalgadura.

“Por donde pasaba, mis tropas huían atemorizadas y las suyas recrudecían el ataque. Al cabo de apenas media hora tuve que ordenar la retirada para evitar nuestra total aniquilación. Algunos huimos hacia Kakariko, otros hacia los pueblos al margen del Zora y unos pocos escaparon a los Bosques Perdidos; de esos no hemos sabido nada.

Arad se derrumbó en su silla y metió la cabeza entre los brazos.

- Un par de días después, los que nos resguardábamos en Kakariko tuvimos que huir de nuevo. La ciudad ha caído y ahora no es más que otra provincia en manos de Ganondorf. Si tan solo...

- Nadie podría haberlo hecho mejor, Arad – lo consoló la princesa -. Ganondorf es un demonio con extraños poderes y ha quedado demostrado que las armas normales no le pueden dañar.

- Es por eso que estamos aquí – dijo Cadler -. Después de tantos años, Ganondorf no sólo amenaza con destruir nuestro amado reino sino todo Hyrule. Los Gorons temen el despertar de Volvagia, al antiguo Dragón de los Submundos, y las fronteras con los Zora ya ha sido testigo de más de un derramamiento de sangre.

- El último reducto que nos queda es esta ciudad con su castillo y Ganondorf busca desesperadamente un arma que le ayude – dijo Arad apoyando las palabras del abad.

- ¿Existe ese tipo de arma? – preguntó Link.

- Existe – contestó Impa extremadamente seria -, y conquistar Kakariko era parte de sus planes para apoderarse de ella. Allí se guardaba el Libro de Mudora.

El rostro de Cadler palideció.

- ¿El... el Libro de Mudora? – preguntó con voz entrecortada.

- Así es.

- ¿Por qué es tan importante ese libro? – preguntó Link inocentemente.

- Es antiguo, muy antiguo, escrito cuando Hyrule eran aún un reino joven – explico Lady Impa -. Los Sheikans somos sus guardianes desde hace muchos siglos y sus secretos nunca han podido ser desvelados, pues está escrito en una lengua ya muerta.

- Entonces no hay problema, ¿verdad? No creo que Ganondorf tenga éxito allí donde sheikan e hylian han fracasado.

- Ganondorf no está solo – dijo Impa -. Hay muchas criaturas bajo su mando, y entre ellas las Hechiceras; dos hermanas brujas de una sabiduría tan grande como la negrura de su corazón: son las madres de Ganondorf y puede que ellas sí sean capaces de descifrar el contenido del Libro de Mudora.

- ¿Entonces es posible que Ganondorf encuentre algún hechizo que le dé el poder suficiente como para conquistar el mundo?

- No hay hechizo en el mundo que tenga ese poder – aleccionó Impa -. Los antiguos jamás lo hubieran permitido. Pero sí existe algo, no creado, sino otorgado, que tiene ese poder, y en el Libro de Mudora está explicado dónde hallarlo.

- El Triforce – dijo la princesa en un susurro.

- El Triforce, sí – contestó su guardiana, apesadumbrada -. El Tesoro Dorado aguarda, quien sabe si más allá de las fronteras de este mundo, a que alguien lo encuentre y use su poder.

Link asintió ante esas palabras. Se había criado en el Santuario Dorado y conocía la leyenda del Triforce.

- ¿Cómo podría Ganondorf usar un objeto del bien para hacer el mal? – preguntó Arad.

- El Triforce no entiende de bienes y males – explicó Cadler – al igual que las Tres Doncellas – e hizo un gesto de respeto – a las que representa. Cumplirá los deseos de quién lo encuentre, sean para bien o para mal. Es una herramienta, una de un tremendo poder, y por eso permanece oculta; a la espera de que alguien demuestre ser merecedor de usarlo.

- ¿Hay alguna forma de recuperar el libro? – preguntó Link.

- Ninguna – dijo Arad -. Si lo que se ha dicho hoy aquí es cierto, entonces Ganondorf lo protegerá con su propia vida. Pase lo que pase, el Libro de Mudora es inalcanzable.

- Entonces debemos encontrar el Triforce antes que él – sentenció Link.

Arad sonrió a pesar del dramatismo de la situación.

- ¿Encontrar el Triforce? ¿Sabrías por dónde empezar a buscar?

- El Libro de Mudora no es la única fuente que revela las claves para encontrar el Tesoro Dorado – dijo Lady Impa -, aunque sí la única que teníamos, por así decirlo, a mano. Hablaré bien claro:

"La situación es desesperada, es una evidencia harto probada. Vuestras noticias, General, no nos toman por sorpresa, a excepción de la pérdida del libro. Con motivo del gran peligro que todos corremos, se ha concertado una reunión en el lago Hylia, durante la próxima luna llena cuyo objetivo será dilucidar una forma de derrotar a Ganondorf.

- Por eso te he hecho llamar– le dijo Cadler a su joven pupilo -. Link debía conocer la gravedad de lo que está sucediendo pues quiero que vaya por mí a ese Concilio.

- ¡Inaudito! – exclamó Arad levantándose – Vos debéis acudir sin duda a una reunión tan importante. No hay nadie en todo Hyrule tan docto como vos en interpretar la voluntad de las diosas. Vuestra ayuda será inestimable.

- Y sin embargo no creo que pueda aportar nada nuevo – contestó Cadler apaciguando con un gesto al general-. Link fue criado en el Santuario y está versado en las escrituras y la tradición. Conoce tan bien como yo los textos referentes al Triforce y respecto a la voluntad de las diosas... No creo que haya nadie que pueda considerarse docto en esa materia. Link lo hará estupendamente.

- Si vos lo decís... – dijo Arad, más tranquilo y otra vez sentado, aunque ni mucho menos convencido – Aún así, yo no podré ir, tengo que preparar las defensas de la ciudad y reorganizar al ejército.

- Yo tampoco puedo ir – dijo Lady Impa -. Hay ciertos asuntos que me apartarán unos días de la princesa y si queremos que llegue a tiempo debemos salir mañana a más tardar.

- Lo que deja a Link como único escolta de la princesa. Otro motivo más para que sea él quien vaya.

- ¡Un momento! – volvió a interrumpir Arad – Una cosa es que permita que este joven vaya en lugar de vos, una concesión a vuestra sabiduría y buen juicio si así lo queréis ver, pero otra muy distinta es que acceda a que mi princesa viaje por medio reino sin más protección que un sólo hombre. Os otorgaré una escolta en condiciones; seis hombres deberían bastar.

- No – dijo Zelda, sorprendiéndolos a todos -. Debemos viajar ligeros. Una escolta nos haría avanzar mucho más lentos. En un primer momento iremos Link y yo solos, ya se nos unirá Impa más adelante.

- Pero princesa...

Zelda miró a Arad y sus ojos reflejaban la autoridad que había heredado de un centenar de antepasados.

- Respetareis mi decisión, Arad. Que mi palabra se haga ley.

Viendo que no haría cambiar de opinión a su señora, Arad bajó el rostro, algo avergonzado por haber sido puesto en su lugar.

- Si es vuestra voluntad la acataré.

- Lo es – sentenció la princesa.

En ese momento se abrió de golpe la puerta y apareció el muchacho de la entrada, visiblemente alterado.

- ¡Atacan la ciudadela! ¡El Demonio de Jade ha llegado!

En un primer momento ninguno pudo articular palabra, conmocionados por la noticia. El primero en reaccionar fue Arad.

- ¿Cuándo ha ocurrido? ¿Cómo? – interrogó al muchacho.

- La noticia corre por las calles. El ejército ya se divisa en el horizonte y la gente huye aterrorizada.

- ¡Maldición! – exclamó Arad – No creí que fuera a avanzar tan rápido.

- La guerra es impredecible, General – dijo Impa -. Y más aún contra Ganondorf.

- Sea lo que sea la guerra, mi señora, debo atender mis deberes cuanto antes. Soy un general sin apenas ejército y he de disponer de uno para Hyrule en unas horas. Buena suerte en vuestro viaje, princesa – dijo haciendo una reverencia -. En vos reside la esperanza de nuestro mundo.

Dicho esto, y sin despedirse del resto, salió atropelladamente de la habitación, casi arrollando al muchacho.

Link estaba confuso, no sólo por la enorme responsabilidad de la misión que le acababan de asignar, sino por la noticia de que el ejército de Ganondorf estaba a punto de atacar la ciudadela.

- No puede ser. Llegué hace un par de horas y no vi rastro de ningún ejército.

- La hechicería puede ser una aliada poderosa – dijo Cadler, tratando de consolarle -. Tus ojos fueron cegados por el poder de Ganondorf.

"Lo único que importa es que ahora debemos salir cuanto antes de aquí, antes de que conquiste la ciudadela.

Nadie quiso parecer rebatir la predicción de Cadler. Ninguno de los presentes era lo suficientemente iluso para pretender que la ciudadela de Hyrule resistiría a las fuerzas del conquistador.

- ¿Por dónde huiremos? – preguntó Link – Las puertas de la ciudad pronto se atrancarán y antes de eso habrá cientos de personas intentando abandonar la ciudad.

- Existe una forma – dijo Impa -. Hay un pasadizo en el castillo que conduce al Santuario Dorado.

Link miró significativamente a Cadler.

- A ver si lo adivino: el retablo de Farore. Ese al que nunca dejabas que me acercara.

Cadler sonrió.

- Si lo hubiera permitido, pronto habría recibido quejas de un muchacho insoportable haciendo de las suyas.

- Un hermoso recuerdo familiar, tal vez cuando un ejército no nos amenace... – dijo Impa imponiendo la realidad.

- Por supuesto – se disculpó Link -. Entonces atravesamos el pasadizo, llegamos al Santuario Dorado y allí decidimos la mejor ruta para llegar al Lago Hylia.

- Vamos – dijo la princesa -. No hay tiempo que perder.

leowesker
18th May 2006, 00:58
Muy weno tio, pero Link no habla, xDDDDDDDDDDDDD es broma, yo siempre e creido q es autista o retrasao o algo. xDDDD es broma

Super Mario
18th May 2006, 13:06
Esta muy currado aunque se hace un poco pesado de leer si no conoces mucho la saga zelda :^^:

gokun
18th May 2006, 18:10
Mola mucho, animate a poner más capítulos.

Tildom
20th May 2006, 01:15
2
Un peculiar arbusto

La noticia había corrido como la pólvora y, mientras salían de la posada, Link se preguntó si sería posible llegar al palacio sanos y salvos. Carros y carretas cruzaban las calles empedradas de la ciudadela a velocidades de vértigo, todas buscando la oportunidad de escapar antes de que el Demonio de Jade llamara a sus puertas.

Los relinchos de los caballos se entremezclaban con el griterío de la gente, presa del pánico. Aquellos que no tenían corcel alguno, la gran mayoría, tenían que contentarse con llevar sus pertenencias más valiosas a cuestas, y corrían para llegar a tiempo a las puertas.

- El pánico convierte en extraños a los seres queridos – dijo Cadler, repitiendo un viejo dicho.

- Esto es mucho peor que el pánico – respondió la princesa, apesadumbrada.

- Os veré en la sala del trono – les dijo Impa, muy seria -. Hablaré con Su Majestad y le haré saber que estaréis a salvo.

Zelda asintió y la sheikan desapareció entre la multitud como una sombra.

- Tratemos de llegar lo antes posible al palacio – dijo Link al acabo de unos segundos-. Lo que debe importarnos ahora es buscar una forma de poneros a salvo.

Con resignación, los tres comenzaron a avanzar en dirección contraria al resto de la gente. Afortunadamente, el miedo impedía que le gente les prestara demasiado la atención, y nadie dio señales de haberlos reconocido. Varias veces tuvieron que retroceder y avanzar por estrechas callejuelas, ya que la guardia de la ciudad había formado barricadas para defender la ciudad.

Finalmente, llegaron a los muros del palacio, a poca distancia del rastrillo de entrada. Su elevada posición les permitía ver lo que sucedía más abajo. A lo lejos, se podía ver a los que habían logrado salir de la ciudad, huyendo sin orden alguno. Aquellos que no lo habían conseguido se debatían entre el desespero y la aceptación; muchos de estos últimos se habían unido al ejército de la ciudad para luchar hasta el final. El resto, volvían a sus casas a la espera de lo inevitable. En el horizonte, que ya comenzaba a teñirse con los colores del ocaso, una densa humareda se elevaba en toda su longitud. Era el polvo que levantaba el ejército de Ganondorf.

- Llegaran dentro de muy poco – dijo Cadler.

- Para entonces estaremos muy lejos de aquí – contestó Link -. ¿Alguna idea de cómo entrar en el palacio?

- Hay por aquí un arbusto con forma extraña – dijo la princesa -. Debajo de sus raíces hay un túnel que lleva a los sótanos del palacio.

- Ya lo tengo – anunció Link a los pocos segundos de buscar -. Más que un arbusto parece un lechuga gigante.

- Tiene que haber una argolla camuflada en la tierra – instruyó la princesa.

Link se agachó y buscó en la base de la "lechuga". Con una sonrisa de satisfacción tiró de algo y levantó una trampilla de madera: un oscuro agujero con una escala de cuerda y madera quedó al descubierto.

- Primero Cadler, luego vos y finalmente yo – dijo Link a la vez que oteaba a su alrededor, en busca de curiosos.

El grueso clérigo comenzó el descenso entre bufidos y gruñidos de esfuerzo. Al cabo de un tiempo dejó de oírse nada y, unos segundos más tarde de aquello, la escala dio tres tirones suaves.

- Vuestro turno – llamó Link a Zelda, que estaba distraída viendo la panorámica de la ciudad. El joven hylian la ayudó a descolgarse y la vio desaparecer por el húmedo agujero.

No tuvo que esperar tanto como con Cadler y poco después s reunió con ellos en las profundidades del pasadizo. Estaba apuntalado con gruesas vigas de madera, como si del interior de una mina se tratara. La poca luz de que disponían provenía de los resquicios de la trampilla de entrada, que Link había cerrado antes de bajar para que no les siguieran, pero más adelante al túnel se lo tragaban las sombras.

- ¡Maldición! – exclamó Link – Tendríamos que haber traído algo de luz.

- Ya es demasiado tarde para pensar en eso. Démonos de las manos y confiemos en no tropezar – dijo la princesa.

Primero Zelda, luego Link y finalmente Cadler avanzaron con extrema cautela por el pasadizo durante varios minutos. Link ya comenzaba a sentirse agobiado por la falta de visión, cuando se detuvieron.

- Aquí – susurró la princesa -. Hay una puerta corrediza de piedra. Cuando la abramos estaremos en los dormitorios de la reserva.

- Echaré un vistazo – propuso Link -, aunque no creo que haya nadie. Sólo por si acaso.

Se adelantó un par de pasos, guiándose con las manos, hasta palpar el muro de piedra.

- Tiene que haber un asidero a la izquierda – lo guió la princesa.

- Ya lo tengo – contestó el joven cuando lo encontró -. Pegaos a la pared.

Tuvo que hacer más fuerza que con el arbusto, pero, finalmente, también cedió. Sin embargo, esta vez sólo la separó un poco de la pared y echó un vistazo. Por la delgada ranura entró una débil luz que, según Link pudo comprobar, provenía de un farol, olvidado encima de una mesa. La puerta secreta daba a un dormitorio con cerca de veinte literas, completamente vacío. Link esperó unos segundos, para cerciorarse de que estaban solos, y terminó de abrir la puerta para que pudieran salir.

Una vez fuera, la princesa los guió por los laberínticos subterráneos del castillo hasta llegar a unas escaleras.

- Éstas escaleras dan al patio interior del castillo – instruyó la princesa -. Allí hay dos puertas laterales y una principal. Las laterales conducen a las dependencias de los sirvientes y a las caballerizas. La central es la puerta principal.

- A estas alturas el castillo estará totalmente vacío – razonó Cadler -. Todos los hombres tendrían que estar en las puertas de la ciudad para recibir a Ganondorf.

- Nunca se sabe. Vamos.

Link encabezó la marcha y comenzó a subir por los escalones. El aire se hizo más liviano y el joven notó cómo volvían a estar cerca de la superficie. Unos pocos metros más subiendo y ya se encontraban bajo la luz del agonizante sol. Tal y como Cadler predijera, no había un alma en el castillo.

- Démonos prisa – dijo Cadler -. Ya no aguanto más esta situación.

Atravesaron el patio y entraron en el palacio por la puerta principal. Cruzaron habitaciones y pasillos totalmente vacíos. Incluso había pequeños elementos que resaltaban aun más esa soledad, como alimentos a medio terminar o herramientas tiradas por el suelo: todos habían salido huyendo.

- Orgulloso pueblo del pasado / luz que a los presentes guía... – tarareó Link, distraído.

- Guía es precisamente lo que necesitamos ahora – dijo la princesa mientras entraban en la enésima habitación desierta.

- Y uno se pregunta, ¿dónde está la orgullosa sangre de los hylian? ¿Lo sabéis vos, princesa?

- Quedamos muy pocos. El poder de nuestro pueblo se ha diluido con la sangre de los humanos.

- Tranquila – dijo Cadler, burlón a pesar de las circunstancias -, No me ofendo.

La princesa abrió muchos los ojos y trató de disculparse por sus palabras. Cadler y Link se rieron.

- Sé que no queríais decir eso, alteza – aclaró Cadler -. Incluso os doy la razón: tal vez las cosas hubieran sido diferentes si más de los vuestros quedaran con vida, pero hay que aceptar lo que tenemos. Los antiguos sabían que esto podría llegar a suceder.

- Podrían haber averiguado quiénes eran los antepasados de Ganondorf y habernos ahorrado todo esto, ¿no te parece? – dijo Link amargamente.

Cadler decidió ignorar ese comentario, como tantas veces lo había hecho en el pasado. Cuando Link se ponía pesimista solía decir tonterías.

- Ellos dejaron por escrito pistas y secretos que sólo ahora, cuando el peligro nos ha plantado cara, hemos empezado a desentrañar. ¿Quién sabe cuántas maravillas nos quedan por descubrir?

- Ninguna, si Ganondorf se apropia de ellas antes – dijo Link -. Hemos llegado.

Cruzaron el último pasillo y abrieron la última puerta. Llegaron a una amplísima sala con altas cristaleras por las que se filtraba la luz del ocaso. Al fondo había una figura alta, que les aguardaba, impaciente, con una antorcha encendida en la mano: era Impa.

- ¡De prisa! – los azuzó la guardiana – La batalla está a punto de comenzar.

Una vez todos juntos, Impa rebuscó detrás de una columna al lado del trono y unos segundos después se oyó un chasquido. El enorme asiento, de oro y seda azul, se hizo a un lado dejando ver un oscuro pasadizo.

Los cuatro se quedaron de pie unos momentos, frente a la oscuridad, en completo silencio e iluminados por la luz de la antorcha, que crepitaba ansiosa.

Link se ajustó la capa y elevó una rápida plegaria a las tres diosas, para que los protegieran.

- Vámonos – dijo finalmente.

- Esperad un momento, joven Link – le dijo Lady Impa -. ¿Sabéis usar la espada?

- Sí.

- Es posible que en vuestro camino os enfrentéis a peligros que deban ser combatidos con acero, no con madera. Tomad la mía - diciendo esto se la arrojó, con vaina y todo.

- Pero...

- No hay tiempo para eso. Debéis ser raudos y llegar a salvo al Lago Hylia. Nos veremos dentro de poco – esta última frase iba sobre todo dirigida para tranquilizar a Zelda.

La princesa la miró con ojos brillantes a causa de las incipientes lágrimas que pugnaban por aflorar y le dio a su protectora un largo y sentido abrazo. Mientras, Link se ciñó la espada de Impa a la espalda y dejó el bastón a un lado. Impa y la princesa se separaron tras decirse algo ininteligible al oído. Luego, ella y Cadler se internaron en el pasadizo portando la antorcha. Link ya se disponía a seguirles cuando la mano de la sheikan le detuvo.

- Protegedla con vuestra vida si es preciso.

No sabría decir por qué, pero a Link no le gustó para nada aquel tono de súplica desesperada. Se limitó a asentir solemnemente y corrió para alcanzar a los demás.

True_soul
20th May 2006, 02:23
muy buena la historia. deberias SACAR UN LIBRO XD

fera14
20th May 2006, 03:01
oye y la tercera parte yo quiero la tercera parte

revogitano
20th May 2006, 07:17
¿Le has mandado eso a Nintendo? ¡Igual te ficha Miyamoto! :^^:

Tildom
21st May 2006, 21:12
3
Gloria y Honor al Reino de Hyrule


Impa vio cómo su protegida y sus dos acompañantes desaparecían por el pasadizo. Cuando la luz de la antorcha que llevaban no era más que un nítido recuerdo, la guerrera se apresuró a clausurar y bloquear el pasadizo. Con la retaguardia de la princesa protegida hasta donde ella podía, no le quedaba más que ir a las puertas de la ciudad y luchar por Hyrule.

Unos minutos después, la legendaria sheikan cabalgaba a lomos de una yegua blanca, blandiendo una espada nueva y jurando venganza contra Ganondorf. No había cruzado ni media ciudad cuando los ataques comenzaron.

Las enormes máquinas de guerra lanzaron sus primeras salvas y el silbido de los enormes proyectiles al cruzar el aire hendió sus oídos. Cayeron los primeros edificios antes de que las máquinas de los defensores contestaran a las de los invasores. Impa apreció, no sin cierto desespero, que el ejército de Ganondorf era abrumadoramente numeroso, mucho más de lo que cualquier esperanza era capaz de resistir.

- No abras las puertas, Arad - murmuró Impa -. Eso es lo que él quiere.

Fue como si la hubiera oído y decidido que, a fin de cuentas, era él el general de Hyrule y quien debía tomar las decisiones. Los clarines del ejército de la ciudad se dejaron oír por encima del estrépito y las puertas se abrieron de par en par.

Impa maldijo en voz alta y redobló sus esfuerzos para llegar lo antes posible. Poco a poco perdió la perspectiva y pronto ya no pudo ver nada más. El clamor de la batalla era cada vez más cercano, pero para la amazona era desesperante no saber a ciencia cierta lo que ocurría. Finalmente, cruzó una esquina, encarriló la avenida principal de la ciudad y, pocos segundos más tarde, llegó al puesto de mando.

Se había improvisado una pequeña maqueta en una tienda de una plaza y, desde allí, los altos mandos decidían los movimientos de la batalla. Un número ingente de mensajeros entraban y salían continuamente del lugar con noticias y órdenes. Arad, despeinado y con el rostro desencajado, discutía con otro general cuando se percató de la llegada de Impa.

- ¿Qué demonios ha pasado? - le recriminó la sheikan mientras bajaba del caballo y apartaba a un soldado - ¡Habéis abierto las puertas! ¡Será una completa masacre! ¿Dónde está Su Majestad? ¿Cómo es que lo ha permitido?

Arad decidió que no era momento para sutilezas, así que le dio la noticia.

- El rey ha muerto. Lo alcanzó una catapulta durante la primera andanada.

Impa se quedó muda, aunque sólo unos instantes. Su ganada fama de fría luchadora consiguió imponerse y centró su atención en la batalla que tenían entre manos.

- ¿Y quién ha ordenado abrir la ciudad al enemigo? - preguntó sin miramientos mientras prodigaba una intensísima mirada a todos los presentes.

Fue Arad el que contestó.

- ¡Por el amor de las diosas, Impa! ¿Es que acaso no lo ves? La batalla está perdida. Ganondorf ha ganado la guerra.

Impa se giró ante tal afirmación y estudió detenidamente a Arad. Vio en él algo que antes se le había pasado por alto; vio resignación, miedo y cobardía. Vio traición.

- ¡Chacal! - gritó mientras lo señalaba con la punta de la espada - ¡Has traicionado al pueblo al que ordenaste servir!

Todos los hombres que se encontraban cerca de Arad los miraron confusos; primero al uno, luego a la otra. Luego, desenvainaron sus propias armas y Arad se encontró rodeado por un círculo de amenazadores aceros. El general traidor ni siquiera se dignó a rebatir las acusaciones de la guerrera.

Justo cuando ésta iba a ajusticiarlo allí mismo, un terrible estruendo se dejó oír y la tierra tembló. Una enorme nube de humo se elevó por encima de la ciudad allí donde la muralla había cedido. Las tropas de Ganondorf entraron por la recién abierta brecha rugiendo y clamando lucha. Los muertos comenzaron a contarse por centenares.

Antes de que Impa pudiera atravesar al traidor con su espada, éste aprovechó el momento de distracción que se le brindaba para escabullirse y salvar la vida. Cuando Impa se dio cuenta, Arad desaparecía por entre los edificios de la ciudad. Maldiciendo su suerte, la guerrera centró su atención en sus problemas más inmediatos: los primeros soldados aparecieron por las calles, huyendo de la muerte. Impa reorganizó la retirada al palacio real, aunque insistió en presentar batalla siempre que fuera posible.

Riadas de soldados y valientes civiles luchaban por las calles de la ciudad, batiéndose en retirada. Impa se movía entre los diferentes grupos, con la espada manchada con la sucia sangre de sus enemigos, alentándoles y alimentando sus corazones con algo de esperanza. Por donde pasaba, los defensores redoblaban sus esfuerzos y durante unos instantes eran capaces de mantener sus posiciones, pero todo ese sentimiento era mera ilusión y sus brazos acababan cediendo.

Cayó la oscuridad y ahora la batalla se libraba bajo la atenta mirada de las estrellas. El fuego prendió en los edificios más cercanos a las murallas, allí donde comenzaron los saqueos, y avanzó amenazador hacia el interior. Los defensores, que cedían metro a metro, blandían sus armas con una mano mientras que con la otra sostenían antorchas para poder ver. Todo hombre, mujer o niño que quedaba en la ciudad estaba allí, combatiendo por sus vidas y por su reino.

Cuando ya era medianoche, los últimos defensores que quedaban en pie protegían la entrada al palacio real. Impa contempló horrorizada lo que quedaba del poderoso reino de Hyrule. Una ciudad en llamas y un centenar de hombres, ensangrentados y exhaustos.

La guerrera indicó a uno de los supervivientes que activara el rastrillo de la entrada y avisó a los demás que retrocedieran hasta el interior del patio de armas. A los pocos segundos la enorme reja de acero cayó y cerró el camino a los invasores. Un chillido agónico se oyó por encima del estruendo: el cuerpo de un hombre yacía atravesado en el suelo. Más de esos feroces hombres del sur, de aspecto bestial y cubiertos por pieles extrañas y de rostros tatuados, alargaban las manos por entre las rejas como queriendo atravesar aquel frío acero tan sólo con su voluntad. Los defensores acabaron con los pocos que quedaban en el patio antes de proceder a cerrar unas gruesas puertas de madera: la segunda defensa del palacio.

Gimiendo por el esfuerzo, veinte hombres tiraban del mecanismo, situado en uno de los laterales del patio, mientras que el resto los cubría con largos arcos. Finalmente, las dos planchas encajaron y los defensores pudieron gozar de unos segundos de descanso.

Impa se llevó la mano al costado, allí donde la lanza de un salvaje la había alcanzado, y rezó porque no estuviera emponzoñada. Sin embargo, podía considerarse afortunada, pues la gran mayoría de los presentes estaba en condiciones mucho peores que ella. Incluso había varios que se apoyaban en otros para poder seguir luchando, pues tenían heridas muy graves en una pierna, o en el costado. Uno de ellos, notó Impa, había incluso perdido un brazo. Una gruesa tira de cuero le hacía de torniquete allí donde la espada de un enemigo le había amputado el miembro y tenía la ropa manchada de sangre, pero en sus ojos ardía el fuego de los héroes. Asía con su única mano una espada y, cuando su mirada se cruzó con la de la guerrera, sonrió con esa sonrisa que sólo tienen aquellos que saben que van a morir, pero en paz consigo mismos. Admirada por semejante entrega y valor, la sheikan le devolvió la sonrisa y se juró tener el suficiente arrojo como para imitar a aquel desconocido.

De pronto, los aullidos y el ruido de los enemigos al otro lado de las puertas cesó de improviso. Todos se miraron, horrorizados, intentando adivinar que nueva sorpresa les demandaba aquella noche. Impa no: ella sabía qué era lo que ocurría. Sólo una cosa era capaz de imponer tal silencio en un ejército de animales sedientos de sangre: el miedo. Y sólo una persona era capaz de irradiar el suficiente.

Suspirando de impotencia hizo que lo que quedaba del ejército tomara sus posiciones lo más alejado de las puertas posible.

- ¡Por Hyrule! - gritó uno de los supervivientes.

- ¡Por Hyrule! – contestaron todos, enfervorecidos.

Un golpe tremendo astilló la puerta de madera y casi hizo saltar los goznes. Los defensores callaron y se prepararon para la batalla final. Un segundo golpe llegó y un enorme tablón de madera salió volando por los aires y se estrelló en el suelo, a muy pocos metros de donde estaban los defensores. El tercer envite destrozó la puerta y mandó pedazos de hierro y madera en todas direcciones.

Impa tuvo que saltar a un lado para esquivar un pedazo de metal que le habría arrancado la cabeza. Rodó por el suelo y cuando se incorporó tuvo que contener el aliento. Apostado en la puerta, con el fuego rugiendo a sus espaldas, estaba aquel al que llamaban el Demonio de Jade.

La enorme figura dio media docena de pasos y entró, triunfante, en el patio del palacio. Su porte era temible. Era increíblemente alto y de una corpulencia extrema. Vestía con unos ropajes, negros como el plumaje de un cuervo, que llegaban hasta el suelo. Su piel era verde, aunque con la oscuridad parecía también negra, y encima de su frente lucía una joya que llameaba con vida propia. Avanzó varios pasos más, hasta llegar adonde un soldado, apenas un niño, se dolía de un madero que lo había golpeado en un brazo.

Al notar la presencia de aquel ser, los ojos del muchacho se llenaron de terror y trató de huir, arrastrándose por el frío suelo de piedra. Ganondorf, pues no podía ser otro, desenvainó una enorme espada curva que brilló de forma pálida bajo la luz de las antorchas y le asestó un golpe que segó su vida.

Ante la brutalidad del ataque, cuatro soldados se lanzaron a por él, gritando para camuflar el miedo que los embargaba. Pero Ganondorf era un temible adversario. Fintó a un lado y, con una agilidad sobrehumana, giró sobre sí mismo mientras movía su arma de arriba a abajo. Dos hombres cayeron, abiertos en canal. Luego, alargó su brazo con la rapidez de una cobra y le partió el cuello a un tercero. El cuarto se quedó inmóvil, aterrorizado, mientras su enemigo se le acercaba y, con una mueca de desprecio, lo atravesaba de parte a parte y lo levantaba en el aire hasta ponerlo a la altura de sus ojos. Cuando el destello de la vida hubo desaparecido de su mirada, el gigante se limitó a arrojar el cadáver a un lado, sin apenas esfuerzo.

- Gloria y honor para el reino de Hyrule - dijo con voz cavernosa y llena de burla mientras que con la mano que le quedaba libre hacía un gesto que abarcaba al resto de defensores. La gema de su frente brilló por un momento y de su ademán brotaron una miríada de bolas de luz que los embistieron.

Cuando Impa fue alcanzada sintió un dolor como nunca antes había padecido. Cayó de hinojos mientras corrientes de energía la abrasaban por dentro. A su alrededor, los últimos héroes del reino de Hyrule morían entre terribles gritos, privados de su gloriosa y última batalla. Luego, llegaron las sombras y no sintió nada más.

************************************************** ***********

Más tarde, con los ánimos de la batalla ya enfriados, Ganondorf meditaba acerca de las noticias que su agente acababa de comunicarle. Se encontraba en lo que en su tiempo fue una hermosa sala de reuniones que, ahora, con su sola presencia, veía su belleza reducida a una mera sombra.

- Has hecho un buen trabajo - dijo con voz profunda y tenebrosa.

- Sólo cumplo con mi deber, mi señor - contestó Arad, arrodillado y satisfecho.

- ¡La princesa Zelda no tardará en morir y con ella el resto de los que todavía se atreven a enfrentarse a mí! - exclamó el conquistador en un repentino estallido de furia.

Arad se encogió, amedrentado, e hizo un ademán de protegerse la cara con un brazo, como sin con ello pudiera aplacar la furia de su señor. Ganondorf se plantó a su lado y le puso una enorme mano en el hombro. El contacto fue frío y heló a Arad hasta el tuétano, casi haciéndole gemir de dolor.

- Me has sido de ayuda, Arad, eso es algo que no olvidaré.

- Solo vivo para serviros - agradeció el hombre, aunque algo en la mirada de su señor lo alertó-. ¿Amo? - su voz apenas fue un hilillo que, no obstante, rezumaba miedo.

Ganondorf sonrió despectivamente, movió su mano a una velocidad increíble, aprisionó el cuello de Arad y lo levantó hasta dejar su rostro a la altura de sus ojos. El apresado pataleó y trató de sujetar el brazo de su captor, pero la vida lo abandonaba por momentos, y con ella la fuerza. Los ojos de Ganondorf llamearon, disfrutando de cada instante y la gema que lucía en la frente brilló de forma siniestra.

Arad abrió mucho los ojos, el miedo poblando cada fibra de su ser y alimentando su determinación, pues se rumoreaba que en aquella joya habitaban las almas de aquellos que morían a manos de Ganondorf y que luego las utilizaba para alimentar su oscura hechicería. Luchó ahora con más fuerza, tratando de librarse de aquel destino, pero ya era demasiado tarde, o tal vez siempre lo fue. La presa de Ganondorf se hizo cada vez más fuerte hasta que, finalmente, el cuello del pobre Arad se quebró con un seco chasquido y su cuerpo, inerte, se desmadejó como un muñeco de trapo.

- Mi reino no paga a traidores.

Ganondorf sonrió, pues un plan había cobrado forma en su mente. Y también porque acababa de segar una vida.

boinaverde515
21st May 2006, 21:56
sigue asi tio te esta kedando muy wapo ta muy entretenido

rafa
21st May 2006, 22:43
O_o eres un crack!!!!! joer te lo curras tela sigue asi que hay ganas de mas

True_soul
23rd May 2006, 00:24
queremos mas
ta muy buena solo le falta q maen a zelda xD aunque eso es imposible (parece inmortal)

Tildom
24th May 2006, 01:23
Gracias por vuestros comentarios. Lo cierto es que ya llevo unas 90 páginas (Times New Roman 12 a intermilenado 1,5) y la cosa va por la mitad, así que hay fic para rato.

Por cierto que cuando lo acabe lo pienso mandar a Nintendo: a ver si consigo que publiquen una colección de relatos sobre videojuegos y que incluyan el mío :sorrisa:

Pues nada: que cuelgo el cuarto capítulo y que lo disfrutéis con salud.

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4
El Santuario Dorado


La antorcha hacía tiempo que se había consumido y, desde entonces, habían avanzado a tientas por el pasadizo.

- ¿Falta mucho para llegar? – preguntó Link, que ya estaba harto de estrechos pasadizos carentes de iluminación. ¿Por qué a nadie se le había ocurrido un sistema para que aquellos que los transitaran no tuvieran que hacerlo en una eterna penumbra?

- La última marca indicaba que todavía quedaban treinta kilómetros – indicó Cadler.

Link hizo un cálculo mental.

- ¡Genial! Eso quiere decir que tal vez mañana al mediodía podamos salir de aquí.

- ¿Y quién te dice que ya no es mediodía? Aquí abajo no hay forma de conocer el transcurrir del tiempo.

- Mi estómago me lo diría. ¿Ocurre algo?

La princesa, que marchaba justo detrás de Link, se había parado repentinamente.

- Hyrule – contestó desconsolada -. Hyrule ha caído.

Ninguno dijo nada durante unos larguísimos segundos. Finalmente Link la sujetó por un brazo y la obligó suavemente a continuar la marcha.

- Nos vengaremos, os lo juro – dijo Link -. Ganondorf pagará por todo lo que ha hecho.

Link tuvo que reconocer casi al instante lo vacuo que sonaba aquel juramento. Él era sólo un hombre, según muchos ni siquiera eso, y Ganondorf el ser más poderoso de todo el mundo. ¿Cómo haría realidad esas palabras? Le sorprendió descubrir que después de pronunciar el juramento se sentía mejor. Y más le sorprendió descubrir que pensaba cumplirlo, aunque le costara la vida.

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- ¡Ahí está! – exclamó Link varias horas después – Largo tiempo hace que salí de estos muros y hace otro tanto que los añoraba. Bienvenidos al Santuario Dorado.

El Santuario Dorado era, desde cualquier punto de vista, un regalo para la vista. Construido cerca de los bosques y casi bañado por las frías aguas del río Zora, que bajaba con bastante caudal a causa del deshielo tardío de aquel año, era de muros altos y gruesos. Erigido en la época en la que los Hylian eran un pueblo poderoso y no la sombra de aquellos días, tres altas torres de blanco mármol coronaban la fachada con su regia presencia. Los muros aparecían limpios, pues ninguna mancha podía salpicar aquella piedra traída de lejanas tierras, dotada de una misteriosa y ya olvidada magia.

En la torre central había un hueco destinado en su día para una campana, pero desde el fatídico día que Ganondorf había comenzado su campaña de conquista, Cadler había ordenado retirar la hermosa campana de oro y dispuesto que la próxima vez que tañera fuera cuando la sombra desapareciera del todo.

Pero a pesar de la ausencia de sus solemnes repiques, la música todavía reinaba en aquel solaz de calma y tranquilidad. De las altas vidrieras de colores que cubrían las paredes salía un coro de voces que cantaban una dulce melodía. Las notas se entrelazaban en perfecta armonía y parecía en verdad que la música llegaría a las mismas Doncellas.

- Triste será el día en el que la sucia mano de Ganondorf mancille este lugar – dijo el clérigo con resignación.

- Eso nunca ocurrirá – sentenció Link -. No mientras yo viva.

Cadler miró a su joven pupilo y una llamarada de alegría iluminó sus ojos.

- Esas palabras alegran mi corazón más de lo que puedas imaginar – sus facciones volvieron a sumirse en la preocupación -. Poco poder tengo ahora que Ganondorf ha conquistado el reino. Pero no es tiempo de lamentaciones ni de predicciones funestas; hemos de preparar vuestro viaje.

Sin hacer ruido una sección de la pared de piedra se hizo a un lado y la luz invadió el estrecho pasadizo. Los tres viajeros parpadearon repetidamente para acostumbrarse a la luz y, finalmente, entraron en el interior del templo.

La capilla era grandiosa. Decenas de filas de bancos bellamente trabajados se sucedían en un escrupuloso orden. Había una nave principal y dos menores a su lado que acababan antes que ésta. Una de ellas conducía a un antiguo retablo de la diosa Farore, que ahora se había desplazado un par de metros para dejar al descubierto el pasadizo secreto. El otro llevaba a unas estrechas escaleras de caracol que conducían al segundo piso de la capilla, donde estaba el órgano y se instalaba el coro.

La nave principal, en cambio, conducía al altar: un sencillo bloque de mármol blanco cubierto con un antiguo mantel de lino y oro con escritos y dibujos sagrados.

Ahora la música se oía mucho más próxima y las voces comenzaron a entonar una canción que a la princesa le sonó triste y desconsolada a pesar de que no reconoció el lenguaje de los versos. Cerró los ojos un momento y se dejó llevar por la melodía y las cautivadoras voces.

- Triste, ¿verdad? – le preguntó Cadler en voz baja sacándola de su ensueño – No entiendo lo que dice y sin embargo se me antoja como un canto a la esperanza. Nadie recuerda ya el significado de su letra pero a pesar de ello la seguimos cantando.

- Es una pena que algo tan hermoso no conserve su significado.

- Y sin embargo, todos los que escuchan las canciones del Santuario Dorado con el corazón, tarde o temprano se ven afectados por su embrujo. Ya sea una magia antigua o no, lo cierto que hace más sabias a las personas.

Se pusieron de nuevo en movimiento. En las puertas de la gran capilla les esperaba un monje de mediana edad, de espalda algo encorvada y una barba larga y rala de aspecto descuidado.

- Eminencia – saludó el monje inclinando levemente la cabeza - . Hemos oído las terribles noticias y temíamos por vos.

- Gracias Derr. Veo que no te sorprendes demasiado de vernos.

El monje volvió a inclinarse, esta vez con modestia.

- Supusimos que tomaríais el pasadizo secreto. Cualquier persona inteligente en vuestro lugar lo habría hecho.

- Yo también me alegro de haber vuelto, Derr – dijo Cadler sonriente -. Me alegro ver que todo funciona perfectamente en mi ausencia. Link, ocúpate de que le proporcionen una habitación a la princesa.

"Alteza – dijo esta vez dirigiéndose a la princesa -, os sugiero que comáis algo y descanséis unas horas. Luego os mandaré llamar a mi despacho y allí discutiremos la ruta que habréis de seguir.

La princesa asintió. Estaba demasiado hambrienta y agotada como para discutir con nadie.

- Vamos, Derr. Tenemos mucho de que hablar. ¿Qué noticias habéis recibido exac...?

Cadler y Derr desaparecieron por las puertas y doblaron una esquina a la vez que sus voces se perdían en medio de los cánticos.

- Si tenéis a bien seguirme, princesa, me ocuparé de que os proporcionen comida y lecho.

Sin intercambiar una sola palabra, salieron de la capilla y recorrieron varios pasillos hasta subir por unas escaleras. No se cruzaron con nadie, aunque sí pudieron ver a varios monjes por las ventanas ocupándose de sus tareas diarias. Era casi mediodía y Link estaba agotado, aunque dudaba poder conciliar el sueño con todo lo que había pasado. Llegaron por fin al pasillo donde se hospedaban los invitados del templo. Allí, condujo a la princesa hasta una confortable habitación con una acogedora cama.

- Ahora os dejo, pero haré que os traigan algo de comer. Si necesitáis cualquier cosa, al final del pasillo a la derecha encontraréis la biblioteca; allí siempre hay gente y sabrán atenderos.

- Link – dijo la princesa -. No se cómo agradecértelo.

El joven se limitó a encogerse de hombros.

- Es pronto para agradecer nada. Descansad ahora.

************************************************** ************

Ganondorf entró con paso indolente en la oscura y húmeda estancia. Un par de velas medio derretidas sobre unas ajadas palmatorias de bronce eran la única fuente de luz y apenas era suficiente para discernir los límites de la habitación.

Una gran mesa de roble, no demasiado alta, ocupaba la mayor parte de lo que se veía. Sobre ella se encontraban todo tipo de redomas, morteros, raíces e ingredientes para elaborar filtros y pociones. A uno de los lados había una estructura de pequeño tamaño, un altar, adornado con tallas de serpientes enroscadas, del que parecía emanar una extraña fuerza.

Ganondorf se asombró de la rapidez con la que se había adecuado la sala para albergar a sus nuevas inquilinas. Realmente, no tenía nada que envidiar a aquella lejana cueva, en el desierto, en la que había comenzado su andadura por las oscuras artes, auspiciado por las dos figuras, envueltas en las sombras y encorvadas en extremo, que se desplazaban por la habitación, renqueantes. Ambas murmuraban en voz baja y señalaban con dedos huesudos el texto de un enorme libro de páginas enmohecidas y letra apretujada.

- ¿Quién viene? – preguntó una voz cascada y fría como el hielo.

- ¿Quién nos molesta? – espetó otra voz, igual de avejentada, pero cargada de un ardiente odio.

- Soy yo – contestó Ganondorf secamente.

Unas extrañas risas brotaron de las dos figuras y le hicieron estremecerse. Envueltas en mantos negros, se acercaron un poco más a la luz. Eran dos ancianas, de una edad ya imposible de medir en años, arrugadas y decrépitas, pero que, sin embargo, poseían una mirada rebosante de energía.

- ¿Qué quieres? – preguntó la de los ojos azules.

- Algo te perturba– la anciana cerró los ojos, como dos carbones encendidos, y pareció concentrarse en algo -. Sombras te envuelven. Veo herederos que retornan para buscar venganza.

- La princesa Zelda – gruñó Ganondorf con odio.

La anciana abrió los ojos y rió.

- ¿La princesa? Sí, es una de las que desean venganza, pero otro es del que te hablo. Un heredero que te odia todavía más. Cuídate de él; podría destruirte.

- ¡Jamás! – gritó Ganondorf – No he llegado tan lejos para ser destruido. Mi destino está muy cerca de cumplirse; lo percibo. ¡Y vosotras vais a ayudarme!

- ¡Baja el tono y enfunda tu lengua! – lo reprendió la otra anciana – No se pide ayuda amenazando al auxiliador. Favor por favor: esa es la regla de la Magia de Sangre.

- ¡Paga el precio! – exigió la otra bruja tendiéndole un cuchillo.

Involuntariamente, Ganondorf se estremeció. Los extraños rituales de aquellas dos ancianas, sus madres, exigían un pago de sangre, pero los resultados siempre habían sido satisfactorios. Se remangó la túnica y dejó al descubierto un brazo de piel verde surcado por cicatrices blanquecinas. Cogió el cuchillo con la otra mano y se abrió un nuevo tajo. Inmediatamente, una sangre negra, maloliente y espesa, comenzó a brotar de la herida. La sangre fue recogida en un cuenco por las dos ancianas y depositada en el altar.

- ¡Cuál es tu deseo! – ordenó una anciana.

- ¡Rápido! ¡Antes de que la sangre se enfríe! – dijo la otra.

Ganondorf respiró entrecortadamente, no por la herida, había sufrido cortes mucho peores, sino por la magia que le arrebataba la vida. Cuando consiguiera el Triforce, se dijo, ya no necesitaría de aquellas viejas ni de sus oscuras artes.

- Un asesino. Deseo un asesino para eliminar a mis enemigos.

Las dos viejas gritaron de satisfacción mientras que la sangre burbujeaba y un humo siniestro salía de ella.

- ¿Lo habéis oído? – espetó la de la mirada llameante a alguien invisible a la vez que agitaba su puño en el aire.

- El precio se ha pagado y la petición está hecha – dijo la otra en tono admonitorio -. ¡Cumplid vuestra parte! ¡Traed al asesino!

El humo se deslizó por el aire, como una siniestra serpiente, y se enroscó alrededor de Ganondorf, elevándose.

- Dale un nombre.

- Bautízalo.

- Link.

Incluso las mismas ancianas, que habían vivido durante muchos siglos entre la maldad y el odio, se estremecieron cuando pronunció aquella palabra con una intensidad inusitada.

La niebla se arremolinó rápidamente y comenzó a adoptar una forma vagamente humanoide. Brotaron de ella dos brazos y dos piernas y comenzó a solidificarse hasta adquirir una consistencia viscosa y blanda; toda de color negro.

Finalmente, los últimos rasgos del asesino tomaron forma. Parecía un hombre, apenas salido de la adolescencia, de espaldas anchas y brazos delgados pero poderosos. La piel, los ropajes, el cabello... todo era del negro más absoluto. Sus facciones estaban a medio terminar; la línea de la mandíbula y la forma de la nariz y las orejas eran los únicos rasgos claros que su rostro mostraba; se sugerían la línea de la boca y la de los párpados, pero en el interior de lo que debían ser sus ojos, brillaba una luz apenas visible, mortecina y enfermiza, como si viniera de muy lejos.

Una espada colgaba de su cinto y un escudo a su espalda, ambos negros y cubiertos de runas que los proveían de alguna oscura magia. El asesino cruzó una mano sobre el pecho y se inclinó ante Ganondorf, esperando sus órdenes.

El Demonio de Jade admiró a su asesino con orgullo. Sería un ser infatigable, alimentado por el odio y la sangre de sus venas, que perseguiría a su presa hasta destruirla. No había poder en el mundo que pudiera derrotarle y tampoco huir de él. Era el asesino de las sombras.

- Encuentra a la princesa Zelda y a su escolta. Tráemela a ella, mátalo a él.

El asesino se inclinó nuevamente y luego salió de la habitación con paso decidido y en completo silencio.

************************************************** ************

Link y Zelda se dirigieron al estudio de Cadler. La sala estaba sobriamente amueblada. Presidiendo la habitación había un gran escritorio, con varios cajones en un lateral, colocado debajo de un gran ventanal que daba al bosquecillo cercano al templo. Encima de la mesa había pluma con tinta, varias hojas de papel en blanco, un sello de lacre y una estatua de madera de un búho de vigilantes ojos y severa expresión. Las paredes estaban llenas de estanterías con grandes volúmenes pulcramente ordenados.

Cadler estaba sentado en su sillón e invitó a Link y a la princesa a que hicieran lo mismo en un par de sillas de aspecto cómodo situadas justo enfrente del escritorio. Mientras se sentaban, Cadler desenrolló un mapa de Hyrule encima de la mesa.

- El camino hasta el lago Hylia es largo.

- Conozco bien la ruta hasta los alrededores de Kakariko – dijo Zelda -. Pero nunca he llegado más allá.

- No debéis acercaros a zonas muy pobladas - advirtió Cadler -. Cuantas menos personas os vean, más seguro será el viaje. Aunque tendréis que cruzar el río Zora por algún sitio y los dos únicos vados que hay están muy próximos a Kakariko.

- No si cruzamos el Bosque Kokiri. Ganaremos tiempo si en vez de rodearlo lo atravesamos – repuso Link, pensativo.

Tanto Cadler como la princesa lo miraron como a un perturbado.

- ¿Hablas en serio? Esos bosques son siniestros - repuso Cadler sombríamente-. Kokiri está demasiado cerca de los Bosques Perdidos - dijo con el ceño fruncido - y nada bueno sale de allí.

- Los que alguna vez los han visto dicen que los árboles tienen vida propia y confunden a los extraños que se le acercan – coincidió la princesa con el sacerdote -. Nadie que haya entrado ha salido con vida; jamás.

- Decid más bien que nunca volvieron, que no es lo mismo - contestó Link -. Yo estuve en la linde y lo que percibí fue algo muy diferente. Hay algo ahí dentro que no es natural, pero tampoco maléfico. No sé qué era, pero...

- No concibo que alguien los haya visto y quiera volver a ellos – dijo la princesa.

- Tan sólo opino que debemos tomar rutas que impidan que nos siga Ganondorf. No se me ocurre una ruta más segura que a través de los bosques.

- Sigue sin gustarme la idea.

- La otra opción es llegar hasta Kakariko y cruzar el puente, cabalgar durante tres días llanura a través y después tomar el vado del este. Quedarían entonces seis jornadas más a caballo siguiendo el margen del río - dijo Link señalando en el mapa la enorme llanura por la que discurría el río Zora -. Ahí no hay sitio para esconderse en caso de que nos persigan. En cambio, si cruzamos los bosques - dijo señalándolos en el mapa - perderíamos a nuestros perseguidores y estaríamos tan sólo a tres jornadas del lago.

- Eso si salís de ellos...

- Hay que arriesgarse - dijo Link con total convicción -. Estoy seguro de que a estas alturas Ganondorf ya estará tras nuestra pista y no debemos darle ninguna facilidad. La ruta del bosque es peligrosa, lo sé, pero también es la única que se me antoja segura.

Nadie dijo nada durante unos segundos.

- Este camino no os hace gracia, ¿me equivoco?

La princesa le miró fijamente a los ojos.

- No. Demasiado siniestro.

- A mi tampoco me gusta nada.

- Y sin embargo me apoyas.

Cadler meditó su respuesta un instante.

- Tienes razón cuando dices que hay que arriesgarse. Ganondorf os querrá muerta – dijo dirigiéndose a la princesa -. Un legítimo heredero al trono de Hyrule que ha escapado a su cerco... Estará enloquecido de furia.

- ¿Entonces? – preguntó Link - ¿Iremos bosque a través?

La princesa se encogió de hombros.

- Qué remedio. Espero que no estemos cometiendo una locura y nos dirijamos de cabeza a un peligro mayor que Ganondorf.

- Que las diosas te oigan - dijo Cadler a la vez que hacía un gesto de protección -. Ellas saben que toda ayuda es poca para lo que os espera. Esa reunión es nuestra última esperanza.

- ¿Y quién irá al concilio? – inquirió Link.

- Gente sabia y poderosa de todo Hyrule. Los Zora y los Goron estarán allí. También se ha convocado a los Kokiri, pero no hemos recibido contestación de los bosques. Incluso puede que acudan los Sheikan, pero con ellos nunca se sabe.

- Irán – sentenció la princesa -. Impa me aseguró que lo harían.

Cadler enarcó una ceja, claramente poniendo en duda lo que la princesa acababa de aseverar, pero sin atreverse a discutírselo en voz alta. Los Sheikan eran una raza tan antigua como los hylian y su número era aún menor que el de estos. Durante siglos habían sido los guardianes de los secretos de la tierra de Hyrule y actuaban en las sombras, siempre vigilantes y siempre escondidos. Apenas se relacionaban con el resto del reino y habían sufrido más que nadie la persecución de Ganondorf. No, no era probable que fueran.

Link no dijo nada, sino que se quedó muy pensativo observando la escultura del búho, pero en realidad con la cabeza en otra parte.

- ¿Ocurre algo? - le preguntó Cadler.

- Tan sólo me imaginaba cuál sería mi reacción si fuera Ganondorf y me enterara de la existencia de este concilio.

- Pensaría que el miedo que provocaba se ha mitigado, que por fin comienzan las revueltas.

- No, no lo haría.

- ¿Entonces?

- Pensaría que sería un desperdicio tener a tantos enemigos juntos y no hacer nada al respecto.

************************************************** **************

Los servidores de Ganondorf eran reputados maestros del dolor y la agonía había sido indescriptible. La habían encadenado a una pared y allí habían profanado su cuerpo con el fin de buscar la información que Ganondorf deseaba. Había oído hablar a sus torturadores y así había descubierto que no era la primera sheikan que "interrogaban", como tan elocuentemente lo había expresado uno de ellos, un salvaje deforme con la mirada de un loco. Con orgullo, supo que ninguno había desvelado uno solo de los antiguos secretos. Al igual que ella, su lealtad para con el juramento era inquebrantable.

Ahora, después de horas de sufrimiento, la habían dejado sola, aunque seguía encadenada a la pared. Con el único ojo que le quedaba miró a su alrededor y vio los cadáveres en un rincón de la celda. Con lástima, reconoció a varios de ellos, soldados del castillo que habían muerto honorablemente. No creía que sus torturadores vinieran demasiado pronto: la dejarían unas horas, quizá toda la noche, para recobrar fuerzas y luego continuarían con su trabajo. Sabía que si se quedaba allí moriría.

Pero eso no iba a suceder, al menos no tan pronto. Respiró profundamente y se concentró en los grilletes que la mantenían sujeta. Notó su frío abrazo alrededor de sus ensangrentadas muñecas, se imaginó el acero pulido brillante al sol, el poderío del herrero que lo forjo... Y luego se imaginó el paso de los años, en cómo la herrumbre lo cubría y debilitaba. Vio al óxido ganar la batalla y corromper el poderoso acero volviéndolo quebradizo. Sintió la magia brotar de su ser y rodear sus manos. Era una sensación gratificante, casi sensual, que por unos instantes le hizo olvidar su situación y la de todo Hyrule. Por un momento la responsabilidad, el dolor y el miedo, sí el miedo, desparecieron y sólo quedo Impa. No Impa, La Guerrera, o Impa, La Guardiana, sino simplemente Impa, la Sheikan.

Finalmente, como si de arena al viento se tratase, los grilletes se volvieron polvo y quedó libre. Tuvo que apelar a toda su fuerza de voluntad para no caer de hinojos, presa de la debilidad. Pero no había tiempo para descansar. Apelando de nuevo a su magia, se concentró en un objeto muy importante. Era lo único que podría llevarla fuera de ese lugar, un tesoro que había pertenecido a la familia real de Hyrule durante siglos y cuyos auténticos poderes sólo un puñado de personas conocía.

Al cabo de unos pocos segundos, y no sin cierta satisfacción, sintió entre sus manos sus redondeadas formas. Con los ojos todavía cerrados se lo llevó a los labios y entonó con la ocarina, pues esa era la naturaleza del tesoro, una dulce melodía. Cuando las notas terminaron de sonar y miró a su alrededor, observó el atardecer desde una colina en la que siglos atrás, sus antepasados habían orado a las diosas.

A pesar de no haber estado nunca allí, reconoció el lugar, pues era la magia de la ocarina la que la había llevado y sólo podía tratarse de un sitio. Localizó el oeste, en donde debería estar el Santuario Dorado, y, renqueante por el dolor y el cansancio, comenzó a caminar.

Tildom
1st June 2006, 11:49
5
El Juramento


Link se despertó de repente, totalmente despejado, y con la terrible sensación de que algo no iba nada bien. Se sentó en la cama y trató de normalizar su respiración para oír mejor. Todo estaba en silencio: demasiado en silencio. Ni el ulular de los búhos, ni el chirriar de los insectos; ni siquiera el susurro del viento. Nunca antes el Santuario Dorado había estado tan callado.

Se levantó, se vistió rápidamente y cogió la espada, que descansaba apoyada en la pared. Salió de su cuarto y fue en dirección al de la princesa Zelda siguiendo un inexplicable instinto. Sus pasos resonaron en las losas de piedra mientras avanzaba por el oscuro pasillo. Era noche cerrada y no había luna ni estrellas, ocultas tras las nubes de tormenta que se habían formado a primera hora de la noche.

- ¿Dónde está? – la voz sonó un poco más adelante y Link se estremeció. Aquella voz era sibilante y había formulado aquella sencilla pregunta con un odio y desprecio que lo dejaron sin aliento.

- Tendrás que matarme para llegar a ella.

“¡Impa!” exclamó Link para sus adentros al reconocer aquella segunda voz. Olvidando toda cautela corrió para reunirse con la sheikan y prestarle su apoyo. Dobló una esquina y vio a las dos personas, de pie, recortadas sobre la poca luz que penetraba por un ventanal. Se puso al lado de Impa y enarboló la espada.

La guardiana se sobresaltó al verlo aparecer de repente, pero al reconocerlo sonrió, aunque aquella fue una sonrisa sin rastro de humor. Link la miró un momento y apreció, entre sorprendido y preocupado, que ella estaba herida.

Su camisa era un harapo manchado de sangre que dejaba ver terribles heridas y quemaduras. Los pantalones estaban rotos y sus piernas también estaban estigmatizadas. Sólo un ojo lo miraba, pues en donde debía estar el otro sólo quedaba una cuenca vacía, y estaba apagado, carente de su habitual brillo, reflejando angustia y dolor. Su rostro estaba manchado de sangre y había perdido parte de su hermosa cabellera plateada. No estaba armada, pero la seguridad de su actitud era arma suficiente para aquella legendaria guerrera.

- No podéis derrotarme – dijo la voz -. Ningún arma de este mundo puede herirme.

Entonces Link lo vio. Era totalmente negro, salvo por sus armas, de acero pulido. Su rostro no poseía rasgos; era un amasijo de carne… no, de carne no: de algo negro y siniestro. Una burla de rostro sin facciones, tan sólo una nariz y unas incipientes cuencas oculares. Pero a pesar de todo, y precisamente por eso, Link pudo reconocer a ese ser.

- ¡Por el amor de Nayru! – exclamó mientras retrocedía unos pasos, asustado - ¿Qué eres tú?

El engendro giró la cabeza en un gesto que a Link se le antojó como una burla cruel.

- Soy tú.

El joven guerrero miró con ojos exorbitados a aquella aparición.

- ¿Qué clase de brujería es ésta? – susurró.

- Coge a la princesa y vete.

Link observó a la sheikan. Por muy hábil que fuera con la espada, no le parecía que pudiera enfrentarse a aquella sombra y salir victoriosa. Aferró la espada y se adelantó hasta protegerla con su cuerpo.

- No. Cógela tú. Yo me quedo aquí para cubrir vuestra huída.

El Link oscuro retrasó un pié y se protegió con el escudo a la vez que enarbolaba la espada.

- Por segunda vez en un día te digo que te vayas con la princesa y que la lleves a un lugar seguro – le dijo la Sheikan -. No importa lo que me pase a mí, ella debe salvarse.

- Tú puedes protegerla mucho mejor que yo – repuso Link, no dispuesto a ceder.

- Pero no debo ser yo quién la acompañe; así está escrito – Impa le puso una mano a Link en el hombro y lo obligó a retroceder -. Ve con ella.

Link la miró a los ojos y supo que no cedería. Tenía ganas de preguntarle qué había querido decir con aquello de que ya estaba escrito, o cómo había llegado hasta allí, quién era esa criatura que decía ser él… Pero no había tiempo. Asintió y le dio la espada a la guerrera.

- Te la devuelvo.

Impa iba a rechazarla, pero finalmente la aceptó. Luego, como si se le acabara de ocurrir, sacó del interior de su destrozada camisa una hermosa ocarina azul con adornos dorados.

- Toma esto y dáselo a la princesa.

Link cogió la ocarina sin saber que decir. Se dio la vuelta y ya se iba cuando la guerrera se dirigió a él una última vez.

- Arad – dijo -. Fue él quién nos traicionó.

No lo vio, pero ella sabía que los ojos del joven bullían de furia y odio.

- Vete – ordenó, pero Link ya se alejaba.

Impa le deseó en silencio buena suerte y se preparó para el combate.

************************************************** **********

- ¿Qué es lo que ocurre?

Link había llegado a las habitaciones de la princesa por otro camino y la había despertado.

- Tenemos que salir ahora. Nos han encontrado.

- ¿Encontrado? ¿Quién?

Link ni se dignó a responder a algo tan obvio y se limitó a agarrar de la mano a la princesa y a guiarla hacia los establos. Zelda lo seguía a trompicones, pero a Link le sorprendió el hecho de que no se quejaba. Definitivamente aquella princesa estaba hecha de una pasta diferente.

Bajaron las escaleras que llevaban a la capilla y pasaron por delante de la puerta. Siguieron por un pasillo lateral y llegaron a los establos. Al entrar tan apresurados, despertaron a los caballos, que se agitaron nerviosos. Uno de ellos, de un hermoso blanco, piafó de alegría al reconocer a Link y aceptó las caricias que le prodigó. Link cogió una silla de montar de un rincón y se la colocó con soltura.

- Abre las puertas del establo – ordenó mientras aseguraba los correajes.

Sin rechistar, la princesa abrió las puertas. Link acabó de montar la silla y sacó al corcel de la cuadra.

- Monta – dijo mientras miraba nervioso a su alrededor.

La princesa se subió con soltura y Link lo hizo detrás de ella. Con un fuerte taconeo azuzó a su montura y la puso al galope.

A los pocos segundos una figura solitaria salió del Santuario Dorado. Andaba con paso firme y en su mano llevaba una espada grabada de runas y manchada de sangre. Envainó la espada y murmuró en voz baja unas palabras misteriosas. El aire se onduló a su alrededor y de su cuerpo brotó un torrente de llamas que se expandieron y lo consumieron todo en varios metros a la redonda. El fuego prendió el interior de las cuadras y se extendió al interior del edificio. Luego, la sombra se puso de nuevo en marcha siguiendo el rastro de los fugitivos.

************************************************** **********

Link notaba la tensión en el ambiente y el aire le traía olores extraños. Dirigió a su montura hacia una colina cercana y desde allí se arriesgó a echar un vistazo al Santuario Dorado.

Lo cegó el resplandor de las llamas. Un recuerdo, el primero de todos, lo sacudió de arriba a abajo. A pesar de la distancia percibió el calor del fuego, el olor de la madera quemada, el resplandor de las llamas… El Santuario Dorado estaba siendo devorado por el fuego y él no podía hacer nada por impedirlo.

Delante suyo, la princesa emitió un jadeo de asombro y dolor. Notó que sus manos se entrelazaban con las suyas, buscando y dando consuelo.

- Es la segunda vez que el fuego de Ganondorf me arrebata aquello que más aprecio – dijo Link en un tono que a la princesa le produjo escalofríos -. Nunca más. A nadie.

Y aquella promesa, aunque él no lo supiera, selló definitivamente su destino.

boinaverde515
1st June 2006, 14:24
sigue asi tio esta genial yo kiero mas

Tildom
6th June 2006, 22:15
6
El cazador y su presa


Mientras cabalgaban, Link no podía dejar de pensar en Cadler y en los monjes del Santuario. Su infancia pasó ante sus ojos llorosos. Recordó las primeras clases de ocarina y las lecciones de rezos y cantos. Recordaba cómo le gustaba meterse dentro del armario del estudio de Cadler para espiar sus reuniones y de las horas sentado en la biblioteca, leyendo libros de aventuras mientras todos creían que estudiaba los credos.

En su corazón todavía palpitaban los coros de los monjes, elevándose por encima de las columnas del templo y llegando hasta lo a que a Link siempre le había parecido que era el límite del firmamento. Ahora todo yacía convertido en cenizas. En su corazón, renovó el juramento que hiciera al ver lo más cercano a lo que él podía llamar hogar devorado por las llamas, pasto de los deseos y ambiciones de Ganondorf.

Delante de él, la princesa había cedido al cansancio y dormía inquieta. No la culpaba en absoluto. Ya casi había amanecido y llevaban varias horas de huída, pero no podían parar, todavía no.

Desde donde estaban sólo había llanura, una interminable llanura que se extendía más allá. Cabalgaban hacia el suroeste, con el incipiente sol a su espalda. Link calculó que debían haber recorrido unos cincuenta kilómetros, por lo que, si su memoria no le fallaba, estaban bastante cerca de una arboleda en la que podrían descansar un poco. Bajando una ligera hondonada Link la vio, a lo lejos. A los pocos minutos llegaron y Link sofrenó a su montura.

Despertó a la princesa con suavidad y la ayudó a desmontar.

- ¿Dónde estamos? – preguntó la princesa mientras Link trataba de encender un fuego.

- En algún lugar entre el Santuario y el Bosque Kokiri.

- ¿Y adónde vamos? No tenemos armas ni comida.

Por primera vez desde su huída, Link se dio cuenta de aquello. Las alforjas no estaban listas cuando habían partido. Además, le había entregado su espada a Impa y no disponía de arma alguna.

- Ya nos las arreglaremos – contestó, rezando para que su voz sonara convincente -. No te he alejado de los asesinos de Ganondorf para que mueras de hambre en medio de ninguna parte.

- Te lo agradezco. Otra vez – contestó la princesa.

Link ni siquiera se atrevió a mirarla a la cara. Estaba seguro de que si lo hacía las lágrimas volverían y lo último que necesitaban ahora era que se pusiera a llorar como un niño pequeño.

- Di mi palabra a Impa de que te protegería.

- Espero que esté a salvo.

Link no dijo nada. Finalmente consiguió que las ramas prendieran y se arrimó al fuego. Las noches todavía no habían alcanzado la calidez del verano y las madrugadas siempre eran frías.

- ¿Nos dirigimos al lago?

Link deseó gritarla. ¿Qué le importaban a él el lago Hylia o el reino de Hyrule? Su mundo acababa de ser destruido por un demonio, un demonio convocado por alguien todavía más perverso. Si antes odiaba a Ganondorf por lo que había hecho, lo que sentía en esos momentos trascendía más allá de los sentimientos humanos. El deseo de venganza nublaba su visión y se descubrió apretando las manos con tanta fuerza que se le pusieron blancos los nudillos.

Sin embargo, a pesar de que no dijo nada, la princesa supo exactamente qué era lo que estaba pasando por la cabeza del joven guerrero. La impotencia, la pena, el miedo… Eran los mismos sentimientos que la habían dominado al ver como Hyrule se hundía cada vez más en el caos de la guerra y el miedo. Todas las personas a las que quería habían muerto, o lo estarían muy pronto. No se engañaba con falsas esperanzas; estaba segura de su padre habría sido de los primeros en caer a manos de Ganondorf.

Aquel hombre era virtualmente invencible. Ni las armas ni ninguna magia conocida eran capaces de herirlo. Además, no sólo era un guerrero de enorme fuerza, tamaño y destreza, sino que también era un formidable hechicero y si, como sospechaban, estaba tratando de hacerse con el Triforce… Las diosas no lo quisieran; si se apoderaba del Tesoro Dorado ya no quedaría esperanza para nadie.

************************************************** **********

Link vio a la princesa acostarse y hacerse un ovillo al lado del fuego. Estuvo tentado de hacer lo mismo, pero ella había estado en lo cierto: estaban desarmados y carentes de provisiones, así que se propuso solventar ambos problemas.

Después de atender al caballo, y gracias a la ayuda de un par de ramas y a unas cuantas crines, Link pudo confeccionar un arco más o menos decente y un recio bastón, como los que solía utilizar. Con ayuda de una piedra de cantos afilados fabricó unas cuantas flechas caseras y practicó un par de tiros hasta sentirse satisfecho. Aparte de los defectos lógicos, lo cierto era que había hecho un gran trabajo.

Dedicó el resto del tiempo a recolectar algunos frutos y a tratar de cazar algo. Finalmente, un par de ardillas, debidamente desolladas, pendían de las alforjas del caballo, que había seguido la actividad de su jinete con innegable interés.

- Tendrá que bastar hasta que encontremos a los Kokiri – dijo mientras guardaba el arco y las flechas.

- Pareces conocerles muy bien – la princesa se había despertado y le miraba con ojos curiosos -. Al menos lo suficiente para no temer internarte en sus bosques.

- Te lo contaré mientras cabalgamos – contestó Link, algo más animado que antes -. No podemos peder más tiempo.

La princesa asintió y a los pocos minutos ya habían salido del bosquecillo.

- Los Kokiri – comenzó a explicar Link – son un pueblo de niños, o al menos ese es el aspecto que tienen a nuestros ojos. Visten con ropajes verdes y casi todos son rubios. Se dice que un principio fueron hylian que dedicaron su vida a proteger los bosques y entablaron amistad con los misterios que en ellos habitan.

- Los cuentos también hablan de hadas y de un gran árbol que habita en medio del bosque.

- El Gran Árbol Deku, sí – dijo Link asintiendo -. Nunca lo he visto, pero los Kokiri hablan de él con veneración. Se dice que lleva allí desde el principio de los tiempos. Las hadas son sus guardianas y las aliadas de los Kokiri.

- ¿Estuviste mucho tiempo con ellos?

- Apenas unos días. Me hirieron en una emboscada de lizalfos y ellos me acogieron hasta que recuperé las fuerzas. Son un pueblo bastante introvertido, pero creo que al final me habían cogido aprecio, por ser un Hylian, creo. Hubo alguien, una chica de cabellos verdes, Saria se llamaba, que fue especialmente amable conmigo.

- ¿Y cuándo lleguemos allí qué haremos? ¿Cómo pretendes cruzar sus bosques?

Link se encogió de hombros.

- No lo sé. Supongo que los Kokiri odian a Ganondorf tanto como el que más. Creo que si les explicamos quién eres y la situación en la que nos encontramos nos prestarán su ayuda.

- Así que estamos actuando a ciegas.

- Sí. Sin embargo, es la única salida que tenemos.

************************************************** **********

Aquel día estuvo marcado por la tristeza. Los dos, todavía afectados, no se sentían con demasiadas ganas de hablar, por lo que apenas cruzaron un par de palabras. Vadearon un par de riachuelos y atravesaron la interminable llanura bajo un cielo nublado que amenazaba con descargar.

Los árboles mostraban brotes verdes y nuevos. Lejos quedaban las heladas del invierno y la nieve en sus copas desnudas. El verdor y la vida de la primavera contrastaba tremendamente con la tristeza de sus corazones, lo que hacía el viaje aún más incómodo.

Comieron sin descabalgar y apenas hicieron un par de paradas en todo el día, para beber agua y para descansar unos minutos. Sin embargo, Link forzó la marcha hasta los límites de la razón. Sabía que eso que había destruido el Santuario Dorado seguía su pista y que no pararía hasta apoderarse de la princesa. De vez en cuando miraba hacia atrás, por si lograba discernir en el horizonte la temida figura negra.

Finalmente, tuvo que hacer una parada para dormir, justo después de que el sol se pusiera, para evitar que tanto él como la princesa se cayesen de la silla de puro agotamiento. Eligió como campamento un emplazamiento cerca de un río. Se detuvieron junto a unas rocas, que los protegerían en caso de que también lloviera esa noche. El río estaba tan frío que sus aguas helaban hasta el alma.

- Volveremos a ponernos en camino antes del alba – le dijo a la princesa -. No me gusta tener que parar, pero necesitamos tomarnos un descanso; los tres – dijo mientras acariciaba el cuello del corcel blanco, que respondió a la caricia empujándole con el morro. “Hoy has estado a la altura, viejo amigo” pensó Link.

Recogió unas cuantas ramas, las más secas que pudo encontrar, y consiguió prender un pequeño fuego. A los pocos minutos, la llama de la hoguera de campamento era la única luz que podían atisbar. Link se derrumbó al lado de las rocas y se recostó sobre ellas, presa del agotamiento.

Con el anochecer se levantó un frío viento que ululaba por entre las rocas y los obligó a dormir juntos para darse calor. En otras circunstancias Link habría disfrutado con la experiencia, pero aquella no era ninguna excursión campestre. Sus sueños estuvieron llenos de oscuros espectros y chirriantes risas que hicieron que su descanso fuera intermitente.

Finalmente, en uno de sus repentinos despertares, ya no pudo volver a dormirse. En el fondo le dio igual, pues el cielo ya comenzaba a tintarse con los colores del alba y había que partir, así que se levantó con suavidad para no despertar, todavía, a la princesa y fue a buscar a su montura.

La encontró abrevando un poco más allá de las rocas. Cuando se acercó, lo recibió con un suave relincho.

- Tú tampoco has podido dormir, ¿eh?

Revisó las correas y ajustó las bridas. De pronto, el corcel piafó, asustado, e hizo un intento de encabritarse. Con mano firme, Link lo sujetó mientras buscaba con la mirada qué era lo que lo había alterado.

Y de pronto lo vio. Recortado sobre cielo, cada vez más claro, como un depredador. Era todo negro y blandía una espada manchada de sangre reseca. Estaba a menos de doscientos metros y avanzaba como un animal hambriento.

Con las bridas aún bien sujetas, Link corrió hacia la princesa y la despertó bruscamente.

- ¡Arriba! ¡Nos ha dado alcance!

La princesa se despertó alarmada y desorientada, pero Link no tenía tiempo para explicaciones, así que la levantó y cruzó sobre el lomo del caballo. Luego montó él y lo puso al galope.

Una voz gorgoteante gritó a su espalda y vio por el rabillo del ojo cómo el ser que los perseguía llegaba a las rocas que les había servido de refugio y los señalaba con la espada.

- ¡Corre! – lo animó Link - ¡Galopa como el viento!

Sus cascos parecían no tocar el suelo y el paisaje se convirtió en un borrón a los ojos del jinete. Con algo de dificultad, Link consiguió sentar a la princesa, demasiado conmocionada como para decir nada.

Después de varios minutos de desenfrenado galope, Link frenó la huída y oteó su retaguardia en busca de su perseguidor. No vio nada.

- ¿Qué era eso? – logró articular la princesa.

- No lo sé, pero fuera quien fuese es quien destruyó el Santuario Dorado. ¡No debí quedarme dormido! Debimos seguir, al menos, hasta el bosque.

- No ha sido culpa tuya- lo disculpó la princesa-. No podías saber...

- Pero debería haberlo previsto. Juré protegerte. Si hubiera tardado un poco más ahora estarías de camino hacia las garras de Ganondorf.

- Parece ser que lo hemos perdido.

- No lo creo, tan sólo lo hemos dejado atrás. Seguiremos hasta bien entrados en territorio Kokiri.

Con la esperanza de que bajo la protección de los centenarios árboles pudieran escapar de su perseguidor, galoparon otra media hora antes de ver por primera vez la linde del Bosque Kokiri. En ese momento fue cuando Link comprobó que su instinto no estaba bien afinado.

De entre los árboles surgieron más de media docena de altas figuras, casi humanas, de feroces rasgos y duras escamas esmeralda, armadas con afiladas espadas. Corrieron hacia ellos con asombrosa agilidad y comenzaron a acortar distancias rápidamente.

- ¡Maldita sea! – masculló Link – Hemos caído en una emboscada de lizalfos.

Al oír mencionar a los terribles hombres-lagarto, fieles servidores de Ganondorf, la princesa no pudo evitar dejar escapar una pequeña exclamación. A sus espaldas, una infatigable silueta avanzaba a un ritmo frenético hacia ellos.

- ¡Es una trampa! – exclamó el hylian, sorprendido y preocupado.

- ¿Qué vamos a hacer?

- Nuestra única oportunidad es perderlos en el bosque – mientras decía esto desenfundó el bastón de madera -. Mantén el cuerpo pegado a la silla y no te levantes por nada del mundo.

Antes de que la princesa tuviera tiempo de replicar, Link taconeó los flancos del caballo y éste comenzó a correr, raudo como el viento. La intención de Link era intentar rodear a los lizalfos e internarse en el interior del bosque, pero pronto esa opción quedó descartada ya que los hombres-lagarto respondían con rapidez a sus maniobras de evasión. A cada metro que se acercaba, más evidente era que tendrían que pasar a través de las filas enemigas y Link elevó una plegaria a las diosas.

- ¡Agárrate fuerte!

Con un grito primigenio, Link blandió el bastón por encima de su cabeza y se dirigió hacia el grupo de lizalfos. Estos levantaron las armas en actitud desafiante y se prepararon para la embestida del hylian: el choque fue brutal.

Asiendo el bastón con ambas manos, Link asestó un tremendo golpe a uno de los lizalfos en la cabeza. La violencia del impacto hizo que parte del bastón saltara de sus manos, hecho astillas, y que el ser cayera al suelo, con la cabeza abierta. Otro hombre-lagarto fue arrollado por su montura y, luego, aplastado bajo sus furiosos cascos, mientras que Link arrojaba lo que le quedaba de bastón y hería a otro en el pecho, atravesándolo con la madera.

Sin embargo, ellos eran más y no habían cabalgado durante horas bajo la sombra del miedo. A duras penas, Link evitó una espada que le hubiera segado el cuello, pero en su nueva postura otro de sus enemigos lo hirió en un costado. La espada superó su cota de mallas y penetró en la carne. La herida era profunda y de ella empezó a manar mucha sangre. Link intentó seguir avanzando, pero un lizalfos se había apoderado de las bridas y las sujetaba con inquebrantable firmeza. Link sintió unas frías garras clavarse en su pierna y dejó escapar un gemido de dolor.

Se echó encima de la princesa para protegerla y propinó una fuerte patada a un séptimo contrincante, que retrocedió varios metros. Sin embargo, la batalla estaba perdida, aunque Link luchara valientemente contra ese destino. Unos poderosos brazos, más fuertes que los de cualquier humano, lo levantaron en volandas y lo estrellaron contra el suelo. El golpe hizo que Link soltara todo el aire de sus pulmones y quedara tendido en el suelo, luchando por recobrar el aliento.

Así, indefenso, oyó los gritos de la princesa y el piafar desesperado del caballo. Intentó levantarse, pero un puño con la fuerza de un ariete se estrelló contra su rostro.

Lo último que oyó antes de que la negrura lo engullera fue música. Una dulce canción que le sonaba terriblemente familiar. Luego sobrevino la oscuridad.

Tildom
10th June 2006, 15:55
7
Una fiel amiga


Cuando Link despertó y trató de levantarse, unas manos amables lo obligaron a permanecer tumbado. Estaba en una habitación y sobre una cama confortable. Afuera, se oía el ulular de los búhos y el susurro del viento entre las copas de los árboles. Olía a césped recién cortado y a manzanas asadas; adoraba las manzanas asadas. Giró la cabeza para encontrar al propietario de las manos y se llevó una grata sorpresa al reconocerla.

En cualquier otro lugar de Hyrule, su actitud inocente y su corta estatura habrían logrado que se la tomara por una niña pequeña, de no más de diez o doce años, pero cualquiera que la observara más detenidamente, en especial sus insondables ojos esmeralda, daría cuenta rápidamente de su error. Un rostro angelical le sonreía con la candidez de la inocencia. Una mata de cabellos verdes se desparramaba coquetamente debajo de un curioso gorro, también de color verde. Entre el cabello había prendidas hojas y flores que acentuaban sus exóticas facciones.

Todo esto lo vio bajo una luz azulada que no se filtraba por ninguna ventana, ni provenía de velas o antorchas. De pronto, la fuente de la luz cambió de lugar a gran velocidad y una pequeña bola luminosa revoloteó a pocos centímetros de su cara. Si uno se fijaba detenidamente en ella, vería un par de alas cristalinas, como las de una libélula, batir frenéticamente el aire. La bola lo escrutó unos instantes y una pequeña risa, cantarina como una corriente de deshielo, salió de ella.

- Navi se alegra de volver a verte – la no tan niña tenía una voz dulce y aflautada, exenta de toda malicia.

Link no pudo evitar sonreír ante el comentario.

- No tanto como yo de veros a las dos – dijo sinceramente -. No has cambiado nada, Saria.

Ciertamente, estaba tal cual la recordaba.

- Y tampoco ha cambiado la circunstancia de nuestro encuentro – dijo ella, risueña.

- Emboscado y herido por los lizalfos – de pronto, Link pareció recordar algo muy importante -. ¡La princesa! ¿Está ella bien? ¿Está a salvo?

Los ojos de Saria lo taladraron con su habitual eficacia.

- No sé a qué te refieres – contestó -. Te encontramos medio muerto, al lado del cadáver de tu caballo, en la linde del bosque. Te rodeaba una manada de lizalfos y algo más. Los ahuyentamos.

Link cayó derrotado en la cama. Unas lágrimas de frustración pugnaron por escaparse de sus ojos, pero las contuvo a tiempo, no así la rabia que sentía.

- Ahora todo está perdido.

- Tú, en cambio, has cambiado. ¿Qué ha sido de aquel muchacho animoso de fe inquebrantable?

- No puedes comprenderlo – Link no pudo evitar un leve reproche en su tono -. Hyrule ha caído, Ganondorf se ha alzado con el poder y se me fue encomendada la seguridad de la princesa Zelda, tarea en la que he fracasado estrepitosamente.

- No hay vergüenza en perder contra un oponente más poderoso. Tan sólo la hay en no volver a levantarse cuando se puede seguir luchando.

Link no dijo nada.

- Te aseguro que la esperanza es algo mucho más fuerte de lo que la gente cree. Aún cuando todo parece perdido, se las arregla para sobrevivir y germinar.

- Ojalá pudiera tener tu fe, Saria.

Link se incorporó y, esta vez, la kokiri no le detuvo. Se llevó la mano al costado y topó con un vendaje colocado por manos expertas. Apenas le dolía, aunque sabía que todavía no había cicatrizado del todo y no debía forzarse. Navi, el hada compañera de Saria, se acercó a su hombro y trató de consolarle con un sonido como de campanillas. A pesar de todo, Link sonrió.

- Ese es un buen comienzo – dijo Saria -. Lo siguiente es planear tu próximo paso.

- ¿Próximo paso? No hay próximo paso. Sin la princesa no puedo cumplir mi misión.

- Aún así deberás ir a la reunión del Lago Hylia.

- La reunión... ¿Cómo lo has sabido?

- Vino un mensajero hace semanas. La carta que traía hablaba de ella.

- En la próxima luna llena – confirmó Link.

- Así es. Mañana por la noche.

- ¿Mañana? – Link se alarmó - ¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?

- Muchos días. La herida se te infectó y tuviste mucha fiebre – Saria se le acercó mucho y habló con un susurró casi inaudible -. Había magia en tu cuerpo. Magia negra, muy poderosa. Costó mucho expulsarla.

Instintivamente, Link se palpó la herida a la vez que recordaba a su siniestro alter ego.

- Y te diré algo más – continuó Saria en ese tono tan misterioso -. Algo ronda el bosque desde que te encontramos. Siempre camina oculto entre las sombras, pero a su paso las criaturas del bosque callan y la tierra muere. Busca algo.

- Me busca a mí.

Saria asintió sombríamente.

- Sabe donde estás, pero no puede entrar. El Árbol Deku nos protege aquí.

- Sé de quién se trata. Es negro, un tenebroso ente con una espada y un escudo diabólicos. Pensaba que sólo quería a la princesa.

- No sólo a la princesa. Es un asesino. Uno alimentado por la sangre de tu enemigo. No cejará en su empeño hasta verte muerto.

- ¿Y cómo llegar entonces hasta el lago? Incluso sin ese asesino ahí afuera, tardaría lo menos tres días en atravesar el bosque, y otros tantos en llegar a su orilla. ¿Cómo hacer en un día el camino de seis?

Saria sonrió.

- Las sendas están para aquellos que las buscan. Ven conmigo.

Ofreciéndose como apoyo, Saria ayudó a Link a incorporarse del todo. Sin embargo, el joven hylian demostró tener una capacidad de recuperación asombrosa y, una vez de pie, quedó claro que podía manejarse apenas sin ayuda. Después de vestirse con sus ropas, zurcidos los rotos y reparada la armadura, salieron de la casa de Saria, construida en la cima de un árbol, al fresco aire de la noche.

Una escala de cuerda pendía de la plataforma donde se había edificado la casa y bajaba hasta el suelo, a unos diez metros. Link bajó con soltura, aunque notó cómo la herida le tiraba en algunos momentos. Abajo les esperaban todos los kokiri.

Casi medio centenar de niños de cabellos rubios y vestidos de verde, con otras tantas hadas revoloteando, estaban silenciosos al pie del árbol de Saria, aguardando. Nadie habló, sólo lo miraron con sincera culpabilidad. Todos excepto uno.

- ¡Otra vez tú aquí! ¡Creí advertirte que nunca volvieras a este bosque!

Link contempló al kokiri que acababa de hablar. Era bajo, incluso para los suyos, con los rubios cabellos despeinados asomando debajo del habitual gorro verde. Estaba de pie, con las piernas abiertas y los brazos en jarras.

- Mido... – murmuró Link, recordando a aquel incordio con desagrado.

- Apártate Mido – le espetó Saria, desatando murmullos entre los presentes -. Tenemos cosas más importantes que hacer que discutir con un tronco podrido como tú.

Mido pareció sorprendido unos instantes, pero luego se recordó que era él quien mandaba sobre los kokiri y recobró la compostura.

- No vais a ir a ninguna parte. Él – dijo señalando a Link con un dedo tembloroso – va a largarse y tú recibirás tu castigo por ayudarle.

Saria se lo quedó mirando muy fijamente. Su labio inferior temblaba de rabia y cerró los puños hasta que quedaron blancos. Mido retrocedió un paso y Link leyó temor en su mirada.

- ¡En mi casa yo hago lo que me da la gana! Link es mi amigo y necesita ayuda. Vamos a ver al Árbol Deku y ¡ay de aquel que intente detenernos!

Los murmullos volvieron a desatarse.

- El... El Árbol Deku – tartamudeó Mido, consternado por el ataque de furia de Saria -. Pero... Pero...

Saria ni se dignó a contestarle y, cogiendo de la mano a Link, comenzó su andadura por el poblado kokiri hacia la morada del venerado árbol. Nadie los siguió ni intentó nada contra ellos.

Link se apresuró a obedecer a Saria, pues no deseaba sentir el aguijón de su furia. Durante al menos cinco minutos, lo único que se oyó fue un continuo torrente de quejas e insultos que salían de su boca y cuyo blanco era cierto kokiri por el que Link sentía ahora una profunda pena.

Cruzaron el poblado, de pequeñas casas construidas en el interior de los árboles, y encararon un sendero que se internaba en la espesura. Allí, Saria se detuvo para dirigirle unas palabras.

- El Gran Árbol Deku te hará preguntas y deberás contestar con sinceridad. Sabe muchas cosas, probablemente ya conozca parte de tu historia, pero otras escapan a su percepción, pues ocurren muy lejos de éste bosque. No le mientas y tal vez te halle digno.

- ¿Digno para qué? – inquirió Link.

- Para ser ayudado. Existen atajos en estos bosques, atajos que podrían llevarte al lago Hylia esta misma noche, pero para transitarlos es necesario someterse al juicio del Árbol Deku.

"Pero no te preocupes demasiado – siguió Saria sonriendo para quitarle hierro al asunto -. Estoy segura de que superarás la prueba.

- Espero que tengas razón. La verdad es que no me encuentro digno para nada en estos momentos.

- Por cierto – dijo la kokiri ignorando el último comentario de Link -. Llevabas esto encima cuando te encontré – mientras decía esto rebuscaba en una bolsa a su costado y sacaba la ocarina que le diera Impa en el Santuario Dorado -. Supongo que querrás recuperarla.

- Gracias, me la entregó una buena amiga.

- En verdad es buena esa amiga tuya. Esa ocarina es un artefacto muy poderoso. Uno de los tesoros de Hyrule si no me equivoco.

Link se encogió de hombros.

- No me extrañaría nada, teniendo en cuenta como han sido mis últimos días.

Sin nada más que decir continuaron avanzando por el sendero. Link percibió que a medida que avanzaban los árboles parecían más y más viejos. Además, el sendero era empinado, por lo que apenas podía ver unos metros más adelante. Al cabo de diez minutos, Saria se detuvo de nuevo, pero esta vez instó a Link a que avanzara primero.

Con decisión, el hylian continuó en solitario y coronó el sendero. Era de noche y había luna casi llena, pero una densa niebla flotaba por encima de sus cabezas y la luz llegaba amortiguada. Los árboles se habían retirado por completo y habían dejado una enorme explanada en medio del bosque. Pero la explanada no estaba vacía. Un gigantesco árbol, tan alto que era imposible de abarcar con la mirada, extendía sus poderosas ramas por encima de sus cabezas.

Sus raíces eran gruesas, como los troncos de los demás árboles, y se desplegaban muchos metros, entrando y saliendo de la tierra, hasta internarse en el interior del bosque. Su corteza era increíblemente rugosa, aunque conservaba un aspecto lozano, lleno de vida. Las ramas crecían muy alto y se abrían en un amplio abanico protector. Tal vez fuera efecto de la niebla y la escasa luz, pero a Link le pareció que en el tronco había una cara cuyos rasgos eran nudos y protuberancias de la madera; una cara muy anciana, con una barba hecha de líquenes y musgo. Grande fue su sorpresa cuando lo que parecía ser la cara resultó ser precisamente eso.

Unos roblizos párpados se abrieron y unos enormes ojos verdes lo miraron con curiosidad. Las ramas del árbol se agitaron, impacientes, y un millar de hojas cayeron de su frondosa copa, creando el curioso efecto de lluvia a cámara lenta.

- ¡Vaya, vaya! – la ancestral voz del Gran Árbol Deku resonó en todo claro e inspiraron a Link una profunda reverencia - Hola Saria. Hola Navi.

- Saludos, Gran Árbol Deku – dijo Saria a la vez que hacía una respetuosa reverencia. Navi dejó escapar un sonido como de campanillas y revoloteó, contenta.

- Veo a alguien más con vosotros. ¡Un hylian! ¿Eres tú el herido que encontraron mis pequeños amigos? ¿Qué hacías en mis tierras? ¿Acaso te has perdido?

Al ver que Link no contestaba, Saria lo pellizcó con suavidad en una pierna para que reaccionara.

- Mi nombre es Link – dijo finalmente – y no me he perdido. Cumplía una importante misión que me trajo aquí. Sin embargo, me emboscaron en la linde de los bosques y caí herido.

El Árbol Deku agitó sus ramas de nuevo, Link no supo si en un gesto de enfado o de asentimiento.

- Lo sé. Sé lo de los lizalfos y siento una presencia oscura en mis territorios. Hiede a magia negra, marchita las plantas que toca y contamina las aguas que vadea. ¿Qué misión es esa de la que hablas?

Link se lo explicó todo. La reunión en el lago, la huída de la ciudadela y su caída, la destrucción del Santuario Dorado, las últimas palabras de Impa, su agotadora marcha por las llanuras y la emboscada de los lizalfos y el asesino. Con la historia medio contar se sentó en el suelo y, desde allí, continuó. No omitió detalle alguno y se descubrió hablando de los pensamientos y emociones que le habían embargado. De los temores que se habían adueñado de él cuando se sintió derrotado. Del odio hacia Ganondorf.

Durante todo el tiempo que habló el Árbol Deku permaneció en silencio. De vez en cuando sus ojos brillaban y el claro entero parecía iluminarse con un relámpago verde. Poco a poco, del bosque salieron los kokiri y escucharon con atención cada palabra del joven hylian. Todo el bosque atendía a Link, maravillándose con su relato.

Cuando acabó, Link se quedó sorprendido por lo mucho que había hablado. Se dio cuenta de que ahora había mucha más luz que antes, gracias a los centenares de hadas, de pálidos e innumerables colores, que se habían posado en las ramas del Árbol Deku hasta hacerle parecer un firmamento verde salpicado de estrellas multicolores. A su lado, Saria parecía satisfecha.

- Antigua y orgullosa sangre corre por tus venas – le dijo finalmente el Árbol Deku -. Eres un digno heredero de tus antepasados. Comprendo los interrogantes que te atormentan y creo poder responder a algunos de ellos.

"La princesa sigue viva – ante esta afirmación Link se levantó de golpe, como si con esa información bastara para correr hacia ninguna parte para encontrarla -, aunque está fuera de tu alcance y de cualquiera con la voluntad de rescatarla.

- ¿Por qué está viva? Pensé que Ganondorf había mandado a su asesino para acabar con su vida.

- El asesino era para tí, supongo. Por eso tiene tu forma. Ganondorf necesita a la princesa viva porque cree que ella sabe algo que lo puede guiar hasta el Tesoro Dorado.

- ¿Y es así?

- No lo sé. El Triforce se ocultó fuera de las fronteras de este mundo y, por lo tanto, no se nada de dónde, o de cómo, encontrarlo. Habrás de preguntarle a otros.

- ¿Me dejaréis, entonces, usar los caminos secretos del bosque?

- Lo haré, aunque necesitarás un guía.

- Yo iré con él, Gran Árbol Deku – dijo Saria, adelantándose -. Soy su amiga y conozco esos caminos.

- Lo sé, Saria, y tu ofrecimiento te honra, pero no puedo prescindir de ti. No ahora que la sombra está tan cerca.

La kokiri se quedó de piedra, no sabiendo muy bien cómo reaccionar. ¿Por qué el Árbol Deku la necesitaba en los bosques?

- Sin embargo, una parte de ti quiero que vaya con él. Sé que lo que voy a pediros es difícil pero... Navi, ¿acompañarías tú a Link?

Un murmullo, acompañado de un millar de campanillas, resonó en todo el claro. Nunca un kokiri se había separado de su hada. Nunca en toda la historia de Hyrule. Sin embargo, Saria no parecía demasiado sorprendida. Navi voló hacia ella, dejando una brillante estela azulada a su paso, y se posó en su hombro. Hablaron durante unos segundos, Saria en susurros y Navi en el particular lenguaje de las hadas, hasta que ambas parecieron tomar una decisión.

Navi dio varias vueltas alrededor de Saria y, finalmente, se acercó a Link.

- Estamos de acuerdo, las dos – dijo Saria y Navi la secundó con su voz de campanilla -. Navi será la nueva compañera de Link.

Aturdido, Link se arrodilló hasta quedar a la misma altura que la kokiri.

- Saria, yo...

- No te preocupes – contestó sonriendo -. Será temporal y lo hacemos por una buena causa, ¿verdad?

Navi agitó las alas muy rápido y comenzó a dar vueltas sobre sí misma. Ambos, Link y Saria, rompieron a reír.

- ¡Bien! – el Árbol Deku parecía animado – Aunque los atajos de éste bosque son rápidos, aún os queda mucho camino por delante y no hay que retrasarse.

- No sé cómo agradeceros vuestra ayuda, Gran Árbol Deku – dijo Link -. Me habéis devuelto la esperanza de encontrar a la princesa.

- No hay nada que agradecer. Partid con mi bendición.

Sin mediar más palabras, los enormes párpados del Árbol Deku se cerraron y tanto las hadas como los kokiri abandonaron el claro. Link y Saria hicieron lo mismo por donde habían llegado y volvieron hasta el poblado. Allí los esperaban todos, excepto uno.

- Sube de nuevo a mi casa – le dijo Saria -. Come conmigo una última vez antes de tu partida.

Link asintió y siguió a la kokiri, de nuevo hasta el interior del árbol. En cuanto se sirvió un cuenco de sopa, dulce y deliciosa, se dio cuenta de lo hambriento que estaba. Con un sincero gracias, ambos, hylian y kokiri, comieron en completo silencio. Cuando acabaron, Link repitió dos veces, Saria se fue a otra habitación y volvió trayendo un paquete hecho con una hoja gigante. Se lo entregó a Link con una sonrisa.

- Tus ropas están hechas polvo, así que mientras estuviste inconsciente te cosí éstas.

Link abrió el paquete con cuidado y descubrió que en su interior había un peto verde bosque, de mangas cortas y que apenas le llegaría a la mitad del muslo, y un gorro, también verde, muy largo y acabado en punta.

- Me encanta, Saria – dijo sinceramente -. Me lo voy a probar ahora mismo.

Al cabo de un minuto estaba de pie, luciendo nueva indumentaria.

- Te queda muy bien – dijo Saria. Navi opinó lo mismo revoloteando a su alrededor como loca -. Pareces un kokiri gigante.

Link sonrió.

- Muchas gracias. Me queda estupendamente.

Se agachó y le dio a Saria un beso en la mejilla. La kokiri enrojeció y carraspeó un poco.

- Será mejor que bajemos, tenéis una larga caminata por delante.

Mientras bajaban, Link se sorprendió al comprobar que todos los kokiri continuaban alrededor del árbol de Saria, esperando. Sin embargo, cuando hubo llegado abajo, abrieron filas y se adelantaron dos de ellos, un chico y una chica, cargados con una espada y un escudo.

- Esto perteneció a un soldado hylian que hace mucho tiempo se perdió en estos bosques – dijo el que portaba el escudo mientras se lo ofrecía -. Ojalá a tí te proteja mejor que a su anterior dueño.

Link aceptó el regalo con una reverencia y se colocó el escudo en su brazo derecho.

- Esta es la Espada de los Kokiri – dijo la otra -. Lleva aquí muchos siglos, pero nunca nadie ha tenido la suficiente fuerza y talla para empuñarla. Úsala bien.

La espada era preciosa, con la guarda en madera, y su vaina era de oro y seda azul. Link se la colocó a la espalda y la empuñó con su mano libre.

- Muchas gracias por vuestros regalos – les dijo a todos -. Espero hacerme merecedor de ellos.

- Buena suerte en tu búsqueda, Link – dijo la que le había entregado la espada -. Vuelve a nosotros siempre que quieras.

Link asintió y se giró.

- Nos tenemos que ir – le dijo a Navi -. Despídete.

El hada se acercó a Saria y le susurró algo al oído. La kokiri sonrió y acarició la brillante bola de luz, que tintineó, triste.

- Vamos, vete. Cuida de él por mí.

Así, Link abandonó el bosque guiado por Navi y acompañado por una dulce canción: el último regalo de Saria.

Tildom
15th June 2006, 01:30
8
Un sabio de otra era


Link no sabía donde estaba. Llevaba horas andando por el bosque guiado por la incansable Navi y hacía mucho tiempo que había abandonado toda esperanza de localizar puntos de referencia en el entorno. Los árboles que lo rodeaban rehuían su mirada y parecían cambiar constantemente de lugar y forma.

Navi revoloteaba un par de metros por delante, a fin de alumbrarle el camino. Según la opinión de Link, debía de haber amanecido hacía bastante tiempo, pero el ramaje era tan espeso que ni un sólo rayo de luz se filtraba. También era inquietante la ausencia total de sonido, únicamente sus pasos sobre la tierra y el tintineo de su acompañante.

Sólo una vez se había detenido un momento para echar un vistazo a su espalda y lo que vio lo dejó helado. No había nada. Tan sólo una insondable negrura que le hizo apartar la mirada, asustado. En ese momento, Navi se acercó a él y lo obligó a continuar andando. Si no hubiera sido por ella, Link se hubiera quedado en ese lugar, demasiado atemorizado como para poder moverse, presa de los encantamientos del bosque.

A pesar del cansancio, Link se negó a parar, diciéndose que no había tiempo, pero en realidad lo que tenía era miedo de que si volvía a ver aquella negrura, ni todas las hadas de Hyrule podrían hacerle retomar el camino. Finalmente, cuando dar el siguiente paso se había convertido en un gesto carente de sentido, vio una luz al fondo del túnel de árboles.

Navi se volvió y voló frenéticamente a su alrededor, comportamiento que Link ya había identificado como una mezcla de alegría y excitación. Animado por la perspectiva de su llegada, aceleró la marcha y, a los pocos minutos, contemplaba el maravilloso atardecer del Lago Hylia.

La luz del moribundo sol se derramaba como la miel sobre las serenas aguas del gigantesco lago, arrancándole reflejos anaranjados. El aire era fresco y limpio, revitalizante, y Link tomó una honda bocanada, agradecido de estar de nuevo a cielo abierto.

Se encontraban sobre una pequeña colina, al sudeste del Lago. Con asombro, se percató que a sus espaldas había un pequeño conjunto de árboles, apenas cinco o seis, nada que ver con la densa arboleda que había cruzado. Navi pareció reírse de su incredulidad y Link murmuró algo ininteligible. Luego, se dio la vuelta y comenzó a buscar con la mirada el posible lugar de la reunión.

- Pronto será de noche – le dijo– y todavía no veo a nadie. ¿Sabes dónde se celebrará el concilio?

Navi se agitó y avanzó con seguridad hacia el lago. Link se apresuró a seguirla, y rezó por llegar al lugar antes de que el sol se terminara de ocultar. Bajaron por la colina y llegaron a la orilla del lago. El murmullo de las olas se mezcló con el de los grillos y el graznar de los cuervos. De pronto, oyó delante suyo gritos y entrechocar de metal.

Desenvainó su nueva espada y corrió en dirección al ruido. Al bordear una colina vio los restos de unas ruinas, apenas un suelo de piedra y dos columnas medio derruidas. Enfrente del suelo de piedra estaba atracada una embarcación roja, de un solo palo, varios metros de eslora y una peculiar proa con la forma de la cabeza de un dragón. A bordo de la embarcación un grupo de hombres luchaba contra casi una veintena de salvajes y lizalfos, que intentaban abordarlos.

Los hombres luchaban con valentía, pero los secuaces de Ganondorf parecía que llevaban ventaja y Link descubrió el por qué. Un último rayo de sol arrancó reflejos de una armadura plateada, absolutamente aterradora. Su casco era cerrado y no se le podía ver el rostro. Tenía casi tres metros de altura y estaba armado con un gigantesco espadón; ninguno de los defensores era rival para él. Link lo reconoció como un miembro de la Muerte de Hierro, las fuerzas de élite de Ganondorf.

Sin pensárselo dos veces, Link corrió hacia la batalla. Dos salvajes se percataron de su presencia y fueron a por él, armados con largas lanzas.

Link paró el primer ataque con el escudo y blandió la Espada Kokiri con precisión. El otro ni siquiera se percató del ataque y cayó muerto, con el corazón atravesado. Link atacó de nuevo y su adversario trató de parar el golpe con la lanza, pero la espada atravesó la madera como si no existiera y hendió el cráneo de la criatura, matándolo en el acto.

Un grito de aliento surgió de las gargantas de los defensores del barco, al ver que el joven guerrero acudía en su ayuda. Redoblaron sus esfuerzos y un lizalfos cayó, atravesado por una lanza plateada.

Link arremetió contra un grupo de tres salvajes. Al verlo, sacaron unas espadas deformes y oxidadas, que blandieron amenazadoramente. Navi se acercó a toda velocidad y revolteó alrededor de uno de ellos, que comenzó a lanzar estocadas al aire, tratando de acabar con aquella molestia. Link se quedó a solas con los otros dos.

Lo atacaron a la vez, desde ángulos opuestos y a diferentes alturas, pero Link los esquivó acrobáticamente dando un salto mortal hacia atrás. En cuanto sus pies tocaron el suelo, se lanzó hacia adelante y asestó un poderoso tajo contra uno de sus enemigos. Éste trató de interponer su espada en la trayectoria del ataque, pero ya era demasiado tarde. Con los ojos muy abiertos y diciendo algo en su obscena lengua, se desplomó con una herida terrible.

Link se giró justo a tiempo para parar un golpe a su cabeza. Sintió el golpe en el escudo y, con un rugido de rabia, dio un rápido giro, atacando de revés a la altura de las piernas. Con satisfacción, oyó el grito de dolor del salvaje, que se desplomó, con la pierna izquierda casi amputada. Sin detenerse más de lo necesario, lo remató en el suelo y fue hacia el que estaba entretenido con Navi. Con ese tardó aún menos que con los otros.

De pronto, sintió estremecerse la tierra y una sombra le arrebató la poca luz que quedaba. Ante él se erguía el gigantesco ser de la armadura y leyó en sus ojos, encerrados en una cárcel de metal, rojos y brillantes, una promesa de muerte.

- Ganondorf me recompensará si le llevo tu cabeza, Link – dijo el ser con voz grave y acento extraño.

- Veamos si toda esa chatarra sirve para algo – dijo mientras adoptaba una pose de lucha y trataba de parecer indiferente al hecho de que Ganondorf hubiera oído hablar de él.

Con un gruñido, el Muerte de Hierro blandió su mandoble por encima de la cabeza y asestó un golpe brutal. Link vio el ataque con mucha antelación y lo esquivó con facilidad, saltando a un lado. Dio una rápida estocada para introducir su propio filo entre las placas de la armadura, pero fue insuficiente. La hoja rebotó, inofensiva, y Link tuvo que alejarse con otro salto, pues su contrincante volvía a la carga.

La lucha se prolongó varios minutos, sin ningún cambio que inclinara la balanza a favor de nadie. A su alrededor, los defensores humanos estaban consiguiendo imponerse a sus atacantes, pero la batalla aún distaba de estar finalizada.

De pronto, después de esquivar un golpe que casi lo alcanza, Link sintió un agudo dolor en el costado. Allí donde estaban los vendajes de Saria, una incipiente mancha oscura indicaba que la herida se había reabierto. El Muerte de Hierro se dio cuenta y recrudeció sus ataques. Link, apurado y con dolores, esquivó los dos primeros, pero en el tercero el dolor fue tan intenso que se quedó sin aliento. Sabiendo que no iba a ser capaz de esquivar un cuarto, levantó el escudo.

El brazo se le quedó dormido y supo que le dolería durante días, eso si salía vivo. La fuerza del golpe lo obligó a hincar la rodilla. Sin embargo, le quedó la suficiente entereza para mantener empuñada la espada y asestar un golpe al brazo de su rival. Esta vez la hoja sí hizo blanco, y lo hirió en las manos, allí donde la armadura era más débil. Con un gruñido de dolor, el Muerte de Hierro soltó su espadón, pero propinó un empellón a Link, lanzándolo por los aires.

El guerrero se debatió para levantarse cuanto antes. Cuando lo hizo, vio cómo su contrincante se inclinaba para recoger su arma y, en ese momento, bajo una propicia luz azul, vio las correas de cuero en su espalda. Con una sonrisa, se lanzó al ataque mientras que Navi, en un alarde valentía, se colocaba frente al visor del Muerte de Hierro y no lo dejaba ver.

Aprovechando la treta del hada, Link lo rodeó y, con un preciso golpe, cortó las trenzas de cuero que mantenían la armadura en su sitio. Aquello fue como soplar sobre un castillo de naipes. Las piezas de la monumental armadura cayeron al suelo, pesadamente y una a una, dejando al descubierto el enorme cuerpo de una bestia con forma humanoide, de rostro canino y pelaje oscuro, que se giró, alarmado por la súbita ausencia de protección.

Link se agachó, y, mientras el mandoble pasaba a pocos milímetros sobre su cabeza, se echó hacia adelante con todas sus fuerzas y enterró la Espada Kokiri en el abdomen de la bestia hasta la empuñadura. De la boca del Muerte de Hierro, plagada de afilados colmillos, brotó un hilillo de sangre y cayó a un lado, con la espada aún sobresaliendo de su pecho.

Un silencio sepulcral cayó sobre el campo de batalla. Contendientes de uno y otro bando contemplaban la gesta de Link quién, sin advertir que era el centro de atención, extrajo la espada del cuerpo del Muerte de Hierro, como si de una Excalibur se tratase. De inmediato, los pocos enemigos que quedaban con vida, comenzaron a huir, aterrorizados, ahora que su líder había desaparecido.

Los humanos, no dispuestos a dejarles escapar, cargaron sus arcos y, andanada tras andanada, no cejaron hasta que todos y cada uno de los sirvientes de Ganondorf hubieron muerto.

Link vio todo esto mientras se recuperaba de sus heridas. La del costado le dolía bastante, pero un rápido examen le reveló que era menos grave de lo que había creído. El brazo derecho también le dolía, y tenía un feo moratón en un lado de la cara. Por lo demás, tenía que dar gracias a las diosas por haber salido vivo.

- Has sido muy valiente – le dijo a Navi, que no se había apartado de su lado.

El hada tintineó, agradecida por su cumplido, y se posó delicadamente sobre su costado herido.

- Me duele un poco, pero no es grave.

Navi pareció asentir con gravedad y voló hasta colocarse en su hombro. Con cuidado de no hacerla daño, Link envainó la espada y pensó, agradecido, en los kokiri, por habérsela regalado. Justo en ese momento, el que parecía el capitán de los defensores se le acercó.

Era un hombre ya mayor, de cabellos canos, aunque todavía vigoroso. Andaba renqueante, herido en una pierna, y se apoyaba en una larga lanza plateada. Sonreía y, al llegar, hizo una ligera reverencia.

- ¡Bien hallado, viajero! Hoy nos has prestado un grandísimo servicio.

Link respondió al saludo con una inclinación de cabeza; no se sentía capaz de devolver la reverencia.

- Tan sólo he cumplido con mi deber. Mi nombre es Link.

- Saludos entonces, Link. Yo soy Edgard Landaniel, Capitán de las fuerzas de Kakariko. ¡Y por las diosas que si hubiéramos tenido más hombres como tú, no nos habrían arrebatado la plaza!

Link no pudo evitar sonreír.

- ¿Todos tus hombres están bien?

- Solo heridos, y ninguno de gravedad, gracias a ti. ¿Cómo…? ¡Por el amor de Nayru! ¡Un hada!

Edgard señalaba el hombro de Link con asombro. Al oír gritar a su capitán varios hombres se acercaron a toda prisa. Link pudo advertir que eran hombres curtidos, de aspecto casi salvaje, pero de mirada noble e inteligente. Todos ellos observaban embobados a Navi, que, decidida a impresionarlos de verdad, levantó el vuelo y se paseó, coqueta, bajo su atenta mirada.

De pronto, un carraspeo rompió aquel silencio hipnótico y Link vio como los soldados se apresuraban y dejaban paso a una nueva figura. Era un anciano, alto y delgado. Iba vestido con una túnica dorada y andaba con paso decidido. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Link pudo apreciar una larga melena blanca y unos ojos azules muy inquisitivos que observaron, primero a Navi, y luego a él.

- ¿Quién eres? – la voz del anciano era clara y limpia.

- ¿Perdón? – contestó Link, pillado por sorpresa.

- Eres demasiado alto para ser un kokiri. Sin embargo, vistes sus ropas y un hada te acompaña, por lo que te has encontrado con ellos. Repito, ¿quién eres?

- Mi nombre es Link.

El anciano lo escrutó detenidamente y luego se acercó hasta que Link pudo sentir su aliento. Sin pedir permiso, el anciano alargó la mano y le quitó el gorro verde.

- Eres un hylian…

Link fue a replicar cuando cayó en la cuenta de que su interlocutor también poseía orejas puntiagudas y ojos rasgados. Sin embargo, alrededor de los ojos y en las manos, había ligeras arrugas, y sus ojos contenían más saber de lo que un humano podría adquirir en diez vidas.

- Mi nombre es Rauru.

Y Link no necesitó saber nada más, pues el nombre de Rauru era casi una leyenda en todo Hyrule. Un sabio de un conocimiento más allá de este mundo, un ente que había sobrevivido a catástrofes y reyes. Un ser tan antiguo como la propia tierra que pisaban.

- Maestro – acertó a decir, no sin que unos incómodos segundos hubieran pasado, mientras hacía una profunda reverencia que, sin embargo, el sabio detuvo con una mano firme, aunque gentil.

- Estás herido, no hagas esfuerzos.

Mientras decía esto, murmuró unas palabras en una lengua extraña para Link, que, sin embargo, le sonaron terriblemente familiar. Las manos de Rauru se iluminaron con una luz dorada y allí donde se las impuso, las heridas sanaron y la piel apareció limpia y sonrosada. Link contempló el milagro con estupefacción y Navi se agitó, emocionada.

- ¿Cómo…? – preguntó Link.

- Todavía queda en mis viejos huesos algo del antiguo conocimiento de nuestros antepasados – dijo Rauru con una sonrisa paternal -, aunque ya casi todo esté perdido, ¿no es cierto?

Link no contestó, pues comprobaba con deleite que sus heridas habían realmente desaparecido.

- ¡Gracias! – exclamó, pero luego, viendo a los soldados de Kakariko, añadió – Vuestros guardianes también están heridos.

Rauru volvió a sonreír.

- Hay pociones curativas de sobra en el barco.

Link asintió. Navi se acercó hasta tocar la punta de la nariz de Rauru.

- ¿Y tú eres?

Link fue a contestar, pero Navi soltó una larguísima perorata en aquel lenguaje suyo, tan parecido a una orquesta de campanillas. Para asombro del joven hylian, Rauru asintió varias veces e hizo varias preguntas a Navi, aunque en voz tan baja que no las pudo oír. Pasado un minuto, Rauru volvió a dirigirse a Link, aunque ahora había una intensa curiosidad en su mirada.

- Navi me ha contado el largo camino que has recorrido para llegar aquí. Ignoro el por qué el Gran Árbol Deku te ha ayudado, o por qué Ganondorf desea verte muerto con tantas ganas, pero lo que sí sé es que te has ganado un puesto propio en el concilio. ¿Harás el honor de acompañarnos?

Sin saber que decir, Link asintió y acompañó a Rauru y los soldados de Kakariko al interior del velero rojo, en busca de su destino.

Tildom
19th June 2006, 12:02
Hola a todos. Je, je, je veo que la afición a colgar historias está comenzando a tener una buena acogida en el foro. Las estoy leyendo, pero prefiero que la historia avance un poco más para dar mi opinión. Pero seguid haciéndolo y puede que consigamos un subforo.

Por mi parte, cuelgo el siguiente episodio de mi fic y os animo a criticar a destajo. ¡Buena lectura!

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9
La llamada del Destino

El barco surcaba el lago sin manos que lo tripulasen ni viento que hinchara su vela blanca. Rompía las oscuras aguas con decisión, impulsado por una misteriosa fuerza. A lo lejos, veían su destino: una pequeña isla en el centro del lago.

- ¿Qué hay ahí? – le preguntó Link a Rauru.

El anciano parecía una escultura, como las que había en las antiguas ruinas hylian y que representaban a un rey o a un poderoso y aclamado héroe. La luz de la luna arrancó unos reflejos plateados de sus cabellos y acentuaron su misterioso porte cuando habló.

- El primero de los templos que se erigieron en honor a las diosas.

- ¿Un templo? ¿En medio del Lago Hylia?

Rauru sonrió, en verdad que la inocencia de Link y su desconocimiento acerca de su pueblo eran asombrosos.

- Dice la leyenda, una en verdad tan antigua como la misma tierra, que fue en ese lugar donde las diosas crearon Hyrule. Fue allí donde nuestro mundo tomó forma y fue también el primer lugar de reposo del Tesoro Dorado.

Link oía fascinado las palabras del anciano hylian.

- ¿El Templo de los Guardianes? ¿Estamos yendo hacia el Templo de los Guardianes?

- Hacia lo que en su día fue ese templo, sí. Ahora no son más que un conjunto de hermosas ruinas. Apenas queda rastro de su antigua santidad, pues tanto el Triforce como sus cuidadores lo abandonaron hace mucho.

- ¿Allí es donde se va celebrar el concilio?

Rauru asintió y Link guardó silencio. Los soldados, después de curar sus heridas, también permanecieron callados, conscientes de la solemnidad del momento. Navi permanecía en la proa del barco, como iluminando el camino para aquello que los conducía.

Unos instantes antes de que el barco atracara en la orilla, Link creyó ver varios cuerpos en el agua, pero desaparecieron de inmediato. Sin embargo, el joven guerrero creyó reconocer las delgadas y atléticas formas de los zora.

Nada más poner los pies en la isla, Link sintió un cosquilleo que lo atravesó de parte a parte. Los cabellos se le pusieron de punta y sintió una enorme paz.

- Pase el tiempo que pase – le susurró Rauru al oído – este lugar nunca perderá del todo su magia. Aquí estamos a salvo de Ganondorf.

A partir de ahí, caminaron por un sendero de tierra amarilla flanqueado por altas antorchas doradas hasta llegar a un llano; el lugar de la reunión.

El tiempo no había pasado en balde y, poco a poco, la naturaleza se había adueñado de las ruinas. Columnas partidas, frisos caídos y murales descoloridos… todo cubierto por líquenes y plantas trepadoras, como avergonzándose de aquel destrozo y queriendo ocultarlo de posibles visitantes.

Los soldados, a una orden del sabio hylian, aguardaron en lo que en su día fue la entrada del templo y Link avanzó en compañía de Rauru. Y allí estaban, apenas media docena de figuras, aguardando en el interior de un derruido claustro.

Dos de ellas eran de una corpulencia extrema. Su piel era marrón y lisa. Sus brazos, gruesos como un hombre. Sus espaldas eran enormes, más de la mitad de su altura, que superaba con mucho a la del humano más alto que Link hubiera visto en su vida. Uno de ellos parecía más joven que el otro; su mirada era algo inquieta y guardaba con celo un pesado cofre de piedra. El otro tenía un peculiar tatuaje en un brazo y en el otro un hermoso brazalete de oro que a un hombre le habría quedado grande como corona. Ambos iban desnudos salvo por unos pantalones de gruesa piel y unas capas pardas de viaje. Eran los Goron de la Montaña de la Muerte.

Justo enfrente había otras tres figuras que tampoco eran humanas. Vestían con gaseosas túnicas tejidas con oro y plata que jugaban con el viento. Su piel era azulada y sus ojos, negros y rasgados, no parecían tener expresión. Tanto las manos como los pies tenían membranas, y sus cabezas acababan en un largo apéndice que cada uno llevaba colocado de una forma diferente, como si de un peinado se tratase. Eran los Zora, guardianes de las aguas de Hyrule. Un hombre, más grande que sus acompañantes y con una larga capa púrpura, y dos mujeres, una de ellas apenas más alta que un kokiri. Ellas también custodiaban un cofre, éste hecho de coral. Los tres estudiaron a Link con curiosidad.

A un lado, sentado en una piedra, estaba un anciano humano, cubierto de pies a cabeza con un sayo gris. Sus cabellos y su barba eran de un blanco purísimo, casi cegador, y sus ojos quedaban ocultos tras unas prominentes cejas. No pareció darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor hasta que su acompañante, un joven de la misma edad que Link, lo zarandeó suavemente. El anciano pareció salir de su letargo, recogió un cayado nudoso que había a sus pies y se incorporó con su ayuda.

La última figura que quedaba estaba recostada en una columna. Llevaba embozo y sólo se distinguían sus ojos, de un peculiar tono rojo. Sus ropas eran blancas y azul oscuro y en su pecho lucía un blasón que Link ya había visto antes, en la espada que le diera Impa semanas atrás. El sheikan, pues tal era la naturaleza de esta última figura, se inclinó cortésmente y fue el primero en hablar.

- Os saludo, Sabio entre los Sabios, Mentor de Reyes y Guía de Héroes – en su voz no había lugar para el sarcasmo, en cambio, reverencia y respeto.

- Te saludo, Sheik, Señor de los Ocultos, Guardián de los Secretos y Gobernante de las Sombras – tampoco había burla en el tono de Rauru -. Y también os saludo al resto: Darunia, Señor de los Goron, Protector de la Montaña y Vigilante del Dragón. Y a ti también, Rey Zora, Emperador de las Aguas y Convocador de Tormentas.

Ambos aludidos correspondieron al cortés saludo de Rauru con una inclinación de cabeza.

- También te saludo a ti, Sharashala.

El viejo pareció sonreír debajo de toda aquella barba e inclinó la cabeza, con respeto.

- ¿Y la prrrincesa? – preguntó Darunia con un peculiar acento.

- ¿Y el joven que os acompaña? – inquirió el Rey Zora.

- Se llama Link y lo acompaña Navi, de los Kokiri.

El hada, que había permanecido oculta, salió y se sentó en el hombro de Link, como desafiando a todos a dudar de su presencia. Su aparición provocó un silencio tal, que Link pensó que el tiempo se había detenido.

- Sus pasos lo condujeron a través de los Bosques Perdidos con el beneplácito de los kokiri. Pero será mejor que sea él quien os explique su historia.

Rauru le hizo un gesto a Link para que hablara y éste, por segunda vez en un día, explicó todo lo ocurrido desde que le fuera encomendado el cuidado de la princesa Zelda.


- ¿Ganondorf la tiene? – Sharashala parecía, de pronto, haber envejecido cien años. A mitad del relato de Link se había vuelto a sentar y su acompañante lo miraba, preocupado.

- ¡Arrrggggg! – Darunia rugió, dando rienda suelta a toda la frustración que sentía. Fue un grito salvaje, primigenio, cargado de tal fuerza que Link sintió que las piernas le temblaban.

El rey Zora, consternado, buscó consuelo en sus dos acompañantes: mujer e hija, comprendió Link en ese momento.

- Caída la princesa – dijo Sharashala con un hilillo de voz - y rendido el reino de Hyrule deja a nuestra esperanza casi muerta. Ella es la clave, la necesitábamos.

Rauru se separó de Link, que de pronto se sintió terriblemente solo, y se colocó en medio de todos los presentes.

- Zelda era la llave sí. Nuestras esperanzas de acabar con Ganondorf agonizan, pero siguen vivas. Os miro aquí, esta noche, y veo que no todo está perdido, aunque sí pende de un hilo muy fino.

- ¿Tan importante era la princesa? – Link tenía miedo de descubrir el auténtico alcance de su fracaso, pero las palabras surgieron sin que las pensara.

Todos le miraron y el joven hylian descubrió, sorprendido, que no había reproche en aquellos ojos. Sólo frustración y cansancio, mucho cansancio.

- Lo era, Link – contesto Sheik -. Ganondorf ansía el Tesoro Dorado y la clave para encontrarlo reside en la familia real de Hyrule. La llave para acceder a él reside en sus venas… literalmente.

- ¿Entonces…?

- Sí – dijo Sharashala -. La vida de la princesa corre tremendo peligro.

- Pero para rescatarla – dijo Rauru anticipándose a la siguiente pregunta de Link – tenemos que celebrar esta reunión. Hay que encontrar una forma de salvar Hyrule y de derrotar a Ganondorf.

- Creo que ha llegado mi turno para hablar – dijo el rey Zora -. Y para ello, Ruto, querida hija, abre el cofre.

La pequeña zora asintió y, ayudada por su madre, abrió el cofre que habían traído consigo desde las profundas simas de su hogar. Aquella ornamentada caja de coral que había permanecido en las salas de los zora durante veinte años y a la que nunca le habían permitido acercarse.

La tapa se abrió y un brillo azulado salió de su interior. Dentro del cofre, reposando sobre una hermosa tela de raso dorado, había varias piedras de gran tamaño; la fuente de la luz.

Darunia se quedó extasiado mirando aquellas rocas. Su compañero también parecía fascinado. Cruzaron un par de palabras en su lengua, gutural y pesada, muy rápidamente y luego Darunia habló para que todos le entendieran.

- ¿De qué clase de piedrrra se trrrata? Nunca antes había visto una de ese tipo y eso es decirrr mucho, viniendo de un Gorrron.

- Nunca has visto esta piedra, mi querido amigo, ni nunca la volverás a ver, porque es única en su especie – contestó el rey Zora -. Me explicaré:

“Como sabréis, los Zora amamos tanto el agua donde vivimos, como las estrellas del firmamento. Desde hace siglos nos guía su luz en nuestros dominios y leemos en ellas el porvenir. Está escrito que, algún día, nosotros abandonaremos las aguas y surcaremos los cielos, como también estaba escrito que nos acechaba una gran amenaza: Ganondorf.

“Hace muchos años, cuando yo acababa de acceder al trono de los zora, un hecho increíble sacudió los cimientos de nuestro reino. Una estrella cayó en medio del océano, muy lejos de estas costas. Cuando llegamos, encontramos esta roca en medio de un gran cráter.

“Cogimos la piedra y la guardamos en nuestro reino. Poco tiempo después, los augurios fueron tan claros que hasta nuestros más jóvenes estudiantes los supieron interpretar: la roca no había caído por casualidad. Un día, sería necesaria para proteger Hyrule del gran peligro que nos cernía. Por aquel entonces, Ganondorf era apenas un ladrón en su lejano desierto, pero el destino ya nos avisaba de lo que estaba por ocurrir.

“Así que, cuando Rauru convocó este concilio, supimos que era el momento para traer la piedra estelar. Aquí sabríamos finalmente encontrar su propósito, el por qué nos fue enviada.

Darunia se acercó al cofre de coral y se agachó para ver más de cerca las rocas. Sonrió a la princesa, que habría cabido perfectamente dentro de su gigantesca mano, y alargó una para coger un brillante fragmento. La examinó con ojo experto y, después de unos segundos, la volvió a dejar en su sitio.

- Esta caliente – dijo, incorporándose -. Y es metálica.

El Rey Zora asintió.

- El destino es más sabio de lo que crrreia. Y manipuladorrr también. Abrrre el cofre, Balast.

El joven goron sacó una enorme llave de hierro negro y abrió el pesado cofre de piedra que habían traído consigo. En su interior había un magnífico mazo de plata. Darunia se acercó y lo cogió para mostrárselo a todos.

- Este es el Marrrtillo Megatón. Lo empleó nuestrrro grrran antepasado, aquel cuyo nombrrre nunca se pronuncia, parrra derrrotar a Volvagia, el Dragón de los Submundos. Ha pasado de generrración en generrración hasta llegarrr a nuestrrros días. Fue empleado como arrrma, perrro su orrrigen es muy distinto.

“Errra un herramienta concebida para crrrear, no parrra destrrruirrr. No errra un arrrma, sino un marrrtillo para la forrrja. Sin embarrrgo, la necesidad de aquellos tiempos hizo necesarrrio mancillarrrr su prrropósito.

“Tiene una inscrrripción en la superrrficie de la cabeza, una inscrrripción en antiguo hylian. RRRaurrrru la conoce – el anciano asintió -, pues fue él quien nos la trrradujo. Dice así:

“Ningún metal en éste mundo me prrroporrrcionarrrá descanso.

“Muchos de nuestrrros sabios han debatido estas palabrrras, perrro su significado se nos escapaba… Hasta ahorrra.

- Tenemos el antiguo mazo de los goron – dijo Sharashala - y tenemos el metal estelar de los zora. Rauru nos llamó a todos para debatir, he ahí la contribución de los hylian. Queda por ver, entonces, cual es el papel de los kokiri, sheikan y humanos en toda esta historia.

- Los humanos ya están haciendo más que suficiente – dijo Sheik -. Ellos han sangrado por todos nosotros, demasiado pocos como para luchar abiertamente contra Ganondorf. Ellos nos han proporcionado el tiempo.

“En cuanto al papel de los sheikan, eso es algo que puede tener fácil respuesta, si, como yo creo, todo se cumple según los presagios.

- Tened también en cuenta – dijo Rauru – que yo no debo ser incluido en las predicciones de Sharashala. Estoy más allá de cualquier visión que proporcione éste mundo y difícilmente se me podría seguir considerando un hylian.

Sheik asintió.

- Muy cierto. Sin embargo, tenemos con nosotros un joven hylian, salvado por los kokiri y acompañado por un hada de los bosques. Según tu historia, ellos te han salvado la vida y gracias a la ayuda del Gran Árbol Deku pudiste atravesar los Bosques Perdidos y llegar aquí a tiempo.

“Creo que la auténtica pregunta que debemos hacernos es, ¿cuál es tu papel en todo esto, Link? ¿Por qué tú, de entre todos los hylian? ¿Por tu relación con Cadler? ¿Por haber perdido a la princesa?

Link, al oír hablar de su fracaso, se enfrentó con Sheik abiertamente. Había luchado hasta creer estar muerto, habría dado la vida si hubiera sido necesario para salvar a la princesa.

- Lo cierto es que Impa confiaba en él – recordó el rey Zora -. Al menos todo lo que un sheikan es capaz de confiar en alguien.

Sheik soltó una risita socarrona, aunque con un trasfondo de pena.

- Cierto, cierto… Nuestra amada Impa era desconfiada incluso para nosotros. Pero eso no contesta a mis preguntas.

Se hizo el silencio unos segundos.

- ¿Qué pensáis hacer con el metal y el martillo? – preguntó finalmente Link.

- Forjar una espada – dijo Sharashala y todos le miraron -. Un arma que no pertenezca a este mundo para herir a aquel que es invulnerable.

- Pues creo que mi papel está bien claro, el papel de los hylian en todo esto.

“Yo empuñaré el arma.

gokun
19th June 2006, 12:52
Está muy bien,podrías publicarlo, seguro que ganarías bastante dinero

Shadow 666
19th June 2006, 16:38
Está muy bien,podrías publicarlo, seguro que ganarías bastante dinero
Perdona por mi ignorancia Tildom, no he leido tus capitulos, pero ni se te ocurra hacer lo que dice Gokun sin comprar los derechos antes. te puedes meter en un follón de la ostia, eso seria plagio.

Tildom
19th June 2006, 20:34
Está muy bien,podrías publicarlo, seguro que ganarías bastante dinero

Gracias por el comentario. Sobre todo por considerar el texto al nivel profesional (de hecho mi meta en esta vida es dedicarme a eso aqí que supongo que voy por buen camino).



Perdona por mi ignorancia Tildom, no he leido tus capitulos, pero ni se te ocurra hacer lo que dice Gokun sin comprar los derechos antes. te puedes meter en un follón de la ostia, eso seria plagio.

Créeme, me encantaría comprar los derechos de Zelda, pero no creo que ni tenga el dinero necesario ni que Nintendo vaya a querer desacerse de ellos :^^:

Eso sí, cuando lo acabe se lo pienso mandar a Nintendo, a ver sí bajo su sello se animan a publicarlo o, mejor aún, usarlo como guión de cine :sorrisa: .

Kalas Matacasuals
19th June 2006, 20:42
Que tengas suerte.

KeRoX
19th June 2006, 20:52
Yo comencé a escribir un libro que se llamaba "La Espada Reforjada", la verdad esque llevaba 120 paginas pero lo deje por que tenia la impresión de que la acción sucedia demasiado rapido...

Siempre me ha gustado escribir mi propia historia, me gusta crear un mundo nuevo e ir narrando como es, me gusta crear ese mundo que a mi me ha gustado y plasmarlo en las palabras, me gusta crear nuevas razas y personajes que siempre me an gustado...

La gente dice que vivo en un mundo de Fantasía... puede ser... pero ellos se lo pierden. :eee?:

gokun
19th June 2006, 20:59
A lo mejor si se lo mandas a Nintendo te dejan publicarlo, después de todo que yo sepa no ha salido ningún libro de Zelda,sólo juegos.

Shadow 666
20th June 2006, 08:54
La gente dice que vivo en un mundo de Fantasía... puede ser... pero ellos se lo pierden.

a mi me dicen lo mismo, pero estoy mas a gusto en mi mundo.


Créeme, me encantaría comprar los derechos de Zelda, pero no creo que ni tenga el dinero necesario ni que Nintendo vaya a querer desacerse de ellos

bueno, cuando dije comprar los derechos no me referia a que Nintendo tubiera que deshacerse de sus personajes. simplemente comprar los derechos para que puedas usar a ese personaje en tu historia sin que Nintendo tenga que rechazar al personaje. diria que sale mucho mas barato.


A lo mejor si se lo mandas a Nintendo te dejan publicarlo, después de todo que yo sepa no ha salido ningún libro de Zelda,sólo juegos.


Tambien se han publicado Comics, de los cuales diria que no han llegado nunca a España. Tales como Ocarina of Time o Majora's Mask.
esa publicacion nunca se habria echo posible si el autor no compra los derechos de los personajes. eso si, supongo que la compra de esos derechos tendria sus limitaciones, como por ejemplo que solo pudieran usarse los personajes para tal comic.

a este paso vamos a tener que pedir un Sub-foro para Escritores.

Tildom
28th June 2006, 17:03
Después del fiasco de anoche (arrggggggggggggggggg) cuelgo el siguiente episodio. Espero que os guste, es la esencia del fic.

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10
La Forja de la Espada Maestra


- Nadie lo duda – contestó Rauru, sorprendido por el arrojo del joven -. Tal vez eres el que con más derecho reclama esa responsabilidad de todos los presentes.

Sheik miró al sabio duramente.

- No todos estamos dispuestos a entregar nuestra fe tan fácilmente – dijo -. Es demasiado joven y ha sido derrotado por un sirviente de Ganondorf. ¡Qué no le hará el Demonio de Jade en persona!

Link se adelantó un paso y habló antes de que Rauru lo defendiese.

- Ganondorf mató a mis padres hace años, cuando yo no era más que un bebé. Hace apenas unos días volvió a hacer lo mismo al asesinar a Cadler y destruir el Santuario Dorado. Todo lo que tenía y pude ser me ha sido arrebatado por ese engendro y he jurado acabar con su vida, aún a costa de mi propia alma.

“Te juro ahora que, con la espada que forjéis o sin ella, cabalgaré hasta las mismas puertas de la guarida de ese demonio y acabaré con su existencia. Se lo debo a mis padres, a Cadler, a Impa y a Zelda. Se lo debo a todos aquellos que han muerto a sus manos y que claman venganza desde sus tumbas. Y, sobre todo, me lo debo a mí mismo.

Sheik se lo quedó mirando un momento y Link casi pudo entrever cierto reconocimiento en aquellos fascinantes ojos rojos. Reconocimiento que luchaba con una intensa indecisión.

- ¡Mandaremos a este muchacho a la muerte con nuestra última esperanza! ¡Y tú lo vas a permitir! – dijo finalmente, señalando acusadoramente con un dedo a Rauru.

- Necesitamos tu ayuda, Sheik – dijo Sharashala -. Tu gente guarda secretos que serán precisos en la forja de la espada. Vuestra magia es antigua y poderosa.

- Nuestra magia no es fácil de invocar y para lo que queremos hacer precisaríamos de una muy poderosa. Magia Creadora. ¿Sabes hacerla tú, Sharashala? ¿Y tú, Rauru? ¿Aprendiste en la Tierra Dorada tal poder?

- ¿Magia Creadora? – dijo Link.

- Música, joven hylian – dijo Rauru -. La música que las diosas entonaron para crear al mundo. Los antiguos hylian, los primeros de entre todos nosotros, podían extraer de sus notas el poder suficiente para obrar prodigios.

- Conozco la Magia de la Música. O, al menos, las leyendas concernientes a ella – dijo Link, recordando sus años en el Santuario Dorado-. Con el tiempo, la Primera Melodía se fue difuminando y fue cada vez más difícil acceder a ella. Finalmente, desapareció.

- No desapareció – dijo Sharashala -, tan sólo es que ahora es apenas audible. Sólo en determinados lugares y bajo determinadas circunstancias puede aprovecharse su poder.

- Lugarrres como este – dijo Darunia, metiendo baza por primera vez -. Podéis sentirrrlo tan bien como yo. Aquí la rrroca parrrece estarrr viva. Casi puedo notarrr como se mueve.

-¡Hasta las mismas estrellas parecen brillar con más fuerza! – el rey Zora movió el brazo en un amplio abanico para ilustrar sus palabras.

- Cierto – reconoció Sheik -. Aquí podría invocar ese poder, aunque aún me haría falta un poderoso instrumento. Pero sólo queda uno de esas características y estaba en la ciudadela de Hyrule.

A todos les dio un vuelco el corazón, pues si tal era cierto estaban perdidos. Sin embargo, Link no compartía ese sentimiento, pues un bulto a su cintura se lo impedía.

- ¿Qué instrumento es ese? – preguntó, sólo para estar seguro.

- La Ocarina del Tiempo. Sólo Impa sabía dónde encontrarla exactamente y me temo que ya está totalmente fuera de nuestro alcance.

- No desesperes – dijo Link con satisfacción.- He aquí el último regalo de Impa.

Diciendo esto, alargó la mano y en ella estaba la ocarina que Impa le entregara aquella lejana noche teñida de sangre y fuego. Ahora, la ocarina relucía bajo la luz de las estrellas. De un azul oscuro y con adornos en dorado, tenía grabado el símbolo del Triforce en uno de sus laterales.

Los ojos de Sheik se abrieron de par en par y se abalanzó sobre la ocarina.

- ¡En el nombre de las diosas! – exclamó a la vez que miraba a Link con nuevos ojos.

Rauru sonreía, satisfecho, pues su fe en el joven hylian se había visto recompensada. La mirada de los dos se cruzó un instante y el anciano asintió aprobadoramente.

- Las señales no pueden ser más claras – dijo el rey Zora.

Sheik asintió, sabiendo que las palabras sobraban.

- Darunia – dijo Sharashala -. Prepáralo todo.

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Las llamas rugían salvajes, aprisionadas en el interior de la roca: estaban hambrientas. Nada las producía; ni madera, ni hueso ni tela ni aceite. Brotaban de la nada e intentaban consumir la piedra inútilmente: si mil años a la intemperie no habían conseguido quebrarla, el fuego tampoco lo lograría.

- La forrrja es prrrimitiva y está hecha a toda prrrisa – dijo una voz atronadora -, perrro serrrvirrrá.

- ¿Cómo lo harás?

El goron comenzó a explicar, orgulloso, el trabajo que les esperaba al joven hylian.

- Prrrimerrro se echa la piedrrra en brrruto al fuego. El metal se derrretirrrá y se filtrrrarrrá hasta los moldes de abajo. Esto lo hacemos parrra separrrarrr la rrroca del metal y trrrabajarrr luego con un materrrial sin impurrrezas. Si estuviérrramos en mi forrrja, allá en las montañas, podrrríamos purrrificarrr más el metal, perrro Rrraurrru y Sharrrashala dicen que se debe hacerrr aquí y esta noche.

- ¿Y luego?

- Luego cogemos los moldes y los calentamos hasta hacerrr el metal maleable. Serrrá el momento en que el Marrrtillo Megatón comience a trrrabajarrr. Después de terrrminarrr la hoja, se ajusta a una empuñadurrra, se afila, se pule y… ¡lista parrra rrrebanarrr lizalfos!

Acompañando a estas palabras, Darunia palmeó a Link en la espalda. A pesar de que el goron había controlado su fuerza, Link casi se quedó sin resuello, pero no le importó: aquella broma le había hecho sonreír y eso, teniendo en cuenta la situación, era ya mucho.

Efectivamente, el metal comenzó a depositarse en los moldes, con forma de lingotes. Sin embargo, a los pocos minutos Darunia torció el gesto y llamó a Rauru.

- Algo ocurrre. No se solidifica – le dijo al sabio.

- ¿Va todo bien? – preguntó el Rey Zora.

- Cuando un metal se enfrrría pasa de líquido a sólido, cualquierrr cabeza de grrranito lo sabe. Este no parrrece querrrerrr hacerrrlo. Está frrrío, perrro perrrmanece líquido. Así no podrrremos trrrabajarrr con él.

- ¿Y a qué puede deberse? ¿Quizás a la forja?

- Mi querrrido amigo, tu pueblo es maestrrro en el arrrte de leerrr las estrrrellas, perrro de forrrja… El prrroblema está en el metal.

Se oyó a un bastón golpear el suelo rítmicamente. Sharashala, acompañado de cerca por su cuidador, se acercó a ellos mientras hablaba.

- Todo en este mundo posee una asombrosa dualidad, una faceta física y otra espiritual. La una es la que vemos, la forma que se nos ha otorgado para relacionarnos con los demás. Es importante, pero no tanto como la otra, que define lo que realmente somos.

“Éste metal estelar es un regalo de las diosas. Un regalo que nos otorga una oportunidad de enfrentarnos al mal que amenaza con destruir todo lo bello que Ellas nos proporcionaron. No sabemos nada de él salvo el uso que le vamos a dar. Es, por así llamarlo, un metal espiritual por dos cosas: por ser un don de las Tres Doncellas y porque nos ha sido dado en bruto, sin forma física.

- ¿Y cómo le vamos a darrr forrrma si no se deja?

Esta vez fue Rauru el que habló.

- Necesita algo físico a lo que agarrarse. Algo que complete su identidad.

Sharashala asintió y Darunia pareció comprender.

- Necesita otro metal parrra quedarrr ligado así a éste mundo, ¿no es así?

- Efectivamente – contestó el sabio humano -. Hemos de proporcionar un cuerpo a su espíritu.

Link se llevó la mano a la espalda y allí palpó la empuñadura de la espada que le dieran los kokiri. Elevando una plegaria silenciosa, agradeciendo a aquellos misteriosos seres su generosidad, desenvainó la espada y se la entregó a Darunia por el mango.

- Fúndela – le dijo -. Tan sólo te pido que me devuelvas la guarda, pues es un preciado regalo y me gustaría conservar parte de ella.

Y así se hizo.

La Espada de los Kokiri fue fundida y añadida al misterioso metal caído de las estrellas. La mezcla resultó y un par de horas más tarde, el Martillo Megatón dejaba oír su tintineo sobre la piedra.

El Señor de los Goron golpeaba una y otra vez el metal con precisión y poderío. Su enorme brazo estaba en tensión y pronto su lisa piel estuvo cubierta de sudor. Bajo el fuego de la forja, sus facciones traslucían una enorme concentración. Con gesto serio, la mirada algo ida y su rostro brillante hacía gala de todo su saber y dominio sobre los metales en aquel mágico y único momento. A su lado, Balast lo ayudaba con maestría, como una sombra: presente, pero sin molestar.

Con cada golpe de martillo una nube de chispas saltaba del yunque. Cuando el martillo callaba, lo único que rompía el silencio era el característico silbido del metal al ser enfriado. Luego, otra vez a calentarlo y de vuelta al rítmico repiqueteo.

Antes incluso de que la hoja comenzara a adoptar la forma final, Sheik comenzó a tocar. Sus dedos, ágiles, volaron con maestría sobre los agujeros de la Ocarina del Tiempo, arrancando de sus entrañas una dulce melodía que se elevó y llegó hasta las mismas estrellas.

La música era triste y hablaba en una lengua en la que las palabras no eran necesarias, pues aquel era el idioma de las rocas y la tierra, del agua y del firmamento. La paz después de la guerra, el rocío después de la mañana… la caricia después del beso. Todo lo que era caro a hombres, hylian, goron, zora, kokiri y sheikans era nombrado en ese canto y transformado en algo mucho más grande.

Los golpes del martillo, hacía un momento estridentes, se entrelazaban con la música y pasaban a formar parte de ella. También ocurría con el sonido de las aguas, con el murmullo del viento, el cantar de los grillos… Hasta los propios latidos de sus corazones. Link comenzó entonces a captar el auténtico alcance de aquella magia, el verdadero poder que se escondían tras las, aparentemente inofensivas, notas de aquella melodía.

Y, de pronto, la música cesó. Link abrió los ojos, no recordaba haberlos cerrado, aturdido por la brusquedad del silencio. A su alrededor, todos se habían quedado dormidos. Sheik todavía sujetaba entre sus manos la prodigiosa Ocarina del Tiempo y, por primera vez, Link vio una sonrisa sincera en su rostro. Sharashala estaba sentado y apoyado en su acompañante: ambos respiraban sosegadamente.

El Rey Zora y su familia estaban abrazados y apenas se les oía. Darunia había dejado caer el Martillo Megatón al suelo y tanto él como Balast descansaban sobre la hierba. Incluso Rauru no había podido resistir el embrujo y yacía al pie de la forja, apagada notó Link, sin mostrar signos de vigilia. Un leve tintineó indicó a Link donde dormía la pequeña Navi, su brillante luz reducida a un pálido resplandor.

Link avanzó hacia la forja, atraído como una polilla hacia la luz brillante. El fuego se había apagado y la piedra estaba fría. ¿Había estado también él dormido? ¿Cuánto tiempo había pasado?

Y allí estaba, depositada sobre la fría roca, como salida de las mismas entrañas de la tierra. Pálida su hoja bajo la luz de la luna y las estrellas. Su hoja era de doble filo, pulida y sin manchas. Casi donde la hoja se unía con la empuñadura la hoja se ensanchaba un poco y, luego, encajaba a la perfección en una empuñadura azul, con forma de alas que quisieran remontar el vuelo. En el centro, había una piedra gris, carente de vida, que contrastaba enormemente con el resto de la obra.

Link alargó la mano para agarrar la espada, pero cuando su mano estaba a punto de cogerla, se detuvo. ¿Realmente era él el adecuado? Un poderoso goron sería mucho mejor guerrero que él, mucho más fuerte. ¿Debía entonces reclamarla para sí? Y luego se dio cuenta de que todo aquello era absurdo y que realmente poco importaba si se merecía o no la responsabilidad de aquella hoja, porque deseaba dicha responsabilidad. El peso de su juramento lo obligaba, pero además, debía rescatar a la princesa. Ella lo necesitaba.

Con ese pensamiento cerró la mano alrededor del pomo y levantó la espada. Él no lo sabía, pero acababa de dar su primer paso por un largo y amargo camino. Un camino del que ni siquiera las diosas conocían el final.

gokun
3rd July 2006, 01:30
Muy bueno el capítulo 10,yo ya estoy deseando que Link pelee empuñando la espada maestra.

Hiroya
3rd July 2006, 13:06
Ey, de donde te has sacado todo esto, si s d alguna web o libro dimelo, y si s d tu cabeza... haz un libro q lo compro!!!

isircant
3rd July 2006, 14:32
waa!!! Esta estupenda la historia tio.
Se la voy a recomendar a todos mis amigos, sigue así.

Dish
3rd July 2006, 19:53
Madre mia.. ta tope de currada :0o1:
Ésto lo haces tú Tildom? :^^:

True_soul
3rd July 2006, 20:12
MAS QUEREMOS MAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! APURATE xD jejejejejejeje

Tildom
3rd July 2006, 22:23
Gracias por vuestras palabras. Y sí, lo he escrito todo yo y lo publico en varias webs con el mismo pseudónimo. Cuando lo termine lo pienso enviar a Nintento, a ver si suena la flauta.

Muchas gracias de nuevo y me alegro mucho de que os guste, al fin y al cabo, para eso la escribo.

kouk9999
3rd July 2006, 23:10
Gracias por vuestras palabras. Y sí, lo he escrito todo yo y lo publico en varias webs con el mismo pseudónimo. Cuando lo termine lo pienso enviar a Nintento, a ver si suena la flauta.

Muchas gracias de nuevo y me alegro mucho de que os guste, al fin y al cabo, para eso la escribo.
fuiste tu el qe dijo en Meri hace muxo tiempo(por navidades o asi) qe estaba haciendo uan historia de Zelda?
Si lo mandas a Nintendo y hacen un juego de eso te conviertes en miembro VIP en revogamers, puedes expulsar a tu antojo, hasta a los moderadores y a el staff xDD

PD:despues de haber leido las criticas qe ha recibido me lo voi a leer :cunao: , eske cuado pusiste el primer capitulo me lo empeze a leer pero me tuve qe ir y lo fui dejando dejando hasta hoy xDD, ahora en un rato te digo mi opinion

kouk9999
4th July 2006, 01:27
Bueno Tildom, me he leido hasta el capitulo 7 y realmente increible, sinceramente, se podria hacer un videojuego o una pelicula con esa historia, realmente me ha encantado, escribes genial...
Y dejando a un lado los elogios creo qe la historia tiene, si se puede llamar asi, nu fallo, y es ke tiene demasiadas referencias al Ocarina of Time, a mi personalmente me hubiera gustado mas qe no usaras a personajes como Saria, Navi o lugares como el boske kokiri o el lago hilya.Me parece qe hubiera qedado mejro cambiando a personajes como ese caballo blanco y no el epona de toda la vida, aunke ai ots qe si considero imprescindibles(no inprescindibles, pero si "bien usados" como Link, impa o zelda...

Bueno dejo ya las criticas qe al final va a parecer qe no me ha gustado, todo lo contrario, sigue asi, y te animaria a qe publicaras este libro en plan en serio, yo, lo compraria ;)

True_soul
4th July 2006, 03:24
kouk9999, a mi no me parece bien eso de q tal vez no debiera usar los sitios y personajes mas influyentes en las historias de los juegos y lo q si tiene muchas referencias al OoT debe ser xq es su juego favorito (o eso pienso) y tambien es el favorito de muchos fans de la zaga.

Por cierto OoT queda empatado con ALTTP

kouk9999
4th July 2006, 09:24
kouk9999, a mi no me parece bien eso de q tal vez no debiera usar los sitios y personajes mas influyentes en las historias de los juegos y lo q si tiene muchas referencias al OoT debe ser xq es su juego favorito (o eso pienso) y tambien es el favorito de muchos fans de la zaga.

Por cierto OoT queda empatado con ALTTP
Es solo una opinion, a mi tambien es el juego qe mas me gusta y aun asi no me gusta ver tantas refeerncias a el, no digo qe por ello este mal, todo lo contrario, pero me parece qe qedaria mas "personal" si no hubiera usado tantas cosas de ese juego, incluso hubiera estado bien qe usara nombres de todos los juegos. de Zelda...

Tildom
4th July 2006, 10:13
Mmmmmmm, veamos. Es cierto que la ambientación del fic tira más por el lado del OOT, aunque estoy tratando de que sea más oscuro. Eso lo podréis ver un poco más adelante. Voy a exponer mis razones y planteamientos respecto a historia y personajes, para que veáis que está bastante pensado.

Aunque, en un princio, no tenga cabida cronológica en el Universo Zelda, es cierto que esta sería la primera aventura, de alguna forma sustituyendo al OOT. Aunque el final no lo tengo demasiado claro, puede que al final la historia sí que sea compatible con el OOT. En cualquier caso tengo que emplear una geografía y toponimia lo más parecidas posible al OOT para mantener una cohesión en la saga, no hacer una cosa imposible de situar en la saga. De todas formas, la Montaña de la Muerte, el Lago Hylia, Kakariko Village y el Castillo de Hyrule son elementos que han aparecido en el ALTP y LOZ.

He tratado de no inventarme demasiados personajes y he cambiado características de algunos: Cadler no es totalmente inventado, está inspirado en el sacerdote del ALTP del Santuario (siempre pensé que al pobre se le daba bastante de lado), los goron son más bestias y tienen algo de enano en su cultura, los hylian es una raza casi extinta que tiene que descubrir de nuevo lo que es, los sheik poseen por primera vez cohesión interna y los Zora son místicos, con aire élfico (¿teleri?) noble y aristocrático (odio la estética del Rey Zora del OOT, no es regio).

En cuanto a personajes específicos: A Impa quería darle un papel más serio que el de niñera. Por eso es la Guardiana de Zelda, un cargo con implicaciones militares (vendría a ser Maestra de Armas), Saria... A esta le tengo preparado algo especial pero, os sirve de consuelo, es LA MISMA que la del OOT. No inspiración en ese personaje, físicamente es el mismo, pues yo considero a los kokiri como seres feéricos en el sentido más clásico de la palabra (inmortales, elementales, alejados de los asuntos del mundo y asociados a semejantes suyos; las hadas). Ya he dicho que los Goron son muy "enanos", por lo que he tratado de traspasar su aspecto y maneras rudas a mis personajes. Callados, serios, herreros, buenos guerreros, no se conoce que haya mujeres goron... No son blanditos como en el OOT, son enanos del Señor de los Anillos de 3 metros de altura y con brazos como troncos.

Otro elemento fundamental es que hago que Link hable. Durante mucho tiempo me planteé en serio que Link no pronunciara una sola palabra en todo el fic, como en el juego, pero me di cuenta de que me resultaría demasiado difícil. Le dejo esos experimentos literarios a Umbral y Cia. Aún así, que Link hable, me permite darle a la historia un elemento introspectivo que no aparece en los juegos. Realmente Link tiene que aprender a aceptar que él es quien tiene que empuñar la Espada Maestra, no lo acepta fácilmente y sus motivaciones son complejas (de hecho sigo trabajando en los matices).

Y ya paro, que sé que se puede hacer muy pesado. Espero que explicando lo que se me pasa por la cabeza mientras escribo entiendas la razón de ser de las referencias a los juegos. Por cierto que el siguiente capítulo lo cuelgo mañana :sorrisa: .

gokun
4th July 2006, 11:46
Por cierto que el siguiente capítulo lo cuelgo mañana :sorrisa: .

¡bien! :sorrisa:,ya tenía ganas del siguiente.

Tildom
5th July 2006, 09:53
Es un poquillo corto, la verdad, pero lo compensaré colgando el siguiente el Viernes. ¡¡Feliz lectura!!

************************************************** ****************

11
La llave

Aquel al que llamaban el Demonio de Jade se movía por la habitación como un león enjaulado. Hacía días que no dormía, obsesionado por arrancar del Libro de Mudora los secretos que éste contenía y que, tercamente, se negaba a compartir.

- ¡Me dijisteis que podríais leerlo! – gritó, enfurecido a un par de bultos que se cernían encima del libro, abierto de par en par y sobre un atril.

- Te dijimos que tal vez podríamos descifrar las antiguas escrituras – le contestó una voz del color de carbones encendidos.

Ganondorf se giró, colérico, y se cernió amenazador sobre las brujas.

- No te atreverás – dijo la otra, la de los ojos azules, aunque con cierto temblor en la voz.

- Sólo la necesidad de vuestra magia contiene mi mano, os lo aseguro – contestó Ganondorf -. Pero atreveos a engañarme, a oponeros a mí…

No necesitó completar la amenaza, pues estaba bastante claro lo que ocurriría entonces. No sentía ningún aprecio por esas viejas decrépitas, si no todo lo contrario. Las odiaba hasta el punto de desear matarlas con sus propias manos. Ellas, que eran su vínculo con el mundo, las que le recordaban constantemente lo que era estar sometido a aquella oscura magia suya y el precio que había que pagar. No había poder suficiente en el mundo para compensar aquella angustia cada vez que cogía aquella daga y la hendía en su carne para pagar el sacrificio de sangre.

Pero cuando obtuviera el Triforce… ¡Ah, cuando estuviera en sus manos! ¡Todo sería diferente entonces! Sin límites a su poder, inmortal hasta el final de las eras, señor de todo cuanto existiera: Rey del Mal. Se estremeció con aquellos sueños de gloria… y la cólera volvió a él, tan intensa como antes.

- ¡Se acabó! No pienso esperar más. ¿Eso es lo único que tenéis? – dijo señalando una hoja de pergamino que contenía una única frase.

Las viejas asintieron al unísono.

- “Su savia abrirá las puertas” – citó Ganondorf en voz alta -. Preguntémosle a ella.

************************************************** ***********

Zelda estaba sucia y famélica. No había comido en días y la tenían encerrada en una estrecha y sucia celda sin ventanas. Su única compañía eran las ratas y el cadáver de un hombre en la celda de enfrente. Y ahora, además, sangraba y se sentía completamente desamparada.

Durante horas, el mismísimo Ganondorf había escudriñado en su mente, violando cada pensamiento, cada idea, pervirtiendo hasta el último de sus recuerdos. Había azotado y cortado su carne, la había herido sólo por el mero placer de ver su sufrimiento. Al final, ni siquiera había gritado; no tenía fuerzas.

- ¿Has descubierto algo? – la princesa creyó oír una voz heladora a través de sus turbados sentidos.

- Sí… - al oír la voz de Ganondorf, la princesa se encogió instintivamente y él se rió ante su gesto -. Aunque ha sido difícil. Ni siquiera ella sabía a qué se refería.

- ¿Entonces? – esa otra voz pertenecía a unos ojos rojos como la sangre.

- Su sangre es la llave – Ganondorf paladeó su triunfo -. El Templo de las Diosas la puerta.

Se agachó, sujetó entre sus manos el rostro del Zelda, ahora lacerado y manchado de sangre, y la susurró al oído.

- Vuestra sangre, princesa, me conducirá al Triforce. ¿Cómo os hace sentir eso?

Zelda sacó fuerzas de flaqueza y sus hermosos ojos azules sostuvieron su enloquecida mirada.

- Serás destruido. A estas alturas los sabios de Hyrule ya habrán encontrado una forma de derrotarte.

- ¿Destruirme? Me he encargado personalmente de evitar esa pequeña reunión insurgente, mi querida princesa. Y aunque hubieran encontrado una forma de herirme, nada de eso importará cuando me alce victorioso con el Tesoro Dorado entre mis manos. Y vuelvo a recordaros que todo eso ocurrirá gracias a vos.

Con un gesto despectivo la soltó y se levantó.

- Preparadla para salir dentro de una hora – le dijo a uno de los celadores -. Una hora, princesa, eso es lo que le queda de libertad al reino de Hyrule.

Zelda se sintió desconsolada y, entre incipientes sollozos, elevó una plegaría a las Diosas.

True_soul
7th July 2006, 06:30
ya es viernes xD, estoy impaciente la historia esta interesante

Tildom
7th July 2006, 12:34
Justo antes de marcharme a la playita :sorrisa: cuelgo el capítulo. A disfrutarlo.

************************************************** ************

12
El asesino

Link se giró justo a tiempo para detener una estocada que le hubiera atravesado el corazón. Los dos metales, uno plateado y el otro negro y cubierto de runas, chocaron limpiamente en medio del alba.

Conocía a su adversario. La primera vez que lo vio fue en el Santuario Dorado, minutos antes de que éste ardiera hasta los cimientos. La segunda había sido el preludio de su fracaso en su tarea de proteger a la princesa.

- Vas a morir – dijo con una absoluta certeza que desconcertó a su alter ego -. Aquí y ahora comienza mi venganza.

El asesino volvió a atacar y Link interceptó el tajo con limpieza. A su alrededor todo el mundo comenzó a despertar. Justo a tiempo, pues a una orden de su versión tenebrosa, la tierra se abrió y una mano putrefacta salió de ella, como dudando. Un poco más lejos un brazo esquelético emergió anhelante. Todos, ya despiertos, miraban asombrados la escena. Una docena de cadáveres todavía portando las armas y armaduras con las que murieron, el metal herrumbroso y manchado con la tierra en la que habían estado enterrados durante siglos, se acercaron ágilmente y los atacaron.

La informe boca negra del Link Oscuro pareció esbozar una sonrisa e hizo un molinete con su espada impía. Las espadas resonaron dos veces más, pero Link no se engañó, lo estaban probando.

- ¡Link! – Sheik lo llamó y le lanzó su escudo.

En un movimiento fluido, el guerrero se giró, cogió el escudo y, mientras completaba el giro, paró un golpe destinado a separarle la cabeza de lo hombros. El asesino pareció asombrado unos instantes y, de ser otras las circunstancias, se habría detenido unos momentos para analizar la situación. Pero él era el asesino y la sangre que le había dado la vida latía en su interior empujándolo a la lucha, a satisfacer un temible deseo. Se lanzó al ataque como un animal enloquecido.

La nueva espada de Link se movió como una centella y detuvo su embestida. Link se adelantó y golpeó con el escudo la cara de su oponente. El Link oscuro retrocedió varios pasos, aturdido, pero aparentemente ileso.

- No puedes herirme – dijo con una voz de ultratumba -. Nada puede hacerlo.

- ¿Quién eres? – preguntó Link.

- Soy tú.

La misma contestación que en el Santuario Dorado.

La espada negra chocó contra su escudo. El joven hylian hizo un movimiento hacia afuera con el brazo derecho, obligando así a separar mucho la espada de su enemigo y luego lanzó una estocada. Su sombra se retorció para esquivar el golpe, pero fue muy lento y lo hirió en el costado. Una espesa sangre oscura comenzó a manar de la herida. El asesino gritó, asombrado y adolorido.

- Parece ser que sí puedo herirte.

De pronto, el asesino pareció hundirse en la tierra y desapareció de su vista. Link miró a su alrededor, sorprendido por la súbita huída. Cerca, Sheik usaba una extraña daga curvada para deshacerse de un esqueleto mientras que Darunia empleaba el Martillo Megatón para aplastar a otro. El Rey Zora movía las manos y entonaba una misteriosa cantinela. Rauru estaba con Sharashala y los demás, protegiéndolos dentro de una esfera transparente de color azulado, rodeado por esqueletos que pugnaban por entrar. Pero ni rastro de su adversario.

Unas campanillas a sus espaldas, Navi, le advirtieron del ataque. Por el rabillo del ojo sintió una presencia elevarse detrás suyo y abalanzarse sobre él. Link rodó hacia delante, pero sintió un agudo dolor en una pierna. Completó el giro y se dio la vuelta. La espada negra goteaba sangre. Con un rápido vistazo comprobó que la herida no era grave y pasó a la ofensiva.

Atacó desde todos los ángulos. Arriba, abajo, estocadas… Cada golpe fue interceptado con limpieza. Era como luchar contra su propia sombra. Empezó a preguntarse si de verdad era posible vencer a aquel enemigo, ¿acaso no era él quién había acabado con Impa?

- ¡Ten fe! – le gritó Sharashala desde la burbuja de Rauru - ¡Sólo la fe puede ayudarte a derrotarlo!

Link sonrió. El sabio tenía razón. Tenía en su mano una espada que era un regalo de las diosas. No podía perder aquel combate porque su destino era enfrentarse a Ganondorf. Era necesario que creyera en si mismo y tuviera fe. Fe en el acero y fe en la confianza que los demás habían depositado en él. Una luz se encendió en su corazón y, súbitamente, la gema grisácea de la empuñadura estalló en un brillo dorado. Una poderosa energía recorrió la hoja y la envolvió con un aura también dorada.

Su adversario gorgoteó, en lo que podría considerarse una carcajada y, a una seca orden, las runas de su espada brillaron con luz plateada y de la hoja comenzó a desprenderse un aura de completa oscuridad. Cuando las hojas chocaron esta vez, zarzillos de energía saltaron de los aceros y se desvanecieron en el aire. Un grito avisó a Link de que habían herido al Rey Zora.

Las espadas continuaron juntas y Link mantuvo la lucha, tratando de alcanzar el rostro de su adversario; su propio rostro. Las hojas permanecieron inmóviles unos segundos pero, después, las fuerzas empezaron a fallarle. Su enemigo, alimentado por la magia de las venas de Ganondorf, aumentó su presión y Link se vio obligado a hincar rodilla en tierra. Navi revoloteó para tratar de confundir al asesino, pero éste no cejó en su lucha.

Link decidió cambiar de táctica y se tiró al suelo. Se adversario, que no se esperaba la maniobra y que apoyaba todo su peso sobre su espada, se desequilibró y cayó hacia adelante. Link se cubrió con el escudo y, usando sus piernas como palanca, lo lanzó por encima de su cabeza. Luego, se giró y retomó la postura de ataque.

El otro cayó al suelo, aunque se levantó con igual presteza. Estaban como al principio. El asesino comenzó a murmurar en voz baja mientras las runas de su escudo se prendían de rojo, como ascuas ardientes. Link recordó el Santuario Dorado y comprendió cómo había sucumbido a las llamas. Se abalanzó antes de que pudiera completar su sortilegio. El escudo detuvo su golpe y las llamas saltaron de su superficie y los envolvieron.

Con un salto acrobático, Link se alejó. Sus ropas estaban algo chamuscadas pero había podido salvarse del fuego. Su espada tembló ligeramente y volvió a sentir una corriente de fuerza que la atravesaba. Siguiendo una corazonada, apuntó con ella a su adversario y dejó que la energía fluyera libre.

Un haz de energía dorada salió de la espada e impactó contra el escudo rúnico, haciéndolo pedazos. El golpe también lanzó a su oponente por los aires y lo estrelló contra una columna medio derruida. Sin esperar a que se levantara del suelo, Link atacó.

El asesino intentó esquivar el golpe colocándose detrás de la columna, pero no fue lo suficientemente rápido y consiguió herirlo en la espalda. Rápidamente lo atacó por el otro lado de la columna, pero Link ya esperaba esa maniobra y detuvo el ataque con facilidad. Se apartó varios pasos para obligarle a salir de su escondite.

Aprovechó esos segundos de pausa en el combate para observar cómo le iba a los demás. El Rey Zora estaba en el suelo y la reina y Ruto estaban arrodilladas a su lado. La esfera de protección de Rauru ya no estaba y no había ni rastro de Sharashala ni de su lazarillo. Balast estaba inconsciente en el suelo y Darunia y Sheik luchaban codo con codo para proteger a los demás de los tres esqueletos que quedaban en pie.

- ¡Acabemos esto! – le gritó a su alter ego.

De pronto, sintió algo a su espalda y se zambulló a un lado por puro instinto. Una espada negra lo hirió en el brazo de la espada. Su adversario había surgido de la sombra de una roca y lo había atacado a traición. Link se dolió de la herida aunque agradeció su rapidez de reflejos: de no haber reaccionado con tanta presteza la espada se habría clavado en mitad de su espalda.

El intercambio de golpes se reanudó. De nuevo, cada golpe fue interceptado con limpieza, pero Link advirtió que su adversario ya no hacía gala de su fuerza sobrehumana.

- Te has debilitado – le dijo -. La magia que has empleado ha mermado tus fuerzas.

El otro sintió miedo, pero a causa de su naturaleza, volvió al ataque.

Link continuó hablando mientras paraba un tajo con su escudo.

- La invocación de los esqueletos, tus dos desapariciones, la magia de la espada y del escudo, las heridas… Te debilitas a cada segundo que pasa – y mientras decía esto último conseguía herirlo por tercera vez, esta vez en la clavícula.

El asesino apretó la boca y saltó hacia atrás, arrancándose la hoja de herida. Sin embargo, lejos de acobardarse, agarró la espada con ambas manos y asestó un tremendo mandoble. Link arrojó el escudo y respondió al golpe también sujetando su espada con ambas manos. Sintió la misma fuerza de antes recorrer sus brazos y el filo negro saltó hecho pedazos.

Sin detener el movimiento, Link completó el giro y lanzó una poderosa estocada que atravesó de parte a parte al asesino. Las manos del ser trataron de agarrar la espada para arrancársela, pero sus manos se abrasaron cuando trató de sujetar la hoja. Link la enterró aún más en su cuerpo justo antes de sacarla de un tirón. El asesino se desplomó y, en completo silencio, comenzó a despedir un apestoso humo negro.

El asesino, así como había nacido, moría.

wichu
8th July 2006, 23:53
Me empece a leer este fabuloso fan-fic hace como 1 semana leyendo cada vez q podia, y tengo q admititir q ni tolkien, con el señor de los anillos; ni Rowling con Harry Potter; ni Lewis con Narnia me han gustado tanto... en realidad no hay palabras para describir lo q espero el proximo capitulo, me despido y te felecito nuevamente Tildon porq para esta historia te has fajado...casi se me olvida decirte q estoy ansioso para q nintendo lea tu historia para q haga la primera pelicula de Zelda.
SALU2!!

Hiroya
12th July 2006, 11:11
Ey Tildom, t felicito x tu historia xro, tienes claro cuantos capitulos piensas hacer n total?? x curiosidad :o_02:
sigue asi
salu2

Tildom
12th July 2006, 12:46
Me empece a leer este fabuloso fan-fic hace como 1 semana leyendo cada vez q podia, y tengo q admititir q ni tolkien, con el señor de los anillos; ni Rowling con Harry Potter; ni Lewis con Narnia me han gustado tanto... en realidad no hay palabras para describir lo q espero el proximo capitulo, me despido y te felecito nuevamente Tildon porq para esta historia te has fajado...casi se me olvida decirte q estoy ansioso para q nintendo lea tu historia para q haga la primera pelicula de Zelda.
SALU2!!

Hombre, te lo agradezco, pero compararme con el maestro Tolkien es exagerar un poco (bueno, mucho). ¡Ya quisiera escribir una décima parte de bien que él! De todas formas, gracias y me alegro de que te guste.



Ey Tildom, t felicito x tu historia xro, tienes claro cuantos capitulos piensas hacer n total?? x curiosidad :o_02:
sigue asi
salu2

Gracias. Pues no sé, no pienso cuántos capítulos me tienen que abarcar las novelas que escribo, las dejo crecer por sí solas. Lo que sí tengo en mente son acontecimientos que quiero que sucedan y el orden en que lo hacen. Lo mejor de escribir es que la historia y los personajes suelen cobrar vida propia y empezar a hacer cosas que no tenías planeado. Por ejemplo: Rauru apareció sin que lo llamaran, Arad se convirtió en un sucio traidor y Hyrule fue conquistado al principio del fic, en vez de llevar 10 años dominada por Ganondorf. Cosas que pasan.

Pero si te sirve de consuelo, estoy escribiendo el capítulo 15 y llevo 95 páginas en Word (Times New Roman 12 e interlineado 1,5) y creo que estoy muy cerca del ecuador (aunque no se si ya lo he pasado o me queda un poco para hacerlo :sorrisa: ).

Un saludo.

Kalas Matacasuals
12th July 2006, 12:55
Me empece a leer este fabuloso fan-fic hace como 1 semana leyendo cada vez q podia, y tengo q admititir q ni tolkien, con el señor de los anillos; ni Rowling con Harry Potter; ni Lewis con Narnia me han gustado tanto... en realidad no hay palabras para describir lo q espero el proximo capitulo, me despido y te felecito nuevamente Tildon porq para esta historia te has fajado...casi se me olvida decirte q estoy ansioso para q nintendo lea tu historia para q haga la primera pelicula de Zelda.
SALU2!!

Hombre, te lo agradezco, pero compararme con el maestro Tolkien es exagerar un poco (bueno, mucho). ¡Ya quisiera escribir una décima parte de bien que él! De todas formas, gracias y me alegro de que te guste.



Ey Tildom, t felicito x tu historia xro, tienes claro cuantos capitulos piensas hacer n total?? x curiosidad :o_02:
sigue asi
salu2

Gracias. Pues no sé, no pienso cuántos capítulos me tienen que abarcar las novelas que escribo, las dejo crecer por sí solas. Lo que sí tengo en mente son acontecimientos que quiero que sucedan y el orden en que lo hacen. Lo mejor de escribir es que la historia y los personajes suelen cobrar vida propia y empezar a hacer cosas que no tenías planeado. Por ejemplo: Rauru apareció sin que lo llamaran, Arad se convirtió en un sucio traidor y Hyrule fue conquistado al principio del fic, en vez de llevar 10 años dominada por Ganondorf. Cosas que pasan.

Pero si te sirve de consuelo, estoy escribiendo el capítulo 15 y llevo 95 páginas en Word (Times New Roman 12 e interlineado 1,5) y creo que estoy muy cerca del ecuador (aunque no se si ya lo he pasado o me queda un poco para hacerlo :sorrisa: ).

Un saludo.

Hombre, pues 95 páginas a 12 es mucho...sinceramente, esto tiene futuro. A ver en qué acaba. (Mientras no me hundas mi post...)

Tildom
13th July 2006, 01:02
(Mientras no me hundas mi post...)
¿Lo cualo?

Pos nada, que cuelgo el siguiente episodio. A partir de ahora ruego paciencia porque sólo tengo escrito hasta el 15 y puede que ahora actualice más lentamente.

Como siempre, vuestras críticas son bien recibidas. Un saludo y feliz lectura.

************************************************** ***********

13
Hacia el Santuario

Lejos, muy lejos de allí, Ganondorf sintió la muerte de su secuaz como la suya propia. La sangre hervía en sus venas y cayó de rodillas presa del dolor. El aullido que salió de su garganta resonó en las paredes de piedra e hizo que todos los habitantes del castillo se encogieran de pánico.

Poco a poco, la agonía remitió, pero a Ganondorf le habían infligido una profunda herida. Incluso después de haber pagado el precio de sangre, la magia se vengaba en quién se había atrevido a invocarla sin ser lo suficientemente fuerte. El castigo que sufría sólo podía significar una cosa: su asesino había sido aniquilado.

Las connotaciones que tenía ese hecho amenazaron con abrumarlo. Era tal y como había dicho la princesa: los sabios habían encontrado una forma de combatirle. Por un momento pensó en dirigirse a las brujas para crear otro asesino, pero pronto desechó la idea. Si volvía a fallar sufriría un nuevo castigo e iba a necesitar toda la fuerza de la que dispusiera.

Se incorporó y respiró hondo. Ahora más que nunca debía de ser cuidadoso; un paso en falso podía resultar fatal. Continuó su camino hacia el patio del castillo. Allí lo esperaba una pequeña escolta de seis de sus mejores hombres: La Guardia Escarlata. Desde la ventana del pasillo los miró con orgullo.

De todas sus fuerzas, los que más satisfacciones le habían dado eran los Muerte de Hierro. Los Soldados Negros, con sus armaduras oscuras y terribles; guerreros insuperables siempre ansiosos por entrar en liza. Los Hojas de Plata y las Espadas de Oro, sus superiores; ellos eran los oficiales de su ejército. Astutos y temibles tanto en la guerra como en la administración de sus dominios. Y por último la Guardia Escarlata; los más fuertes entre los fuertes y, sobre todo, los más leales entre los leales. Su guardia personal; seis soldados dispuestos a obedecer el más mínimo deseo de su amo. Si él les pidiera que se atravesaran con sus espadas allí mismo, no dudaba que cumplirían la orden sin vacilar un solo instante.

Los seis guardas cargaban con una jaula de acero negro, tosca y de una manufactura tan antigua que hacía parecer jóvenes a las mismas piedras del Castillo de Hyrule. Dentro de la jaula, inconsciente, estaba la princesa Zelda.

Cuando Ganondorf llegó al patio, los Guardias Escarlata lo saludaron apasionadamente. Ganondorf les devolvió el saludo y centró su atención en la jaula.

- ¿Cómo están sus heridas? – preguntó.

- Vivirá todo el tiempo que deseéis, mi Señor – contestó con una voz gutural uno de aquellos guardias enfundados en armaduras rojas como la sangre.

- Bien.

Dicho esto silbó con los dedos y un relincho contestó a su llamada. Entró en el patio un corcel gigantesco, negro como el ala de cuervo y con las crines rojas. Sus cascos parecían envueltos en llamas, así como su mirada. Se colocó al lado de Ganondorf, que lo admiró como siempre hacía, fascinado por su elegancia y poderío.

- ¿Cabalgarás conmigo, Simún? ¿Serás hoy mi montura?

El corcel piafó y golpeó con fuerza un casco contra el suelo. El sonido resultante fue como si un trueno hubiera caído sobre el patio. Ganondorf sonrió. Con gran soltura, fruto de años de práctica, el Demonio de Jade montó al tenebroso corcel. Levantó la mirada hacia el castillo y vio a dos figuras que lo observaban desde una torre. Dos figuras que, estaba seguro, deseaban que Simún lo arrojara al suelo y aplastara su cabeza bajo sus cascos. Con un gesto lleno de desprecio y de promesas futuras, se despidió de ellas.

- ¡Vamos! – ordenó a la comitiva - ¡Mi destino aguarda!

Mientras abandonaban el castillo, negras nubes de tormenta cubrieron el cielo y comenzó a llover. Era como si el mundo entero llorara de pena ante el futuro que los acechaba.

************************************************** *******

Link recuperó el escudo y se adelantó para reunirse con Sheik, Darunia y la familia real de los Zora.

- ¿Estáis bien? – preguntó - ¿Dónde están Rauru y Sharashala?

Sin mediar palabra, ambos aparecieron de la nada, al lado de ellos. Rauru parecía muy cansado y tuvo que apoyarse en una columna.

- ¿Estáis herido? - preguntó Link al Rey Zora.

- Es superficial, lo peor es la fatiga– contestó con voz débil -. Me temo que me excedí en el uso de mis poderes.

- Yo también, amigo mío – dijo Rauru -. Yo también.

- ¿Y Balast?

- Me rrrecuperrrarrré – dijo el goron levantándose-. Hace falta más que un esqueleto parrra herrrirrrme.

- Magnífica batalla – alabó Sheik -. ¿Era ese el ser que os perseguía?

Link asintió.

- Conozco la magia a la que debía su existencia – dijo Rauru -. Una antigua y poderosa hechicería: terriblemente peligrosa y cruel. Ha sido una dura prueba.

No tuvieron más tiempo para celebrar la victoria. El entrechocar del metal y los gritos de guerra se lo impidieron. Los soldados de Kakariko irrumpieron en las ruinas mientras luchaban contra un ejército de salvajes. Junto a ellos, luchando codo con codo, los guerreros zora demostraban por qué las tropas de Ganondorf les tenían tanto respeto.
Pero ellos eran muchos, más de lo que sus fuerzas podían abarcar. Sin embargo, humanos y zora combatían valerosamente, haciendo que cada metro de terreno costara caro a sus atacantes.

Link se encaró con la lucha y se dispuso a unirse a ellos cuando una fuerte mano lo detuvo. Era Sheik.

- No, amigo mío. Tú debes librar una batalla mucho más importante.

- Pero ellos me necesitan.

- Link – Rauru le puso paternalmente una mano en el hombro -. Hyrule es quien te necesita.

- La princesa, muchacho – el anciano Sharashala levantó su cabeza y lo miró fijamente tras sus pobladas cejas. Por primera vez, Link pudo ver sus ojos, de un gris parecido al del cielo cuando hay tormenta -. Piensa en la princesa.

Link volvió su mirada hacia la batalla. Los defensores perdían cada vez más terreno y pronto sobrepasarían la linde de las ruinas. El ansia de batalla latía en sus venas. Su reciente victoria aún llameaba en su corazón y lo impulsaba a unirse a aquellos valerosos hombres, pero sabía que no debía hacerlo. Con soltura, envainó la espada y le dio la espalda a la lucha.

- Hay que darse prisa, ¿cómo llegaré a la ciudadela antes de que sea demasiado tarde?

- Con ayuda de esto – Sheik levantó la Ocarina del Tiempo -. Acercáos todos, vamos a salir de aquí.

- Nosotros no – dijo el Rey Zora -. Debemos preparar a nuestro pueblo para lo que se avecina.

- Nosotros tampoco – Darunia se golpeó el pecho con firmeza. A su lado, Balast asintió -. Los tamborrres de guerrra suenan y nosotrrros también debemos prrreparrrarrr a nuestrrra gente.

- Y yo soy demasiado viejo como para ir a ninguna parte. Además, mi sobrino parece que está demasiado ocupado y no pienso abandonarle.

Link siguió la dirección que señalaba el bastón de Sharashala y vio al joven que lo acompañaba atravesar con limpieza a un salvaje.

- Entonces sólo iremos nosotros tres – dijo Rauru poniéndose al lado de Sheik -. Que las bendiciones de las diosas os acompañen eternamente.

- Que ellas iluminen vuestro camino – dijo Sharashala.

Sheik simplemente se llevó la ocarina a los labios y comenzó a tocar una dulce melodía. Una melodía que Link conocía demasiado bien, pues la había cantado miles de veces cuando era un niño: era la canción del Santuario.

Todo comenzó a ponerse borroso y a parecer irreal. Sentía como era arrancado de ese lugar bendito y llevado a otro lugar, muy lejos de allí. Con dificultad vio a los goron lanzarse a la batalla. Apenas pudo distinguir al Rey Zora y su familia sumergirse en las aguas del Lago, en busca de su pueblo.

Pero lo que sí pudo distinguir fueron un par de ojos grises que lo miraban fijamente y una clara voz que le dijo:

- Valor, Link. Ese es tu verdadero poder. Valor.

wichu
14th July 2006, 17:35
Tildom dijo:
Hombre, te lo agradezco, pero compararme con el maestro Tolkien es exagerar un poco (bueno, mucho). ¡Ya quisiera escribir una décima parte de bien que él! De todas formas, gracias y me alegro de que te guste.

jeje... homabre, tal vez si exagere un poco con lo de tolkien...pero con lo de lewis no exagere nada de nada :^^:
SALU2!!

kouk9999
15th July 2006, 23:51
Tildom si me permites te voi a dar una idea para qe la tengas en cuenta xDD.
Yo creo qe seria interesante qe fueras colgando los capitulos todos en el primer post para al final tener ahi todo el libro, y en el resto de paginas vas anunciando cuando has colgado uno nuevo y tmbien lo comentamos y te damos otras sugerencias, porqe asi es un poco lioso encontrar el capitulo k kieres...

Tildom
16th July 2006, 10:59
Tildom si me permites te voi a dar una idea para qe la tengas en cuenta xDD.
Yo creo qe seria interesante qe fueras colgando los capitulos todos en el primer post para al final tener ahi todo el libro, y en el resto de paginas vas anunciando cuando has colgado uno nuevo y tmbien lo comentamos y te damos otras sugerencias, porqe asi es un poco lioso encontrar el capitulo k kieres...

Lo había pensado también, pero ¿encontrarías tú el capítulo en un post de más de 3.000 líneas de texto? :miedo: Creo que sería aún peor. Pero lo que sí voy a hacer es poner un índice al principio con la página en la que están los capítulos. Gracias por la idea.

MINT
16th July 2006, 13:24
Este fic me suena... ¿lo tienes publicado en la biblioteca del Palacio de Sheik? Es que me suena haberlo leído allí. De todos formas te felicito, está muy bien. :^^:

kouk9999
16th July 2006, 20:50
Tildom, como supongo qe tendras todos los capitulos en un archivo de Word seria demasiado pedir qe cuando terminaras me lo pasaras? xD

True_soul
16th July 2006, 21:13
se fue :S necesitamos el siguiente capitulo!!!!!!!!! jejeje

wichu
16th July 2006, 21:24
¿Cuanto falta para el siguiente capitulo? :sorrisa:
SALU2!!

Tildom
16th July 2006, 21:46
Este fic me suena... ¿lo tienes publicado en la biblioteca del Palacio de Sheik? Es que me suena haberlo leído allí. De todos formas te felicito, está muy bien. :^^:

Me has pillado :eee?: Sí lo publico en varios sitios, sobre todo para ver si a le gente le gusta. Lo malo de la Biblioteca de Sheik es que la gente no opina nunca y no sabes si gusta o no. Por cierto, felicidades por tu "Memorias de una Princesa", es otro estilo pero no deja de ser muy bueno :^^: .


Tildom, como supongo qe tendras todos los capitulos en un archivo de Word seria demasiado pedir qe cuando terminaras me lo pasaras? xD

¡Claro! Pero todavía me queda para acabarlo así que tendrás que tener un poco de paciencia.

Y para el resto de los pequeños saltamontes, tened paciencia. Procuraré colgar capítulo por semana, a no ser que me salga uno muy corto, que todo puede pasar. Así que hasta el jueves toca esperar un poquillo.

Al menos os he puesto el índice al principio y salen los nombres de los dos próximos capítulos (en fase de corrección) así que podéis intentar adivinar qué puede pasar en ellos. HYPE, HYPE.

kouk9999
16th July 2006, 21:54
por supeusto qe espero jeje, lo malo de qe publiques un capitulo x semana seke se pierde un poco el hilo pero bueno cuando lo termines me lo leere todo seguido, y sinceramente, te recomiendo qe intentes publicar este libro, contacta con Nintendo y con alguna editorial porqe es realmente bueno.

MINT
16th July 2006, 22:47
Opininan, pero poco. Sin comparación los comentarios que tengo en la biblioteca, con los que tengo en book of mudora. Más que otro estilo mi fic, sería otro género: romance y contada desde otra persona. A lo que iba, creo que solo habías publicado hasta el capítulo diez u once allí, así que lo siguiré leyendo aquí. Aunque debo echarle un vistazo al último capítulo que leí, ya que ando media perdida. Saludos.

boinaverde515
16th July 2006, 23:14
Tildom tu fic va pa obra maestra felicidades :sorrisa:

True_soul
18th July 2006, 22:53
tildom si no pones el capitulo el jueves tas mal jeje

Hiroya
18th July 2006, 23:35
ey tildom, nos podrias decir onde publicas esto, es solo x curiosidad :nada: :nada: :nada:

Tildom
19th July 2006, 23:51
Bien, según mi reloj ya estamos a Jueves y procedo a colgar el capitulo 14. Aviso: trae sorpresas.

************************************************** *******************

14
La puerta al Reino Dorado

Durante unos instantes todo fue de color blanco. Sintió un vacío en el estómago y luego nada. Lo único real era la melodía de la ocarina. Aquellas familiares notas lo rodeaban y lo transportaban lejos del Lago Hylia. Se aferró a ellas y se dejó llevar por su magia.

Tan rápido como el paisaje había desaparecido, volvió a surgir de la niebla blanca. Sólo que esta vez era distinto. Estaban en una colina y llovía. El incipiente amanecer ahora estaba sepultado bajo negras nubes de tormenta. La oscuridad únicamente era rota por algún relámpago ocasional y sólo durante un fugaz instante.

- ¿Dónde estamos? – preguntó Link.

- En este lugar, hace muchos siglos – contestó Sheik – mi pueblo honraba a las Doncellas.

- ¿Y por qué nos ha traído aquí la ocarina?

- La canción que he tocado era una de las que usábamos en nuestras oraciones. Con el tiempo, su significado se fue perdiendo, pero tengo entendido que los monjes del Santuario Dorado siguieron cantándolas. Eso mantuvo viva su magia y nos ha permitido llegar a este lugar a tiempo.

- Conocía esa canción – asintió Link -. La canté muchas veces cuando era niño, al lado de Cadler – la voz se le quebró y no pudo seguir hablando.

De pronto, una decena de bultos oscuros se materializaron delante de sus ojos. Eran figuras pequeñas, con capas oscuras que ocultaban sus facciones, no así sus armas; bastones y arcos. Una silueta se adelantó a las demás y se quitó la capucha. Navi, campanilleando como loca, se lanzó hacia la recién llegada.

- Hola – gritó Saria para hacerse oír por encima de la tormenta -. Me alegro de veros, amigos míos.

Navi se acercó a su cara y bajo su aterciopelada luz quedaron visibles los infantiles rasgos de la kokiri. El resto de las siluetas también se libró de su embozo y otras tantas bolas de luz, de diversos colores, dejaron de manifiesto lo que ya era evidente: los kokiri estaban en guerra.

************************************************** ********

- El Árbol Deku intuyó que necesitaríais ayuda – dijo Saria mientras avanzaban en medio de la tormenta.

- Una intuición certera, sin lugar a dudas – dijo Sheik.

A Link le había sorprendido encontrarse a los Kokiri tan de repente, pero más aún lo hacía el trato casi reverencial con que Rauru y Sheik se dirigían a ellos. Link siempre los había considerado unas criaturas curiosas y, ciertamente, muy diferentes al resto de pueblos de Hyrule, pero, a fin de cuentas, su aspecto era inofensivo y su marginalidad en los asuntos del mundo había ayudado a formarse una imagen de ellos diferente a la de los otros dos.

Por su parte, Navi estaba encantada de volver a juntarse con Saria y el resto de los kokiri. Después de hablar durante unos segundos entre ellas, las hadas habían vuelto a ocultarse con sus compañeros y Navi había hecho lo mismo con Saria.

- Parece ser que han ocurrido muchas cosas desde tu partida, Link – le dijo Saria -. Aprovechas bien el tiempo que las diosas te han concedido.

Link sonrió.

- Lo mismo podría decirse de ti.

Efectivamente, Saria parecía haber cambiado. Físicamente estaba igual; cabellos verdes, ahora apelmazados por la lluvia, de corta estatura, manos delicadas y profundos ojos verdes. ¡Ah, esos ojos! Era en ellos donde Link podía leer el cambio de su amiga. Igual de inquisitivos pero ahora mucho, mucho más sabios.

- ¿Me contarás qué te ha ocurrido? – le preguntó amablemente a la kokiri.

Saria se detuvo un segundo, lo contempló y luego se rió con esa voz suya tan dulce como la miel en primavera.

- No, no lo haré –dijo finalmente -. No lo comprenderías y tardaría una vida entera en explicártelo.

Link fue a replicar cuando se dio cuenta de que su amiga hablaba completamente en serio. Rauru asentía y Sheik le indicaba con un gesto que era mejor dejarlo donde estaba.

- Te basta con saber que los kokiri hemos salido de nuestros bosques por primera vez en siglos.

- Y armados, por lo que veo – apuntó Sheik -. ¿Lucharéis contra las fuerzas de Ganondorf?

- ¿Lo haremos? – preguntó Saria en voz alta.

- ¡Caerán bajo nuestras flechas!

- ¡Quebraremos sus huesos!

- ¡Los enterraremos adónde el aliento de Farore nunca llegue!

- ¡Por Kokiri y el Árbol Deku! – gritó Saria, levantando su arco, en respuesta a los comentarios de sus compañeros.

- ¡Por la gloria de los bosques! – contestaron todos a una.

- Ahí tienes tu respuesta – se dirigió Saria a Sheik – de boca de los mejores guerreros kokiri.

- ¿Y el resto de tu pueblo? – preguntó Link.

Saria lo miró gravemente y en las filas de los habitantes del bosque se desató un murmullo.

- Preparándose para lo peor – dijo finalmente.

- Alto – indicó Link -. Creo que hemos llegado.

Aunque hacía poco que había estado allí mismo, en aquella colina, contemplando al Santuario Dorado arder, Link tuvo la sensación de que habían pasado eones. El panorama no podía ser más desolador. Donde antes estaban los imponentes y regios muros del santuario, ahora había sucias y negras ruinas que se erguían, amenazadoras.

Antaño, ese lugar había estado invadido por la fragancia de las flores y el viento había acariciado la hierba y arrancado susurros de los árboles. Ahora, las flores habían desaparecido, la yerba consumida y los árboles no eran más que esqueletos carbonizados y sin vida. Aquel lugar hedía a muerte.

Link se sintió desfallecer. La realidad de sus recuerdos lo azotó con viveza y sacudió de arriba abajo. Sólo la actitud de los demás, tan consternados como él, terminó de convencerlo de que aquello era real y no un mal sueño.

- Es… horroroso – dijo Saria acariciando uno árbol cercano, de tronco carbonizado y corazón muerto.

Link recordaba aquel árbol verde y lozano y de cómo, cuando era niño, había trepado a sus ramas más altas para ver el mundo que había más allá del Santuario. Ahora su tronco estaba calcinado y como hendido por un rayo. Nunca más volvería a florecer y, pronto, sus raíces cederían a las lluvias y no quedaría nada de él salvo el recuerdo.

- Ahora más que nunca nuestro pensamiento vuela a la batalla – dijo uno de los kokiri.

- Pronto vuestro deseo se verá satisfecho – dijo Sheik-. Mirad allí.

Saliendo de un recodo, una tenebrosa comitiva apareció en el camino: seis gigantes enfundados en armaduras escarlata que portaban una jaula de hierro forjado comandados por el Demonio de Jade en persona. Aquella era la primera vez que Link lo veía y, a pesar de la distancia, pudo percibir el enorme poder de aquel ser. También pudo ver el pequeño bulto brillante que había en el interior de la jaula y su corazón se inflamó de rabia. Desenvainó la espada, que respondió al gesto brillando suavemente.

- ¡Guárdala! – le ordenó Saria -. ¡Revelerás nuestra posición!

Dándose cuenta de que la kokiri tenía razón, Link corrigió el gesto y volvió a enfundar la espada. Demasiado tarde. Abajo, en el camino, Ganondorf había parado su montura y los miraba fijamente. Sus seis escoltas también se detuvieron, sin saber qué hacer.

Nadie dijo ni hizo nada. Link se irguió y le dirigió a Ganondorf lo que esperaba fuese una mirada desafiante. A pesar de la distancia, pudo sentir la intensidad de aquellos ojos, el odio que emanaba de ellos. Y supo que él lo había reconocido. Sabía quién era y lo que había hecho. Entonces, Link desenvainó de nuevo la espada y la elevó sobre su cabeza. El acero brilló, desafiante, y rompió el velo de oscuridad. Un relámpago rasgó el firmamento y lo iluminó todo durante un instante.

Y entonces todos la oyeron. Una risa profunda y cruel más allá de toda medida. Sintieron cómo sus corazones se encogían y la esperanza los abandonaba. Allá abajo, Ganondorf reía, fascinado por el desarrollo de los acontecimientos y, por qué no decirlo, complacido de que al fin el destino le proveyera de un adversario a su altura. Sin embargo, su venganza por todos los problemas que ese muchacho le había ocasionado tendría que retrasarse, pues el tiempo corría en su contra y, a pesar de que las nubes no lo mostraban, el sol estaba a punto de salir.

- ¡Soltad a la princesa! – ordenó.

Sin discutir tan repentina decisión, la Guardia Escarlata dejó la jaula en el suelo.

- Allí – dijo señalando a la colina donde estaban sus enemigos. Los soldados los vieron entonces -. Esos son mis enemigos: aniquiladlos.

Fue como si un terremoto se desencadenara sobre la tierra. Rugiendo como bestias salvajes, los seis gigantes metálicos se lanzaron a la batalla. Mientras, Ganondorf desmontaba y, con una fuerza abrumadora, despedazó los barrotes de la jaula, cogió a la princesa, la cruzó sobre el lomo de Simún y volvió a montar detrás de ella. Taconeó con fuerza los flancos del negro corcel y éste salió disparado hacia las ruinas del Santuario.

Alrededor de Link, los kokiri se pusieron en acción. Las capas cayeron al suelo y los arcos comenzaron a cantar, pero las flechas rebotaban inofensivas contra la imponente armadura de sus adversarios. Link se puso al lado de Saria, dispuesto a combatir hasta el final, pero una vez más aquella era una batalla en la que no debía participar y así se lo hizo saber su amiga.

Saria se apartó de sus compatriotas y se reunió con Rauru y Sheik mientras cogía a Link del brazo y lo obligaba a seguirla.

- Vosotros tres – dijo con autoridad – debéis ir al Santuario.

- Pero esos guerreros… - comenzó a decir Link.

- Olvídate de ellos – le cortó Saria con urgencia -. Han osado enfrentarse a los kokiri y lo pagarán caro. Tú misión, jovencísimo hylian – Link no pudo evitar estremecerse al notar que aquel adjetivo no resultaba superfluo de boca que aquella niña de ojos esmeralda –, consiste en proteger a la princesa y aquí no podrás hacerlo.

- De acuerdo – dijo Link, ciertamente cohibido por las duras palabras de la kokiri.

- Id por ahí – dijo Saria señalando un abrupto descenso en la colina -. En caso de que traspasen nuestra defensa no podrán seguiros con esas armaduras que llevan.

- Gracias Saria – dijo Link.

- Sí – dijo Rauru -. Gracias por todo.

Sheik se limitó a hacer una leve reverencia y a comenzar el descenso. Rauru también hizo una reverencia y siguió al sheikan. Justo cuando Link se daba la vuelta, la mano de Saria se posó sobre la suya, como cuando estaban en el bosque. Miró a los ojos de la kokiri y vio que ella estaba llorando.

- Tus padres habrían estado orgullosos de ti – dijo ella con voz entrecortada.

Antes de que Link reaccionara a esas palabras, ella se giró y, sacando un medallón de debajo de sus ropas, se reunió con el resto de los kokiri. Parpadeando para librar a sus ojos de incipientes lágrimas, Link comenzó el descenso de la colina.

Avanzaban más rápido de lo que la prudencia dictaba. El terreno estaba resbaladizo por la lluvia y no se veía prácticamente nada. Aprovechaban los relámpagos para comprobar el camino y corregir la ruta. De vez en cuando se oían arriba gritos de batalla y el entrechocar de metales. Más de una vez, Link estuvo tentado de desandar el camino y añadir su acero al de los kokiri, pero una y otra vez rechazaba esos impulsos. Saria tenía razón, su misión era otra.

Justo cuando Sheik llegaba, por fin, al suelo sano y salvo, Ganondorf y la princesa alcanzaban la puerta del Santuario. Link y Rauru no tardaron en reunirse con Sheik y comenzaron la carrera hacia las ruinas del templo. Rauru, a pesar de su edad y de que sus ropas no eran las más adecuadas, mantuvo perfectamente el ritmo impuesto por sus dos compañeros, más jóvenes.

Dejó de llover, y aquí y allá el sol consiguió romper el muro de nubes que conformaban la tormenta. La luz grisácea era perfecta para aquel desolado lugar. La piedra ennegrecida, los árboles arrancados y quemados y la tierra abrasada y desprovista de toda vida ahora convertida en un barrizal casi intransitable. Cuando llegaron a las puertas del templo, las piernas les dolían y sentían sus corazones brincar enloquecidos en sus pechos; pero no había tiempo para descansar. Irrumpieron en el interior, Link y Sheik con las armas sacadas, buscando frenéticos alguna señal de Ganondorf o de la princesa Zelda. Y lo vieron.

Por dentro, el Santuario Dorado estaba tan destruido como por fuera. Las filas de bancos se habían convertido en astillas, ora por el fuego, ora porque el piso superior se había derrumbado. Muchas de las columnas habían sido arrancadas de raíz o estaban medio destruidas en medio de las naves, ahora tímidamente insinuadas. Las hermosas cristaleras estaban rotas y los antiguos retablos habían sido mancillados. Pero mucho peor que eso, peor que la visión del hogar destruido, peor que el horrible silencio en un lugar donde el canto era una forma de vida, era contemplar la horripilante escena del altar.

Ganondorf estaba de pie sobre la blanca piedra, a la que ni siquiera el fuego había conseguido hacer mella. Miraba al cielo, pues en esa zona parte del techo había caído, y ofrecía un cuchillo aserrado al eterno firmamento. La gema de su frente brillaba con un resplandor amarillo y malsano mientras que el resto de su cuerpo parecía rechazar toda luz y permanecía en las sombras. Con la otra mano sostenía los rubios cabellos a la princesa, atada y amordazada, que recibió a los recién llegados con sobrecogedor desamparo. Link leyó en aquellos ojos azules la súplica de ayuda, el miedo y el súbito renacer de la esperanza.

Corrió todo lo rápido que pudo. En su mano, la espada refulgió con su aúreo resplandor mientras cubría la distancia que le separaba del Demonio de Jade. Vio a cámara lenta cómo Ganondorf bajaba la mirada y sonreía, al verle avanzar por entre los escombros. En lo que parecieron años, la mano de Ganondorf, la que sostenía el cuchillo, bajó mientras que la otra tiraba fuertemente hacia atrás, dejando expuesto el cuello de la princesa, que ahogó un quejido de dolor.

Y, finalmente, antes de que nadie pudiera impedirlo, el frío y despiadado acero quedó teñido de sangre fresca e inocente. Sheik gritó. Rauru gritó. El alarido de Link llegó a las mismas estrellas.

Mientras Ganondorf soltaba a la princesa y esta caía sobre la piedra profanada, la hoja goteante de la daga fue ofrecida a los antiguos poderes que habían morado en aquel lugar hacía eones. Un vórtice se abrió, rasgando la materia entre los mundos. Blanco en el centro y dorado en los bordes, fascinaba la visión. Un remolino interminable de iridiscencias que en sus extremos se hacía jirones.

La princesa yació inmóvil, tendida sobre el altar, con un charco creciente de sangre manando de su garganta. Ganondorf soltó la daga, y llamó con un gesto a Simún. Antes de montar y desaparecer por el vórtice, su carcajada se oyó en todo lugar. Lo último que vieron todos de él fue el brillo de sus ojos enloquecidos.

Y allí, en aquel lugar maldito, en aquella funesta hora, Hyrule perdió a su princesa.

kouk9999
20th July 2006, 01:09
NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO O

wichu
20th July 2006, 02:28
COÑO!!...Nooooo!!
:BALA:
SALU2!!

True_soul
20th July 2006, 02:59
SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII IIII, AL FIN ALGUNO DE LOS PERSONAJES PRINCIPALES DE LA SAGA SE MUERE, ESO ES LO UNICO Q LE FALTA A LOS JUEGOS DE NINTENDO, algo tragico siiiiiiiiiiiiiiiii

kouk9999
21st July 2006, 01:25
para cuando "Reuiem"?

Tildom
27th July 2006, 00:26
Otra semana ha pasado y otro capítulo que cuelgo. Aviso que estoy pasando por una crisis creativa con este fic y voy más lento de lo que pensaba; de hecho todavía no terminado el capítulo 16 por lo que ruego que tengáis paciencia. Bueno, pues eso, que espero que os guste y, sin o lo hace, que me lo digais con vuestra crítica para mejorar en lo posible.

Un saludo y espero que os guste.

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15
Réquiem

Saria se secó la lluvia y las lágrimas del rostro y encaró la difícil batalla que tenían delante. En sus manos relucía un hermoso medallón de madera pintado de verde; uno de los legados de los Kokiri que había obtenido el día anterior.

A su alrededor, los guerreros que la acompañaban habían dejado los arcos a un lado y habían sacado espadas y escudos de madera. Todas las espadas tenían un rubí en la guarda y todos los escudos tenían el mismo blasón en resina roja. Las hadas habían salido de sus escondites y volaban al lado de sus compañeros, campanilleando lúgubremente.

Saria echó un vistazo colina abajo y calculó que apenas tenían un minuto antes de que la Guardia Escarlata llegara hasta su posición. Cerró los ojos y asió el medallón con fuerza. Sintió su fuerza palpitante, como si se tratara de un ser vivo, a través de su mano, recorrer su brazo e inundar todo su ser. Aquel era un poder salvaje, indomable, nacido de las propias entrañas de la tierra. Tal y como la habían enseñado, evocó su tierra: los árboles milenarios de troncos gruesos y cubiertos de líquenes, los riachuelos que se formaban con la llegada de la primavera, en el susurro del viento al hablar entre el follaje…

La energía fluyó dulcemente y abrió los ojos. Uno a uno, impuso las manos sobre los jóvenes guerreros Kokiri. Estos, arrodillados y con la cabeza gacha, la recibieron con honor y orgullo. Aparentemente no hubo cambios, pero a cada uno de ellos le fue otorgada la fuerza de las raíces de los robles y su piel adquirió la dureza de sus cortezas centenarias. Diez luchadores con aspecto de niños aguardaron en la colina como si formaran parte de ella. Al verles, incluso sus atacantes vacilaron. Allí arriba, con aquella mirada de decisión en su rostro, algo comenzó a cambiar en el interior de aquellas monstruosas armaduras, pero ese algo necesitaba tiempo para madurar, y la voz de su señor resonaba demasiado reciente en sus oídos: “Aniquiladlos”, había dicho y eso harían. Con gruñidos más propios de animales llegaron a la cima y comenzó la batalla.

Las hadas se lanzaron a los cascos de los brutos para confundirlos, mientras que los Kokiri intentaron atacar entre las juntas de la armadura para herirlos. Saria se lanzó a la batalla y trató de introducir su filo en la junta de la cadera. La formidable hoja de madera consiguió atravesar las defensas de su enemigo y la kokiri consiguió introducir casi medio palmo. Sin embargo, lejos de parecer herido, el guardia escarlata ignoró completamente a Saria y, enarbolando dos espadas gemelas, cada una con la hoja más larga que un kokiri, asestó un golpe brutal a uno de los guerreros del bosque. El ataque lo lanzó por los aires y le hirió en el torso, pero gracias al sortilegio de Saria, la herida no era grave. Acrobáticamente, el kokiri se contorsionó en el aire y consiguió caer de pie, a apenas un par de metros. Sin dudar un solo instante, se lanzó de nuevo a la refriega.

Saria arrancó la espada de la herida y retrocedió unos pasos. Apercibió sorprendida que la hoja no estaba manchada de sangre, pero no tuvo demasiado tiempo para pensar en ello, pues tuvo que esquivar un ataque. Se llevó la mano del escudo al cinto y de una bolsa que pendía de su costado sacó una pequeña cáscara de nuez. Los kokiri cogían esos frutos y, después de vaciarlos, empleaban sus cáscaras como recipientes para una de sus más temibles armas.

Rozó el medallón y envió a todos la señal de aviso. Inmediatamente, los kokiri se echaron al suelo y se taparon la cara. Saria arrojó la nuez a los pies del enemigo que la había atacado y se cubrió con el escudo mientras cerraba los ojos lo más fuerte que pudo. La nuez, al romperse contra el suelo, estalló y despidió una luz cegadora; como si el mismo sol hubiera decidido bajar a tierra tan sólo un segundo.

Se oyeron unos rugidos de dolor y varias armas pesadas caer al suelo. Saria se atrevió a mirar y contempló cómo los enormes soldados daban bandazos de un lugar a otro, completamente ciegos.

- ¡Ahora! – gritó la kokiri.

A su señal, los kokiri se relanzaron a la batalla con más bríos que nunca. Saria se aproximó al enemigo que peor lo estaba pasando; el blanco de la nuez. Éste, estaba arrodillado y se tapaba el visor del casco con una mano mientras que con la otra daba manotazos al aire. A su señal, Navi se aproximó por un lado e hizo mucho ruido. El bruto dirigió sus ataques adónde había oído el ruido, por lo que Saria pudo aproximarse sin peligro por el otro lado.

Saltó y se encaramó en su espalda, cogió el casco y tiró con fuerza. Su objetivo era atacar directamente a la cabeza y asegurarse así de que lo hería. Pero sus esfuerzos eran inútiles, el casco estaba como soldado al resto de la armadura. Se agarró con fuerza a un reborde cuando su oponente se irguió y trató de cogerla. A su alrededor, varios kokiri habían tenido la misma idea que Saria, pero ninguno había conseguido su objetivo.

En una jugada arriesgada, Saria se subió a los hombros del Guardia Escarlata e hizo palanca con su espada. Sintió cómo unos hercúleos brazos la golpeaban, pero gracias a las fuerzas de su hechizo, pudo resistir y continuar con su intento. Los pequeños brazos de la kokiri se tensaron y sintió cómo la magia los recorría. Esta vez su adversario no la golpeó, sino que la atrapó y comenzó a apretar con una fuerza descomunal. La robliza piel de Saria aguantó y no cedió ante la presa de su oponente: era como tratar de ahogar a un árbol con las manos.

Finalmente, Saria comenzó a notar cómo la pieza del casco cedía y, súbitamente, arrancó el casco del resto de la estructura. De inmediato la presa se aflojó y el Guardia Escarlata cayó redondo al suelo. Saria saltó para no quedar aplastada por aquella mole de metal, dio una voltereta en el suelo y se levantó un par de metros más allá.

Allí, dos kokiri acababan de derribar a otro esbirro de Ganondorf. Allá otros dos se debatían en el suelo mientras que los guerreros del bosque los ataban con gruesas lianas tejidas en el Bosque Perdido, tan fuertes como el acero mejor forjado. Astutamente, una guerrera kokiri, la misma que le entregara la espada a Link el día anterior, había conseguido que otro enemigo cayera por la colina por la que había subido, y estaba muy abajo, incorporándose con dificultad. El último que quedaba en pie fue rápidamente reducido. Dejó de llover en ese momento.

Con los ánimos de batalla más apagados, Saria se acercó al adversario que había derribado. Estaba completamente inmóvil a pesar de que no le había infligido ninguna herida visible. De pronto, al verle la cabeza al descubierto, dio un respingo de sorpresa.

Ella había visto con anterioridad a las criaturas que formaban parte de las Muertes de Hierro. Una vez, hacía unos cuántos años, una patrulla que investigaba el Bosque Kokiri había extraviado su ruta y entrado en los Bosques Perdidos. Sin nadie que los guiara en su interior, pronto habían muerto. Eran unas criaturas grandes, de entre dos y tres metros de altura, de aspecto lobuno. Su rostro acababa en un pronunciado hocico y sus orejas eran triangulares y sobrepasaban la altura de la cabeza. Tenían colmillos grandes y garras afiladas. Eran extremadamente fuertes y se movían con relativa agilidad en el interior de aquellas pesadas armaduras.

Pero, para empezar, no recordaba que tuvieran una larga melena escarlata ni que su piel fuera aceitunada y sedosa. Entonces cayó en la cuenta de más cambios respecto a aquellos guardas de bosque. La armadura de estos era más alta y delgada, mucho más apropiada para una infantería ligera que una pesada. Recordó la agilidad de la que habían hecho gala en el combate y decidió que, definitivamente, aquellos eran unos soldados completamente diferentes a lo que había visto nunca.

Sujetando el medallón y concentrándose en él, tocó de nuevo la armadura, pero retiró de inmediato la mano, como si algo la hubiera atacado.

- Magia – murmuró -. Y algo más…

- Saria – la otra kokiri se le había acercado.

- ¿Si?

- Les hemos quitado los cascos a más de estos extraños seres y tienes que ver lo que hemos encontrado.

- No me lo digas; humanos.

La kokiri pareció sorprendida unos instantes, pero luego asintió al ver al adversario de su líder.

- ¿Se han quedado inconscientes después de quitarles el casco?

- Sí. Ya sólo queda el que intenta subir de nuevo por la colina, pero lo detendremos con rapidez.

- Buen trabajo.

Ambas sonrieron y asintieron complacidas.

- Que Swid y Sadoin saquen a…

Saria enmudeció al momento. Un terrible presentimiento la azotó tan fuerte que casi la hizo caer al suelo.

- ¡Ven conmigo! – ordenó y, sin esperar a ver si la obedecía, corrió colina abajo hacia el Santuario Dorado.

El terreno estaba resbaladizo e iba tan rápido que casi perdió el equilibrio un par de veces. A su espalda, los kokiri miraban alarmados el comportamiento de su líder, pero no se movieron, conscientes de que no debía dejar sin vigilancia a la Guardia Escarlata.

No habían ni descendido media colina cuando, incluso desde la distancia, oyeron el grito de desesperación de Link. Aceleraron la marcha hasta un nivel casi suicida y llegaron abajo. Continuaron desaforadamente hasta llegar a las puertas del Santuario, conscientes de que algo terrible había ocurrido.

Una suave melodía comenzó a oírse. Saria reconoció el peculiar sonido de una ocarina y recordó el fabuloso instrumento que Link portara. Pero no era el joven hylian quien interpretaba esa canción, pues nunca podría haber aprendido aquellas notas por sí sólo.

Era una canción terriblemente triste y oscura. Un lamento sobrecogedor de notas graves y profundas que apelaban a todo lo arcano… y a todo lo prohibido. Saria sintió el cabello erizársele y el aire se cargó con un sabor metálico. Alguien estaba obrando una magia muy poderosa e inenarrablemente peligrosa, casi rozando en lo perverso.

Entró en el interior del Santuario y casi cayó de rodillas al ver la escena.

Link estaba arrodillado en el lugar de honor del edificio y sostenía algo en su regazo: un cuerpo inane. Lloraba desconsolado y sus hombros estaban hundidos. Su aspecto era el de un hombre completamente derrotado. A su lado, un onírico portal giraba incesantemente de forma hipnótica. A pocos metros, Rauru estaba de pie, con los ojos cerrados y gruesos lagrimones rodaban por sus mejillas mezclándose con el sudor y el barro. Tenía los brazos abiertos y pugnaba por mantener abierto el portal entre los dos mundos, a pesar de que su pena era tan grande que amenazaba con destruir su concentración. La música los rodeaba, pero no podía verse quién era el intérprete ni de dónde provenía.

- Farore, dame fuerzas… - dijo Eylsen, la kokiri que lo acompañaba.

Sin embargo, Saria no la escuchaba, pues estaba intentando sobreponerse a todo y tratar de localizar la fuente de la música. Sabía que era algo demasiado importante como para no tenerlo en cuenta, aún teniendo en cuenta la situación.

Y, de pronto, lo vio. Ahí, escondido detrás de un retablo caído, en el lateral de una de las naves del Santuario. Era el único que no lloraba, sino que permanecía sereno. Sus dedos volaban ágiles sobre los agujeros de la ocarina y ejecutaban aquella magia que cada día rezaba por no tener que emplear jamás.

Saria se acercó a Sheik y se lo quedó mirando. Éste, sin interrumpir ni un solo momento su melodía, abrió los ojos y la kokiri pudo leer en ellos el mayor de los sacrificios, el mayor de los regalos.

Deseaba más que nada detenerle, pero sabía que no podía hacerlo. Con su acto, Sheik estaba dándoles a todos una nueva esperanza, la última que les quedaba. Saria asintió y, por un momento, los ojos del sheikan relampaguearon, agradecidos. Volvió a cerrarlos y arremetió con firmeza la última parte del encantamiento.

Las notas subieron de tono, aunque no perdieron un ápice de su mensaje. Una neblina plateada envolvió al Señor de los Oscuros. La melodía decayó y Sheik cayó arrodillado al suelo. Saria se acercó a él y le sostuvo de un brazo. Eylsen hizo lo mismo con el otro y la música continuó. Finalmente, la última nota escapó de la Ocarina del Tiempo y se quedó flotando en el aire, como rehusando abandonar aquel lugar.

Sheik se derrumbó y cayó a un lado, casi aplastando a Saria que, sólo gracias a su fuerza mejorada, pudo depositarlo en el suelo. La ocarina cayó al suelo y repiqueteó en la fría piedra.

Saria cogió la cabeza de Sheik entre las manos y contempló como la llama de sus ojos iba abandonando su cuerpo.

- El Réquiem del Espíritu – dijo el Guardián de los Secretos en un susurro -. Aprendida de mi padre y que nunca enseñaré a mi hijo.

- Lo sé – Saria no sabía que más decir.

- Las diosas exigen un pago igual al don concedido.

- Lo sé, Sheik, lo sé – Saria estaba llorando ante tal muestra de valor y amor.

- Dile a Link… dile que estaré velando por él…

Y, en ese momento, murió Sheik, el más grande de los gobernantes de su pueblo. Aquel que, más allá del deber y el honor, en nombre del amor, la esperanza y el valor hizo uso de la más terrible de las magias conocidas por los Sheikan. Aquella que permitía que un alma arrancada volviera a su cuerpo pero sólo a cambio de entregar la vida propia.

Y Sheik, en aquella hora, tocó y tocó el triste Réquiem de su propio fin y su alma voló alto, más allá de los confines del mundo, hasta llegar al seno de las Diosas que, al verle y reconocer sus acciones, se arrodillaron ante él y lo honraron.

************************************************** *******************

Aviso: todo lo que habéis leído estaba planeado desde el principio. No hay "deus ex machina" de ningún tipo ni arrepentimientos.

fera14
27th July 2006, 01:10
de lo mejor solo que sheik es zelda no ???????''de ahi todo lo he entendido

kouk9999
27th July 2006, 02:11
Muy buen capitulo Tildom, hubiera sido un poco chapuzas haber cambiado de opinion en un capitulo, pero ha qedado muy guapo, todavia ahy esperanza...^^

de lo mejor solo que sheik es zelda no ???????''de ahi todo lo he entendido
Hombre Sheik es Zelda en el OoT, obviamente en este fic no es la msima persona xD


PD:lo malo de este fic eske a un capitulo por semana pierde intensdad, y ya me he planteado estar unas semanas sin leerlo, pero eske veo el capitulo y me lanzo xD...

PD:Tildom como pides qe te demos nuestra opinion de la voi a dar, creo qe el fic a cojido muxa "velocidad", al principio todo era muy calmado y de vez en cuando habia accion, en estos ultimos capitulos he visto mucha accion, creo qe deberias hacer mas capitulos "de relleno"(no digo qe esten solo para hacerlo mas largo, es mas, hay algunas partes muy buenas, como cuando Link y Zelda estan escapando a caballo... a mi esa parte e encanto ^^) y alguna qe otra historia alternativa, a veces as puesto de como Ganondorf hace los hechizos con las brujas esas, pero creo qe vendria bien tambien, una "tercera" historia, algo asi como en el señor de los anillos hay 3 "partes"(Frodo y Sam - Gimli, Aragorn y Legolas - Gandalf...).
Lo malo eske no se de donde podrias sacar otra "rama" a estas alturas del fic, pero bueno, esa ya es la parte qe te corresponde a ti ^^.

Nada mas qe decir, espero qe mis sugerencias te sean utiles o por lo menos te resulten interesantes para tener otros puntos de vista...

Saludos

Tildom
27th July 2006, 22:59
de lo mejor solo que sheik es zelda no ???????''de ahi todo lo he entendido
Hombre Sheik es Zelda en el OoT, obviamente en este fic no es la msima persona xD

Exacto, son personas distintas en mi fic. He querido mantener nombres porque me ayudan un montón en la descripción física de los personajes y porque la gente siente familiaridad con ellos. Además, quería que Sheik tuviera personalidad propia y una carga argumental clave.



PD:Tildom como pides qe te demos nuestra opinion de la voi a dar, creo qe el fic a cojido muxa "velocidad", al principio todo era muy calmado y de vez en cuando habia accion, en estos ultimos capitulos he visto mucha accion, creo qe deberias hacer mas capitulos "de relleno"(no digo qe esten solo para hacerlo mas largo, es mas, hay algunas partes muy buenas, como cuando Link y Zelda estan escapando a caballo... a mi esa parte e encanto ^^) y alguna qe otra historia alternativa, a veces as puesto de como Ganondorf hace los hechizos con las brujas esas, pero creo qe vendria bien tambien, una "tercera" historia, algo asi como en el señor de los anillos hay 3 "partes"(Frodo y Sam - Gimli, Aragorn y Legolas - Gandalf...).
Lo malo eske no se de donde podrias sacar otra "rama" a estas alturas del fic, pero bueno, esa ya es la parte qe te corresponde a ti ^^.

Nada mas qe decir, espero qe mis sugerencias te sean utiles o por lo menos te resulten interesantes para tener otros puntos de vista...

Saludos

Te lo agradezco. Sí, he acelerado un poco el ritmo y me han salido 3 o 4 capítulos moviditos pero la cosa se tranquiliza ahora, te lo aseguro. Además, sí hay una tercera trama por entrar en escena. Una trama que ya he planteado en lo que llevo colgado XD y que le va a dar a la saga algo que creo que no es que le falte sino que me gustaría ver.

fera14
27th July 2006, 23:24
cualquier cosa q pongas estara bien ademas no conozco otra persona que haya echo un libro de zelda o si???

kouk9999
27th July 2006, 23:33
de lo mejor solo que sheik es zelda no ???????''de ahi todo lo he entendido
Hombre Sheik es Zelda en el OoT, obviamente en este fic no es la msima persona xD

Exacto, son personas distintas en mi fic. He querido mantener nombres porque me ayudan un montón en la descripción física de los personajes y porque la gente siente familiaridad con ellos. Además, quería que Sheik tuviera personalidad propia y una carga argumental clave.



PD:Tildom como pides qe te demos nuestra opinion de la voi a dar, creo qe el fic a cojido muxa "velocidad", al principio todo era muy calmado y de vez en cuando habia accion, en estos ultimos capitulos he visto mucha accion, creo qe deberias hacer mas capitulos "de relleno"(no digo qe esten solo para hacerlo mas largo, es mas, hay algunas partes muy buenas, como cuando Link y Zelda estan escapando a caballo... a mi esa parte e encanto ^^) y alguna qe otra historia alternativa, a veces as puesto de como Ganondorf hace los hechizos con las brujas esas, pero creo qe vendria bien tambien, una "tercera" historia, algo asi como en el señor de los anillos hay 3 "partes"(Frodo y Sam - Gimli, Aragorn y Legolas - Gandalf...).
Lo malo eske no se de donde podrias sacar otra "rama" a estas alturas del fic, pero bueno, esa ya es la parte qe te corresponde a ti ^^.

Nada mas qe decir, espero qe mis sugerencias te sean utiles o por lo menos te resulten interesantes para tener otros puntos de vista...

Saludos

Te lo agradezco. Sí, he acelerado un poco el ritmo y me han salido 3 o 4 capítulos moviditos pero la cosa se tranquiliza ahora, te lo aseguro. Además, sí hay una tercera trama por entrar en escena. Una trama que ya he planteado en lo que llevo colgado XD y que le va a dar a la saga algo que creo que no es que le falte sino que me gustaría ver.
Weno parece ser qe he acertado, me alegro, esa tercera trama podria ser la de los kokiri? o es secreto ^^

fera14
27th July 2006, 23:51
y que tal la gente hylian o quiza el desierto en donde estan las brujitas y alguien tiene que ir alla a descifrar los secretos o debiidades de ganon(aunque si llega a posser la trifuerza sera perfecto

True_soul
3rd August 2006, 09:39
YA ES JUEVES, ESPERO EL FIC

Cloud
3rd August 2006, 09:53
Está increíble pedazo de historia muy bien echa

Tildom
3rd August 2006, 13:11
¡Mira que sois impacientes! Hehe, ahí va el capítulo 16 y aviso que no creo que el diguiente lo cuelgue exactamente dentro de un semana. Me explico, vienen una serie de capítulos que quiero tener acabados antes de colgar nada, por si meto algún cambio así que, probablemente, no cuelgue nada hasta dentro de dos semanas o más. Mientras, podéis salir a que os de el aire, ¡¡¡qué es verano!!! :^^:

Pues nada, que espero que os guste.

************************************************** ******************

16
La Torre

Su aspecto distaba enormemente de aquella hermosa mujer que había conocido en la posada de la ciudadela, antes de que todo se precipitara. Sostenía su delicada cabeza en su regazo y con las manos desnudas intentaba detener el torrente de sangre que brotaba de la fatal herida.

A cada instante que pasaba más evidente era el hecho de que la princesa estaba muerta y maldecía más su propia debilidad, su falta de rapidez, su incapacidad de ser el recipiente de la fe de los demás.

Estaba ciego y sordo a lo que ocurría a su alrededor. Sin embargo, sabía que el portal todavía no se había cerrado y también sabía que alguien tocaba una melodía misteriosa. Pero nada importaba: ella estaba muerta.

Ya no había esperanza. Ganondorf había atravesado el portal de la Tierra Dorada y sólo era cuestión de tiempo que obtuviera el poder del Triforce. Hyrule perecería bajo el mandato de hierro del Demonio de Jade y sus gentes morirían para dejar lugar a las terribles bestias que servían al oscuro señor. Pero, aún así, aunque todo estuviera perdido, su juramento lo empujaba hacia delante, lo sustentaba y le daba fuerzas.

Besó la fría frente de la princesa y se estremeció ante el tacto de la piel muerta. Dejó su cabeza con suavidad en el altar y se incorporó. La melodía cesó en ese momento, pero él ya no hacía caso. Se encomendó a las diosas y atravesó el portal en busca de su enemigo.

************************************************** *******************

Había esperado algo parecido al viaje desde el Lago Hylia. Sin embargo, el tránsito entre los dos mundos fue como atravesar una puerta. Un instante antes estaba en las ruinas del Santuario y al siguiente en una colina verde, bajo el cielo azul. Miro hacia atrás y no vio ni rastro del portal que lo había traído.

- Supongo que ya no hay marcha atrás – suspiró.

Desde lo alto de la colina, Link pudo observar una enorme llanura que se extendía en todas direcciones. Una verde llanura bañada por una luz dorada; hasta el mismo aire parecía resplandecer. Y, de pronto, se dio cuenta de que a aquella maravillosa tierra no la bañaba ningún sol.

Muy lejos, al norte, epítome de la soledad, una torre blanca se elevaba más alto que la más alta de las montañas y, coronándola, estaba la fuente de aquella luz que lo iluminaba todo. A pesar de la distancia, Link pudo ver los tres triángulos dorados, girando incesantemente: el Triforce.

Cayó de rodillas, sobrecogido, y elevó una plegaria a las Tres Doncellas.

- El Tesoro Dorado… - susurró – Aquí, después de tanto tiempo.

Vio entonces la tierra quemada y aplastada. El rastro era claro y su propósito evidente. Seguía una línea recta hacia la torre. Link se adelantó para poder ver mejor la llanura y, allá, inalcanzable, cabalgaba Ganondorf sobre su infernal corcel de cascos ardientes. Link casi pudo oír su risa despiadada.

Decidido, aunque sin saber cómo demonios lo iba a alcanzar, Link comenzó a correr siguiendo un ritmo constante, apropiado para largas distancias. Sin embargo, a medida que pasaban las horas, Link caía rendido cada vez más a la realidad: nunca podría alcanzar a tiempo a Ganondorf.

Tuvo que parar, extenuado, en medio de la yerba. La rabia afloró entonces, alimentada por el dolor y la frustración. Lloró sin pudor; por la pérdida de Cadler y el Santuario, por la caída de la ciudadela, por la muerte de Zelda, por la victoria definitiva de Ganondorf… ¿Acaso todos sus esfuerzos iban a ser en balde? ¿Acaso todo el dolor que había provocado Ganondorf iba a quedar impune?

Aún con las lágrimas cayendo por su rostro, Link se levantó y continuó con la marcha. Renqueaba y caía cada pocos metros. Las piernas le fallaban, estaba hambriento y sediento y, sobre todo, la tristeza y la desesperanza lo devoraban sin compasión. Al final, aunque había llegado más lejos que cualquier otro mortal, cayó inconsciente. En su delirio, creyó oír una risa estremecedora .

************************************************** ******************

Ganondorf sentía el viento azotar su rostro mientras el poderoso Simún corría desaforadamente. Estaba temblando de emoción: allá, a lo lejos, estaba el Triforce, expectante. Sus manos resbalaban en las riendas, aún manchadas de la sangre de la princesa. ¡Ah! Aquella había sido en verdad la muerte más dulce de todas las que había probado. Sobre todo había sido la mirada de ella, sin esperanza, lo que le había resultado más delicioso. Eso y que había dispuesto de un público magnífico.

Estaba delirante. Volvió a azuzar al corcel, una y otra vez, cada vez más fuerte, ansioso por llegar cuanto antes a la torre blanca. Los flancos de Simún sangraron y el corcel infernal aceleró hasta dejar una estela llameante a su paso.

Así, pasaron las horas. La torre estaba cada vez más cerca y Ganondorf cada vez más enloquecido. Simún nunca le había parecido tan lento y ahora lo aguijoneaba de contínuo. Los flancos del corcel estaban en carne viva, su piel cubierta de sudor y echaba espumarajos por la boca. Pero Ganondorf continuaba enfebrecidamente clavando las espuelas.

Finalmente, el corcel llegó a su límite. A pesar de la magia que lo había transformado en algo más que un corcel normal y corriente, su corazón no pudo resistirlo más y estalló de agotamiento. Con un relincho lastimero, cayó fulminado, arrastrando a Ganondorf en la caída. Cabalgadura y jinete rodaron por el suelo varios metros.

Gruñendo de frustración, Ganondorf se levantó. Simún quedó tendido en el suelo, quieto, sin respirar tan siquiera; había muerto en el acto.

- ¡Maldita sea! – gritó - ¡Eras débil! ¡Como todos!

Pasó a su lado sin tan siquiera dirigirle una triste mirada, a pesar de que había dado su vida por él. La torre estaba muy cerca y ya no podía ver el Triforce desde donde estaba. Avanzó con la única idea de obtener por fin el Tesoro Dorado, de dominar el poder definitivo que lo convertiría en el amo y señor absoluto de todo.

La entrada a la torre era un sencillo arco de piedra. No había puerta ni rastrillo. Ni tan siquiera un adorno en el dintel o en la piedra fría: sólo alabastro y mármol. Cruzó el umbral en un estado de excitación ya propio de la locura y encaró una interminable escalera alfombrada de rojo y dorado como un sediento lo haría ante el último oasis del desierto.

Y, al final de todo, en la cumbre, la torre devolvió los ecos de una risa despiadada, la risa de un demente que, por fin, ha encontrado la fuente de su locura.

************************************************** ********************

Mientras Link yacía inconsciente, el mundo comenzó a cambiar. El brillo del Triforce se apagó y surgió un sol rojo en el horizonte. La torre se volvió negra como la noche y del suelo brotó una cordillera para protegerla. La tierra se onduló y deformó formando valles, colinas, barrancos… Negras nubes se formaron el cielo y descargaron su agua como nunca antes lo había hecho en aquella tierra sagrada. Surgieron ríos, lagos y mares. La vida brotó, pero era una vida corrupta: árboles negros con ramas torturadas y expresiones de agonía; de troncos podridos y hojas malolientes. Lianas parásitas que se alimentaban de la vida de otras plantas. Arbustos venenosos de hojas lechosas. Flores oscuras y nauseabundas.

También aparecieron animales, tristes sombras de los que habitaban en el mundo que había dejado atrás. De pieles quemadas y mirada enloquecida, espíritus torturados nacidos de una mente perversa y retorcida. Se escondían del mundo, avergonzados de su propia naturaleza y, fruto de esa vergüenza eran violentos y odiaban todo lo que les rodeaba.

Antes de que Link despertara, aquella nueva tierra estaba completa. Aquella tierra que había surgido de la voluntad de aquel que había alcanzado el Tesoro Dorado.

Él estaba en la cima de la torre, arrodillado, presa de un dolor insoportable. Ni el ritual más exigente de la Magia de Sangre habría exigido de él semejante precio.

Un momento antes había tocado el Triforce y expresado su deseo. Al siguiente sintió cómo si el fuego se apoderar de sus entrañas y lo abrasara por dentro. Sus ropas se habían desecho en medio de las llamas y él había quedado desnudo, expuesto a la furia recién desatada de los elementos.

Y aquel fuego lo había quemado durante horas, tomando de él lo poco que quedaba de su humanidad y dándole todo lo que deseaba a cambio. La lluvia lo azotó y el viento lo golpeaba, aullando. Los lamentos de la tierra llegaron hasta sus oídos, por encima de sus gritos de dolor, mientras la tierra era despedazada según sus designios.

Finalmente, el fuego remitió y Ganondorf quedó exhausto, tendido en la piedra fría, mojado y aterido de frío. El Tesoro Dorado estaba todavía allí, pero había caído al suelo y ya no brillaba. Ganondorf se arrastró, pues no tenía fuerzas para levantarse, y los cogió. Estaban fríos y parecían tres simples trozos de metal dorado. Sin embargo, sabía muy bien que nada de lo que él hiciera podía destruirlos. Ni siquiera ahora, que por sus venas corría un poder inimaginable.

Finalmente, reunió suficientes fuerzas para incorporarse y asomarse al borde de la torre. Vio la tierra negra y corrompida extenderse más allá de su vista. A su alrededor había brotado una cordillera de desfiladeros cortantes y caídas imposibles. La piedra era negra y nada crecía en sus laderas. Al oeste había un lago de enormes dimensiones, pero cuyo centro estaba completamente helado. De ese lago surgía un río que cruzaba toda la tierra hasta su desembocadura en el mar, grisáceo y encrespado. Las nubes comenzaban a disiparse por aquella zona, pero no en su torre; él sabía que las nubes nunca lo abandonarían. Como para confirmarlo, un relámpago surcó el firmamento.

En el océano, surgió un sol rojo como la sangre. La tierra entera recibió por primera vez la maldición de su luz y la vida corrupta comenzó a desarrollarse. Brotaron bosques de la nada y manadas de animales salvajes los poblaron a ellos y a las interminables llanuras.

Ganondorf sonrió. A un pensamiento suyo quedó cubierto por una túnica negra con rebordes dorados. La gema de su frente brilló tenebrosamente. Allí arriba, investido con el poder de las diosas, era un rey coronado contemplando sus dominios.

- Y ahora – susurró -, Hyrule será completamente mío.

boinaverde515
3rd August 2006, 22:23
Tildom este fic tuyo se sale x todos lados sigue asi colega

True_soul
5th August 2006, 09:20
muy bueno!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ya espero los demas xD

Dish
5th August 2006, 09:28
Me gusta bastante en serio. :sorrisa:
Porqué no haces un libro de ésto? te puede ocupar 30 páginas o más verdad?
No sé, pero me gusta y mirar que a mi no me gusta leer :cunao:

Tildom
5th August 2006, 12:03
Me gusta bastante en serio. :sorrisa:
Porqué no haces un libro de ésto? te puede ocupar 30 páginas o más verdad?

Me alegro de que te guste :^^: ¿30 páginas? Supongo que te referirás a páginas de foro (que no creo que llegue a tanto) porque de word ya llevo más de 100...

Dish
5th August 2006, 14:58
Me gusta bastante en serio. :sorrisa:
Porqué no haces un libro de ésto? te puede ocupar 30 páginas o más verdad?

Me alegro de que te guste :^^: ¿30 páginas? Supongo que te referirás a páginas de foro (que no creo que llegue a tanto) porque de word ya llevo más de 100...
wow.. si con 100 es bastante :o2:
a ver cuando pones continuación que esta mu bien :^^:

boinaverde515
5th August 2006, 15:22
Yo compraria este libro si se lo editaran a Tildom

Dish
5th August 2006, 18:34
Yo compraria este libro si se lo editaran a Tildom
Digo lo mismo, es que esta currado, me endentra en el mundo de Zelda completamente y bueno como por hay no hay nada igual, hisotrias como éstas :sorrisa:

kouk9999
7th August 2006, 02:27
Bueno al fin me leo el ultimo capitulo xD, qe enter unas cosas y otras no lo lei...
El capitulo me parece un poco corto y, para qe mentirte, un poco aburrido, ya se qe es para ver la nueva situacion en la qe estan y tal(cumple su funcion), pero al leerlo pues no desata pasiones xDD. No te lo tomes a mal qe ya sabes qe me encanta el fic, sigue con el, y mejro tomate un descanso, haz 3 o 4 capitulos seguidos sin postearlos y luego cada semana posteas uno mientras vas haciendo mas...asi tendras un par de meses o 3 hasta qe se te acaben los capitulos xD

Tildom
16th August 2006, 23:09
El capitulo me parece un poco corto y, para qe mentirte, un poco aburrido, ya se qe es para ver la nueva situacion en la qe estan y tal(cumple su funcion), pero al leerlo pues no desata pasiones xDD. No te lo tomes a mal qe ya sabes qe me encanta el fic, sigue con el, y mejro tomate un descanso, haz 3 o 4 capitulos seguidos sin postearlos y luego cada semana posteas uno mientras vas haciendo mas...asi tendras un par de meses o 3 hasta qe se te acaben los capitulos xD

Me haces polvo, precisamente es uno de los capítulos que más carga emocional quería imprimir, sobre todo por parte de Ganondorf. Es el comienzo de cambios importantes y es cuando el fic comienza a convertirse en más mío (expresión que me ha quedado rarísima, pero que espero que se entienda).

De todas formas ya avisé que venían ahora unos capítulos más tranquilos que los de antes. Tenía que frenar un poquillo la trama, que la tenía algo desbocada y tengo que explicar algunas cosillas que han de venir. No va a ser un lapsus tan brutal como lo es el Concilio de Elrond, pero sí llegará a 3 o capítulos.

De todas formas, si fueras un poquillo más concreto con los pasajes que te han aburrido o no te han enganchado te lo agradecería.

PD: El siguiente capítulo lo cuelgo mañana o pasado.

True_soul
17th August 2006, 07:17
cuanto falta? ya estoy esperando, esperaba q postearas algo para entretenerme antes de la GC xD

kouk9999
17th August 2006, 13:23
El capitulo me parece un poco corto y, para qe mentirte, un poco aburrido, ya se qe es para ver la nueva situacion en la qe estan y tal(cumple su funcion), pero al leerlo pues no desata pasiones xDD. No te lo tomes a mal qe ya sabes qe me encanta el fic, sigue con el, y mejro tomate un descanso, haz 3 o 4 capitulos seguidos sin postearlos y luego cada semana posteas uno mientras vas haciendo mas...asi tendras un par de meses o 3 hasta qe se te acaben los capitulos xD

Me haces polvo, precisamente es uno de los capítulos que más carga emocional quería imprimir, sobre todo por parte de Ganondorf. Es el comienzo de cambios importantes y es cuando el fic comienza a convertirse en más mío (expresión que me ha quedado rarísima, pero que espero que se entienda).

De todas formas ya avisé que venían ahora unos capítulos más tranquilos que los de antes. Tenía que frenar un poquillo la trama, que la tenía algo desbocada y tengo que explicar algunas cosillas que han de venir. No va a ser un lapsus tan brutal como lo es el Concilio de Elrond, pero sí llegará a 3 o capítulos.

De todas formas, si fueras un poquillo más concreto con los pasajes que te han aburrido o no te han enganchado te lo agradecería.

PD: El siguiente capítulo lo cuelgo mañana o pasado.
A ver, no me exprese bien, es cierto qe es de los qe "mas carga emocional" tiene, lo que pasa eske yo no soy muy "emocional" xDD, o me gustan mas otro tipo de"emociones" xDD, pero el capitulo cumple con lo qe kieres, sobre todo con lo de "hacerlo tuyo", por lo menos en mi opinion...

Buff ahora no podria decirte cuales me han gustado menos, porque como lo leo cada tanto tiempo, se me olvidan muchas cosas...
Pero uno de los qe tampco me entusiasmaron fue el primero(o los 2 primeros no ercuerdo), pero fue por otras razones, como qe todavia no habia cojido la trama...

PD:no "te hagas polvo" hombre... esto es solo una impresion personal, y a la gente qe le guste mas este tipo de capitulos con mas "carga emocional" les habra encantando... eske a mi me mola mas la accion(como el capitulo antes de entrar en el boske kokiri en el qe les persigue el clon y luego les tienden una emboscada...), pero me gusta qe en medio haya "calma" porqe toda seguida raya, asike estos capitulos son neceasrios y interesantes....

Saludos, espero aberme esplicado bien ahora ^^

True_soul
21st August 2006, 05:08
no hay capitulo todavia? :S
espero q este uno o dos dias antes de la convencion para dormir, si leer de noche me da sueño jeje

Tildom
21st August 2006, 13:53
Perdón por el reatraso, pero es que he tenido problemillas y tuve que reescribir medio capítulo que, por cierto, me ha salido algo largillo. Es tranquilo (charla alrededor del fuego) y tengo que hacer un pequeño aviso:

Debido a circunstancias que escapan fuera del control de todo escritor, ha sucedido un acontecimiento en la historia no planeado que me ha obligado a hacer un pequeño cambio. He tenido que sustituir a los moblins por una raza de hombres salvajes (hablo de ellos en el capítulo). Esta tarde terminaré de hacer los cambios en todo el fic :S.

Gracias por entenderlo y os dejo con el capítulo. ¡¡Que lo disfrutéis!!

************************************************** *******************

17
Las Gerudo

Todo sucedió demasiado rápido para que Rauru pudiera hacer nada. Primero, la apertura del portal a la Tierra Sagrada. A pesar del dolor, indignación y rabia por la muerte de la princesa, había conseguido conservar la suficiente presencia de ánimo para mantener la puerta entre los dos mundo abierta. Todavía estaba débil por la lucha en el Templo de los Guardianes y a duras penas podía sostener su magia.

Luego, la música de la ocarina. Rauru conocía aquella melodía y sabía del sacrificio de Sheik. Sin embargo, no podía hacer nada para evitarlo y sabía que tampoco debía hacerlo. Con toda la pena de su corazón, estaba de acuerdo con el líder del Pueblo de las Sombras.

Tercero: la entrada de Link en el interior del portal. Aquello ya fue demasiado para los poderes del anciano hylian. Al esfuerzo de mantener el portal se añadió el tener que transportar a una persona. Con el último rescoldo de sus poderes, condujo a Link sano y salvo al otro extremo del vórtice y, después de aquello, el portal se cerró.

El sabio cayó de hinojos, agotado. Sudada profusamente y le temblaba todo el cuerpo. Sintió unas manos amables que lo consolaban y, entre lágrimas, vio a la kokiri, Saria.

- Se ha ido – dijo con voz triste.

Saria asintió.

- Nunca había visto semejante entrega. Dudo bastante que yo hubiera hecho ese sacrificio.

Rauru sonrió amargamente y, de pronto, cayó en la cuenta.

- ¡La princesa!

Efectivamente. La herida del cuello había cicatrizado sin dejar señal sobre su blanca piel, el color había vuelto a sus mejillas y su pecho subía y bajaba rítmicamente. Ahora estaba plácidamente dormida.

- ¿Y Link? – preguntó Eylsen, que había dejado el cuerpo sin vida de Sheik y ahora estaba junto a ellos.

- Entró en el portal antes de que pudiera hacer nada – se lamentó Rauru.

- No te eches la culpa – le dijo Saria -. No puedes cargar sobre tus hombros la responsabilidad de las acciones de todos los seres bajo el sol.

- ¿No podemos ir tras él? – inquirió Eylsen – Si el portal se ha podido abrir una vez podremos hacerlo de nuevo.

Rauru le dirigió una mirada horrorizada, pero luego se acordó que la kokiri no sabía nada del asunto y suavizó su expresión.

- La única forma de abrir la puerta desde este lado es a costa de la vida de la princesa de Hyrule – contestó -. Así se dispuso hace mucho.

- ¿Y cómo pudiste viajar tú, Rauru? – preguntó Saria ahora. Rauru vio el conocimiento en sus ojos esmeralda y supo que ella se merecía conocer toda la historia.

- Yo fui a la Tierra Sagrada mucho antes que eso, querida amiga. Mi deber era custodiar el Triforce hasta su nuevo refugio. Al igual que tú eres el Sabio de los Bosques, yo fui nombrado Sabio de la Luz.

Saria asintió. En cambio, la expresión de Eylsen era de asombro.

- ¡Pero eso fue hace cientos de años!

- He estado en lugares donde el tiempo transcurre de forma diferente. Además, aprendí muchos secretos del Tesoro Dorado y no hay que olvidar que los hylian somos una raza muy longeva. Aunque no tanto como los kokiri o las hadas del bosque, ¿no es cierto?

Rauru se dirigía a Navi, que estaba posada en el pecho de Sheik, pero el hada no contestó. El sabio se levantó con ayuda de las dos kokiri y se acercó al cuerpo de su amigo.

- Parece feliz – dijo en un susurro al ver la expresión de paz en el rostro de Sheik. Se agachó, lo besó en la frente y le susurró algo al oído.

- Es el destino de los sheikan: las sombras. Viven en ellas, alimentan su leyenda bajo su abrigo y permanecen en el anonimato mientras guardan los secretos de la tierra de Hyrule.

- Sí – dijo Saria -. Se parecen un poco a nosotros, ¿no te parece?

Rauru rió, y fue una risa que brotaba del corazón.

- ¿Alguien tiene que hacerlo, no te parece?

Saria también rió.

************************************************** *******************

Eylsen había avisado al resto de los kokiri y estos los habían ayudado a salir de las ruinas. Ahora estaban todos en una colina ennegrecida, fuera de la visión de las ruinas. Habían encendido un fuego para calentarse del frío y calentar un poco de agua con el que restañar sus heridas y lavarse un poco; en especial a la princesa, cuyo cuerpo y rostro todavía mostraban signos de su cautiverio.

Al otro lado, vigilados en todo momento por dos kokiri, estaban los cuerpos de seis jóvenes mujeres de piel morena y facciones exóticas: la Guardia Escarlata.

- Son gerudo – las reconoció Rauru- . Avisadme cuando despierten.

Los centinelas habían asentido y habían vuelto a sus puestos de guardia. Rauru, Saria, Eylsen y Navi se dispusieron alrededor del fuego y hablaron en
susurros. Zelda, todavía sumida en su profundo letargo, estaba acostada a su lado, cubierta por una anta hecha de hojas entrelazadas.


- ¿Y qué le pasará a Link? – preguntó Saria - ¿Adónde ha ido?

- Supongo que ahora se encontrará en la Tierra Sagrada. Roguemos a las diosas porque pueda detener a Ganondorf a tiempo.

No le dijo a nadie que Ganondorf había entrado en el portal a lomos de su infernal montura y que había pocas esperanzas de que Link lo alcanzara antes de que el Demonio de Jade alcanzara su objetivo.

- ¿Y la princesa? – preguntó Eylsen - ¿Por qué no despierta?

- Su alma ha hecho un largísimo viaje dos veces. Ya despertará cuando sea el momento oportuno – dijo el sabio -. Por ahora no me preocupa su salud.

- ¿La habrá cambiado el viaje? – preguntó Saria.

Rauru la miró sorprendido una vez más con las agudas observaciones de la kokiri. No pudo hacer otra cosa que encogerse de hombros.

- No hay forma de saberlo hasta que despierte; nunca antes había oído de alguien que hubiera vuelto del otro lado. Sin embargo, y ya que nos movemos en el plano de la especulación, yo me inclino a pensar que sí, la princesa podría experimentar algún cambio.

Saria parecía pensativa mientras que Eylsen acariciaba dulcemente la frente de la princesa.

- ¿Qué tipo de cambio? – preguntó finalmente.

Rauru se mesó una barba ficticia mientras meditaba su respuesta.

- La raza de los hylian ha menguado mucho desde que yo me fui. Antes, nuestro pueblo era capaz de grandes prodigios, cuando el Tesoro Dorado moraba entre nosotros.

“Cuando conocí al joven Link me sorprendió lo poco que tenía desarrollado su potencial – el sabio suspiró con tristeza llegados a este punto -. Debo reconocer que casi pierdo la esperanza al ver la decadencia de mi pueblo. Creo que lo que le ha ocurrido a la princesa puede haber servido para que esté más receptiva al antiguo saber de los hylian.

- ¿Receptiva? – preguntó Eylsen - ¿A qué te refieres?

- Es complicado de explicar sin entrar en fastidiosas disquisiciones filosóficas y teológicas pero, en pocas palabras, Zelda ha estado en la fuente de la vida, en el origen de todas las cosas. Aunque por poco tiempo ha visto el rostro de las Doncellas y eso puede haberla predispuesto a encontrar más fácilmente esa fuente de poder.

- Hablas de la Primera Melodía y la Magia de la Música, ¿no es cierto? – inquirió Saria.

Rauru asintió.

- Efectivamente. Puede que ahora la princesa pueda escuchar los acordes que aún resuenan en la corriente del tiempo, pero ya os digo que son todo elucubraciones de un anciano. Puede que, después de todo, la princesa siga siendo la misma joven de siempre.

Como si le hubiera oído, la princesa rebulló en su sueño y murmuró varias incoherencias. Luego, volvió a su reposo.

- ¿Y qué haremos ahora? – preguntó Eylsen - ¿Adónde iremos con la princesa y esas Gerudo, como te has referido a ellas? No hay que olvidar que son la Guardia Escarlata de Ganondorf.

- Había magia en ellas, ¿acaso todavía no os habéis dado cuenta? – dijo Navi, hablando por primera vez en toda la mañana. Su voz de campanillas sonaba triste y apagada.

- ¿Percibiste algo, Navi? – preguntó Rauru.

- Lo mismo que tú – contestó el hada -. Esas maléficas armaduras en las que estaban… hacían algo más que protegerlas de las espadas. Tendré que revisarlas más detenidamente, pero creo que también ellas eran prisioneras de Ganondorf.

- Puede ser – admitió Rauru -. Pero…

Rauru fue interrumpido por uno de los kokiri.

- Ha despertado una – dijo.

- Gracias, ahora vamos – contestó el sabio -. Ahora veremos resueltas nuestras dudas.

************************************************** *******************

Quien había despertado era la más joven de todas. Su piel era aceitunada, aunque algo pálida, suave y tersa. Tenía una larga cabellera escarlata, ahora sucia y apelmazada pero que, tras dedicarle su debido tiempo, Rauru no dudaba que se convertiría en una espectacular melena. Miraba a su alrededor asustada, con unos fascinantes ojos ambarinos de forma almendrada. Vestía con una túnica acolchada color marfil, apropiada para vestir debajo de una armadura metálica.

Los kokiri y sus hadas se habían colocado a su alrededor, curiosos, aunque amenazantes. Rauru se arrodilló hasta colocarse a la altura de aquellos ojos.

- ¿Quién eres? – preguntó.

La muchacha lo miró y balbuceó unas palabras que nadie pudo entender.

- Es inútil – dijo Saria –. No entiende nuestro idioma.

Rauru sonrió.

- No estoy tan débil como para no poder solucionar un problema tan sencillo.

Mostrando la palma de sus manos a la gerudo para mostrarle que no llevaba nada en ellas, la colocó en la frente de la prisionera. Aún así, ésta, asustada, trató de evitar el contacto del hylian. Rauru la sonrió paternalmente y le murmuró un “tranquila, pequeña”.

El sabio notó la piel de la muchacha fría y sudorosa; también se percató de que estaba temblando, no sabía si a causa del frío o del miedo, aunque con toda seguridad era por ambas cosas. Tenía delante a una chiquilla muerta de miedo, no a un terrible guerrero, mano derecha del Demonio de Jade.

- Que tu mente se abra y alcance el saber de mis palabras.

Sintió el familiar cosquilleo de la magia pasar de su mano a la joven. Ésta también pareció sentir algo raro porque preguntó algo, sólo que ésta vez todos pudieron entenderla.

- ¿Qué me has hecho? ¿Era magia? – los ojos se le abrieron, presa de un terror sin igual.

- Tranquila – le dijo Rauru -. ¿Ahora puedes entender lo que digo?

Demasiado asustada para pronunciar palabra, la gerudo asintió.

- Bien, ¿cuál es tu nombre?

- Nabooru – dijo finalmente con voz vacilante -. ¿Eres un brujo? ¿Por qué no sangras?

Rauru miró a Saria significativamente. La kokiri comprendió por qué la muchacha estaba tan asustada con el encantamiento de Rauru.

- Mi magia es diferente a la que conoces, Nabooru – contestó Rauru tratando de pronunciar correctamente aquel nombre tan extraño -: no hay sangre.

La muchacha seguía aturdida, pero pareció comprender y se tranquilizó un poco.

- Dime, ¿sabes dónde estás o cómo has llegado aquí?

- ¿Por qué yo y mis compañeras estamos atadas?

Esta última pregunta fue formulada con cierto tono de orgullo que hizo que los kokiri murmuraran entre sí.

- Nos atacasteis hará menos de dos horas – contestó Saria – siguiendo órdenes del Demonio de Jade.

- ¿Quién?

Rauru levantó la mano con ademán autoritario.

- Contesta primero a nuestras preguntas, por favor, es el privilegio de los que se alzan con la victoria.

Por un momento pareció que la gerudo iba a replicar, pero luego se lo pensó mejor y asintió, aceptando la lección de humildad.

- No recuerdo nada – dijo finalmente – ni reconozco este frío lugar. Debéis creerme.
Rauru la miró fijamente a los ojos y ella sintió como si desnudara su alma. Después de unos segundos el sabio sonrió.

- Soltadla, dice la verdad.

A regañadientes, pero conscientes de que allí ocurrían cosas que escapaban a su comprensión, los kokiri obedecieron. Saria le acercó un odre con agua que la gerudo se aprestó a beber.

- ¿De verdad que no conoces al Demonio de Jade? – preguntó Saria – Su verdadero nombre es Ganondorf.

Al oír ese nombre, la gerudo hizo el ademán de llevarse la mano a la cintura y asir un arma. Se volteó instintivamente y adoptó una postura defensiva.

- Creo que sí sabes quién es – afirmó Rauru -. Siéntate alrededor del fuego con nosotros, hay mucho de lo que hablar.

- ¿Así lo llamáis? ¿Demonio de Jade? Muy apropiado.

- ¿De qué lo conoces? – preguntó Saria otra vez, intrigada.

- Ganondorf Dragmire es un gerudo – dijo Nabooru con la mirada perdida -. Y ese es la desgracia con la que mi pueblo tendrá que vivir para siempre.

- Creí que las gerudo eran sólo mujeres –inquirió Rauru.

- Hay excepciones – explicó la gerudo -. Nos casamos, hombres de otros pueblos habitan entre nosotros y formamos familias con ellos, pero las gerudo sólo tenemos hijas. Pero cada cien años una de nosotros da a luz un varón, del que siempre se esperan grandes cosas.

- ¿Ganondorf?

- Así es. Los varones gerudo están destinados a convertirse en los protectores del Coloso de Piedra. Son guerreros, sacerdotes y hechiceros. Nos gobiernan sabiamente durante los veinte años que suelen durar sus mandatos.

- ¿Veinte años? – se interesó Rauru.

- Las diosas nunca permitirían que un ser de tanto poder viviera demasiado. La vida de los varones gerudo es brillante, pero corta. Su luz se extingue siempre antes de los cuarenta años y ocupan su lugar junto a las diosas, como sus guardianes.

- Muy interesante – murmuró Rauru -. Muchas cosas comienzan a cobrar sentido.

- ¿Y cómo hemos llegado a esto? – preguntó Eylsen señalando a su alrededor la tierra calcinada - ¿Cómo es posible que vuestro protector – y cuando la kokiri pronunció esa palabra lo hizo cargada de un odio visceral – haya quemado, saqueado y asesinado cuánto ha deseado? ¿Sabes cuántas personas han muerto en este último cuarto de siglo?

La gerudo pareció amedrentada ante las palabras de Eylsen. Bajó la cabeza, apesadumbrada, pero luego la volvió a alzar, alarmada.

- ¿Has dicho cuarto de siglo?

Rauru asintió.

- La guerra contra Ganondorf comenzó hace casi veinticinco años.

- Veinticinco años… - la gerudo parecía conmocionada – Por Din...
Eylsen fue a replicar, pero entonces lo comprendió. Aquella muchacha no debía aparentar más de veinte años y había conocido a Ganondorf antes de la guerra.

- ¿Cómo es posible? – Nabooru se removía inquieta.

Navi se alejó y revoloteó sobre las armaduras. Rauru asintió.

- Vosotras también habéis sido sometidas, según veo.

- Ganondorf siempre fue un muchacho díscolo. Su madre murió al dar a luz y, tal y como dicta la tradición, lo criaron las Hechiceras.

- Un momento, ¿las Hechiceras dices? – preguntó Rauru - ¿Todavía viven?

- Sí. ¿Acaso las conoces?

- Ya eran ancianas antes de mi partida – contestó Rauru -. Son grandes tejedoras de conjuros. Aunque no esté de acuerdo con sus métodos no puedo negar que son poderosas. ¿Dices que ellas criaron a Ganondorf?

- Ellas se encargan de la educación de todos los Enviados.

- Además – aclaró Saria -, es un dato que se conoce. Nunca se ha ocultado que esas brujas son las madres del Demonio de Jade.

- ¿Por qué Ganondorf? – preguntó Rauru - ¿Por qué no uno de los anteriores Enviados?

- La pregunta está mal planteada – lo rectificó Nabooru -. No fueron las Hechiceras quienes pervirtieron a Ganondorf, sino al revés. La Magia de Sangre no es maligna, aunque sus practicantes son más propensos a caer fuera de la luz.

El tono de la gerudo cambió y se volvió más oscuro.

- Y Ganondorf siempre pareció tocado por la oscuridad. Era brillante, nadie podía dudarlo. Era fuerte y ágil. A los siete años montaba a caballo mejor que nadie y podía derrotar a nuestros mejores guerreros sin problema. A los diez sobrepasaba en altura al más alto de nuestros hombres y a los trece, cuando fue investido, ya era un poderoso mago y su talla la de un gigante.

“Pero su corazón era oscuro. Maltrataba a los animales por el mero gusto de hacerlo. Podía pasarse horas torturando a lagartos o serpientes del desierto. Una vez apareció un halcón de caza despedazado y desangrado. Otra vez fue un caballo. Él lo negaba todo y era hábil, tanto con las palabras como en encubrir sus actos, pero siempre supimos que era él.

“Durante un ataque a un poblado de lizalfos que mataban a nuestro ganado, Ganondorf se comportó como un héroe en batalla. Abatió más enemigos que ninguno de la batida, pero, cuando estaban huyendo y sólo había que asegurarse que no volvían, tal y como dictan las leyes del desierto, los persiguió y les dio caza como a animales. Y mientras lo hacía se reía, disfrutando de aquello como si de un deporte se tratara.

“Cada vez que alguien acudía a las Hechiceras y expresaba su preocupación siempre era despachado con la misma respuesta: Es joven e impulsivo, con los años aprenderá.

- ¿Y las creísteis? – preguntó Eylsen.

- Eres una kokiri, ¿verdad?

Eylsen asintió ante lo obvio.

- ¿Dudarías tú de la palabra del Árbol Deku?

La kokiri negó con la cabeza.

- Pues eso eran las Hechiceras para nosotras. Confiábamos en ellas y no nos dimos cuenta del engaño hasta que fue demasiado tarde.

“Un día fue la paz con los lizalfos. Un campamento de esos despreciables seres acampó junto al nuestro. Al siguiente fue la amistad con los Caselhac; mitad gigante, mitad bestia, enemigos ancestrales de mi pueblo. Finalmente, llegaron las hordas de los Vesieth; los hombres salvajes del sur, más allá de las dunas de arena.

“De pronto había un ejército de cientos de nuestros enemigos a nuestro lado y exigimos respuestas– la gerudo estaba destrozada ante tales recuerdos -. Lo último que recuerdo es a Ganondorf reírse y ejecutar un hechizo. Una gema en su frente se iluminó y cientos de bolas de luz se abatieron sobre nuestro pueblo.

“Después de eso me he despertado aquí, con vosotros.

El fuego crepitaba y comenzaba a extinguirse, pues nadie lo alimentaba con nueva leña. Todos estaban ensimismados en sus pensamientos, estremecidos por el relato.

- Su propia gente – murmuró Rauru.

Navi se acercó a Rauru y le habló al oído.

- He revisado las armaduras más de cerca. Su magia era muy poderosa; control y preservación. Las tenía sometidas y, a la vez, impedía que envejecieran.

- Debe ser una magia parecida a la que han empleado las hechiceras en ellas mismas. Aunque no me explico cómo han podido mantener esa magia durante tanto tiempo, el coste ha debido de ser enorme.

Navi pareció desazonada cuando continuó hablando.

- No se les llamaba la Guardia Escarlata por nada. Las armaduras son rojas, Rauru, pero ese no era el color original del metal.

- ¡Por el amor de Nayru! ¿Acaso…?

Navi asintió.

En ese momento una de las gerudo que continuaban inconscientes comenzó a murmurar y a despertarse. Ese simple gesto sirvió para que todos salieran de su ensimismamiento. El fuego fue alimentado y más comida fue puesta en él. Dos kokiri salieron a buscar más agua mientras que el resto desataba a las prisioneras.

- Dejadme hablar con ellas primero – rogó Nabooru -. Que sea una de nosotras la que les de las malas noticias.

Rauru asintió después de recibir el apoyo de Saria. Mientras dejaban solas a las gerudo, Rauru les puso al corriente de los descubrimientos de Navi.

- ¿Y qué haremos ahora? – preguntó Saria – No podemos quedarnos aquí, esperando. Os recuerdo que aunque ahora sean gerudo hace un par de horas eran el cuerpo de elite de Ganondorf.

- Sí, y no te olvides de que ahora no existe gracias al valor de los kokiri – dijo Rauru con una sonrisa -. No hay que olvidar eso. Pero tienes razón, debemos irnos de aquí. Tarde o temprano mandarán a alguien para saber qué ha ocurrido. ¿Alguna idea?

- ¿Qué hay del resto de las razas?

- Nos separamos hace poco de sus representantes, en el lago Hylia. A pesar de las circunstancias en las que los dejamos confío en que estarán bien. Me comunicaré con ellos más adelante, cuando esté más descansado.

- Bien – dijo Saria -. En ese caso creo que lo mejor es que volvamos a nuestros bosques. Bajo el ramaje del Árbol Deku encontraremos consejo.

- Estoy de acuerdo – coincidió Eylsen -. Se lo comunicaré a los demás para que estén preparados.

Rauru se limitó a asentir, ansiando descansar. Miró hacia las gerudo y vio las mimas caras de asombro y temor que había visto en el rostro de Nabooru unos minutos antes. Sintió lástima por ellas y se preguntó cuántas más gerudo habían sobrevivido a la traición de Ganondorf.

Y mientras tanto, no se olvidaba de que toda su esperanza radicaba en el valor de un chico, muy lejos de allí. Un chico que estaba sólo y que lo tenía todo en contra. En completo silencio elevó una plegaria a las diosas.

gokun
21st August 2006, 20:59
Como siempre muy bien, t¡estoy esperando ansioso el siguiente capítulo.

boinaverde515
21st August 2006, 22:01
me ha gustado mucho la pausa xa saber un poco mas de los comienzos de la guerra la educacion de Ganondorf y todo. Como siempre Soberbio TILDOM

True_soul
23rd August 2006, 07:11
muy bueno, creo q lo unico q le falta es mas drama y q uno se sienta en el lugar :P

Tildom
27th August 2006, 19:51
muy bueno, creo q lo unico q le falta es mas drama y q uno se sienta en el lugar :P

:miedo: ¿Crees de verdad que le falta drama al fic? Lo digo porque no hago otra cosa que reventar a los personajes. A Link le he destrozado en todos los sentidos; está hecho cachitos. ¿A qué te refieres exactamente con lo segundo? ¿Sentirse en el lugar de quién? ¿Link? Acláramelo, por favor.

El siguiente lo cuelgo el Martes. Es cortito, pero bueno...

Tildom
30th August 2006, 01:54
Bueno, es muy cortito, sobre todo comparado con el anterior, pero qué le vamos a hacer.

Espero que os guste.


************************************************** **********

18
Los Ojos del Río

El lobo avanzaba por el bosque en busca de una presa. Había pasado un día entero desde la última vez que había comido y estaba hambriento. Con elegancia, se movía entre los árboles. Su paso era elástico y mantenía la cabeza alta, atenta a cualquier ruido indicativo de la localización de una presa.

Por entre el ramaje se filtraban los rayos del atardecer. La temperatura empezaba a bajar con rapidez y, aún a pesar de su espeso pelaje, el lobo comenzó a sentir el frío; y también algo más.

Sentía el irrefrenable impulso de viajar al norte, a la torre negra que allí se alzaba. Desde que había despertado en aquel extraño mundo había sentido la poderosa llamada de aquel lugar. Un rápido movimiento a su derecha le hizo olvidarse de golpe de la torre: una cola que rápidamente se ocultó tras unos matorrales. Por la forma debía de ser un conejo.

Con la boca haciéndosele agua, el lobo se agachó todo lo que pudo y avanzó con sumo cuidado. La tierra estaba mojada y no había hojas en el suelo, por lo que su avance fue tan silencioso como el de una sombra. Se aproximó al matorral conteniendo la respiración, la sangre se agolpó en sus sienes y flexionó sus músculos. Allí estaba: un jugoso y gordo conejo de piel oscura y ojos rojos, ajeno totalmente al peligro.

El ataque fue limpio. Un salto y un mordisco rápido. Mientras apretaba sus mandíbulas hasta sentir el familiar chasquido de huesos, el lobo se sintió completamente libre. En cuanto la pieza dejó de debatirse, la depositó con suavidad en el suelo y comenzó el festín. Al poco, un par de cuervos se posaron en una rama cercana, esperando pacientes su turno.

El lobo comió a gusto, liberándose del hambre una vez más. Cuando ya estaba satisfecho se relamió y salió de aquel lugar. A su espalda, los cuervos se abalanzaron sobre los restos del pobre conejo, graznando de satisfacción.

Con su hambre satisfecha, buscó algo para calmar su sed. No tardó en encontrar un alegre arroyuelo de frías aguas, casi a las afueras del bosquecillo. Allí, el lobo bebió hasta saciarse. El agua estaba algo pastosa, como todo en aquella extraña tierra, pero lo calmó.

Si cerraba los ojos podía ver verdes y relucientes llanuras y un sol amarillo y cálido, no la monstruosa bola roja que iluminaba aquellas tierras. No sabía de dónde salían aquellas visiones, lo que sí sabía era que no era normal que él las tuviera.

Se tumbó en aquel lugar, cansado por un duro día. Al poco de estar allí, vio la luna alzarse en el horizonte. No era como la recordaba, ésta era mucho más grande y poseía un aire fantasmagórico. Sintió el irrefrenable deseo de hablarle, y así lo hizo.

Su aullido fue como una trompeta de plata que rompía el silencio antes de una batalla. Todo a su alrededor enmudeció, atento al magnífico espectáculo. Su hermosa voz se oyó lejos, muy lejos, y fue escuchada por oídos inquietos y torturados. Todos los que lo escucharon, menos uno, se sintieron reconfortados por aquel canto. El que no, estaba en lo alto de una torre y, a pesar de todo su poder, se estremeció sin saber por qué.

Mientras aullaba volvió aquella sensación liberadora. Su mente dejó de acosarlo con imágenes y pensamientos extraños: era libre. Continuó con su particular diálogo durante una hora. Después, la sensación de libertad se fue apagando y volvió la urgencia y el desasosiego. Al volver a beber del río, vio su reflejo en el agua por primera vez.

Su pelaje era verde y blanco, nada que ver con el negro del que hacían gala todas las plantas y animales que se había encontrado hasta ahora. Tenía una extraña marca en la frente, un símbolo que sabía no era casual y que, en su fuero interno había reconocido. En una de sus orejas había un aro brillante. Pero lo que realmente le fascinó de su reflejo fueron los ojos.

Eran diferentes a los de cualquier ser del bosque o la llanura. Los de estos miraban y reaccionaban por mero instinto. Los de la criatura que le devolvía la mirada desde el fondo del río eran unos ojos azules cargados de inteligencia. Aquellos no eran los ojos de un animal.

Y en el reflejo también vio la torre negra. Alzó la mirada y allí estaba: amenazadora. Sabía que no debía de ser así. Sabía que nada de lo que veía debía de ser así. Aquella torre tenía que ser blanca y no estar rodeada de montañas. No debían existir la noche ni el día, ni el sol ni la luna. Sólo debía haber una maravillosa luz dorada y una interminable llanura tan verde como su pelaje.

¡Por qué sabía todo aquello! ¡Por qué, maldita sea, no podía ver la torre y sentir indiferencia! Luchó contra ese sentimiento. Pensó en dar la vuelta y adentrarse en el bosque. Cazar y aullar a la luna el resto de sus días. Pero no pudo: sus patas no se movieron. Dar la vuelta y tratar de olvidar todo aquello no serviría de nada. Allí había algo muy importante, algo que sólo él de toda aquella tierra podía comprender. En cuanto tomó la resolución comenzó a sentirse mejor y, cuando comenzó a correr, volvió a sentir aquella sensación de libertad: solo que ahora sabía que no sería pasajera.

************************************************** ********************

Una criatura lo había visto todo. Había permanecido oculta y en silencio desde el mismo momento en que el lobo cobró forma. Había asistido a su nacimiento y lo haría a su muerte. Él mismo había cobrado vida poco antes que el lobo y sus dos destinos corrían juntos. Esperó un poco, hasta que se hubo alejado lo suficiente, y, entonces, sujetando con firmeza su carga, emprendió el vuelo.

True_soul
30th August 2006, 04:49
muy bueno, creo q lo unico q le falta es mas drama y q uno se sienta en el lugar :P

:miedo: ¿Crees de verdad que le falta drama al fic? Lo digo porque no hago otra cosa que reventar a los personajes. A Link le he destrozado en todos los sentidos; está hecho cachitos. ¿A qué te refieres exactamente con lo segundo? ¿Sentirse en el lugar de quién? ¿Link? Acláramelo, por favor.

El siguiente lo cuelgo el Martes. Es cortito, pero bueno...

mas drama q solo quede link o algo asi XD, me encanta lo tragico jeje
y lo de sentirse en el lugar me refiero a q uno se sienta dentro de la historia como si viera exactamnete lo q pasara, como si estuvieras viendo toda la historia, con al estilo del señor de los anillos (como me gustan esos libros XD)

Tildom
3rd September 2006, 00:28
mas drama q solo quede link o algo asi XD, me encanta lo tragico jeje
y lo de sentirse en el lugar me refiero a q uno se sienta dentro de la historia como si viera exactamnete lo q pasara, como si estuvieras viendo toda la historia, con al estilo del señor de los anillos (como me gustan esos libros XD)

Te gustaría la saga de Elric de Melniboné. Por cierto que comienzan a traducir los libros al español y es una lectura que recomiendo encarecidamente. Una vergüenza que Michael Moorcock no se haya traducido a la lengua de Cervantes dignamente hasta ahora. El primer libro con las dos primeras novelas ya está a la venta y se te gusta la fantasía es compra obligada.

Y sigo sin pillar lo que está en negrita. Sé un pelín más concreto. Y si alguien le pasa lo mismo que me lo diga, por favor.

kouk9999
3rd September 2006, 01:20
Bueno me he leido los 2 ultimos capitulos ahora y me han encantado, sobre todo el ultimo, corto pero intenso xDD...
A ver cuando cuelgas el proximo, qe ya kiero saber kien es el lobo y el "otro", aunke tengo una intuicion :cunao:

wichu
3rd September 2006, 05:02
Simplemente fantabuloso :sorrisa:
...no puedo esperar al siguiente capitulo :^^:



SALU2!!

Kalas Matacasuals
3rd September 2006, 13:53
Muy bueno, Tildom. Al pricipio albergaba ciertas dudas (el asalto inicial me pareció mejorable), y también temía que Link, como muchos protagonistas, terminara cayendo en una personalidad sin carisma y anodina, pero por fortuna no ha sido así ni mucho menos.
Una excelente interpretación del universo Zelda. Ah, y a mí no me parece que necesite escenas más calmadas; en mi opinión si describieras un poco más cada sitio bastaría.
Me gusta mucho la emotividad que das en ciertos momentos con expresiones literarias, sobre todo tras un hecho culminante. Es algo que realmente le sienta bien al fic.
Y también alabo tu decisión de no poner ninguna clase de "deus ex máchina"(me gusta la expresión), sería casi una profanación de la saga. Más allá de Ganondorf no debe haber ningún otro malo.
P.D: Y no entiendo las críticas de TrueSoul...¿más drama? yo creo que tiene mucho. Y lo que dice de "ver exactamente lo que pasara", como no se refiera a que gastes narración en priemera persona, no lo comprendo, porque el estilo es MUY directo.
Resumiendo: De P*** Madre.

True_soul
4th September 2006, 07:13
no dije eso XD, em referia a q uno se siente en el lugar es decir 3ª persona (como esta) no primera persona como dices XD, a lo q me refiero es q uno se imagine el lugar y q se sienta en el :P, q uno se imagine a los personajes, ect.

a mi me gustan los libros de ese estilo y con el drama a mil q se mueran casi todos o q sea una tragedia despues de otra, no c xq pero me gustan mucho las historias asi :P

Xisco_01
5th September 2006, 11:58
Uff... he leido un buen trozo y me ha gustado mucho. También tienes madera de escritor (junto a Kalas y Shadow).

Terminaré de leer lo que me queda, y luego espero que no lo dejes. Engancha.
:^^:

kouk9999
17th September 2006, 23:15
Tildom para cuando mas? ya se hecha de menos... :jaur:

Tildom
18th September 2006, 09:00
Tildom para cuando mas? ya se hecha de menos... :jaur:

He estado ocupado con otros asuntos "zelderos", por si no os habíais dado cuenta :¬¬):

No te preocupes :^^: a ver si la próxima semana o a finales de ésta cuelgo el siguiente.

Tildom
24th September 2006, 03:06
Bueno, el suguiente episodi colgado (¿ya van 19? :miedo:)

Espero que os guste.

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19
El Desafío

Rauru había entrado en el claro completamente solo. Atardecía; habían caminado todo el día siguiendo los senderos ocultos de los Bosques Perdidos y hacía muy poco que habían llegado al campamento kokiri. Había sido un camino doloroso, cargando con la princesa Zelda y Sheik. Doloroso y muy cansado. Pero, más que buscar reposo, Rauru quería hablar con el Árbol Deku.

El claro había cambiado desde la última vez que estuvo allí. De hecho había cambiado en tan sólo dos días. A pesar de que estaban en plena primavera, el follaje del Gran Árbol comenzaba a marchitarse y el suelo estaba cubierto por innumerables hojas marrones y doradas.

En cuánto entró, dos enormes ojos esmeralda se abrieron y lo estudiaron mientras la corteza del gigantesco árbol cobraba vida. Lo que eran formas caprichosas se convirtieron en el rostro de alguien muy anciano que lo miraba con reconocimiento. Cuando habló, fue como si la misma tierra se dirigiera a él.

- Hola, Rauru.

- Hola, viejo amigo.

Entre ellos no cabían formalismos, estaban por encima de esos tratamientos.

- ¿Has venido a ver cómo a un árbol anciano se le acaba la vida?

Aquella franqueza sorprendió al sabio hylian, que se sentó cerca de unas raíces, justo enfrente de aquellos increíbles ojos.

- ¿Qué ocurre? – preguntó suavemente.

- La tierra se muere, Rauru. El Reino de Hyrule está agonizando.

- ¿Agonizando?

- El viento trae mensajes de muerte. La tierra se lamenta. La luz del sol es más débil y las estrellas han palidecido. Las aguas se estancan y los animales callan. Las plantas se encogen y no florecen. ¿Acaso no lo notas?

Rauru cerró los ojos. Afinó sus entrenados sentidos y pudo sentirlo. Era una llamada de socorro pero proveniente de un lugar muy, muy lejano. Se estremeció.

- Esto sólo puede significar una cosa – dijo, abatido -. Que el mundo haya perdido su brillo y languidezca de esta forma sólo puede significar que el Triforce… - no pudo seguir hablando.

El Árbol Deku cerró los ojos y sus ramas se estremecieron, haciendo que una lluvia de hojas secas se precipitara sobre el claro.

- Sí. El Tesoro Dorado ha caído en las manos del Demonio de Jade.

- Link – recordó Rauru -. Ha fallado. No le pudo detener a tiempo. No podremos escapar de Su poder ahora.

Una voz cascada surgió en la linde del bosque, a la espalda de Rauru.

- Sólo seremos derrotados si nos comportamos como vencidos.

De entre los árboles surgió un anciano de barba blanca y rostro arrugado. Vestía una túnica marrón manchada de barro y andaba apoyado en un cayado.

- ¡Sharashala! – exclamó Rauru, incorporándose.

- Me alegro de verte de nuevo, Rauru – dijo el anciano mientras se ponía a su lado – Y me alegro de conoceros por fin, venerable Árbol Deku.

- ¿Estáis bien? ¿Conseguísteis escapar todos? – preguntó el hylian.

- Sí – asintió el anciano -. Escapamos gracias a los Zora; no nos pudieron seguir bajo el agua.

- Me alegro de oír eso. Pensaba tratar de comunicarme con vosotros dentro de poco, en cuánto terminara de hablar con el Venerable.

Los ojos del Árbol Deku relampaguearon.

- Me alegro de conocerte también. He oído hablar mucho de ti, Sharashala. Sois un hombre de gran sabiduría y os doy la bienvenida a mi bosque.

Sharashala hizo una ligera reverencia con la cabeza.

- Es una lástima que nuestro encuentro no se haya producido en circunstancias más alegres – contestó el anciano -. En estos bosques me siento joven de nuevo. Tal vez si conseguimos reinstaurar la paz…

Rauru se rió, pero la suya era una risa desprovista de humor.

- Me asombras, querido amigo. ¿Reinstaurar la paz? ¿Acaso no has oído lo que estábamos hablando? Link ha muerto, la espada forjada al son de la Primera Melodía está perdida, la princesa yace sumida en un sueño del que nadie sabe cuándo volverá, Sheik ha muerto y, lo peor de todo, Ganondorf es el Amo del Triforce. ¿Cómo luchar cuando todo está en contra?

Sharashala se acercó hasta ponerse a su altura. El encorvado anciano apenas le llegaba a Rauru al pecho, pero pareció en ese momento mucho más grande que el hylian.

- ¿Y acaso tú no escuchas cuando se te habla? Tienes varias veces mis años, pero parece que esa edad no anda pareja con tu sabiduría, a pesar de la enorme cantidad de ella que te atribuyen las leyendas. Puede que el muchacho haya fracasado, pero los Goron y los Zora preparan sus fuerzas para enviar sus ejércitos. Los Kokiri ya han dado su primer paso en la batalla y han rescatado a las Gerudo. Los hombres también se reorganizan a las orilla del Mar del Este, bajo la vigilante mirada de los Zora.

“Todos ellos combatirán esperanzados para devolver a Hyrule la paz de antaño, para reconstruir el reino tras veinticinco años de guerra. Les debes, como poco, la misma confianza que ellos depositaron en ti.

Las duras palabras ablandaron a Rauru. En su orgullo, había olvidado que no combatían solos, que había cientos, tal vez miles, de personas que ansiaban la libertad que la guerra les había arrebatado, personas que lucharían hasta el fin para derrotar al Demonio de Jade.

- Lo sé – siguió el anciano, esta vez en tono conciliador -. La carga es pesada y crece por momentos. Pero tienes que comprender que sólo cuando el último de los seres libres de Hyrule muera, sólo entonces, habremos de darnos por derrotados.

- Valientes palabras – dijo el Árbol Deku -. Y ciertas. Puedo sentir que, a pesar de que el reino languidece, sus gentes están dispuestas a luchar hasta el final. Las chimeneas de los Goron humean y desde las montañas se oyen sus martillos. Las aguas de los Zora traen cantos de guerra a través de los ríos que bañan los asentamientos humanos que quedan libres, armándose para la guerra.

- Si tan sólo hubiera más hylian… - se lamentó Rauru -. Antaño hubiéramos luchado con doradas armaduras bajo el sol del amanecer. Nuestra magia era poderosa y nuestro pueblo numeroso. ¿Qué ha quedado de él? Un puñado desperdigado por todo Hyrule, desconocedores de su poder. Un héroe caído y una princesa durmiente.

- ¿Tan seguro estás de que nuestro joven ha caído? ¿Tan pronto te rindes y le retiras la confianza que tan acertadamente depositaste en él?

- Estoy de acuerdo con Sharashala – intercedió el Árbol Deku -. Ese muchacho es especial. Lo supe la primera vez que lo vi, hace muchos años, aunque por aquel entonces no pude ver el papel que el destino le tenía reservado. Pero el otro día… Posee la fuerza y el valor de los hylian de los que hablabas antes, Rauru. Ese muchacho es digno heredero de tu pueblo.

- Lo sé. La primera vez que lo vi luchando, en el Lago Hylia, me recordó a los antiguos caballeros de los que os hablaba antes. No dudo de su valor y entrega. Pero ciñámonos a lo evidente: el Triforce está en manos del enemigo y, casi con total seguridad, Link ha muerto.

“Entró en el portal después de que Ganondorf lo abriera con la sangre de la princesa Zelda. Se internó en el Reino Dorado y, en ese lugar, sólo podían estar ellos dos y la Torre de las Diosas. Si Link no ha muerto ya, le falta poco.

“Podemos luchar. Nuestros hombres caerán con el nombre de Hyrule en sus labios y lo harán con valentía y honor. Pero, admitámoslo, caeremos. Ganondorf controla al Triforce y el que su victoria sea definitiva es sólo cuestión de tiempo.

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El lobo había abandonado las llanuras para adentrarse en un mar de polvo y piedra. Allí no había ni agua ni comida y todo era de color gris. Todo salvo el cielo, rojo como la sangre. Con agilidad, sorteaba las escarpaduras de la roca y saltaba simas que hubieran sido imposibles de superar para un hombre. A pesar de la dureza del terreno, nunca cejó en su empeño y continuó avanzando, siempre recto, hacia la torre negra.

El sol se puso y la noche cayó sobre el erial de piedra. El viento aulló y trajo con él nubes de tormenta. Los relámpagos cruzaban el firmamento y los truenos resonaban entre los desfiladeros de las montañas, haciendo que la misma tierra temblase. Sin embargo, ni una sola gota de lluvia se dignó a caer.

El lobo siguió su camino, aún de noche. Había intentado dormir una vez, pero al cerrar los ojos sólo podía ver la torre negra que lo llamaba insistentemente. Al parecer, sólo hallaba la paz cuando se dirigía a ella. Ya quedaba poco.

De un salto alcanzó un saliente y, de ahí, pudo llegar a otro un poco más lejos. Se dejó caer más allá y cubrió en pocos segundos la distancia que lo separaba del siguiente obstáculo. Rodeó unas rocas y superó una ancha grieta en la roca. Mientras la cruzaba de un salto pudo ver la lava ardiente bajo sus patas. Despedía mucho calor.

Una racha especialmente fuerte de viento lo hizo detenerse unos instantes. Cerró los ojos y agachó la cabeza mientras la nube de polvo que había levantado se disipaba. Se sacudió la suciedad y continuó su camino. La torre se alzaba ya a poca distancia. Si el sol hubiera salido en ese instante, la sombra que hubiera proyectado lo habría tapado.

Finalmente, superó el último escollo y aterrizó en la pequeña meseta en la que se erigía la torre. La tierra estaba agrietada y reseca, gris y cubierta de polvo. El viento aullaba y formaba remolinos en su superficie. Hacía frío, mucho, pero no era natural. Calaba y llegaba a los huesos. Bajo su espeso pelaje, el lobo se estremeció. Ni siquiera las aguas de las llanuras del sur al amanecer eran tan frías como aquel lugar. Sentía como si una mano de puro hielo hubiera atrapado su corazón y lo apretara con fuerza.

Y aulló. No era un aullido de homenaje, como aquel que le dedicara a luna hacía ya dos noches. Éste era un claro desafío. Por un momento el viento se calmó y los truenos cesaron. Desde lo alto de la torre una figura se asomó, pero estaba tan lejos que el lobo no pudo verla. Sin embargo, de alguna forma, supo que estaba allí y a quién pertenecía. El aullido se oyó claramente en toda la meseta y el eco lo multiplicó, llenando las montañas con aquel sonido.

El lobo se irguió, orgulloso, y retomó la marcha. El viento volvió junto a los truenos. La figura de la torre se retiró y permitió el avance del lobo, a pesar de que podría haber intentado detenerle. Pero no, ciertas cosas había que hacerlas de una forma determinada y ésta era una de ellas. El lobo debía morir a sus manos, cara a cara, conociendo la verdad.

Finalmente, y después de tanto tiempo, llegó a su destino. Andando, subió las frías escaleras de la entrada. El mármol negro brillaba, aunque no reflejaba nada de lo que le rodeaba, quizás porque no había nada que mereciera la pena ser reflejado en ese lugar.

Con un silencio sepulcral, las puertas de la torre se abrieron. Giraron sobre sus goznes y dejaron ver una alfombra roja que cubría una interminable es calera de caracol. Unos hachones de hierro negro se prendieron a una orden silenciosa. Sin dudarlo, el lobo entró.

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Lo había seguido a lo largo de dos días. Gracias a su portentosa vista había podido volar alto y vigilado al lobo sin ser detectado. La carga que llevaba se había vuelto pesada, pero era necesario que la llevara. Sabía que pronto dejaría de existir, pero tenía que cumplir antes una última misión.

Vio al lobo desparecer en el interior de la torre negra. También vio a la figura solitaria que se erguía en lo alto de la tenebrosa estructura que dominaba toda aquella nueva tierra. Ella tampoco le había visto. La espera se hizo eterna. A su alrededor los relámpagos restallaban y a punto estuvieron en u par de ocasiones de alcanzarlo, pero las diosas lo protegían.

Con suavidad, planeaba y aprovechaba las fuertes corrientes de aire para girar en círculos alrededor de la torre. Sus garras aferraban su carga con desesperación. Estaba débil y agotado y se sintió tentado de dejarla caer, pero no lo hizo.

Finalmente, la figura de la torre se irguió e hizo frente al lobo.

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Fue una mirada silenciosa. El hombre de ricos ropajes y porte temible lo contempló con odio. El lobo avanzó hasta quedar a pocos metros de él. Tenía la cabeza levantada y sostenía su mirada sin amedrentarse. Ya estaba allí, después de tanto tiempo. Sólo era cuestión de tiempo averiguar por qué. El hombre habló.

- Sé quien eres – dijo con voz profunda, aunque, a su pesar, respetuosa -. Huíste de mi ataque a la ciudadela atravesando la tierra para luego escapar del fuego de mi asesino. Luego, cruzaste el agua y confabulaste con aquellos que se oponían mí. En ese lugar, mataste a mi sirviente. Por eso mereces mi respeto.

“Pero más adelante hiciste lo imposible llegando a tiempo a las ruinas del Santuario y me seguiste al interior del Reino Dorado. Te salvaste de mi poder cuando creé esta tierra. Has cruzado estas tierras azotadas por vientos y tomentas hasta, por fin, estar cara a cara conmigo. Por eso, y sólo por eso, mereces mi admiración. Algo que nunca antes había otorgado a nadie.

El Demonio de Jade hizo un simple ademán con su brazo.

- Revélate ante mí.

El lobo, que había escuchado con atención las palabras del ser en completo silencio, aulló ahora de dolor. La frente le quemaba. La marca de su frente brillaba con una intensa luz dorada. El ardor creció y se extendió a su pecho. El corazón le latía tan fuerte que creyó que le iba a estallar. Apenas podía respirar y las patas le fallaron. Intentó ponerse de pie, pero fue inútil. El ardor no paraba de crecer y le embotaba todos los sentidos.

Otra ráfaga de dolor lo atravesó y sintió su piel más tirante que nunca. La marca se hizo tan brillante que lo dejó ciego. Trato de gritar, pero en sus pulmones no había aire, sólo fuego. Pensó que estaba todo acabado, que moriría allí mismo. En ese mismo momento una tercera convulsión lo invadió. Fue la más violenta de las tres y todo su ser gritó y se revolvió, furioso, para librarse de él. Sintió como si su cuerpo se rasgara de parte a parte; y eso fue exactamente lo que ocurrió.

Con un aullido final, el pecho del lobo se abrió y un brazo ensangrentado surgió de él. Otra mano pugnó por abrir la herida y la carne del lobo se ensanchó. Después surgió una cabeza con un torso y, por último, unas piernas.

Quedó allí tendido el cuerpo de Link, agotado y adolorido. El cuerpo del lobo, una cáscara ahora sin vida, yacía a su lado. Poco a poco, recuperó la movilidad y se levantó con dificultad.

Link estaba desnudo. Su cuerpo entero estaba manchado de sangre. El pelo estaba apelmazado y sucio. No tenía la apariencia de un héroe, sino la de una bestia salvaje. No inspiraba reverencia, sino temor. No tenía arma alguna, sólo las que la naturaleza dota a los hombres, pero, cuando el Demonio de Jade, aquel que había matado a cientos de hombres y bestias, aquel que era capaz de disfrutar cuando una vida abandonaba un cuerpo, vio la mirada que había en sus ojos, conoció el miedo.

- Mataste a mis padres – dijo Link furioso, alzando su voz por encima de los truenos –. Arrasaste mi hogar y acabaste con todos aquellos a los que quería. Has asesinado a inocentes en busca del poder. Pero, sobre todo, la has matado a ella. ¡¿Entiendes?! ¡A ella!

“¡Te mataré! ¡El juramento que hice me empuja! ¡Aquí y ahora!

Por un momento, Ganondorf pareció flaquear, tal era la fuera que Link imprimió en sus palabras. Pero fue sólo eso, un instante. Su orgullo volvió, avergonzado y dolido de haber cedido, aunque sólo fuera un instante, ante un jovenzuelo desarmado y desnudo. ¡El era Ganondorf, el Demonio de Jade! ¡El Amo y Señor del Triforce!

Con una carcajada terrible, levantó un brazo al cielo y su mano se envolvió en una luz dorada. Antes de que Link pudiera reaccionar, la bajó y le lanzó una brillante bola relampagueante. La bola chisporroteó y cruzó los pocos metros que los separaban a una velocidad endiablada. Link, sorprendido ante la rapidez del ataque, no pudo hacer nada salvo elevar una rápida plegaria.

Pero la bola nunca llegó a golpearle. Una mancha marrón se puso delante suyo y recibió el ataque de lleno. Se oyó el chillido de un ave, un chillido de agonía, y la mancha cayó al suelo. Al caer, se oyó el repiquetear del metal contra el suelo de mármol.

Era un búho de grandes dimensiones. La bola lo había alcanzado de lleno en el pecho y dejado una herida humeante. Al verla Link supo que era mortal. El búho lo miraba con unos increíbles ojos azules mientas se desvanecía todo él en el aire. Link, con asombro, reconoció aquella mirada, y el búho supo esto antes de desaparecer del todo, como si nunca hubiera existido.

Los ojos de ambos, Ganondorf y Link, se desviaron hacia la carga que el búho había dejado caer. Una espada de guarda azul con una gema dorada y un escudo hylian, de antigua y bella manufactura.

Con un grito de rabia, Ganondorf volvió a atacar a Link, pero esta vez, el joven se lanzó a un lado y la bola relampagueante impactó contra el suelo de mármol e hizo saltar pedazos de la roca. El guerrero rodó por el suelo y alcanzó la espada y el escudo.

En un movimiento fluido, agarró el escudo con la diestra y blandió la espada con la siniestra.

- ¡Y ahora, bastardo – gritó mientras que la gema de la espada brillaba como una estrella y la hoja se envolvía con una luz dorada -, vas a morir!

kouk9999
25th September 2006, 21:33
Muy bueno el capitulo, ya estoy deseando el proximo :jaur:

PD:y yo que pensaba cuando lei el capitulo anterior que el "animal misterioso" iba a ser Midna y no el buho... :cunao:

Saludos ;)

Richtler
17th October 2006, 15:08
Tildom, estás creando una aténtica Obra Maestra. Gracias por tu trabajo.

Yo visitaba a veces esta página para obtener infomación sobre Wii y leía los foros como invitado de vez en cuando. Encontré tu fic por cuasualidad, bueno, viéndolo en tu firma. De manera que empecé a leer un poco.

La lectura del primer párrafo fue determinante para seguir leyendo. Me atrajo tu estilo directo, debidamente pausado, la riqueza de vocabulario, así como los detalles de descripción que aderezaban de alguna manera el contenido de la narrativa, haciendo volar ineludiblemente la imaginación del lector.

Un excelente trabajo en cuanto a lo que escritura propiamente dicha se refiere (gramática, morfología, semántica y sintaxis). Pero el punto fuerte se encuentra en la propia historia narrada. Todos nosotros conocemos la historia original, eso dota a la lectura de una familiaridad asombrosa, pero al mismo tiempo se esperan cambios en la trama original, muy correctamente planteados y que, rehaciendo de nuevo el puzzle, se le puede dar sentido a una nueva imagen final. Lo cual es muy gratificante para los lectores, seguramente amantes de la saga Zelda y que esperamos con ansias el nuevo TOZTP.

Sin más, un saludo. Y decirte que me he sentido en la obligación de registrarme en este foro para agradecerte, una vez más, el sublime trabajo que nos has regalado.

PD: Yo también me dedico a la escritura, pero soy sólo un mero aficionado que no tiene mucho tiempo libre. Me gustaría ayudarte en todo lo que fuera posible si así lo necesitaras: consejos, ideas, opiniones...

Tildom
17th October 2006, 23:10
Jo, Richtler, no me digas esas cosas que me las creo y luego no hay quien me aguante :eee?: .

Pues muchas gracias y me alegro un montón de que te guste. Si quieres hablar y eso, mi dirección está a la vista en Miembros.

PD: El viernes cuelgo el siguiente capítulo: El Rey del Mal.

kouk9999
17th October 2006, 23:21
PD: El viernes cuelgo el siguiente capítulo: El Rey del Mal.
Bien! El otro dia me acorde del fic y me preguntaba porque llevaba tanto tiempo en el "olvido"... pero por unas cosas o otras seme olvido preguntar xDD.

Bueno, a ver que tal esta el siguiente, esperemos que mantenga la linea...

Saludos

PD:Tildom, aun recuerdo que me dijiste que cuando terminaras el fic me lo pasarias todo en un archivo como lo tienes tu en tu PC, espero que no se te olvide :cunao:

Tildom
18th October 2006, 12:26
PD:Tildom, aun recuerdo que me dijiste que cuando terminaras el fic me lo pasarias todo en un archivo como lo tienes tu en tu PC, espero que no se te olvide :cunao:

Lo tengo presente pero todavía queda mucho fic por delante... o no... :cunao:

boinaverde515
18th October 2006, 23:21
tildom x tu bien espero ke todavia te kede fic xa rato :BALA: :BALA: :BALA:

Tildom
21st October 2006, 00:41
Ya sé que un poquillo tarde, y que técnicamente ya no es viernes, pero mejor tarde que nunca. He aquí el siguiente capítulo del fic. Espero que os guste (aunque creo que me he pasado un pelín).

PD: Como siempre os invito a opinar y a comentar cuestras impresiones.

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20
El Rey del Mal

Ganondorf hizo un sencillo ademán y una espada gigantesca apareció en sus manos. Su hoja era negra, surcada de runas azules y acababa en una temible medialuna. La blandió con maestría mientras se encaraba a su joven adversario.

- Las diosas no podrán protegerte de mí otra vez.

Se abalanzó hacia delante y propinó un golpe brutal con el mandoble. Link colocó el escudo de forma oblicua y la hoja resbaló por su superficie haciendo que el golpe perdiera intensidad. Aún así, Link tuvo que poner el brazo de la espada para aguantar el impacto.

Una marca negruzca apareció donde la espada había golpeado, estropeando el antiguo relieve. Link se dio cuenta de que el escudo no aguantaría muchos más envites como aquel.

- ¡Bravo, muchacho! – exclamó Ganondorf alborozado – Veamos si puedes con un segundo.

El ataque ahora fue horizontal, destinado a separarle la cabeza de los hombros. Link se zambulló a un lado y sintió el zumbido de la hoja demasiado cerca. Se incorporó justo a tiempo para esquivar acrobáticamente un tercer ataque que le hubiera cercenado el brazo de la espada. Link completó el salto mortal y atacó.

Su espada dejó una estela dorada y golpeó con fuerza la de Ganondorf. Zarzillos azules y dorados saltaron de las hojas y las envolvieron. Ganondorf sonrió y Link lo miró con odio. Parecía estar divirtiéndose, aquello era un entretenimiento más para él. La rabia volvió a surgir.

La espada dorada se convirtió en un borrón, tal fue la velocidad y furia que Link imprimió a cada uno de sus ataques. El guerrero hylian fintó, atacó desde ángulos imposibles, se movió como un relámpago tratando de sorprender siempre a su adversario. Pero al final de cada ataque, en vez de cortar la carne y oír el lamento de Ganondorf, sólo encontró su negra hoja, paciente.

Cada ataque fue interceptado y rechazado con una superioridad insultante. Cuando Link creía haber encontrado una grieta en su defensa, allí aparecía la pesada espada para burlarse de él.

A pesar de su enorme tamaño, Ganondorf se movía con la misma celeridad que el valiente guerrero y siempre le iba un paso por delante. Finalmente, en un golpe especialmente ambicioso, el Demonio de Jade vio su oportunidad y, en vez de limitarse a parar el golpe, atacó con saña la espada de Link.

Fue como si un trueno hubiera bajado a la tierra. Los aceros temblaron y arcos de energía recorrieron las hojas. Link sintió la brutalidad del choque subir por su brazo y entumecerle la mano. Por un momento las fuerzas casi lo abandonaron, pero consiguió sostener la espada en un esfuerzo admirable.

Ganondorf apoyó todo su peso en la espada y mantuvo trabadas las hojas. Link se mantuvo firme al principio, pero el Demonio de Jade era demasiado fuerte y, además, su arma era a dos manos. El hylian hincó rodilla en tierra mientras que la presión no cesaba de aumentar. El brazo le dolía de la tensión y supo que no aguantaría mucho más. Finalmente, tuvo que levantar el brazo del escudo para aguantar el terrible filo; era justo lo que Ganondorf esperaba.

Levantó el espadón súbitamente y Link quedó totalmente indefenso, con ambos brazos en alto y arrodillado. Con una fuerza sobrehumana, le propinó un puntapié por debajo del hueco del brazo del escudo.

Link sintió el crujir de varias costillas y cayó a un lado violentamente. Sintió un sabor metálico y escupió sangre. Le dolía terriblemente al respirar; se había perforado un pulmón. Sin embargo, no había tiempo de lamentar sus heridas. Se incorporó todo lo rápido que pudo y se encaró de nuevo con Ganondorf. Éste estaba de pie, esperándolo, con una mueca burlona.

Volvió a atacar, pero por el lado del escudo y Link sabía exactamente por qué. Se giró y paró el golpe con su espada. Una punzada de dolor le recorrió el cuerpo, pero mantuvo la compostura. Rápidamente retrocedió y se puso fuera del alcance de su adversario. Otro ataque más al escudo y otra parada cruzada. El siguiente tajo fue a media altura y Link se vio obligado a esquivarlo hacia atrás. Volvió a escupir sangre y la sonrisa de Ganondorf se acentuó.

- No huyas – dijo con tono meloso.

Link era consciente de su situación. Aquello era más parecido a un gato jugando con su presa que a un combate entre iguales.

Ganondorf golpeó de arriba abajo con fuerza suficiente como para abrirle en canal. Link esquivó con rapidez y se lanzó hacia delante con la punta de su espada por delante. Ganondorf giró con rapidez sobre la estocada y, agachándose, le dio un codazo en el mismo lugar donde le alcanzó la patada.

Link no pudo reprimir un grito de dolor, pero mantuvo la suficiente presencia de ánimo para retroceder de un salto. Sin embargo, al caer, las piernas le fallaron y perdió pie.

- ¿Eres tú el fabuloso guerrero que acabó con mi asesino? – preguntó Ganondorf mientras lo rodeaba. Link, desde el suelo y recuperando el aliento, con muchos dolores, se giró para no perderle de vista - ¿Eres tú el que escapó con la princesa de mi ataque a la ciudadela?

La mirada de Link se cargó con aún más odio que antes.

- ¿Te das cuenta ahora? ¡Sin Ellas no eres nada! ¡Fueron Ellas las que te guiaron, las que te proporcionaron las armas y te protegieron de mi poder aquí, en esta tierra!

“Deberías haber sucumbido cuando di forma a este mundo – dijo haciendo un gesto que pretendía abarcarlo todo -, pero te protegieron. Te disfrazaron y ocultaron de los poderes del Triforce, te escoltaron por llanuras y montañas mientras portaban tus armas…

- El búho – consiguió articular Link con dificultad.

- La reconociste, ¿verdad?

Link no podía ocultarle eso.

- Nayru – admitió el hylian.

Link recordó los ojos del búho y la fuerza que desprendían. Entre los hylian era común encontrar el color azul de ojos, un símbolo de que eran los hijos predilectos de Nayru, Diosa de la Sabiduría. Ella lo había guiado y protegido con una de sus formas. Le había dado una oportunidad de presentar batalla.

Link se incorporó con dificultad.

- Tienes valor. Es una pena que lo desperdicies de esta forma. Está visto que las diosas te aprecian o, al menos, me temen lo suficiente como para involucrarse de forma directa – esto último lo dijo saboreando cada palabra -. Debería sentirme honrado ante Su enviado.

Link lanzó un ataque desesperado que Ganondorf, primero, desvió con facilidad y, luego, le golpeó en el rostro con la empuñadura de su arma, derribándolo.

- ¡Loco! – Ganondorf reía - ¿Acaso no lo entiendes? – Con un gesto hurgó en el interior de sus ropas y sacó un momento tres triángulos dorados de una simpleza sin igual -. Soy uno con el Triforce. El Tesoro Dorado forma parte de mi tanto como yo formo parte de él.

“Su poder está sujeto a mi voluntad y todo lo que ella desea es satisfecha por un poder más salvaje y antiguo que el que nadie podría nunca invocar. Soy fuente de vida – dijo yendo a uno de los bordes de la torre y señalando los mares y bosques que se formaran hacía dos noches – y soy también la muerte.

“No puedes hacer otra cosa que humillarte ante mí y rendirme pleitesía o ser aniquilado.

Se acercó de nuevo a él y le dirigió un terrible golpe. Link actuó por puro instinto y levantó el escudo. El golpe fue detenido, pero tal era la fuerza de su enemigo, que saltó hecho pedazos. Link sintió un terrible dolor en el brazo y supo que se lo había roto. A la desesperada consiguió desviar un segundo golpe que le hubiera hendido el cráneo.

Ganondorf se colocó justo encima de él, tan cerca que sintió su aliento en la cara.

- Cada fibra de mi ser se estremece de poder; infinito e ilimitado poder. Formo parte de la misma esencia creadora del mundo. Soy más que un hombre, soy más que la propia existencia. ¡Soy un Dios!

Con la rapidez de una cobra le retorció el brazo de la espada y esta cayó tintineando al suelo, perdiendo su resplandor dorado. Link gimió de dolor, desnudo e indefenso. El odio llameaba en sus ojos, alimentando el disfrute de Ganondorf como no se podía imaginar.

El Demonio de Jade arrojó su propia espada a un lado y levantó el brazo derecho. Su mano volvió a rodearse de una luz dorada y esta vez no había nada que Link pudiera hacer. La energía lo azotó y sintió como si miles de agujas se clavaran por todo su cuerpo. Se convulsionó y sintió como las pocas fuerzas que le quedaban se le agotaban. Quedó tendido en el frío suelo de mármol negro, bajo aquel cielo desconocido, lejos de todo aquello que amaba.

Ganondorf extendió la mano y lo aprisionó del cuello. Como si no pesara anda, lo sostuvo en vilo, a la altura de los ojos, mientras apretaba y observaba como le arrebataba la vida.

Link, completamente derrotado, era consciente de que su final estaba cerca. No tenía fuerzas ni para levantar los brazos, pero la peor herida de todas no era visible en su cuerpo.

Pero de pronto, unas palabras de Ganondorf resonaron en su cabeza. “Tienes valor”, le había dicho hace apenas un momento. Y, al mismo tiempo, recordó lo que le dijera un anciano sabio a orillas del Lago Hylia: “Valor, Link. Ese es tu verdadero poder. Valor”. Algo se agitó en su interior.

Abrió los ojos y los enfrentó a la regocijada mirada de Ganondorf. No pronunció una sola palabra, pero no hacía falta. El desafío estaba ahí presente. Podría morir, pero no lo haría cabizbajo y humillado. No acudiría a los brazos de la muerte apaleado y con el espíritu quebrantado. Iría con orgullo y enfrentándose cara a cara con la muerte. Esa sería su victoria.

Ganondorf vaciló un momento. Llegados a ese punto, sus víctimas lo miraban suplicantes, implorando una misericordia que nunca habría de llegar. Pero no era así en este caso. A aquel joven guerrero no parecía importarle morir, de hecho, lo desafiaba a que terminara lo que había empezado. Sus ojos azules se clavaron en los suyos, rojos como la sangre, y lo taladraron sin compasión. Link no tenía miedo a morir y se enfrentaría a él hasta el final, aún a sabiendas de que le quedaban segundos de vida.

Lleno de frustración, Ganondorf apretó el cuello del hylian con todas sus fuerzas, dispuestos a acabar con aquello de una vez por todas, pero los ojos de Link no perdieron un ápice de lucidez. Parecían decir: “Lo harás, pero tendrás que ser tú esta vez el que tenga que soportar mi mirada”.

La vista de Link se nubló, pero el se esforzó por enfocarla. Tenía que aguantar, quería que Ganondorf viera hasta el final su desafío. Su mente voló un momento hacia aquellos a los que no había podido vengar: sus padres, Cadler, Impa, Zelda a todos aquellos que habían muerto en la guerra, a los monjes del Santuario, a los que habían depositado su fe en él… Elevó una plegaria a las diosas y les encomendó su alma, sabiendo que acudía a ellas libre, sin ataduras de ningún tipo, pues había hecho todo lo humanamente posible, y más, para cumplir su juramento.

Ya no había odio en él, sólo pena y tristeza por lo que le ocurriría al mundo. No veía nada, pero continuó con los ojos abiertos, fijos, sin pestañear, clavados al frente. Sintió el frío abrazo de la muerte cerrarse sobre él y no tuvo miedo.

Y, en ese momento, sintió como la presa desaparecía y caía al suelo. Un nuevo vigor le devolvió a la vida y boqueó, reclamando aire. Un terrible sonido salía de su lado, un alarido inhumano que rasgó el firmamento y rivalizó con la eterna tormenta que los rodeaba. Su vista volvió y la dirigió hacia donde estaba su enemigo.

Ganondorf aullaba desesperado. Se había desagarrado las ropas y Link pudo ver las innumerables marcas blanquecinas que surcaban su piel color aceituna. Vio además las terribles llagas ensangrentadas.

El alarido se hizo más fuerte y Ganondorf cayó arrodillado al suelo. Levantó la cabeza y Link vio que lloraba sangre. Se tocaba el cuerpo, tratando de calmar el ardor que recorría implacable sus venas. Nuevas llagas aparecieron y todo su cuerpo pareció hincharse. De pronto, el Demonio de Jade pudo fijar su mirada y la dirigió hacia Link. En medio del tormento que sufría lo señaló con un brazo deforme.

- ¡No! – exclamó con voz desgarrada - ¡Yo soy tu amo! ¡No puedes abandonarme!

Link no comprendió al principio lo que Ganondorf quería decir, pero luego se fijó en su propia mano. En el dorso le había aparecido la marca del Triforce y una de las partes brillaba con luz propia. Su mirada viajó hacia la temblorosa mano de Ganondorf, que ahora había doblado su tamaño, y vio en ella la misma marca, solo que otra parte del Triforce era la iluminada.

- ¡Es mío! – gritó el Demonio de Jade, con el rostro hinchado.

No pudo seguir hablando porque una nueva oleada de dolor lo invadió. Link, asustado y todavía sin comprender qué era lo que había pasado, se arrastró con dificultad por el suelo. Usando el brazo sano llegó hasta donde estaba su espada y la abrazó, aferrándose a lo único que le ligaba con su mundo.

Ganondorf volvió a gritar cuando dos cuernos retorcidos surgieron de su cabeza, rasgando piel y carne. De sus fauces brotaron colmillos que sobresalían, como los de un jabalí, y su cuerpo creció hasta sobrepasar la talla de un gigante. Un enorme apéndice le creció en la espalda entre terribles dolores y acabó transformado en una cola brutal. Los gritos y lamentos se convirtieron en los rugidos de una bestia. El pelo de la cabeza le creció sin medida y formó una melena roja, hirsuta y espesa que le caía en cascada por la espalda. Sus ojos se hicieron grandes y brillantes y estaban enloquecidos del sufrimiento.

De pronto, Link sintió un viento fresco y vio a un lado una hermosa luz azulada de forma ovalada. Lo último que vio antes de caer inconsciente entre los lamentos de la bestia, fue la cara, radiante, de Saria.

kouk9999
21st October 2006, 00:44
Jujuju.
Te refierse a pasarte de largo?

Como comprenderas estas no son horas de leer, asique ya mañana edito este post con mi opinion...

Buenas noches al foro...zzzzzzzzz

EDIT:muy bueno el capitulo, sobre todo la "escena" en que le tiene del cuello...

Kalas Matacasuals
21st October 2006, 16:36
Venga, esta vez primero lo malo. No me gusta que recurras mucho a motivos divinos.
Y ahora lo bueno. La batalla está muy bien narrada, con un ritmo correcto y verdaderamente logra emocionar. Cuando Ganondorf se ha transformado, me han entrado unas ganas de jugar al Ocarina... qué recuerdos. :^^¡:

P.D: Veo que has cogido mi costumbre de poner el último capítulo en el título del post. Te pediré derechos de autor. :cunao:

jano_marine
21st October 2006, 17:40
oye la historia es muy buena xq no sacas un libro o u comic seria muy popular sin no sanes dibujar bien contratas a alguien sacarias muxa pasta

Tildom
22nd October 2006, 00:46
Venga, esta vez primero lo malo. No me gusta que recurras mucho a motivos divinos.
Y ahora lo bueno. La batalla está muy bien narrada, con un ritmo correcto y verdaderamente logra emocionar. Cuando Ganondorf se ha transformado, me han entrado unas ganas de jugar al Ocarina... qué recuerdos. :^^¡:

P.D: Veo que has cogido mi costumbre de poner el último capítulo en el título del post. Te pediré derechos de autor. :cunao:

A mí tampoco me gusta implicar directamente a los dioses en mis historias y, de hecho, no lo he hecho en este fic. Lo explico en el siguiente episodio, pero lo pongo ahora para que quede claro.

Todos conocemos a Kaepora-Gaebora, ¿no? Yo siempre me lo he imaginado como una personificación de Nauyru. Siempre da consejos y parece saberlo todo. Por otra parte, según la mitología clásica, Atenea (Diosa griega de la Sabiduría para los despistados) era asociada con la lechuza, un animal muy parecido al búho. He querido establecer esa misma relación entre Kaepora y Nayru. Relación que, por otra parte, estoy convencido que Miyamoto tuvo en cuenta a la hora de crear al personaje.

Así que, desde un punto de vista teológico, el búho no era Nayru exactamente, sino un avatar de la diosa. Una pequeña parte de su poder destinada a tareas especiales, en este caso, proteger a Link. Si te fijas bien, en el capítulo 18 la frase literal es: "Él mismo había cobrado vida poco antes que el lobo y sus dos destinos corrían juntos". Hablo en masculino y de un nacimiento poco antes que el Lobo.

Por otro lado, las diosas intervienen por petición expresa de Sheik. Digamos que el sacrificio de este personaje me ha llegado tan hondo que quería ofrecerle una recompensa especial, aparte de la resurreción de Zelda. Dado que las diosas honran su gesto y que Sheik promete proteger a Link, me pareció adecuado una pequeña intervención directa resumida en protegerle del deseo de Ganondorf (renacido ahora como Ganon) que hubiera acabado con él y protegerle hasta quedar cara a cara con él.

Aunque quien sabe. Quizás las Tres Doncellas se cobren un precio más adelante. Son de un caprichoso... :cunao:

Pero ya te digo que queda explicado en el siguiente capítulo. Lo de ahora es una pequeña aclaración que creía necesaria. A mi tampoco me gustan los "Deus ex machina".

PD: Gracias por comprender el "robo" de la idea de los capítulos en el título :^^: . jano_marine gracias por tus palabras y me alegro de que te guste.

True_soul
31st October 2006, 03:40
YYEEEEEE GENIAL, los 2 ultimos capitulos me encantaron si me sentia mas en el lugar y me imaginava como era la batalla y cuales eran las imagenes q pasaban por la mente de link absolutamente genial!

link_94
4th November 2006, 17:31
Este fic es genial, lo comence a leer por curiosidad y me engancho :^^: creo que deberias contactar en serio con nintendo y hacer un libro porque de verdad es genial la historia.

Tomoe Yukishiro
6th November 2006, 20:08
mmm, no me avisaste de que habías puesto otro capitulo, tu castigo será devanarte los sesos asta q averigües quien soy.
Me esta gustando mucho (dame tu autógrafo, XD jeje ), pero hazme un favor deja d matar a la gente de forma tan brutal (no lo digo en serio, sino no tendría emoción jeje).

Pues nada q sigue así y si descubres quien soy antes de que cuelgues el siguiente capitulo avísame jejeje

kouk9999
26th November 2006, 13:24
Tildom?? No vas a poner mas? :(

Tildom
26th November 2006, 15:53
Siento haber tardado tanto en actualizar, pero es que he tenido un mesecito muy ocupado. A ver si ahora puedo colgar los capítulos más a menudo. Buffff, más de 5.000 visitas, me entran unas cosquillitas en el estómago... Me alegro de que os esté gustando :^^:.

Tomoe Yukishiro, te pillé :sorrisa:

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21
La Visión y el Despertar


Habían pasado tres días con sus noches y la princesa seguía dormida. Los kokiri le habían construído una cama con brotes nuevos y hojas en medio del poblado. Siempre había dos montando guardia a su lado, aunque la mayoría del tiempo era el propio Rauru, junto con Saria, Navi y Nabooru, los que la velaban.

Las gerudo se habían ganado el respeto de todos y su trágica historia había conmovido hasta al más resentido de los kokiri. Intentaban reparar todo el daño que su pueblo había provocado a Hyrule y habían decidido empezar por unirse en la lucha contra su antiguo protector.

Durante la lucha contra la Guardia Escarlata había sido la poderosa magia de Saria la que había inclinado la balanza a favor de los kokiri. Aquellas gerudo eran todas extraordinarias luchadoras, elegidas entre las mejores por el propio Ganondorf para formar su guardia de honor, y se dedicaron en cuerpo y alma en afinar sus cuerpos y mentes para la batalla.

Los kokiri miraban con admiración la férrea disciplina con la que entrenaban y asentían con deferencia cuando pasaban a su lado. Las gerudo, que también habían comenzado a aprender el idioma, intentaban tímidamente comunicarse con aquellos extraordinarios seres con aspecto de niño que poblaban sus leyendas.

Rauru miraba con esperanza esta extraña unión entre aquellos pueblos y más aún la que se estaba forjando más allá de las fronteras de los Bosques Perdidos. Gracias a su magia había podido invocar visiones de columnas de hombres avanzando por los márgenes del Río Zora, ataviados con viejas armas y armaduras, algunos incluso con horcas y arpones, que se dirigían a la ciudadela. A su lado, con armaduras de conchas y corales, armados con tridentes y espadas aserradas, marchaban los Zora.

Lejos, al norte, los goron marchaban al ritmo de los tambores de guerra. Acorazados con pesadas armaduras de acero forjado, el suelo temblaba bajo su paso. Transportaban sus máquinas de guerra a través de las montañas e iban montados sobre dodongos, terribles lagartos de fuego que habitaban en las Montañas de la Muerte.

A cada alto que hacían estos ejércitos, más y más hombres se unían a la causa. Algunos los iban buscando, otros sencillamente se topaban con ellos, pero lo cierto era que todo el mundo estaba dispuesto a luchar antes que caer derrotados. Mujeres, jóvenes apenas entrados en la pubertad, gente que nunca había blandido un arma, avanzaba ahora para luchar contra el tirano.

- ¿Lo ves? – le dijo Sharashala mientras tenía una de aquellas visiones – Te dije que la esperanza no moriría hasta que cayera el último de ellos.

Rauru continuó mirando pensativo la visión, proyectada en un gran cuenco con agua.

- Mi preocupación ahora mismo es tratar de que eso no ocurra, aunque tengo que reconocer que esto es algo que nunca hubiera pensado que pudiera ocurrir. En verdad han cambiado mucho las cosas en todo este tiempo.

- Amigo mío, cuando te marchaste, Hyrule salía de una terrible guerra civil por la obtención del Tesoro Dorado. Han pasado muchos siglos hasta que los pueblos de Hyrule han aprendido, al menos, a respetarse los unos a los otros.

- Tienes razón – admitió Rauru mientras hacía que la visión se desvaneciera con un ademán -. Aunque he visto retazos de la historia de esta tierra mientras permanecía en la frontera del mundo, no ha sido hasta ahora que he comprendido totalmente los cambios que en él se han obrado.

“Soy viejo, Sharashala, terriblemente viejo, y me temo que todo suceda demasiado rápido para mis ancianos ojos. ¿Qué ha sido de los hylian? ¿Por qué la magia ha desaparecido prácticamente del mundo? En verdad el mundo ha disminuido su talla a lo largo de las eras.

- Las cosas son como son y nada podemos hacer ya para cambiarlas. Pero míralo de esta forma. Tú estás aquí, ¿no? A través de los velos del propio tiempo has llegado hasta nosotros; el gran Rauru. Posees una sabiduría vasta, antigua y poderosa, de la época en la que se obraron los más grandes prodigios que hombre, hylian o zora hylian visto jamás. ¿Y si tu misión es devolver el viejo esplendor a este mundo agonizante?

Rauru contempló reflexivo al anciano humano. Su aspecto era frágil, apoyado en un bastón, algo encorvado, con su larga barba y sus pobladas cejas. Pero aquellos ojos como zafiros eran brillantes y lo observaban con una lucidez abrumadora. Rauru era anciano, y los hylian vivían más que el resto de las razas de Hyrule, a excepción de los kokiri, pero también era cierto que se le habían concedido más años de los normales debido a su tarea.

Sin embargo, Sharashala había vivido su vida entera sin interrupciones. Había viajado incansablemente ofreciendo consejo y ayuda a todo aquel que se lo solicitara. Sus sandalias contenían el polvo de todos los caminos de Hyrule y había contemplado los amaneceres del Lago Hylia, las profundidades de las cuevas de los goron y la belleza del castillo de Hyrule. Había navegado por el curso de docenas de ríos, dormido en cien camas y sentado bajo la sombra de mil árboles.

Estaba íntimamente ligado a la tierra y a sus gentes, conocía su forma de pensar y de sentir y, sobre todo, las amaba. Rauru provenía de una época en la que la sangre había teñido la tierra y Gorons y Zora batallaban entre sí y contra los hylian y los humanos se vendían al mejor postor. Una época de odio racial en la que había habido traiciones y venganzas. Él había tenido que aprender a respetar a todo el mundo tal y como eran: Sharashala poseía todo eso de forma innata y era capaz de penetrar en la mente de las personas con mucho más acierto del que nunca hubiera podido Rauru, a pesar de toda su magia.

Así que, ante ese comentario de que él podría ser el que le devolviera el esplendor antiguo al mundo sólo una pregunta acudió a su cabeza. Y así, se la formuló a Sharashala.

- ¿Antiguo esplendor? Esta comunión entre las razas, esta hermandad entre pueblos tiene el esplendor de mil soles para mí. ¿Y si el conocimiento que poseo les trajera de nuevo la guerra? ¿Una mucho más terrible que la que libramos ahora porque sería entre familias y vecinos?

En vez de la respuesta seria y filosófica que Rauru esperaba, Sharashala se limitó a reír abiertamente.

- Algo hemos ganado. Al menos ya hablas de lo que podría ocurrir después de esta guerra. Hasta hace un par de horas no contemplabas esa posibilidad.

Rauru abrió la boca para contestar, pero al final rió él también, rendido ante la agudeza del sabio.

- Todavía quedan muchas páginas por escribir de la historia de Hyrule, amigo mío – dijo Sharashala como si impartiera una lección a un chiquillo-. No tengas prisa por escribirle el final.

Antes de que Rauru pudiera agradecer las palabras de aliento del humano, Nabooru los interrumpió.

- Princesa despierta – dijo torpemente.

Los dos sabios se incorporaron como un resorte y se dirigieron al centro del pueblo, donde estaba el lecho de la princesa. A su lado, Nabooru trataba de explicarles lo mejor que podía lo que había ocurrido.

- Preguntar por tú, Rauru – dijo -. Decir que puerta deber abrirse de nuevo.

- ¿Puerta? ¿La puerta entre los mundos? – preguntó Rauru.

- Yo no saber. Ella llamar y yo buscar.

- Ahora lo sabremos – sentenció Sharashala -. Hemos llegado.

Todo el poblado kokiri se había reunido alrededor del lecho de la princesa. A una distancia prudencial estaban las gerudo, no sabiendo muy bien qué era lo que pasaba. Cuando vieron a su líder, se acercaron a ella y ésta les explicó rápidamente la situación.

Cientos de hadas revoloteaban por el lugar, pequeñas bolas de luz que dejaban una brillante estela a su paso. En el centro de todo aquel gentío estaba la princesa, con un vestido hecho de hojas entrelazadas, de pie, serena y tranquila. Estaba tan hermosa como siempre, pero había cambiado. Era obvio que algo había pasado en su viaje de ida a vuelta. No era nada concreto, pero ahora sus ojos eran más profundos, más parecidos a los de Rauru.

Al verla despierta y sana, Rauru cayó de rodillas, llorando. Sharashala también lloraba, pero sus lágrimas se mezclaban con una gran sonrisa.

La princesa avanzó hasta Rauru y lo ayudó a levantarse. Lo abrazó tiernamente y le susurró al oído:

- Gracias por guiar sus pasos a través del miedo. Ahora debemos hacerlo de nuevo, pero esta vez juntos.

Se separaron y Rauru lo miró incrédulo.

- ¿Link? ¿Sigue vivo?

La princesa asintió y uno de sus hermosos rizos le cayó por la frente.

- Me han sido mostradas muchas cosas, entre ellas la terrible batalla que él ha librado por todos nosotros. Ahora necesita nuestra ayuda y debemos abrir las puertas de nuevo.

- Contad conmigo – quien así habló fue Saria, que se había abierto paso a través de sus congéneres. Ahora lucía abiertamente su medallón.

- Bien – dijo la princesa sonriendo -. Necesitaremos algo de espacio – dijo dulcemente.

Todo el mundo comenzó a alejarse hasta que se quedaron los cuatro solos en unos diez metros de diámetro. La princesa pidió un cuchillo y Saria le tendió su espada corta que, en manos de Zelda, parecía un abrecartas.

- Rauru, ahora necesito que me ayudes a mantener la puerta abierta. Sharashala, tú tendrás que guiar en el viaje a Saria. Pequeña – le dijo a la kokiri con un enorme respeto -, tú deberás traer a Link hasta nosotros.

Los tres asintieron, decididos. La princesa les devolvió el gesto. Luego, cerró los ojos, cogió el filo y se abrió un corte en el brazo. No era demasiado profundo, pero sí lo suficiente como para derramar su sangre sobre la fértil tierra. Sus labios comenzaron a entonar una salmodia incomprensible para todos, excepto para Rauru. Eran palabras llenas de luz y poder; el antiguo idioma de la magia.

El aire enfrente de la princesa tembló y, después de unos segundos, se rasgó de arriba abajo. Se abrió un portal azulado del tamaño de un hombre. Saria se llevó las manos al medallón y susurró unas palabras. Sharashala apoyó una mano en su hombro y la apretó con suavidad.

- ¡Deprisa! – urgió la princesa - ¡No podremos mantenerla mucho tiempo!

Sabio y kokiri entraron dentro del túnel con decisión y desaparecieron de la vista de los demás. Ante ellos había un largo túnel, también azul, y, a lo lejos, una salida.

Rauru repitió lo que hacía tres días hiciera en el Santuario. Dedicó todos sus esfuerzos a mantener la puerta entre los mundos abierta de par en par, sólo que ahora le resultó más fácil, pues notaba la presencia de Zelda, firme, como una roca. Se asombró ante el dominio que mostraba la princesa y la disciplina de su mente. ¿Cuánto de aquello se lo debía a su ausencia? ¿Tanto la había cambiado que había pasado de una hylian ignorante de sus facultades a una maestra en el arte de la magia?

De pronto, notó que la mente de la princesa comenzaba a flaquear. Inmediatamente, la presión en la puerta se hizo más intensa y tuvo que redoblar sus esfuerzos para mantenerla abierta. ¿Qué estaba ocurriendo? La princesa cayó arrodillada. Temblaba incontroladamente y gruesos goterones de sudor corrían por su rostro. ¿Acaso el esfuerzo era demasiado para ella?

Y entonces pareció que el mismo sol hubiera bajado a la tierra. Una luz dorada bañó el lugar. Era dulce, pero a la vez intensa. Una luz que incluso pudieron ver las columnas de aquellos que marchaban a combatir la oscuridad y que también vio la propia oscuridad, desde la lejana ciudadela de Hyrule. La luz provenía de la princesa, que tenía la boca abierta, como si gritara, pero sin que ningún sonido saliera de su garganta. En su mano izquierda había aparecido el símbolo del Triforce y una de sus piezas brillaba más que las demás.

Rauru, asombrado, sintió como la princesa caía en la inconsciencia y tuvo que afrontar en soledad la tarea de mantener abierto el portal. Pero el esfuerzo era demasiado para él. El agotamiento de los últimos días hizo mella finalmente en él y sintió cómo el disco azul se hacía más pequeño por momentos.

- ¡Saria! – gritó, en un intentó desesperado de hacerse oír - ¡Sharashala!

Justo en ese momento, los dos salieron del portal. Ente los dos llevaban un cuerpo y la espada que forjaran en el Lago Hylia. Rauru rompió su concentración y el portal se cerró de inmediato. Con dulzura, Sharashala y Saria dejaron en el suelo a Link; desnudo y malherido. Sangraba por multitud de heridas y tenía rotos el brazo derecho y varias costillas. Su respiración era muy débil, entrecortada y gorgoteante.

- Ya estás a salvo – decía Saria mientras le acariciaba la frente -. Ya estás a salvo.

Tomoe Yukishiro
26th November 2006, 20:02
Esto se pone emocionante, bueno ya estaba jejeje. Mmmm dile a tus jefes q van a recibir mi visita, m estan dejando sin lectura juajuajua

PD: me pillaste sip :sorrisa: , pero tampoco tarde demasiado en confesar, jeje. No valgo para espia xd

-.-LINK-.-
27th November 2006, 00:31
Solo me leei el capitulo 1 pero es interesante de verdad! eres un genio espero que los de nintendo lo cojan y le saken buen provecho..suerte! :sorrisa:

Sour Nirü
28th November 2006, 17:39
Dios, muy buena la historiaza que te estas currando. ¿Para cuando el 22? :jaur:

Tildom
29th November 2006, 00:26
-.-LINK-.-, gracias por tu comentario. Yo espero a que me llame Miyamoto para que hagamos la peli con Spielberg :jaur:

Sour Nirü, el 22 tardará un poco, pero puedo prometer y prometo que no tanto como con el 21. Ahora estoy algo más relajado en el curro y tengo más tiempo para escribir. A menos que los tiranos de RG saquen el látigo (¡David, no, era coña: nooooooooooooooooooooo!).

fera14
30th November 2006, 15:51
:cunao: me encanta tu fic

Tildom
15th January 2007, 17:13
Pues qué mejor forma de celebrar la recuperación de los foros que colgando un nuevo capítulo. Perdonad el retraso, pero es que he andado liadillo. Como siempre, que lo disfrutéis.

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22
La Venganza de los Caídos

- Ha cambiado el viento – dijo Argayl en un susurro.

El resto de prisioneros lo miraron, indiferentes. De poco les valía de donde soplara si no habían de disfrutarlo, estando como estaban encerrados en un sótano de piedra, encadenados al suelo, sin un mísero ventanal por donde se filtrara un rayo de luz.

- Cállate, Argayl, o los carceleros te oirán – dijo Tremor, el que antes fuera el herrero de la villa.

Temían a los carceleros. Eran crueles y despiadados, que no dudaban en golpearles e insultarlos. Disfrutaban de su trabajo cada día y así se lo hacían saber a los ocho prisioneros.

- Si me van a azotar que al menos sea por algo – contestó Argayl, ya sin moderar su tono de voz.

Se levantó, tambaleante, y se dirigió a la puerta de la prisión. Era de madera reforzada con hierro, basto y negro. Al moverse por la celda, arrastró sus cadenas lastimeramente.

- ¿Me habéis oído, sarnosos? – gritó mientras golpeaba la puerta.

La respuesta no tardó demasiado en hacerse esperar. Se oyó un gruñido profundo al otro lado de la puerta y luego un tintineo metálico.

- Maldito seas, Ojos Rojos – le dijo otro preso mientras todos se apretujaban en una pared -. Vas a hacer que nos maten a todos.

Argayl Ojos Rojos, llamado así por el característico color de los mismos, no se arredró. Se apartó de la puerta en el momento justo en la que ésta se abría y adoptó una postura de lucha. En el umbral apareció una figura brutal. Estaba cubierta de una gruesa pelambrera negra, excepto en un par de lugares en las que se veían rastros de quemaduras y en donde el pelo nunca volvería a crecer. Sus rasgos eran bestiales, aún más intimidantes debido al hecho de que le faltaba el labio superior y dejaba al descubierto sus temibles fauces.

Era alto, y musculoso. Tuvo que agacharse para poder entrar en la celda y recorrió con una mirada de odio a sus habitantes. Detrás de él, otra figura, esta más pequeña y de aspecto humano, sostenía una antorcha encendida.

Argayl se quedó de pie, desafiante, harto de encogerse de miedo, harto de lamerse las heridas. Habían luchado y habían perdido, cierto, pero eso no significaba rendirse. Sus compañeros lo miraban, expectantes y atemorizados.

El carcelero sonrió al verlo de pie, anticipando la diversión que le daría aquel preso díscolo. Alzó la mano y llevaba en ella un látigo de nueve colas, acabado en afiladas y diminutas cuchillas. Argayl se estremeció. A ese tipo de armas las llamaban Desolladoras porque te arrancaban, literalmente, la piel a tiras.

Sin mediar palabra, el carcelero lo golpeó con la velocidad de un rayo. Al surcar el aire, las cuchillas emitieron un silbido espantoso. Argayl gritó de dolor y cayó al suelo, de rodillas, con sangre en un costado. El resto de los presos se estremecieron, pero ninguno tuvo valor de moverse para ayudar a su compañero. Por segunda vez las hojas silbaron y otro reguero de sangre apareció en Argayl, esta vez en su espalda.

Todos esperaban un tercer latigazo, y después un cuarto y un quinto, pero estos no llegaron. Se oyó jaleo por el pasillo de su celda y también gruñidos, el espantoso lenguaje de las bestias que los habían invadido.

El carcelero detuvo su mano y, escupiendo, cerró violentamente la puerta de la celda. Todos oyeron como se alejaba por el pasillo y, con él, la luz de la antorcha. Pronto sólo se oyó la respiración entrecortada de Argayl, en el suelo.

Esperaron un minuto. Luego otro. Cuando quedó claro que el carcelero no iba a volver a terminar el castigo, Trevor se acercó a Argayl.

- Estúpido loco. ¿Qué pretendías con eso? ¿Que te mataran?

Mientras así hablaba, le echaba un vistazo a las heridas. Los demás se les acercaron.

- Ya estoy muerto, Trevor. Todos lo estamos – dijo dirigiendo al resto una mirada acusadora.

- Pronto lo estaremos si sigues con tus tonterías – le espetó Jylan, antiguo cazador y trampero.

- ¿No os habéis dado cuenta? – siguió Argayl mientras Trevor le hacía unos vendajes con una manta vieja y raída – Basta uno solo de ellos, un paria deforme, para atemorizaros a todos y dejaros llorando en un rincón. Dais asco.

Se oyeron murmullos de indignación. Habían perdido sus casas, a sus familias, habían luchado hasta el final… ¿Quién se creía ese Ojos Rojos para echarles nada en cara? Sin embargo, en la cara de varios hombres otra emoción se dejó ver: vergüenza.

- No sabemos si nuestras familias están ahí fuera, en otra celda como la nuestra y parece que no nos importa. Preferimos quedarnos aquí, encadenados como perros, llorando.

- ¿Y según tú qué deberíamos hacer? – inquirió un prisionero de tristes ojos grises - ¿Gritar y golpear las paredes para que nos despellejen vivos? Apenas comemos ni bebemos, la mitad estamos heridos y la otra mitad roídos por las ratas. Somos un atajo de enfermos.

- ¿Sabes lo que oigo? Lloros, quejas, lamentos… - Trevor terminó de hacer el vendaje y ayudó a Argayl a levantarse. Aunque tambaleante, el joven se mantuvo por su propio pie.

“¡Yo también tengo hambre y estoy herido! Pero no pienso morir olvidado en un pozo negro.

Anduvo de nuevo hasta la puerta y la golpeó de nuevo, esta vez con más fuerza.
- ¿Por qué ahora, Ojos Rojos? – preguntó Jylan.

- No lo he visto hasta que ha cambiado el viento – nadie le preguntó cómo se había enterado de eso, enterrado en una prisión de piedra; Argayl siempre sabía ese tipo de cosas -. Me ha devuelto a la vida. Es el frío olor de las montañas, de las cumbres nevadas, de las noches estrelladas… ¿no lo notáis vosotros?

Por supuesto que nadie lo hacía, pero sus palabras insuflaron sentimientos que se habían olvidado. La esperanza renació en muchos de ellos y comenzaba a hacerlo en el resto. Unos cuantos se movieron, buscando la forma de librarse de sus cadenas.

- ¿Qué hacéis? – dijo Jylan - ¿No veis que está loco?

No le hicieron caso. Era mejor vivir con esperanzas, aunque fueran muy remotas, que morir carcomido por el miedo.

- Ellos son cientos, armados y bien alimentados. ¿Cómo podremos derrotarlos?

- Jylan, ¿no te das cuenta de que no se trata de ganar o perder? – le dijo Trevor al oído – Argayl habla de morir como nosotros deseemos, no como ellos quieren. ¿Por qué no nos han matado todavía? ¿Lo sabes? Porque somos un pasatiempo, les gusta ver cómo nos encogemos de miedo o nos alimentamos con la carne podrida que nos sirven.

El cazador comenzó a comprender y, más importante todavía, comenzó a creer.

Y, en ese momento, el pasillo se volvió a llenar de ruido. Unas fuertes pisadas metálicas que se detuvieron en la puerta de la celda. Silencio unos momentos y, de pronto, la puerta saltó de sus goznes y cayó en medio de los asombrados presos.

Al otro lado, había una enorme armadura metálica que portaba una antorcha, hecha con el tronco de un árbol pequeño. Nunca antes habían visto nada semejante. Sólo de rodillas habría podido entrar en el interior de la celda. Apenas cabía en el pasillo y se había agachado en una postura muy forzada para observar el interior.

- ¡Están aquí! – gritó, con un fuerte acento y una voz profunda - ¡Los he hallado!

Argayl, sorprendido pero consciente de que debía retomar el control de la situación, avanzó un paso y se destacó como el portavoz de los presos.

- ¿Quién eres? ¿Qué quieres de nosotros?

- ¡Aquí! ¡Vamos! – dijo el de la armadura. Se apartó un momento de la puerta y volvió a oírse ruido por el pasillo. A los pocos segundos entró una segunda armadura, ésta de talla humana. Llevaba otra antorcha y una lanza teñida de sangre.

- Por las Tres Doncellas, ¡estáis vivos!

- ¡Edgard! ¡Edgard Landaniel! – exclamó Trevor.

Al oír su nombre, la armadura se quitó el yelmo y quedó al descubierto un hombre ya mayor, pero aún fuerte.

- ¡Trevor! ¡Alabado sea el Cielo! Nos temíamos lo peor.

Todos reconocieron, incrédulos, al antiguo capitán de la guardia de Kakariko.

- ¿Qué ha pasado? ¿Qué haces aquí?

Los ojos de Edgard se iluminaron.

- Deprisa, salgamos. Hyrule bulle de esperanza y por fin una posibilidad de victoria se vislumbra al final del camino.

- No podemos, estamos encadenados – dijo Argayl.

Edgard asintió.

- Balast, por favor – dijo dirigiéndose a su compañero.

La enorme armadura se introdujo en la celda con dificultad.

- Venid aquí y enseñadme las cadenas – ordenó con una voz profunda.

Algo intimidado por la enorme talla de este inesperado aliado, Argayl se acercó a él. Intentó identificarlo, pero el yelmo le cubría todo el rostro y no pudo sacar nada en claro.

Balast dejó la antorcha en el suelo, cogió la gruesa cadena, apenas un juguete entre sus enormes manos, y, tras un breve forcejeo, rompió los eslabones. Sin regocijarse con esa muestra de fuerza, liberó uno a uno a todos los presos, que lo contemplaban, fascinados.

- Por ahora tendrá que bastar – dio Edgard – os quitaremos las argollas luego. Gracias Balast.

- No hay de qué. ¿Salimos?

Apoyándose los unos en los otros salieron de su prisión, escoltados por Balast y Edgard, que abrían la marcha. El pasillo era de piedra cortada a pico y apuntalado con vigas de madera. Reconocieron el interior de las minas de hierro de las que vivía Kakariko. Mientras avanzaban por el túnel, divisaron varios pasillos laterales y se cruzaron con varias vías para las vagonetas de mineral. El aire era pesado.

- ¿Cómo habéis llegado hasta aquí? ¿Qué ha pasado en todo este tiempo? – le preguntó Trevor a Edgard.

- Amigo mío, es una historia larga y éste no es el momento de contarla. Por ahora basta decir que sólo veinte escapamos del ataque del Demonio de Jade y que, desde entonces, hemos visto cosas increíbles. Entre todas ellas, la más reseñable es la de la unión de los pueblos de esta tierra.

“En cuanto hemos podido reunir unas fuerzas decentes, decidimos retomar la plaza. Y aquí estamos – al fondo del pasillo pudieron divisar luz natural -, luchando al lado de los Goron.

Mudos de asombro, la mirada de los presos voló hacia el gigantesco Balast. ¡Así que era un goron!

- ¿Los Goron han bajado de las montañas? - preguntó Jylan, consternado.

- Sí, hemos bajado de las montañas – replicó Balast -. Más vale tarrrde que nunca.

- Y no solo eso – siguió explicando Edgard, visiblemente emocionado -; los Zora marchan con las levas del norte y el este, que avanzan siguiendo el margen del gran río.

- El viento en verdad ha cambiado – dijo Argayl, maravillado con las noticias esperanzadoras de Edgard -. ¿Y cómo va la lucha?

- Todo Hyrrrule está en guerrra – explicó Balast -. Varrrias poblaciones han expulsado a las fuerrrzas del Demonio de Jade, perrro en la grrran mayorrría hay que lucharrr hasta el último metrrro.

- Sin embargo – continuó Edgard -, en cada pueblo liberado se suman más hombres a la causa. Ganondorf ha desaparecido y, sin él, parece que su ejército no sabe qué hacer. Estamos ganando batallas por primera vez en años.

- ¿Y la Ciudadela? ¿Qué ha pasado con Su Majestad? – preguntó un preso.

- Cayó hace menos de una luna – contestó Edgard, apesadumbrado -. El Rey Daphness Nohansen Hyrule murió en el asalto y ahora nos gobierna la Princesa Zelda Hyrule.

Todos se apenaron, pero no había tiempo para lutos. Salieron del pasillo y, ante sus ojos, contemplaron la batalla. Justo a la entrada de la mina había un destacamento de hombres armados con lanzas y espadas que luchaban denodadamente con un grupo de Vesieth, los terribles hombres del desierto. Bajo sus pieles y cubiertos por intrincados tatuajes parecían animales. Gritaban y gruñían como tales, luchando a brazo partido contra aquel ejército salido de no se sabía dónde.

Más allá, la misma escena se repetía una y otra vez. La batalla estaba en su punto crítico. La ciudad estaba a sus pies y ¡cómo había cambiado! Las hermosas y tranquilas avenidas habían dejado paso a barricadas de madera ardiendo y torretas de vigilancia. La gran mayoría de las casas habían sido arrasadas y su madera empleada para alimentar cuatro enormes hogueras. Por todas partes se había construido barracones de aspecto primitivo y amenazador.

La hermosa estatua que decoraba la plaza central estaba rota y tirada a un lado, irreconocible. Las flores de los jardines estaban pisoteadas y ennegrecidas. Una espesa capa de ceniza lo cubría todo. Había viejos cadáveres de hombres y animales desperdigados por doquier. Las ratas campaban a sus anchas royéndolo todo y propagando enfermedades.

La pasada noche había sido normal, el alcohol había corrido sin mesura y se habían oído los cantos de borrachos y los gritos de las peleas. Sin embargo, ahora era el entrechocar de metales el que alzaba su voz por encima de cualquier ruido.

Se luchaba en cada calle que quedaba en pie y en cada tienda de campaña. Las fuerzas de Ganondorf se habían visto atrapadas en dos frentes. Por un lado, los hombres que habían entrado por el este, por lo que había sido la antigua entrada de la ciudad. Con escalas de asalto, habían superado las toscas murallas, que los salvajes habían reconstruído después de su victoria, y abierto las puertas. Sedientos de venganza, habían penetrado en el campamento enemigo justo antes del alba, tomando por sorpresa y aún bajo los efectos de la juerga nocturna, a un asentamiento que nunca se habría esperado un ataque tan numeroso a esas alturas.

Por otro lado, los goron habían irrumpido por las montañas, por la retaguardia. Sus máquinas de guerra habían matado a cientos antes de que aquellos gigantes llegaran al cuerpo a cuerpo. Las piedras de sus catapultas habían arrancado de cuajo varias torretas de vigilancia y destruído algunos de los pocos edificios que quedaban en pie y que los salvajes empleaban como almacenes.

No eran demasiados goron, apenas dos centenas, pero todos se protegían con armaduras metálicas y treinta de ellos montaban en dodongos, los terribles lagartos de fuego de la Montaña de la Muerte. Esas enormes bestias, de cinco metros de alto y el doble de largo, combatían ferozmente y exhalaban fuego por sus fauces. Los goron que las montaban tenían que emplearse a fondo para mantenerlas bajo control, pues eran unas criaturas agresivas que a veces caían de nuevo en sus instintos. Así, los que los montaban eran los más fuertes y audaces entre los goron. Los Jinetes de Dodongo no habían combatido desde hacía siglos, durante las Guerras de la Ambición, pero su ferocidad aún era susurrada con temor por el bardo que cantaba ese triste momento de la historia de Hyrule.

Ahora, el lugar estaba sembrado de cadáveres, tanto de uno como de otro bando. Incluso había caído un dodongo, no sin antes luchar ferozmente por su vida y haber matado a más enemigos que ningún otro.

Todo esto vieron los prisioneros con asombro. Su amada ciudad convertida en un inmisericorde campo de batalla. Sin embargo, la lucha cercana los devolvió pronto a la realidad. Edgard y Balast ya se había incorporado a la batalla. El veterano soldado impartía órdenes a los hombres, mientras que el enorme Balast golpeaba con sus puños como mazas, aplastando la débil carne de sus enemigos.

Varios prisioneros se acercaron a los cadáveres de los caídos y les arrebataron las armas. Ya no estaban cansados y el hambre se había desvanecido. La furia les daba fuerzas para luchar, para vengarse de aquellos seres que habían destruído todo cuanto amaban.

Antes de percatarse de lo que ocurría, Argayl había cogido una espada de un soldado muerto, y luchaba mano a mano junto a Jylan y Trevor. Detrás de ellos, iban los demás, cantando al son de los tambores de los goron.

Y lucharon, lucharon hasta que, por fin, volvió a ondear la bandera del reino sobre la villa de Kakariko.

Tomoe Yukishiro
15th January 2007, 22:25
xd no has dado tiempo ni a q la web se asiente del todo jejeje.

Ya sabes mi opinion jeje más sangreeeeeeeeeeeee jjeje(es coña). Nada ahora a esperar al proximo. M he vuelto adipta jejeje

:^^:

boinaverde515
21st January 2007, 23:01
cada vez ke leo un nuevo capitulo me emociono :^^:

Tildom
22nd February 2007, 12:30
Bueno, entramos en la recta final. Ya queda poquito para acabar. Por de pronto, saber que dentro de poco este post alcanzará la barrera de las 10.000 lecturas me pona la carne de gallina: ¡Muchas gracias!

Y sin más preámbulos, el capítulo 23. Espero que os guste.

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23
Bautismo de Sangre

En las Cataratas Zora, al norte, nacía el río del mismo nombre que cruzaba el reino de Hyrule y que desembocaba en el río Hylia. Varias decenas de afluentes se unían a su caudal, y otros tantos se separaban de él. Uno de estos cruzaba parte del Bosque Kokiri.

En una parte de este cauce, el río daba lugar a un pequeño remanso antes de continuar su camino hacia el norte. Allí, el sol era capaz de atemperar las frías aguas y los Kokiri solían usar aquel lugar para descasar y bañarse. Pero en ese momento sólo había una persona allí. El resto del bosque lo observaba con respeto, pues se trataba de la única persona que se había enfrentado al Demonio de Jade y había sobrevivido.

El joven estaba sentado en la orilla. Vestía tan sólo unos pantalones marrones, con una camisa blanca a sus pies. En su cuerpo todavía podían verse las marcas de la batalla. Al fin y al cabo, no había pasado demasiado tiempo desde aquella. Tocaba dulcemente una ocarina de color azul con adornos en dorado. La música era triste y solemne, aprendida en los claustros del Santuario Dorado durante su niñez.

El sonido de una rama seca al quebrarse lo interrumpió. Una figura femenina acababa de entrar en el claro: sonreía. Sus cabellos rubios relucían bajo la luz del sol como el trigo en los campos de labranza. Link no pudo evitar devolverle la sonrisa. Perezosamente, se dio la vuelta y se levantó.

- Sabía que estarías aquí – le dijo la princesa.

- Aquí puedo estar tranquilo y pensar.

La princesa río. Oír su risa, ¡oír su voz de nuevo!, fue maravilloso.

- Yo también tendría que tomarme un descanso, la verdad – reconoció -, pero me temo que siempre hay algo que hacer.

- Habéis vuelto de entre los muertos, princesa – dijo Link, medio en broma -, investida de un gran poder. Es normal que ahora se requiera de vos más que nunca.

- El mismo poder que se te concedió a ti – le contestó la princesa -. El mismo que Ganondorf ostenta.

Link contempló su mano. Ahora estaba limpia, si marca alguna, pero él sabía que era el portador de una de las piezas del Triforce, al igual que Zelda y Ganondorf. Rauru se lo había explicado a los dos un par de días después de que él despertara de su inconsciencia.

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“El Triforce posee un delicado equilibrio – había dicho –. Nayru es la Sabiduría; Farore, el Valor; y Din, el Poder. Cada parte del Triforce representa uno de estos tres principios y sólo juntas son capaces de mostrar su verdadera naturaleza.

“Está escrito que el Triforce concederá los deseos de aquel quien lo toque y sea merecedor de ello. Mucha gente en el pasado intentó conseguir ese poder, cuando el Tesoro Dorado se hallaba en este mundo. Hace siglos hubo una terrible guerra que dividió la nación en innumerables bandos que luchaban por ese poder. Fue entonces cuando los hylian se alzaron y pacificaron la nación entera. Para ello, colocaron el Triforce más allá de las fronteras de este mundo y escogieron a un guardián para que lo custodiara: yo.

“Permanecí en las fronteras del Reino Sagrado, temeroso de que la tentación de utilizar el Triforce me consumiera a mí también. Había visto lo que el poder de un solo fragmento podía hacer en manos equivocadas, no quería imaginarme qué atrocidades se podrían obrar cuando la reliquia estaba completa.

“Pero con lo que ha ocurrido, me he dado cuenta de que alcanzar el Triforce es sólo la primera de las pruebas que hay que superar para lograr su poder. Al igual que el propio Triforce, el corazón de quien lo toque debe estar también en equilibrio. Poder, sabiduría y valor deben residir en él a partes iguales.

“Cuando Ganondorf logró el Triforce, en verdad consiguió el poder que buscaba. Había demostrado un valor innegable por adentrarse en lo desconocido y asumido los más terribles riesgos. Su sabiduría era enorme, un erudito entre los suyos, conocedor de leyendas y escritos antiguos. ¡Y qué decir de su poder!

“Pero, cuando luchó en la cima de la torre contigo, Link, la balanza se desequilibró. El lado del poder se había ido haciendo más fuerte poco a poco y, finalmente, fue lo único que habitó en su alma.

“La reliquia se separó y las otras dos partes hallaron refugio en las personas que mejor encarnaban lo que representaban. Link, tu posees el fragmento del Valor. Zelda, tuyo es el de la Sabiduría.

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- Lo sé – contestó el joven Hylian -. Sé que gracias a eso tenemos una oportunidad real contra Ganondorf, pero no logro sentirme diferente de antes. Tú has despertado con el saber de nuestros antepasados, Ganondorf es un enemigo terrible, brujo y guerrero sin par en todo el reino. Yo no tengo nada salvo mi espada.

- El Valor es un tipo de poder diferente al resto de los que otorga el Triforce. Es menos tangible, más sutil. De todas formas – dijo la princesa mientras le arreglaba un mechón de pelo que le tapaba la cara -, tu espada ha demostrado ser suficiente para superar las barreras de este mundo, enfrentarse al poder de las diosas y sobrevivir al más terrible enemigo que jamás ha conocida esta tierra.

Muy a su pesar, Link sonrió.

- Ahora mismo, para una espada sola, aunque haya sido forjada por la magia, es imposible alcanzar a Ganondorf. Necesitamos un ejército y no disponemos de uno.

- Las fuerzas de Kakariko avanzan según lo previsto. Se rescataron a doscientos supervivientes de la villa, eso sin contar a los que huyeron a poblados vecinos o se refugiaron en las montañas. La columna que lideran los Goron alcanza ya las dos mil lanzas.

- ¿Y las fuerzas de la costa?

- Mil brazos más. Por el sur se acerca otro frente, este de cuatro mil. La mayoría de la gente huyó hacia las llanuras.

- Siete mil, aunque me temo que la mayoría son campesinos y plebeyos. Las fuerzas Ganondorf son sanguinarias y están bien entrenadas. ¿Qué ocurrirá cuando los Muerte de Hierro entren en acción?

- Hace dos semanas no podíamos ni soñar con tener cien espadas. Ahora tenemos un ejército setenta vece mayor que esa cantidad. Para mí – dijo la princesa casi en un susurro – ese es el auténtico milagro.

Link rodeó a la princesa con su brazo.

- Tenéis razón, Alte… Majestad – se corrigió. Aunque todavía no había sido coronada como tal, ya no era la Princesa Zelda, sino la Reina -. Es solo que… Bueno, conozco de lo que Ganondorf es capaz.

- Lo sé, Link.

El muchacho recordó entonces todo lo que ella había sufrido y se sintió avergonzado. Él no era el único al que la hoja de Ganondorf había herido.

- Parece ser que hoy el don de las palabras me ha abandonado – se disculpó -. Lamento mi torpeza.

Pero en seguida Zelda le sonrió, aunque no era una sonrisa tan dulce como la de antes, sino que ahora tenía un deje de sufrimiento.

- Vayamos al claro del bosque, hay mucho que hacer.

************************************************** *********

En aquel lugar nunca cantaban los pájaros. Las nubes de tormenta siempre cubrían el cielo y convertían los días en noches. El viento aullaba entre los afilados picos y cortantes cañones. Allí en medio sólo se erigía una torre negra que en otro tiempo había sido blanca. La luz dorada había dejado paso a la oscuridad; el aroma de las flores a la podredumbre de la muerte, y la paz del silencio…

Los aullidos de la bestia eran terribles.

Le dolía. Sufría una tortura. Hacía mucho que la transformación había cesado, pero cada momento era insoportable. Le quemaba, le ardía por dentro y lo consumía. El poder era para lo único que vivía, nada más importaba. En otro tiempo había sido una meta, ahora era su forma de vida.

Su mente racional seguía ahí, pero estaba ahogada por la bestia. Era poderosa, terriblemente poderosa. Era más alto que el más grande de los gigantes. Sus brazos eran gruesos, como troncos de árbol, y podían hacer trizas la piedra. Su mirada era ardiente. El suelo de mármol negro estaba arrancado y había marcas de sus garras en todas partes. La bestia había golpeado, mordido, arañado, embestido… Dado rienda suelta a su furia, nacida del dolor y el odio.

Durante tres días la bestia fue libre, una fuerza de la naturaleza desatada. Al amanecer del cuarto, cuando la oscuridad se hacía ligeramente más clara, la bestia fue domada. En sus ojos, dos carbones encendidos, retornó la chispa de la inteligencia. El dolor menguó hasta casi desaparecer… Casi. Siempre estaría allí, el poder siempre pugnaría por liberarse de nuevo.

Supo que amanecía porque el cielo se tornó gris oscuro: aquella era la única concesión que la tormenta haría a la luz. Y con el amanecer, volvió la amargura de su derrota. Un simple muchacho había roto sus sueños. Un muchacho desnudo con una espada. Supo que nunca recuperaría su antiguo cuerpo. Se miró las enormes garras y vio lo que éstas habían hecho en la roca. Trató de usar el antiguo poder, y sintió cómo éste despertaba a su orden.

Con paso lento, se dirigió al borde de la torre. Abajo estaba la enorme explanada de polvo; sin árboles, sin vida. Inspiró profundamente. Tenía que recuperar lo que se le había arrebatado. Apretó los puños con una fuerza colosal. Sus garras abrieron profundas heridas en sus palmas por las que comenzó a manar una sangre espesa y oscura.

El viento sopló con fuerza y agitó su larga melena escarlata. Lentamente, juntó las manos delante de sí, con los brazos extendidos. La sangre de las heridas comenzó a resbalar por ellas y a caer a sus pies. Un relámpago rojo sacudió el cielo e, inmediatamente, su trueno hizo lo propio con la tierra.

Comenzó a entonar una salmodia en un lenguaje obsceno. Su nueva voz era aún más grave que la de su otro cuerpo. Retumbaba y estaba revestida de un salvajismo ajeno a lo humano. Era como si a los animales se les hubiera otorgado el don del habla y lo hubieran empleado en crear una burla cruel de ésta. Pero las palabras que pronunciaba tenían un enorme poder.

Separó las manos y abrió los brazos tanto como pudo. La oscura magia mantenía abiertas las heridas, pues la sangre era su sustento, y ésta continuaba manando lentamente. La salmodia fue cogiendo un ritmo cada vez más frenético y también subió su volumen: pronto llegó a rivalizar con la tormenta. Era como si lanzara un desafío a los cielos, a las propias diosas, a poner cotas a su poder.

En pleno paroxismo, Ganondorf se abalanzó hacia adelante y clavó sus uñas en el aire. Enfrente de él, pero muy lejos, donde empezaba la estepa de polvo, el aire se onduló y aparecieron varios puntos de luz, flotando en medio de la nada. Ganondorf gruñó y hundió más profundamente los dedos. Las brechas de luz se hicieron más grandes. La tierra tembló, en un prolongado lamento.

Los músculos de los brazos, fuertes como el acero, se le tensaron hasta el límite y poco a poco fue separando las manos. El aire pareció rasgarse de arriba abajo y la luz del sol, ¡del sol!, se derramó sobre la tierra muerta. Lentamente, las grietas se fueron haciendo más anchas y pronto, en cualquiera de ellas, habría podido caber un hombre de pie.

Al otro lado el cielo brillaba con azul purísimo mientras que la cálida luz del sol besaba aquella tierra maldita. Ganondorf se relajó un momento y luego volvió con fuerzas renovadas.

A lo lejos había bosques frondosos rodeados de una hermosa llanura. Ese mundo rezumaba vida, no pálida y temerosa como la que poblaba el que él había creado, sino vida de verdad.

En un último esfuerzo, Ganondorf consiguió abrir los diez grandes surcos, la marca de su ira en el cielo. Por las brechas penetró un aire fragante, que hizo suspirar a la tormenta. A través de los surcos, abajo, lejos de los bosques, se veía una ciudad.

La muralla que la rodeaba estaba destruida por varios sitios y la que otrora fuera una puerta de recio roble, estaba despedazada. Las casas cercanas a las murallas estaban todas quemadas y arrasadas. Había que penetrar varias decenas de metros antes de ver un lugar no mancillado por el fuego.

Los adoquines de las calles estaban cubiertos de suciedad y sangre. Las paredes también estaban sucias y desconchadas. Las fuentes que adornaban las plazas se habían secado y las estatuas, profanadas. Algunas sin cabeza, otras pintadas obscenamente, la gran mayoría arrancadas de sus pedestales y arrojadas a un lado, como basura.

Los jardines yacían marchitos, los árboles muertos y las hojas podridas. Antiguamente aquella ciudad había olido a rosas y azahar, a pan recién horneado y a flores silvestres. Ahora solo había muerte, decadencia, destrucción…

Había un castillo que dominaba toda la ciudadela. Uno de altos minaretes y regios muros. En su día, soldados de armaduras plateadas habían patrullado por ellos haciendo brillar sus lanzas al sol, los blasones dorados y azules habían colgado de cada torre, de cada puerta, convirtiendo la fría piedra en un regio espectáculo.

Ahora, los blasones estaban raídos y habían perdido lustre y seguía habiendo patrullas, pero de naturaleza muy diferente. Salvajes del desierto, vestidos con extrañas pieles, de largas y sucias barbas y ojos oscuros y rasgados. En sus manos llevaban armas de acero y hueso aserradas, crueles. Andaban pesadamente, sin gallardía, como si con cada paso quisieran aplastar la tierra y someterla. Miraban a su alrededor con una mezcla de temor y odio. Había también lizalfos, hombres lagarto más altos y fornidos que estos hombres. Pero nunca se mezclaban, siempre separados salvo para hundir una espada entre las costillas o pelearse por un pellejo de vino rancio.

Pero había más hombres aparte de los que patrullaban en los muros del castillo. Por toda la ciudadela, como hormigas devoradoras, miles de hombres pululando por sus calles, borrachos en las esquinas, peleando entre ellos. Su líder había desaparecido y ellos habían continuado su existencia en medio del caos. Muchos habían desertado e ido hacia las montañas o pueblos de los alrededores, como vulgares bandidos. Otros echaban de menos el desierto y su cautivador paisaje. Pero, a pesar de todo, todavía quedaban en la ciudad más de diez mil almas marchitas y decadentes.

Ganondorf contemplaba en qué había quedado la gloria de la ciudadela de Hyrule y recordó cómo había sido antes de que la conquistara. Había ansiado su belleza, su poder.

- Parece ser que todo cuanto toco está condenado a corromperse, ¿verdad? – habló para sí, pero con la esperanza que otros oídos oyeran sus palabras -. Mi magia, mi mundo, mis sueños, mi cuerpo… Todo cuanto he anhelado ha acabado por deshacerse entre mis manos como un tapiz mal entretejido.

“Pues bien, si así lo habéis dispuesto, que así sea. Finalmente, soy el demonio del que todo el mundo habla. Hoy Ganondorf a muerto, pero en su lugar ha renacido Ganon, el Demonio de Jade, el Maldito, el Destructor de Hyrule… Asesino de Dioses.

Una y otra vez arañó el aire. Con cada golpe, nuevas brechas se abrían. Pronto, la puerta a Hyrule fue enorme, de decenas de metros de ancho y alto. Y no solo eso, sino que los soldados de su ejército, los victoriosos conquistadores de la ciudad, se pararon y miraron hacia él. Sabían que algo estaba pasando y comenzaron a acercarse.

Cuando estuvo satisfecho, Ganondorf se detuvo e hizo otro ademán con los brazos. La tormenta enloqueció y los truenos sacudieron la torre hasta sus cimientos. Un terrible viento se levantó y Ganondorf lo dirigió al portal. Los soldados quedaron ciegos por el polvo y la ceniza y algunos huyeron.

Otro gesto del Demonio de Jade y los relámpagos cayeron en frente del portal y lo rodearon, marcando sus bordes visiblemente. Los haces de luz roja recorrieron cada fisura de forma hipnótica y se quedaron allí, como recordatorio de su poder.

Finalmente, al tercer ademán, el velo de entre los mundos terminó de caer y los soldados pudieron ver claramente lo que había al otro lado. La llanura muerta y la tormenta. Los relámpagos carmesí y el viento aullante. La torre negra, como si alguien hubiera tratado de atravesar la tierra con una lanza maldita. Y, sobre todo, vieron a su señor. Porque era él, no había ninguna duda.

Lo vieron dar un salto imposible y caer desde lo alto de la torre. Lo vieron avanzar en medio de la tormenta y quedarse en medio de la llanura, aguardando. Supieron que era a ellos a los que aguardaba. Sentían su ardiente mirada. Lo único que relucía en medio de aquella eterna oscuridad eran los relámpagos y sus ojos. Aquellos terribles ojos.

Uno a uno, todos fueron entrando, incluso los que habían huído. Se corrió la voz en toda la ciudadela. Ganondorf había vuelto para volver a guiarlos hacia la victoria. Las rebeliones serían aplastadas y los ríos volverían a teñirse de sangre.

En pocas horas, más de diez mil almas poblaban la llanura de ceniza. Ganondorf no había hablado, ni siquiera se había movido, en todo ese tiempo. Pero no era un estatua, respiraba y sus ojos brillaban. Finalmente, cuando el último de los hombres y bestias hubo cruzado el portal, habló.

- ¡Vosotros sois mis elegidos! – bramó por encima de la tormenta - ¡Vosotros, que no me habéis abandonado, que sabéis lo que es morir y matar por mí!

Lo contemplaban con ojos fervorosos. Ya no era su general, ahora era su dios. Alzó su brazo izquierdo sobre su cabeza y en el dorso de su mano brilló la marca del Triforce con el resplandor de un millar de soles.

- ¡Contemplad el poder dorado!

Uno a uno, todos se arrodillaron ante él, no temerosos, como antes, sino arrobados. Ya no lo obedecerían por el miedo que les inspiraba, por el temor a la represalia, ahora lo harían porque su palabra era ley y gobernaba sus corazones, además de sus mentes. Bajó el brazo y el brillo de su mano se apagó.

Se acercó a un soldado, un hombre de edad indefinida pero de gran tamaño y muy fuerte. A su espalda llevaba un hacha a dos manos de mango de hueso adornado con calaveras. El hombre lo miraba con ojos llorosos.

Sin mediar palabra, reabrió las heridas de sus manos y derramó su sangre sobre él. Al principio no pasó nada, pero, al cabo de unos instantes, cayó al suelo presa de terribles convulsiones. A su alrededor todos los hombres se levantaron, asustados. ¿Los había traído su dios allí para torturarlos y disfrutar de su agonía?

Pero Ganon ni siquiera apreció este gesto, pues contempló en aquel hombre lo que Link hiciera hacía tres noches en lo alto de la torre. Mientras gritaba de dolor, sus rasgos se embrutecieron y los colmillos le crecieron. Sus brazos se hicieron más gruesos y largos, su cuerpo, más amorfo y su piel, más correosa y oscura. Sus ojos se tiñeron de ámbar y las manos se convirtieron en garras. En apenas unos minutos, el hombre quedó tendido, tembloroso… solo que ya no era un hombre. Con dificultad, se levantó y se situó al lado de su Señor, aún jadeante.

Ganon contempló su creación con orgullo y luego al resto de hombres que lo rodeaban.

- ¡Acercaos y recibid de mí el poder que ansiáis!

Primero vino uno, y luego otro y luego un tercero. A ese tercero se sumaron una docena y luego en centenar. En poco tiempo, eran miles los que gritaban pidiendo el poder. Suplicando por el bautismo de sangre.

Beregord
27th February 2007, 11:35
Plas plas plas magnifico capitulo...

fera14
4th March 2007, 03:51
ufffffffffffffffffffffffff esto me ha entrado hasta los huesos no puedo esperar al siguiente :roja: :roja: :roja: :roja:

Tomoe Yukishiro
15th March 2007, 15:28
Buahhhhhhhh nada a meter presion para q pongas el siguient jujuju ;)

boinaverde515
1st April 2007, 20:47
magnifico cm siempre

Tildom
3rd April 2007, 22:42
Bueeeeeno, cada vez tardo más en actualizar, pero ahora tengo una buena excusa. Borré las 30 páginas siguientes, no me gustaban nada, así que tuve que comenzar de nuevo hasta que me encontré a gusto. Aparte, tampoco es que haya tenido mucho tiempo últimamente.

El caso es que para que tengáis algo que leer esta Semana Santa (pa chulos yo) cuelgo el siguiente capítulo, en el que ya se vislumbra el desenlace, aunque todavía quede el apoteosis final.

Como siempre, sois libres de opinar y preguntar, quedais invitados a ponerme verde o mandarme un jamón.

PD: 12.000 visitas :o2:

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24
Hombres y Demonios

- Nos atacaron por sorpresa – explicó el soldado -, aunque pudimos acabar con todos ellos antes de que huyeran.

El capitán arrancó el casco de la criatura con la punta de la lanza. Su piel iba del marrón al verde y estaba cubierta de un pelo de aspecto grasiento. Dos colmillos retorcidos sobresalían de su boca y la deformaban en una sonrisa cruel. Su nariz era chata, porcina.

- ¿Qué demonios es esto? – preguntó arrugando el gesto.

El soldado se encogió de hombros.

- Parecen bestias, pero se visten y luchan como los vesieth. Reconocería esas armas tan burdas en cualquier lado. ¿Atacaron si más?

- Nos espiaban entre los árboles, capitán. Cuando Domenn los descubrió lo mataron y se nos echaron encima.

- ¿Exploradores?

- No lo sabemos, aunque ya he ordenado que hagan batidas por los alrededores.

- Si no encontramos su campamento cerca habrá que pensar en la posibilidad de que formen parte de una unidad más grande. Manténgame informado, soldado. Yo iré hablar con su Alteza.

El capitán se alejó, dejando a sus hombres con aquellas extrañas criaturas. Atravesó las innumerables filas de hombres para llegar a la columna principal del ejército. Por un lado estaba maravillado por la cantidad de hombres que se habían unido a la causa, pero por otra lo intranquilizaba el hecho de que la mayoría de ellos recibía instrucción casi sobre la marcha. Muchos de ellos no habían conocido más arma que las hachas para cortar leña o los arpones para pescar. Solo unos pocos sabían de verdad lo que era blandir un arma delante de un enemigo dispuesto a matarte sin vacilar. ¿Cómo habrían de comportarse en la batalla?

Y ahora, además, estaba el tema de las bestias. Enfrentarse a las fuerzas de Ganondorf ya era temible por sí solo, pero si ahora éstas estaban integradas por demonios… La Princesa y sus consejeros sabrían que hacer, siempre lo sabían.

Los vio a lo lejos, ella en un delicado corcel blanco y el General, ese joven hylian que se llamaba Link, en una fiera yegua baya. Ella llevaba la armadura que los Goron le habían forjado; dorada, realzando su blanca piel y sus ojos azules. Era delgada y flexible y cuajada de grabados, digna de la reina que estaba destinada a ser y del linaje que la precedía.

El general vestía las ropas verdes que acostumbraba, aunque la cota de mallas que lo protegía debajo de aquella túnica era de nueva manufactura. Sus eslabones brillaban bajo la luz del sol con tintes rojizos, pues los Goron la habían templado en las entrañas mismas de la Montaña de la Muerte, cerca del corazón del mundo, donde sólo ellos se atrevían a entrar a recoger la simiente de la tierra.

A su lado estaban las gerudo y los kokiri, una extraña alianza en un tiempo todavía más extraño. Y más allá estaban un anciano de barba blanca y un hombre maduro de regio porte. Eran los sabios Sharashala y Rauru, ambos reconocidos y respetados por todos. De vez en cuando se les unían el Rey Zora y Darunia, Thain de los Goron, pero estos solían pasar más tiempo entre los suyos, de carácter más hermético que los humanos e hylian.

Aquel ejército los seguía sin echar la vista atrás, con lealtad y esperanza. Si alguien perdía por un momento la esperanza bastaba con levantar la vista y ver el estandarte azul y dorado de la comitiva: el Triforce sobre el fondo azul y el fénix con sus alas doradas, símbolo del espíritu renacido del pueblo de Hyrule. Era el nuevo estandarte de la familia real, el estandarte de la Princesa Zelda y, dondequiera que pasara, los soldados redoblaban esfuerzos y renovaban sus juramentos, públicos y privados.

Era allí adónde el capitán se dirigía, al corazón mismo de las esperanzas del reino. Al verle, los soldados se hicieron a un lado y lo saludaron. Con educación, aguardó a un lado mientras la Princesa atendía a un asunto y dejaba su impronta en un documento que un mensajero se apresuró a entregar. Fue entonces cuando informó del hallazgo de sus hombres.

- Llevadme ante esos demonios, capitán, quiero verlos con mis propios ojos – dijo la Princesa una vez hubo escuchado la historia.

El capitán deshizo el camino, solo que esta vez lo acompañaban la Princesa, el General y Rauru. Si Volvagia mismo hubiera descendido de los cielos habría enarbolado su espada y cargado sin pensar. Sentía las miradas recaer sobre él y se irguió aún más. ¿Cómo era posible que a pesar de su juventud, aquellos dos jóvenes inspiraran tanta devoción en él, un soldado que había sangrado en cien batallas?

El General y la Princesa charlaban animadamente sobre banalidades, pero el capitán no se dejó engañar. Se rumoreaba que el General había combatido a solas contra el Demonio de Jade y que la Princesa lo había arrancado de la muerte a la que ese combate lo habría llevado con una magia desconocida y de enorme poder. El mero hecho de que Rauru, si era el mismo del que hablaban las leyendas, estuviera a su lado decía mucho a su favor. Daría su vida por ellos y, con él, las siete mil almas que lo rodeaban.

Finalmente, volvieron a estar delante de los cadáveres. El número de soldados que se habían detenido había aumentado y el capitán dio órdenes de dispersarlos. Reforzó la seguridad y enseñó a la Princesa los cadáveres.

- Se parecen a él – dio el General, sin miedo, pero con respeto -, aunque a la vez son diferentes.

La princesa asintió y tocó la frente de la bestia con delicadeza. Murmuró unas palabras en un lenguaje ya olvidado, pero que Rauru entendió: “Revela tu presencia, muestra lo que eres, no te ocultes: yo te lo ordeno”.
De inmediato, los rasgos del demonio comenzaron a cambiar hasta pasar a convertirse en los de un humano de piel oscura, azotada por el sol y el viento de su tierra natal.

- Vuestras conclusiones eran acertadas, capitán – dijo la Princesa -. Visten ropas y portan armas vesiath porque eso es lo que son. Una oscura magia ha pervertido su carne y los ha dotado de un extraño poder.

“Decid a vuestros hombres que da igual el aspecto que tengan nuestros enemigos, siguen siendo hombres, no demonios.

************************************************** **********

Esa misma noche, en la intimidad que les proporcionaba el pabellón de mando, una tienda de campaña circular y de grandes proporciones, hubo una reunión.

En el centro, había una mesa con un mapa desplegado e infinidad de documentos. Había cuatro braseros encendidos que iluminaban la estancia dulcemente. Una cortina de seda estaba corrida y tapaba una parte de la tienda: los aposentos de la princesa. Había otra mesa, más pequeña, con vino de especias y comida, pero todos se habían dispuesto alrededor de la mesa del mapa.

La Princesa presidía la reunión y aguardaba paciente a que las conversaciones se acallaran. Darunia destacaba entre los presentes, con las ropas sencillas que vestía debajo de la armadura. Sentada en su hombro estaba Saria, como una niña pequeña. Desde esa altura, la kokiri no tendría problemas para seguir la reunión y no podía evitar esbozar una sonrisa al pensar en Darunia como un gran árbol al que trepar.

A su lado, estaba Nabooru, diminuta al lado de la enorme mole del goron, con un justillo de cuero y dos espadas curvas atadas a la cintura. Todo el ejército comentaba con fascinación la increíble habilidad de aquellas luchadoras con aquellas cimitarras, como las llamaban. Pronto, la gerudo se había encontrado con un grupo importante de aprendices entre sus filas. Todavía faltaba mucho antes de que pudieran batirse de igual a igual con ellas, pero aprendían rápido. A su derecha estaba Rauru, estudiando el mapa con detenimiento y los últimos informes de reclutamiento. Parecía cansado, con la túnica polvorienta y nuevas arrugas en el rostro.

El Rey Zora presidía el otro lado de la mesa. Llevaba una armadura hecha de coral y caparazones de animales marinos, ligera y resistente como sólo la magia permite. Su arma era una lanza hecha de madreperla y el cuerno de un narval gigante. Su aspecto era imponente.

Sharashala estaba cómodamente sentado en su silla, con su habitual actitud relajada y algo distraída, charlando animadamente con Darunia y Saria. A su lado estaba el Comandante Edgard Landaniel, recién ascendido, y Argayl, Ojos Rojos, ambos famosos después de la batalla de Kakariko. Se comentaba que entre los dos habían abatido más de un centenar de adversarios y habían salvado la vida a Darunia en medio de la lucha. El antiguo preso estaba aseado y sano. Todavía estaba muy delgado, pero ya se adivinaba que era por constitución propia, y de vez en cuando asomaba en su mirada un sufrimiento indecible, pero su deseo de acabar con los ejércitos de Ganondorf lo alimentaba.

Por último, a la derecha de la Princesa, estaba Link, silencioso y pensativo. Era el General, la mano derecha de la Princesa, Guardián y Protector del reino de Hyrule. La ceremonia había sido corta y sencilla, exenta del boato de antaño, adecuada a las circunstancias. Los soldados lo señalaban con el dedo y susurraban a sus espaldas sus proezas. Los bardos cantaban su nombre y también más mentiras que verdades, pero Link les dejaba hacer. Habían intentado explicárselo al principio, pero Rauru le explicó que necesitaban héroes, así que al final desistió de su idea.

La Princesa hizo un gesto y pidió silencio. Cuando todos estuvieron callados, la reunión comenzó.

- Quedan cuatro días para llegar a la ciudadela, o lo que quede de ella – comenzó diciendo la Princesa – y una nueva amenaza ha surgido.

- Entre mis hombres se habla de hombres capaces de convertirse en demonios, ¿qué hay de cierto en eso?

- Que es cierto, pero que no dejan de ser hombres – contestó la princesa con sinceridad -. Ganondorf ha marcado a sus hombres, tal y como hizo con las gerudo, con la única diferencia que estos luchan por voluntad propia del lado del Demonio de Jade.

- ¿Ha vuelto el Demonio de Jade entonces? – preguntó Argayl con preocupación - ¿Cómo afectará eso a la moral de los hombres?

- Si ellos tienen a Ganondorf, nosotros tenemos a Link – dijo Rauru.
El General sonrió, desmereciendo el gesto del sabio, pero callando y soportando las miradas. Argayl pareció satisfecho con esa respuesta.

- Lo importante es que quiero que hagáis correr la voz de que esas bestias son humanas. Sangran y mueren como cualquiera de nosotros. Es sólo su aspecto el que es diferente.

Asentimiento general.

- Cambiando de tema, ¿han llegado los batidores? – preguntó Rauru al Rey Zora.

- Sí. Otras doscientas espadas se acercan por el este, pero estas ya son las últimas. Todo hombre capaz de sostener un arma está con nosotros. Ya no queda nada más. Y aparte del incidente con esos hombres bestias no hay ni rastro de las fuerzas de Ganondorf.

- Por si acaso he hecho doblar las guardias – dijo el Comandante Edgard -. No quiero más sorpresas desagradables. Tuvimos suerte que se enfrentaran a milicianos con experiencia, pero contra un grupo de novatos el resultado pudo haber sido desastroso.

- El caso es que nos estaban emboscando – dijo el Rey Zora -, lo que hace pensar que están enterados de nuestros movimientos.

- Ganondorrrf contrrrola este árrrea desde hace meses. Estarrrá prrreparrrado parrra todo – replicó Darunia.

- ¿Hay posibilidad de usar los atajos de los kokiri? – preguntó Edgard.

- No – replicó Saria -. No con un ejército. El Árbol Deku pensó en ello, pero no lo encontró viable. Se habría perdido demasiada gente.

- Entonces habrá que confiar en nuestros ojos y oídos – dijo Sharashala, hablando por primera vez -. Pero algo me dice que Ganondorf optará por encerrarse dentro de la ciudadela, ahora sabe que podemos derrotarle, que poseemos un arma capaz de abatirlo. Tiene miedo y se lo pensará dos veces antes de lanzarse a la batalla.

- Según las estimaciones con que contamos – dijo el Rey Zora -, en la batalla de la ciudadela, Ganondorf contaba con veinte mil soldados. Pongamos que enviara refuerzos a sus guarniciones aquí – y mientras decía esto señalaba varios emplazamientos en el mapa –, aquí y también aquí.

“Desgraciadamente no hay informes precisos la respecto, pero parece ser que al menos hay quince mil hombres en la ciudadela. Nos doblan en número y han tenido tiempo de fortificarse. Hay que planear la batalla con sumo cuidado.

Link se inclinó sobre el mapa para estudiarlo con detenimiento. Señaló las guarniciones que ya habían sido recuperadas, casi todas.

- Hemos recuperado demasiado terreno. La revuelta es generalizada y en este ejército está todo lo que se interpone entre Ganondorf y el dominio absoluto de Hyrule. A cada paso que damos gritamos un desafío, aún más tentador si cabe porque la Princesa y yo estamos presentes.

“No, Sharashala, Ganondorf no se encerrará. Llamaremos a su puerta y nos lanzará todo lo que tenga. Es demasiado orgulloso para haber preparado el terreno. Nos está esperando, sí, pero quiere derrotarnos a su manera.

“Ganondorf ya no es ese estratega feroz que esta tierra ha conocido. Ahora sus impulsos pueden más que él.

- ¿Y los demonios que nos atacaron? – preguntó Argayl.

- Desde mi punto de vista era desertores. Estaban ocultos, los sorprendimos y atacaron. Cuando trataron de huir era ya demasiado tarde. El Vado de los Reyes no está demasiado lejos de aquí – dijo señalando en el mapa un paso a través del Río Zora -. Creo recordar que había una fortificación cerca. Puede que esos desgraciados procedieran de allí.

- Puede ser… - dijo el Rey Zora, aunque no del todo convencido.

- Escuchadme – Link alzó la voz y los miró muy fijamente -, somos la cabeza de este ejército, pero también somos su corazón. Si notan nuestro temor, los soldados también se asustarán. Si desfallecemos, ellos nos seguirán. Es nuestro deber permanecer firmes.

“Nos doblan en número, están mejor preparados y, además, ahora son más bestias que hombres, pero yo os digo que caerán. Dentro de cuatro días haremos sonar los cuernos de los Zora, los jinetes de dodongo harán temblar la tierra y miles de gargantas desafiarán a Ganondorf.

“Os prometo que él contestará al desafío. Y morirá.

Beregord
13th April 2007, 08:44
Tildom, envia esta novela a nintendo a ver si miyamoto te contrata de Guinista por que vamos... genial :)

Tildom
18th April 2007, 22:44
Bueno, quien lo diría, actualizando más o menos pronto.

Me alegro de que haya tantas visitas, pero me alegraría todavía más que más gente se atreviera a poner sus comentarios. Son siempre bienvenidos, sobre todo si hacéis la pelota :P.

Bueno, a lo que vengo a hacer. Cuelgo el capítulo 25 y os deseo una feliz lectura.

************************************************** *********************
25
El Amor de un Hijo

Ganon se sentó, abatido, en un trono hecho de fría obsidiana. Entraba una débil luz por unos ventanales, medio cubiertos por estandartes raídos y medio podridos, de vidrieras, otrora de relucientes colores y ahora rotas y enmohecidas. Un frío viento agitaba los paños de seda y oro, arrojando sombras fantasmales en el suelo de la estancia.

Las paredes estaban ennegrecidas y el suelo, agrietado y partido. Los faroles de las paredes, bellas artesanías de plata, ahora lucían manchados y arrancados de las paredes. La alfombra, antiguamente azul, estaba sucia, pero destacaba sobre todo lo demás dos oscuras y grandes manchas, crecientes.

Sobre las manchas había unos harapos de tela negra, húmedos y pesados y, debajo de ellos, sobresalían unas agrietadas manos de afiladas uñas, como garras de ave, crispadas y aferrándose a algo inexistente. De vez en cuando, temblaban todos los harapos y las garras se contraían en un espasmo involuntario.

La figura del trono contempló en silencio aquella agonía con una escalofriante indiferencia. Sus garras tamborilearon sobre el apoyabrazos del trono distraídamente, dejando caer gotitas de sangre, pero oscura como el carbón.

En uno de los estertores, cayó un trozo de tela negra y dejó al descubierto una cabeza casi calva. Los escasos cabellos eran de un rojo intenso y caían desordenados sobre los hombros de la criatura. La piel era verde oscura y arrugada, un pellejo que colgaba sobre los huesos, marcados y deformes. La nariz era afilada y estaba muy caída, unas enormes bolsas rodeaban los ojos y la falta de carne hacía que éstos estuvieran hundidos. Sin embargo, a pesar de la debilidad y de que la muerte se aproximaba a una velocidad de vértigo, sus ojos brillaban como dos carbones encendidos, retadores.

A los ojos escarlata se sumaron otros zafíreos. Un rostro, idéntico al otro, solo que de cabellos plateados y ojos de un azul intensísimo, consiguió alzarse y fijar su mirada en el ser del trono

El desafío que despedían aquellos ojos chocaba inútilmente contra el muro de voluntad alrededor de Ganon. Nada parecía poder atravesarlo, nada parecía poder doblegar a la bestia. Finalmente habló.

- Creo que es justo que diga unas últimas palabras dignas de vosotras.

Su voz sonó retumbante en la sala, rebotando en las paredes que devolvieron un eco errabundo.

- Koume y Kotake. Vuestros nombres se pronuncian con temor irracional, y eso cuando se pronuncian. Por lo demás sois las Hechiceras. Ancianas como la arena del desierto, más longevas que las montañas, fuertes en la magia como el infernal simún.

“Me acogisteis porque era el futuro guardián, predestinado a liderar al pueblo de las gerudo y a guardar a las diosas en la otra vida. Centinela del Coloso de Piedra, Señor de los Vientos, Azote de las Arenas… Innumerables nombres para una misma tarea: esclavo.

Los ojos de Ganon relampaguearon e hicieron retroceder cualquier mirada desafiante que las dos ancianas pudieran albergar.

- Como os odio – dijo con desprecio visceral -. Durante años estuve a vuestra merced, dependiendo de vosotras y vuestra magia. Dejé que vuestros aceros rasgaran mi carne y mi sangre fluyera en vuestros embrujos. Me vi obligado a entregaros mi voluntad para que la usarais a vuestro placer en vuestros oscuros ritos.

“Pero sobre todo os odio porque nunca os sometisteis a mi. Cuando todos los demás me llamaban el Demonio de Jade, el Usurpador, y comandaba ejércitos, cuando Hyrule entero caía en mi mano como una fruta madura, ahí estabais vosotras, soberbias, altivas, con vuestras palabras y vuestros cuchillos prestos a hacerme otra cicatriz blanquecina.

“Incluso sabiendo cuál era mi objetivo me ayudabais, consultando oráculos, invocando de infiernos ignotos criaturas que me servían y proporcionaban el poder necesario. ¿Acaso creíais que mi tiempo se cumpliría antes de lograr mi objetivo? ¿Acaso esperabais una especie de amor filial por mi parte?

Los ojos de las Hechiceras volvieron a relampaguear.

- Hubo un tiempo en el que os llame madres, y así es como os recordarán. No como el Oráculo del Desierto, no como las Mentoras del Guardián, sino como las madres de Ganon, Ganondorf, el Demonio de Jade, el Usurpador, o cualquiera que sea el título que las gentes me concedan.

“Vuestra vida nunca valió nada por sí sola. Sin mí, vuestro recuerdo caería en el completo olvido. Durante siglos sobrevivisteis y lo único que cuenta al final soy yo. Yo di sentido a vuestra vida, yo os proporcioné la inmortalidad en el recuerdo de esta tierra y, por lo tanto, yo os arrebato la vida, pues ya no os necesito para nada.

La amenaza flotó y los rodeó. Las ancianas se estremecieron, pues las garras de Ganon habían herido hondo. Sentían como sus vidas escapaban de sus frágiles cuerpos. Los oscuros pactos que habían concertado en el pasado con los Poderes de la magia de sangre de poco valían ahora, frente al poseedor del Triforce del Poder.

Cierto era que nunca habían creído en la búsqueda de Ganondorf, pero al fin y al cabo, hasta ese momento, había sido su fiel y amante hijo. Durante años, en el desierto, habían cuidado de él, enseñado su deber y abierto para él las puertas de sus poderes. Pero también habían concedido sus caprichos y disculpado su conducta, embelesadas con aquel joven gerudo, el más brillante que habían conocido, el más dotado en magia y el arte de la guerra, el de lengua más dulce e ingenio más afilado. ¡Qué gran guardián habría sido!

Pero aquella oscura noche, hacía muchos años, se les había acercado. Era aún muy joven, aunque su talla era la de un gigante a pesar de no haber madurado aún. Su piel estaba limpia de las cicatrices que unos años después la surcarían erráticas. Su voz era temblorosa, pues había leído el destino que le esperaba. La muerte, a cualquier edad, pero aún más si comienzas a andar por la vida, es un tema difícil de tratar, y él había leído que su vida sería corta.

Había llorado, desconsolado. No era la primera vez que pasaba, todos lloraban antes o después. Sin embargo, todos habían aceptado su destino al final, y lo habían hecho con orgullo. Habían gobernado a su pueblo y reunido con las diosas para ser sus guardianes. Pero Ganondorf no. Después de aquella noche volvió muchas veces. Sus argumentos eran brillantes y cada vez cobraron más sentido para las Hechiceras pero, sobre todo, lo que inclinó la balanza era que se trataba de su hijo y no deseaban verlo morir.

Ahora se daban cuenta que habían sido utilizadas. A pesar de no haber visto su sonrisa despectiva cada vez que cedían a un capricho suyo, a pesar de no haber leído sus oscuros pensamientos llenos de odio y envidia se habían dado cuenta de su engaño, pero había sido demasiado tarde.

Lo imposible había ocurrido y Ganondorf había alcanzado poco a poco todas sus metas. Reconciliar a los pueblos del desierto, aunque sólo fuera por los débiles lazos del miedo, para marchar con ellos a la guerra. Conquistar metro a metro de terreno, sufriendo derrotas, pero sobreponiéndose a ellas.

Pasó de ser el Príncipe de los Ladrones a ser el Demonio de Jade. El líder de un poderoso ejército. Dominó la hechicería tanto como la hípica o la esgrima. Avanzó con paso seguro hasta Kakariko, la cuna del saber sheikan. Entre sus muros destruidos halló el Libro de Mudora, toda una hazaña en sí misma y las obligó a estudiar el tomo día y noche. Para entonces ya habían caído en cuenta de su engaño, pero era demasiado tarde para escapar de él. Habían cedido una vez más y su saber llevó a Ganondorf a las puertas del Reino Dorado.

Y finalmente, la caída de Ganondorf y el resurgimiento de Ganon. El poder del Triforce corría por sus venas, un poder incompleto, cierto, pero sin duda alguna, más del que la magia de sangre podría proporcionar a cualquiera. Ellas ya no eran necesarias y su hijo había actuado como lo había hecho toda su vida: inmisericorde.

Sacando fuerzas de flaqueza y flageladas por el dolor de sus heridas, se incorporaron con dificultad. Los siglos habían maltratado sus cuerpos y apenas levantaban cuatro palmos del suelo. Su espalda estaba doblada como una vara de junco y se apoyaron la una en la otra para mantener el equilibrio. Ganondorf las contempló medio divertido medio sorprendido al advertir tal fortaleza en unas moribundas.

Las dos ancianas lo señalaron con el dedo y hablaron a la vez. Con el tiempo se habían dado cuenta que las palabras no eran necesarias para ellas, bastaba el pensamiento, y ahora sabían lo que tenían que hacer.

Sus voces sonaron débiles al principio, pero ganaron fuerza. Fuego y hielo entrelazados en un terrible hechizo.

Sobre la sangre aquí derramada
de unas madres por su hijo.
Sobre la afrenta aquí producida
del hijo a unas madres.
Por la magia que los siglos
mantienen en la sombra.
Por la fuerza que otorga
el corazón moribundo, el alma rota,
la vida que se hunde en las corrientes del tiempo.
Que el viento sople,
que el velo caiga.
Que las llamas lo quemen,
que el hielo lo quiebre.
Que aquel que es uno entre tres
sea derrotado.

Sus cuerpos se rodearon de poder. No era nada definido, pero aquellas temblorosas y débiles ancianas, consumidas por una larguísima vida, parecían fuertes como montañas, poderosas como las mismas diosas. Ganondorf retrocedió, pues nunca antes había visto nada parecido.

- ¡Ganondorf, el Gerudo! – dijo una voz abrasadora como el infierno – Que la maldición de tu pueblo caiga sobre ti, que la sangre que has derramado reclame su venganza.

- ¡Ganon, el Maldito! – dijo una voz helada como la muerte – Que los herederos de tu pasado cobren tu cabeza y que el poder que tanto has ansiado te consuma.

- ¡Brujas podridas! ¿Me maldecís? – la furia de la bestia volvió y su voz atronó - ¡Soy yo quien os maldice! ¡Malditas! ¡Mil veces malditas! ¡Cuervos y gusanos acamparan en vuestros cuerpos hasta dejar los huesos pelados al sol! ¡Mil rayos abrasarán vuestras oscuras almas y penaréis por el descanso eterno, pero yo me aseguraré que éste nunca llegue!

La gigantesca bestia se adelantó y propinó un salvaje golpe a las dos Hechiceras. Los frágiles cuerpos volaron por los aires y se estamparon en la pared. Pero la bestia no estaba satisfecha. Aullando, las golpeó una y otra vez. El brillo de sus cuencas hundidas ya se había apagado, el fuego y el hielo se habían extinguido, pero la bestia estaba desatada.

El castillo temblaba ante la brutalidad de su furia. Crujieron los huesos hasta que se convirtieron en polvo, la sangre manó hasta quedar los cuerpos secos, las ropas se hicieron harapos inservibles.

El ensañamiento duró horas. Una y otra vez golpeó y aulló. Rompió las paredes hasta salir al exterior. El frío lo recibió, pero no lo notó. El poder lo quemaba por dentro y el odio lo enloquecía aún más.

Pero, de pronto, un sonido rompió su espiral de furia. Era profundo y continuado. Un rayo que rompía el silencio de la mañana. La bestia se irguió y agudizó la mirada. Ahí estaba, en el horizonte, lejos, aunque no tanto.

Filas y filas de hombres armados, de bestias que hacían temblar el suelo a su paso, caballos tronando en una carga ordenada. El sonido de los cuernos de batalla.

La bestia aulló, por fin el tiempo había llegado.

- ¡General! – gritó mientras usaba su poder y aparecía en medio del patio de armas del castillo.

Sus hombres bestia cayeron al suelo aterrorizados. Un Espada de Oro, su General, apenas pudo mantener la compostura y fue lo suficientemente rápido para arrodillarse, servil, sin parecer aterrorizado. Sus rasgos bestiales no miraron a su señor, sino que mantuvo la vista clavada en el suelo.

- ¡El enemigo esta a las puertas! ¿Quieren su ciudad? ¡Quemadla! ¡Por los cuatro costados! ¡Que el fuego ría y la consuma! Solo obtendrán ruinas…

praterian7
19th April 2007, 18:45
Tan sólo una pregunta Tildom. No se si será sseguidor que unos relatos de Los Reinos Olvidados, que tienen como protagonista al personaje de mi avatar, Drizzt Do'Urden. Lo digo porque en el capítulo de la forja de la Espada Maestra, la elaboración de esta te salió muy semejante a la creación de un mismo arma de esta serie de libros de R.A. Salvatore (que recomiendo), el martillo Aegis Fang, forjado por el enano Bruenor BattleHammer en una noche muy parecida a la que tu has descrito también, por cierto, de forma muy poética y mágica. Personalmente creo que te ha quedado muy bien todo, y que tienes un estilo narrativo bastante liviano que hace muy agradable de leer lo que escribes.

Esto era sólo un apunte, por curiosidad, y por si no seguías esta serie de relatos, recomendártelos, que están muy bien.

Zumming
19th April 2007, 18:53
Me parecen muy buenos tus textos Tildom ^^, espero el siguiente con impaciencia :^^:

Pd: Nintendo te tendría que ''fichar'' ;)

Tildom
19th April 2007, 18:59
Tan sólo una pregunta Tildom. No se si será sseguidor que unos relatos de Los Reinos Olvidados, que tienen como protagonista al personaje de mi avatar, Drizzt Do'Urden. Lo digo porque en el capítulo de la forja de la Espada Maestra, la elaboración de esta te salió muy semejante a la creación de un mismo arma de esta serie de libros de R.A. Salvatore (que recomiendo), el martillo Aegis Fang, forjado por el enano Bruenor BattleHammer en una noche muy parecida a la que tu has descrito también, por cierto, de forma muy poética y mágica. Personalmente creo que te ha quedado muy bien todo, y que tienes un estilo narrativo bastante liviano que hace muy agradable de leer lo que escribes.

Esto era sólo un apunte, por curiosidad, y por si no seguías esta serie de relatos, recomendártelos, que están muy bien.

Con mango de diamante y cabeza de Mithril, con los emblemas de Moradin y Dumathoin en ambas caras, el martillo forjado para Wulfgar, la mayor obra de Bruenor...

Sip, tengo los libros :P. Pero técnicamente tenía más en mente otras cosas. Me imaginaba cómo habría sido la forja de los Silmarils, o el Anillo Único. Supongo que ambas escenas se parecen, pero la motivación de Bruenor era mucho más personal, mientras que en la Espada Maestra hay un componente mucho más épico; el destino de Hyrule está en ese momento sobre el tapete.

Beregord
19th April 2007, 19:17
Me ha gustado el capitulo. Esta novela tiene un parecido con el Señor de los anillos en el sentido de la esperanza aunque este todo perdido... Sin embargo al contrario que la obra de tolkien aqui al enemigo se le conoce, se sabe su historia por el mismo, lo que piensa y por que...

Vamos que te esta quedando muy bien, jeje ya te he dado reputacion :P y todo jeje

P.D.: como dirias tu ¡¡CHINCHETA YA!!

praterian7
19th April 2007, 20:15
Tan sólo una pregunta Tildom. No se si será sseguidor que unos relatos de Los Reinos Olvidados, que tienen como protagonista al personaje de mi avatar, Drizzt Do'Urden. Lo digo porque en el capítulo de la forja de la Espada Maestra, la elaboración de esta te salió muy semejante a la creación de un mismo arma de esta serie de libros de R.A. Salvatore (que recomiendo), el martillo Aegis Fang, forjado por el enano Bruenor BattleHammer en una noche muy parecida a la que tu has descrito también, por cierto, de forma muy poética y mágica. Personalmente creo que te ha quedado muy bien todo, y que tienes un estilo narrativo bastante liviano que hace muy agradable de leer lo que escribes.

Esto era sólo un apunte, por curiosidad, y por si no seguías esta serie de relatos, recomendártelos, que están muy bien.

Con mango de diamante y cabeza de Mithril, con los emblemas de Moradin y Dumathoin en ambas caras, el martillo forjado para Wulfgar, la mayor obra de Bruenor...

Sip, tengo los libros :P. Pero técnicamente tenía más en mente otras cosas. Me imaginaba cómo habría sido la forja de los Silmarils, o el Anillo Único. Supongo que ambas escenas se parecen, pero la motivación de Bruenor era mucho más personal, mientras que en la Espada Maestra hay un componente mucho más épico; el destino de Hyrule está en ese momento sobre el tapete.

Qué grande...te veo harto versado en los manuscritos de los antiguos, oh bardo venido de lejanas tierras, que nos traes historias tan gozosas e interesantes como la vuesa...xDDD

Tildom
19th April 2007, 23:32
Tan sólo una pregunta Tildom. No se si será sseguidor que unos relatos de Los Reinos Olvidados, que tienen como protagonista al personaje de mi avatar, Drizzt Do'Urden. Lo digo porque en el capítulo de la forja de la Espada Maestra, la elaboración de esta te salió muy semejante a la creación de un mismo arma de esta serie de libros de R.A. Salvatore (que recomiendo), el martillo Aegis Fang, forjado por el enano Bruenor BattleHammer en una noche muy parecida a la que tu has descrito también, por cierto, de forma muy poética y mágica. Personalmente creo que te ha quedado muy bien todo, y que tienes un estilo narrativo bastante liviano que hace muy agradable de leer lo que escribes.

Esto era sólo un apunte, por curiosidad, y por si no seguías esta serie de relatos, recomendártelos, que están muy bien.

Con mango de diamante y cabeza de Mithril, con los emblemas de Moradin y Dumathoin en ambas caras, el martillo forjado para Wulfgar, la mayor obra de Bruenor...

Sip, tengo los libros :P. Pero técnicamente tenía más en mente otras cosas. Me imaginaba cómo habría sido la forja de los Silmarils, o el Anillo Único. Supongo que ambas escenas se parecen, pero la motivación de Bruenor era mucho más personal, mientras que en la Espada Maestra hay un componente mucho más épico; el destino de Hyrule está en ese momento sobre el tapete.

Qué grande...te veo harto versado en los manuscritos de los antiguos, oh bardo venido de lejanas tierras, que nos traes historias tan gozosas e interesantes como la vuesa...xDDD

A lo largo de mis viajes por lo largo y ancho de este mundo, fui en busca de antiguos manuscritos que relataran grandes historias de héroes y demonios, reyes y magos. He aquí mi biblioteca, donde se dan cabida dragones y elfos, magia y espadas, honor y miseria...

http://img262.imageshack.us/img262/8859/libreratc6.jpg

praterian7
20th April 2007, 12:46
Oooh! Gran biblioteca, en verdad tus viajes por las tierras de todo Faerún han sido fructíferas empresas. ¿Acaso son eso los siete tomos del Ciclo de la Puerta de la Muerte? ¿Es la leyenda de la Sombra Carmesí esos manuscritos que los acompañan? En realidad te digo que tu pluma vuela bajo el peso de una gran experiencia, que hacen grande la historia con la que ahora nos deleitas.

Tildom
20th April 2007, 15:49
Oooh! Gran biblioteca, en verdad tus viajes por las tierras de todo Faerún han sido fructíferas empresas. ¿Acaso son eso los siete tomos del Ciclo de la Puerta de la Muerte? ¿Es la leyenda de la Sombra Carmesí esos manuscritos que los acompañan? En realidad te digo que tu pluma vuela bajo el peso de una gran experiencia, que hacen grande la historia con la que ahora nos deleitas.

¡Oh! ¿Versas sobre la épica? Te diré que sí, que mis viajes por Faerun fueron de abundante satisfacción, pero más aún mis viajes por el Nexo, entre las nubes de Ariano, selvas de Pryan y océanos de Chelestra. La mentablemente, la Sombra Carmesí me acompañó poco tiempo, pues mancillar el nombre de Luthien no debe quedar sin castigo.

Sinembargo, llamaría tu atención sobre varios volúmenes que escaparon a tu sagaz vista, compañero. Habréis de ver unos libros acostados en la tercera balda. Grandes historias fluyen de sus páginas, "Canción de Hielo y Fuego" es el nombre del gran relato que cuentan y aún la historia está inconclusa, pero ardo en deseos de que continúe.

Preo más difícil de conseguir son mis preciadas joyas de la corona. Detrás del trofeo de la primera balda, conseguido en mis viajes tras practicar disciplinas orientales para proteger mi vida, se haya una rareza: Crónicas de Elric de Melniboné. Escrito en la lengua del personaje, fue dificil hallarlo, pues la obra de su autor apenas comenzó a traducirse hará pocos meses. Justo a él, tenemos la historia de Corum, el Príncipe de la Tünica Escarlata, y la Leyenda del Bastón Rünico, que cuenta los avatares de Hawckmoon. Todos ellos sublimes, pero arduos de conseguir y sólo comprensibles por aquellos que conocen lenguajes ignotos.

[spoiler:d17682c5fc] Joder, que friki nos está quedando XDDDDD [/spoiler:d17682c5fc]

praterian7
20th April 2007, 18:10
Cargadas de sabiduría y de añejo conocimiento están tus palabras. Ciertamente, las joyas de tu muy preciada corona son obras de sonado renombre, aclamadas en los más lejanos confines del mundo. He de confesar que las últimas no las he ojeado, más esta herejía procuraré que no se alargue por mucho más tiempo.

Mas no te demores en tu próxima entrega, joven bardo de las tierras del este, pues quizás algún día pueda descansar tu espléndida obra junto a tu tesoro personal...O eso, o perderse en las infinidades del Nexo, presagio que esperamos no ocurra.

[spoiler:56ffb84402] Pero freak freak, jajaja.no pasa nada, es bueno freakear de vez en cuando...xDDD[/spoiler:56ffb84402]

Tomoe Yukishiro
22nd April 2007, 12:53
Xd creo q os habeis dejado llevar un poco, pero esta bien jeje Es bonito ver a la gente emocionarse con las cosas q les gusta.




PD:Tildom ay q tener los estantes mas recogidos para sacar las fotos :P jajaja.

Tildom
23rd April 2007, 08:29
PD:Tildom ay q tener los estantes mas recogidos para sacar las fotos :P jajaja.

Está recogido :fado:

Beregord
23rd April 2007, 08:44
PD:Tildom ay q tener los estantes mas recogidos para sacar las fotos :P jajaja.

Está recogido :fado:

La sabiduría pertenece sólo a los Doctos.

Tomoe Yukishiro
23rd April 2007, 12:49
PD:Tildom ay q tener los estantes mas recogidos para sacar las fotos :P jajaja.

Está recogido :fado:


Quien se pica, ajos come :P jeje

-.-LINK-.-
25th April 2007, 20:09
Jaja yo veo que la estanteria esta recogida, comparada con mi cuarto... :miedo:
oyeTildom, Para cuando una portada? :P lo tienes previsto?

Tildom
18th May 2007, 21:39
Bien, aquí estamos de vuelta. Capítulo 26 marchando. Ya nos queda poquillo para terminar. Que disfrutéis.

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26
La Palabra del Valor

Link no podía dormir. En realidad, casi nadie en el campamento podía hacerlo. Un par de horas antes habían detenido la marcha apenas a una hora de la ciudadela. Se aproximaban por el oeste, protegiéndose de miradas indiscretas gracias a la zona de colinas que precedía la gran explanada de la ciudadela. Poco antes del anochecer habían dado el alto y preparado el campamento: la idea era atacar al romper el alba.

La pretensión de Link era dormir algo y levantarse un par de horas antes de que el campamento despertara para organizarlo todo, pero no paraba de dar vueltas en la cama. Finalmente, desesperado, cogió su espada, se calzó las botas y salió de su tienda.

Aquí y allá vio las mismas expresiones, los mismos sentimientos que lo atribulaban. Algunos miraban el fuego de las hogueras, completamente idos, otros ponían a punto sus armas y armaduras… Se sabía cuáles eran los soldados veteranos porque, o bien jugaban a juegos de azar, o bien dormían como troncos. Había incertidumbre, miedo, súplica…

Link se puso la máscara del General, y anduvo por entre las hogueras, en busca de un lugar tranquilo, aparentando impasibilidad, seguridad en sí mismo… Era consciente que, por donde pasaba, la gente necesitaba verlo tranquilo. Él era una roca a la que aferrarse pero… ¿a qué roca podía aferrarse él?

La noche se antojaba calurosa y despejada. Sobre él había un cielo cuajado de estrellas: el Carro, la Corona de los Reyes, el Brazalete… Nunca antes había visto un cielo tan hermoso. Sus pasos lo llevaron al círculo exterior del campamento. Un centinela hizo un ademán para impedirle el paso, pero al reconocerlo, lo dejó pasar.

Link se alejó, aunque cuidó de mantenerse a la vista de sus soldados. Anduvo hasta llegar a una colina desde la que tenía una completa perspectiva del ejército. Miles de puntos de luz conformaban el reflejo perfecto del cielo. Cientos de estrellas en tierra, titilantes. Pareció como si lo viera por primera vez. Los caballos, más atrás, descansando de las duras jornadas. A un lado los goron, con las hogueras más grandes de todas, siempre vigilantes, destacaban entre la multitud por culpa de los enormes dodongos.

Reinaba un absoluto silencio: “la calma que precede a la tormenta”, pensó. Recordó otro silencio, no tan expectante como aquel, peor con su misma elocuencia. Era muy pequeño y estaba en el Santuario Dorado y eran las Fiestas de las Diosas. Mientras Hyrule entero lo celebraba con bailes de máscaras y fuegos artificiales, los monjes esperaban a la medianoche en completo silencio y luego cantaban.

Los minutos antes de comenzar esos cánticos hacían prever que algo importante estaba a punto de ocurrir. Una vez le preguntó a Cadler por qué se callaba durante tanto tiempo.

- Para recordar que, muchas veces, sólo apreciamos las cosas hermosas de la vida cuando las perdemos.

¡Ahhh! El viejo Cadler. Aquel anciano bondadoso que había sido como un padre para él. ¡Cómo lo echaba de menos! Y también echaba de menos los altos muros del Santuario Dorado, y las claras voces de sus monjes, y los confortables sillones de la biblioteca…

Pero el fuego le había arrebatado eso. Ganondorf lo había hecho. Y ahora era cuando más apreciaba esos momentos, cuando más los echaba en falta… Cuando los había perdido. ¡Cuánta sabiduría encerraban las palabras de aquel anciano!

Dentro de poco todo acabaría. Sabía que así era. Trató de buscar en su memoria algún consejo, alguna palabra que lo orientara en aquella hora, pero Cadler nunca le habló del miedo antes de la batalla, del peso de la responsabilidad de un pueblo.

- Doncellas, dadme fuerzas – dijo en un susurro.

Todavía permaneció unos momentos en la colina antes de emprender el camino de vuelta. Ahora casi todo el mundo dormía. Fue con sigilo y se metió en su tienda. Se dio cuenta cuando se tumbó encima. Había algo encima de su manta. Lo palpó con la mano: pergamino.

Se incorporó de nuevo, cogió una vela y la aproximó a aquel objeto. Era una hoja de pergamino, nueva, con un símbolo rojo dibujado. Un símbolo que ya había visto antes.

Se asomó un momento y llamó a un centinela.

- ¿General? – lo saludó con aire marcial.

- ¿Ha entrado alguien en mi tienda? – preguntó.

- No, señor. ¿Ocurre algo?

Link sonrió, tranquilizadoramente.

- No, no pasa nada. Olvídelo.

Ante la cara extrañada del centinela, volvió a la intimidad de su tienda. Dejó la hoja encima de una mesa de madera, algo desvencijada, que le hacía las veces de escritorio, y apagó la vela. Se tumbó y esta vez sí que pudo conciliar el sueño.

Sí, había visto ese símbolo antes. Era un blasón ciertamente poco común, que solo unos pocos podían llevar, aquellos que guardaban los tesoros de Hyrule y permanecían a la sombra de la historia. Los sheikan habían hablado.

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Marchaban en el mayor silencio que siete mil espadas podían guardar. No había redoble de tambores, ni zampoñas o trompetas. Sólo el pesado andar de la comitiva. El cielo comenzaba a clarear y el frescor del alba se adelantaba al sol.

Y, finalmente, coronaron la última colina y pudieron ver la ciudadela. Era un triste remedo de lo que recordaban. Aquellos que habían vivido allí, o visto alguna vez, sintieron un vuelco en el corazón. Link sintió la mano de la princesa aferrarse a la suya propia, buscando fuerza y consuelo.

A pesar de que todavía había poca luz, pudieron advertir los profundos cambios de la ciudadela de Hyrule. Murallas caídas, edificios quemados, calles sucias e infestadas de enfermedades y ratas… Siniestras máquinas de guerra se habían situado en los puntos estratégicos, negras y rojas, ofensivas para la vista. Cuervos y buitres campando a sus anchas por los cielos, aterrizando sólo para devorar los restos de una trifulca o ajusticiamiento. Como tentáculos, millares de seres recorrían sus calles, grotescos y deformes.

Las tropas se desplegaron. Los caballos piafaban, nerviosos, y los dodongos se revolvían, inquietos. La tensión se mascaba en el ambiente. Link palmeó el cuello de Epona, su yegua de color bayo, un corcel de guerra imponente, y la azuzó hacia delante.

Se colocó enfrente del ejército. Miró a Cadler y le hizo una seña. El sabio, vestido con una túnica nueva de color rojo, asintió y murmuró unas palabras. Ahora las palabras del General llegarían a todos los suyos. Notó la mirada de Zelda sobre él. La contempló, majestuosa, con una delicada armadura dorada, armada con una espada y un arco, muy diferente de aquella princesa envuelta en sedas que se vio obligada a abandonar su hogar. En verdad que todos habían cambiado desde entonces.

- ¡Escucha, pueblo de Hyrule!

Los murmuros callaron, catorce mil ojos sobre él, antes de la batalla. Ojos jóvenes y viejos. Caras asustadas, pero firmes en su determinación. Link recordó que la gran mayoría no eran soldados, sino hombres que se habían visto obligados a coger las armas.

- Hoy vengo a suplicaros a todos un terrible favor. Quiero que en esta mañana miréis al frente. Fuimos expulsados, como mendigos, de nuestras tierras. Nos vimos forzados a huir de nuestros hogares, vimos morir a los nuestros; madres, padres, hijos y amigos… Durante veinte largos años ha sido así. Mirad y decidme qué contemplan vuestros ojos.

Lo seguían con la mirada. Lo veían y el miedo desaparecía. Link sintió una cálida sensación que lo recorría. Un cosquilleo en la mano izquierda. Comenzó a comprender el significado del Trifroce del Valor.

- Os diré lo que yo veo: esperanza. Veo un futuro para nosotros. Veo a un grupo de hombres y mujeres valerosos que luchan a brazo partido, no por la gloria o el honor, no por venganza. ¡Luchan por la justicia!

“Hubo un tiempo en el que yo combatí con odio en mi corazón. Deseaba aniquilar a mi enemigo por todo aquello que me había arrebatado. Quería hundir mi espada en su cuerpo y derramar hasta la última gota de su sangre. Pero ahora os digo que no merece la pena luchar así. Cuando uno alberga un odio así, no importa lo que se haga, siempre se perderá la batalla.

“¡Levantad vuestros brazos! Desterrad el miedo de vuestros corazones. No luchéis por recuperar aquello que habéis perdido, luchad por la esperanza de construir un futuro que merezca la pena vivir. Que todos aquellos que no están aquí ahora sientan orgullo por lo que está apunto de ocurrir.

El cosquilleo se hizo más fuerte y alimentó su espíritu. Sintió que esa misma fuerza salía de su cuerpo y se derramaba sobre todos los presentes. Los ojos ya no eran temerosos, sino que brillaban, emocionados. Nadie quería estar allí, podían morir en aquella hora, pero tenían que estar allí. Eran la última esperanza de Hyrule; todos ellos.

“¡Pueblo de Hyrule! ¡Vengo a suplicaros un terrible favor! ¡Levantad vuestros brazos y corazones! ¡Alzad vuestras voces hasta el mismo cielo! ¡Gritad vuestro desafío con fuerza! ¡Una sola voz nacida de siete mil gargantas!

Con un poderoso gesto, Link enarboló su maravillosa espada y encabritó a Epona. En ese momento, el sol despuntó, arrancando reflejos dorados de la punta de la espada, y los cuernos de los Zora rompieron la mañana con un lamento profundo.

- ¡Por la tierra que nos arrebataron! ¡Por Hyrule!

Y así, como una marea desbocada, comenzó la batalla.

Tomoe Yukishiro
19th May 2007, 22:39
Muy bien como siempre, ya qda poco para el gran final.


Bueno y cuando el siguiente d "el cetro de Verano"? :malo:

praterian7
20th May 2007, 11:34
Muy grande Tildom...muy grande...

Coleccionista de Máscaras
30th June 2007, 22:48
que le den al señor de los anillos,
me inclino ante ti.

Tildom
4th July 2007, 08:28
Capítulo 27: Siete mil aceros

Próximamente...

seijurou
17th July 2007, 22:45
joer tio no me lo he leido todo pero lo hare
siempre he dicho q si los primeros 15 minutos enganchan tiene q ser bueno.
felicidades.

seijurou
20th July 2007, 23:57
ya me lo he leido todo.
joer yo quiero el libro con su portada y art work tiene q ser la caña .
amigo felicidades me has echo sentir infinidad de sensaciones leyendo tu historia.
muchas gracias y publica pronto el capitulo 27.

seijurou
28th August 2007, 23:45
DONDE ESTAS TILDOM?

Tildom
1st September 2007, 00:37
¡Holaaaa! En primer lugar disculparme (creo que lo hago demasiado a menudo en este hilo XD) por el retraso. Sé que siempre pongo excusas, pero es que no estaba contento con nada de lo que escribía y para postear una chapuza... Además, cierto viaje a Alemania se cruzó por el camino :jaur:

Al menos ahora tengo todo pensado y no creo que haya lugar para muchos cambios así que, teniendo en mente lo que quiero que ocuirra, esto debería atualizarse mucho más rápido A ver si para mediados/finales de Octubre acabo el fic (me da penilla, la verdad XD).

En segundo lugar agradeceros vuestras palabras y recordaros que si teneis preguntas y sugerencias estaré encantado de oírlas, responderlas y demás. ¡No os cortéis!

Y sin más dilación, el nuevo capítulo. Como siempre, espero que os guste. ¡Feliz lectura!

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27
Siete Mil Aceros

Todo había estado perdido. Las fuerzas de Hyrule aniquiladas, la ciudadela tomada, la princesa asesinada y el Demonio de Jade poseedor del Tesoro Dorado. Pero cual fénix resurgido de sus cenizas un ejército cargaba contra las murallas. Las lanzas y armaduras brillando al alba, voces gritando por un sueño, jinetes que hacían temblar la tierra a su paso.

Desde las murallas de la ciudadela, una sombra triste de lo que un día fue, estaba apostado un ejército nacido de las pesadillas de alguien que era más que un hombre, pero presa de las locuras y obsesiones de éstos. Los seres de éste ejército se creían invencibles. Habían nacido en el terrible desierto y sobrepuesto a la vida en aquel paraje extremo. Año tras año las victorias se habían ido acumulando a sus espaldas. No había importado cuan adversas fueran las condiciones, se habían fortalecido paso a paso y sometido a todo aquel que había intentado oponérseles. Ahora, además, sentían el poder en su interior: habían sido tocados por su dios y llenado con su fuerza.

Por eso mismo no entendían cómo, si se suponía que sus enemigos estaban aniquilados, había un ejército cargando contra ellos. Pero eran estúpidos, pues ellos poseían la plaza y no la entregarían tan fácilmente. A sus espaldas, las temibles máquinas de guerra estaban preparadas para soltar su carga: trinquetes, balistas, catapultas… Y sus enemigos pretendían conquistarles sin una mísera torre de asedio.
El capitán de artilleros dio la señal y doscientas hachas cortaron doscientas cuerdas que liberaron doscientas proyectiles. Pero he aquí que, en vez de surcar los cielos y arrasar al ejército enemigo, los brazos de las catapultas se partieron, las cuerdas de los trinquetes se soltaron y las balistas se rompieron en mil pedazos. Los proyectiles se derramaron caóticamente por el patio de murallas y cercenaron las vidas de cuantos se pusieron en su camino.

Los soldados no entendían nada. De pronto, los almacenes de brea se prendieron y la ciudad comenzó a arder. Tosiendo, los Muertes de Hierro trataron de imponer disciplina, pero sus hombres ya no respondían a las órdenes dadas. El caos los confundía y reaccionaban de forma instintiva, como lo haría un animal en vez de un soldado.

El poco control que los oficiales pudieran ejercer sobre sus hombres se desvaneció al aparecer su señor rugiendo, lleno de cólera.

- ¡Destruidlos! ¡Matadlos a todos!

Fue una orden primigenia, cargada de odio y poder. Ganon se erguía por encima de todos ellos, investido de un poder incomprensible que lo desbordaba. A su alrededor el aire se ondulaba y crepitaba. Los soldados sintieron hervir su sangre y se lanzaron al ataque sin ningún orden ni concierto. Los Muertes de Hierro sintieron también como la voz de Ganon se adueñaba de su voluntad y los sumía en una furia irracional.

Las fuerzas del Demonio de Jade rompieron la formación y se abalanzaron sobre puertas y barricadas, destruyéndolas a su paso. Las puertas de la muralla se abrieron y por ella brotó un río de enemigos desquiciados. Era como un avispero que hubiera sido golpeado y las avispas salieran por todas partes para atacar a su agresor.

Link contempló el caos y precipitación de las fuerzas de Ganon y sonrió. Movió la espada hacia la derecha y los cuernos de los zora cambiaron sutilmente de tono. Los jinetes dodongo aceleraron la marcha y se pusieron en la punta de la cuña de los atacantes. Aquellos enormes lagartos se movían con temible velocidad por la llanura, bramando, excitados por la actividad.

Los hombres bestia, lejos de atemorizarse ante tan temible carga, se lanzaron a por ellos golpeando sus armas, aullando en una lengua gutural y haciendo sonar tambores de guerra.

Las líneas chocaron. Los dodongos atravesaron las fuerzas de Ganon como un cuchillo caliente atraviesa la mantequilla. El estruendo de un centenar de armaduras pisoteadas, gritos de agonía y bramidos de los dodongos se impuso por un momento a todo lo demás. Después llegó la caballería, siguiendo la estela de muerte de los goron, aplastando, golpeando, sin freno de ningún tipo.

Los cuernos de los zora volvieron a sonar y la vanguardia se replegó haciendo un movimiento envolvente, atrapando a casi un millar. Llegó entonces el turno de las trompetas. Una estridente fanfarria precedió a una salva de saetas que formó una nube negra antes de sembrar la muerte detrás de las líneas amigas.

Sin embargo, sus enemigos no daban visos de temor o de ceder posiciones. Cada uno luchaba como una bestia acorralada. Inflamados por un miedo y una furia que no eran de este mundo, seguían saliendo por las puertas y brechas de las murallas, como un río interminable. Por cada uno que caía ahí estaban otros dos para suplirlo, con la mirada desquiciada y los ánimos encendidos como la misma ciudadela.

Link vio que se originaban más fuegos por toda la ciudadela. Sin embargo, no podía imaginar que esta vez habían sido los propios defensores los que habían tomado esa decisión. Ganon había ordenado que se prendiera todo edificio presumible de caer presa de las llamas. En muy poco tiempo la ciudad ardía por sus cuatro costados. Los controlados fuegos de los almacenes habían dejado paso a una vorágine de destrucción. El infierno había caído sobre Hyrule. A su lado vio los ojos de los soldados apagarse, ¿de verdad merecía la pena luchar por un puñado de ruinas humeantes? Sintió a sus tropas desfallecer. El flanco derecho flaqueó y se rompió por varios sitios.

Link enarboló la espada por encima de la cabeza y se lanzó al ataque gritando.

- ¡Hyrule vive! ¡Luchad! ¡Luchad hasta el último aliento!

Mientras así hablaba bajó su espada una, dos, tres veces. A cada golpe abatía a un enemigo. Llegó al flanco derecho y reorganizó las tropas. Los soldados, al ver a su general, recuperaban la moral y retomaban el ataque con brío.

Los dodongos causaban estragos en las filas de hombres bestia. Nada podía interponérseles. Bramaban y pisoteaban sin misericordia. De vez en cuando, exhalaban lenguas de llamas de varios metros que calcinaban lo que se encontraban a su paso. Pero los enemigos eran demasiados.

Un grupo especialmente feroz se las había ingeniado para trepar a la grupa del dodongo y cayeron como animales hambrientos sobre el goron que lo montaba. Se precipitó al suelo acuchillado incontables veces, con una mirada de incredulidad en el rostro. El dodongo, al sentirse libre de cualquier control, se revolvió y no distinguió a amigos de enemigos. Estaba rodeado de gritos, de sangre, estaba frenético. Vio a sus compañeros sembrar la muerte a su alrededor y continuó haciéndolo indiscriminadamente. Por un instante, amigos y enemigos lucharon codo con codo para abatir a la gran bestia. Decenas de soldados lo apuñalaron, le clavaron lanzas, flechas, lo intentaron quemar y cegar, hasta que la criatura cayó al suelo con gran estrépito en medio de un gemido agonizante. Pero no había respiro para celebrar esa pequeña victoria. Las manos asieron de nuevo las armas y volvieron a silbar por el aire las afiladas hojas.

Link corrió a rescatar a un soldado que se enfrentaba solo a un Espada de Oro, los oficiales de más rango dentro del ejército de Ganondorf. La enorme armadura aúrea, de más de tres metros de alto, era imponente. Iba armado con un gigantesco hacha de batalla, también dorado, con la empuñadura de madera de cerezo, manchada de sangre y barro. La había alzado por encima de su cabeza y se disponía a acabar con el pobre soldado cuando Link se abalanzó sobre él a lomos de su yegua. Su espada relampagueó y se hundió profundamente en el Espada de Oro, justo en la axila izquierda. La maravillosa hoja atravesó el metal con facilidad, penetró en la carne y se hundió en su negro corazón. La enorme mole lo miró, estupefacto, a través del ornamentado yelmo y cayó al suelo, ya con los ojos vidriosos.

- ¡Luchad como hombres libres! ¡A mí, pueblo de Hyrule!

Pero, a pesar de todo, perdían terreno. Ya no importaban la estrategia, ni los flancos, ni el terreno. Su enemigo no respondía a ninguna táctica militar. Atacaban sin pensar, salvajes, implacables. No les importaba arrojarse contra una lanza enemiga, eso daría tiempo a los que vinieran detrás para abatir a su asesino. Eran incansables, arrojándose a los brazos de la muerte si vacilar, presas de un frenesí inhumano. Link se dio cuenta que así no podrían ganar la batalla.

Retrocedió posiciones hasta alcanzar el puesto de mando. Allí estaba la princesa Zelda con Rauru, Saria y el resto de estrategas. Los saludó con gesto urgente. Estaban encima de una pequeña colina, desde donde se tenía una extraordinaria vista de la batalla. Link certificó sus sospechas. No había orden ni concierto en el comportamiento de su enemigo. Daba igual que cayeran en todas las trampas que les pudieran tender, eran demasiados y acabarían derrotándoles sólo por la superioridad numérica.

Bajó de Epona y se acercó a los mensajeros Zora.

- Quiero que todos los jinetes dodongo que queden en pie carguen contra las murallas y entren en la ciudad.

Todos le miraron con ojos incrédulos.

- General, dijo el Rey Zora, eso sería un suicidio.

- El suicidio será luchar hasta quedarnos in aliento. No podemos ganar. Sólo hay una forma de obtener la victoria en esta batalla, Majestad.

- Ganondorf – dijo Rauru.

Link asintió.

- Estos enemigos no actúan con normalidad. Hay algo que les impulsa a ser tan violentos. He visto a una de esas criaturas lanzarse contra las fauces de un dodongo sin el menor atisbo de miedo o vacilación. Hay algo que los incita a luchar por encima de cualquier emoción y pensamiento.

Zelda asintió.

- He visto que la ciudadela ha comenzado a arder – dijo con la voz cargada de tristeza. Link la miró con compasión.

- Sí. Está furioso. Ganondorf es ahora mismo es una bestia a corralada, se siente amenazado y decide acabar con todo. Es su venganza por anticipado.

- ¿Y qué sugieres? – preguntó el Rey Zora - ¿Cómo podemos derrotar a un enemigo tan brutal?

- Pienso hacer que salga. Tenemos que tentarle lo suficiente, enfurecerlo hasta el límite de la locura. Tenemos que obligarle a pensar que si no participa personalmente en la batalla todo habrá acabado.

El monarca lo miró con los grandes y acuosos ojos de su raza. Se cambió la magnífica lanza de mano y miró la batalla con aire pensativo. Vio como sus guerreros luchaban con arrojo, pero apreció que había luchando muchos menos que los que recordaba haber traído. La caballería también había visto reducido sus efectivos, aunque los que quedaban en pie seguían acabando con decenas de enemigos.

El suelo estaba cubierto de cadáveres. Tal vez habían podido matar a dos mil, a cinco mil, pero cuatro veces esa cantidad seguía dentro de la ciudadela, peleándose por ser los primeros en acudir a hender sus armaduras y beber su sangre.

Hasta los todopoderosos jinetes de dodongo tenían problemas y ya apenas quedaban diez en pie, el resto habían muerto con honor, matando a más bestias que ninguna otra unidad de su ejército.

- Estoy de acuerdo. ¡Heraldo! – ordenó – Que esos jinetes de dodongo entren en la ciudadela. ¿Os parece bien que mis guerreros los acompañen, General?

- Iremos todos, Majestad – dijo Link mientras tendía una mano a la princesa Zelda y la ayudaba a montar en Epona -. Se acabó la hora de observar la batalla. Es el momento de luchar.

Mientras cabalgaba, Link sintió el cuerpo de la princesa apretarse contra el suyo. Rezó una rápida plegaria por su seguridad, recordando la última vez que fueron juntos a caballo. Su espada bajó uno, dos, tres veces. Aplastó la cabeza de un hombre bestia, derribó a un lizalfos, decapitó a otro mientras Epona embistió y pisoteó a otros dos. A su espalda, sintió como la princesa rebullía y desenfundaba su propia espada.

Link vio la muerte a su alrededor. Allí un hombre se arrastraba, agonizante, con una terrible herida en la cabeza. A su lado, surgiendo de una montaña de cadáveres, surgió un lizalfos, también herido. Ambos se enzarzaron en una pelea sucia, carente de elegancia. El hombre, desesperado, intentaba deshacerse del velo de sangre que cubría sus ojos y clavar su espada en el cuerpo del hombre lagarto. Éste, le clavaba las garras y buscaba la forma de asestarle un mordisco mortal. Finalmente, ambos quedaron tendidos en el suelo. El hombre con el cuerpo lacerado con heridas brutales, el lizalfos, con un cuchillo clavado en el cuello. Ambos se miraban con odio.

Link destrozó el escudo de otro hombre bestia y pasó de largo con Epona, sintió como Zelda lo remataba. Vio como los jinetes dodongo se dirigían hacia la zona en la que la muralla estaba más deteriorada. Lo seguían lo batallones de los zora y los goron, luchando codo con codo.

- ¡Pueblo de Hyrule! ¡A la ciudadela! ¡Recobremos nuestro hogar, a la ciudadela!

Como una sola mente, el ejército entero ejerció presión sobre un solo punto. Eran una lanza que apuntaba directamente al corazón de su enemigo, o al menos eso era lo que Link esperaba. Y de pronto el suelo tembló. Un estruendo se oyó en las murallas, allá donde estaban lo dodongos intentando entrar, un terrible bramido de ira.

Sin poder creerlo, vieron como un dodongo salía volando por los aires y destruía parte de la muralla a su paso. Ya estaba muerto antes de caer al suelo. Allí donde había estado, se erguía una única forma. Su talla era la de un gigante, sus brazos podrían partir un árbol por la mitad. Sus rasgos eran los de una bestia, los ojos prendidos como las ascuas de una hoguera, la hirsuta melena pelirroja ondeando, como una llama. Era una sombra que se perfilaba con el resplandor de las llamas a sus espaldas. Portaba en cada mano una enorme hoja, cada una del tamaño de un hombre adulto, capaces de hender la misma roca. Aulló al cielo y el rugido hizo temblar la tierra.

Todos enmudecieron, nadie se atrevió a moverse. No había una sola persona en el campo de batalla que no supiera quién era. Ni siquiera los caballos mostraron la menor señal de querer huir: el miedo les tenía paralizados.

Link se sintió desfallecer. Recordaba su anterior duelo con el Demonio de Jade. Por entonces su forma era todavía humana y, aunque sabía que por aquel entonces estaba en posesión de las tres partes de Tesoro Dorado, era tal la exhibición de fuera, el aura de poder que emanaba de aquel ser en esos momentos, que se planteó la posibilidad de que todo aquello fuera un error. Tal vez la idea de que todos iban a morir en ese mismo momento, bajo aquellas terribles espadas, no resultaba descabellada del todo.

Pero entonces más recuerdos se abrieron paso en su cabeza. Era su responsabilidad, su deber. Empuñaba la espada de las diosas y era el portador de una de las piezas del Triforce. No sabía si iba a morir o no, pero desde luego que no lo haría acurrucado debajo de la cama. Acarició el cuello de Epona y sintió cómo ésta se relajaba y volvía a estar dispuesta para la batalla. El cosquilleo de su brazo se derramó como una bendición por todo su cuerpo, fortaleciéndole a él y a los que le rodeaban.

- Por Hyrule – le susurró a la princesa.

- Por Hyrule – contestó mientras que se abrazaba a él con fuerza, como despidiéndose. Un breve momento de intimidad antes del final.

- ¡Ganondorf! – gritó Link, y esta vez fue su voz la que se impuso al resto de sonidos en aquella hora - ¡Tiembla y desespera, pues tu reinado llega a su fin!

seijurou
3rd September 2007, 15:13
exelente como siempre.
gracias por un nuevo capitulo

Reshief
19th September 2007, 22:01
Nooo, se me acabo!! yo queria seguir!!
Hombre te felicito una obra sin duda...

Tengo algunas inquietantes, comprendo que es un Fanfic... pero siento un poderoso aire de que puede calzar en la cronologia, por eso te expongo mi opinion, despues de todo tu has pedido sinceridad!!...siento que el fic lleva un aire, es mas me atrevo a decir que es pre-ocarine of time sin dudar, me equivoco? creo que no me equivoco, se presencia la forja de la espada, muy similar a lo que me imagine.. y un mar mas de similitudes, hasta creo que lo has afirmado en post anteriores ya no me acuerdo he leido tanto!!

En Ocarine of Time los Hylian eran todavia una raza muy poderosa y numerosa, no contados y debilitados, Los kokiri no pueden salir de los bosques, mueren si se alejan del bosque... Es mas hasta hay una teoria que dice que los Skullkid son Kokiris y niños hylian que se perdieron en Lost Wood!!, otra cosa es el antiguo lenguaje hylian, pues en Ocarine of Time estaba en su apogeo, no en decadencia, el famoso libro de Mudora, no estaba escrito, eran solo pergaminos, despues de Ocarine of time si se encuadernaron y Formaron ese libro, fue durante los tiempos de A link to the Past el lenguaje Hylian se desconoce, estoy de acuerdo con lo de las mutaciones Kokiri-Zora.. para mi era necesario que segun las diosas los Zora evolucionaran, pues de no ser asi la espada maestra y el castillo de Hyrule sumergido no hubiera sido impedimento para que los Zora alcanzaran esas profundidades... Yo tengo otras teorias sobre Ganondorf Dragmire pero eso no tiene nada que ver.... Si no me ha gustado mucho lo de que uses los nombres que re-utilizas de Ocarine of time, pero me gusto la explicacion, pues debido a sus nombres me los puedo imaginar mas como son, a exepcion de Sheik pues Sheik es una figura muy afeminada (segun Akira Kimekawa sheik es mujer, osea es solo una aparecia o un traje, perfectamente explicado pues los nijas mujer usan platinas para ocultar sus pechos) y el Sheik que presentas es muy varonil o eso me parece... Los personajes se desarrollan y viven en un mundo muy fiel a lo que la franquicia Zelda representa por eso hago esas observaciones, me encanto lo de la resureccion de Zelda, aunque siento que algunas veces las cosas ocurren muy rapidamente y precipitadamente le falta mas relleno (side quest??).. Otra cosilla seria el rey de Hyrule, su nombre procede de Wind Waker que es muuucho mas adelante de lo que narras... en fin creo que para mi lo de los nombres le quitan posibilidad de navegar junto a los demas Zeldas (una exepcion, majoras mask, pero es otro mundo Termina; no Hyrule)

Veras me encanto... Debes enviarlo a Nintendo pero aun asi creo que no lo desarrollarian en un juego, sino en una pelicula... Para un juego habria que abrir una brecha en la trama para incluir los 8 o mas castillos y mazmorras (o menos segun Majoras).... eso sin contar la cantidad de violencia que tiene (bien por ello, eso siempre le ha faltado a Zelda para captar la atencion de mas core gamers) pero ya sabes como es Nintendo le cuesta cambiar, sin embargo lo esta haciendo asi que te deseo suerte, quien mas que yo quisiera tirarme una pelicula como esa!!!

Te felicito, no puedo esperar ver como termina, hay mas sorpresas? habra amor? que pasara con Dragmire? Para mi el no ha muerto segun mis teorias... por eso me intereza un monton ver como acaba esto!!!

Todo eso y mas cuando Tildom pueda XD--

Cuando quieras me mandas un privado y te doy mi msn para charlar mas tendido sobre esta fabulosa saga que inspira a gente como nosotros a escribir, dibujar y mas!!! Perdona si es un poco extenso o si no estas de acuerdo despues de todo es solo mi opinion!! Te saludo desde el nuevo continente, en tierras que Colon descubrio, Hasta la proxima!!

Tildom
20th September 2007, 12:59
Reshief, es un poco una mezcla de todo lo que has dicho XD

Como diría Jack, el Destripador, vayamos por partes:

La historia de mi fic es imposible de incluir en ninguna cronología, suma elementos de aquí y allá y los mezcla sin compasión. Es mi visión particular del mundo de Zelda y, aunque la intención inicial era explicar la primera historia de todas y de cómo se forja la Espada Maestra, al final tuve que desistir y presentarla como algo aparte al 100%.

El usar los nombres de los personajes del Ocarina y el A link to the past es sencillamente una artimaña para ayudarme en la descripción de los personajes. Me apoyo en la imagen que la gente tiene de ellos para crear mejor atmósfera. Al ser un fic para gente que conoce los juegos creo escenas mucho más visuales. Sin embargo, hay muchos personajes inventados totalmente y que aún así toman el nombre directamente de personajes como pueden ser Rauru, Sheik o el Rey Zora. Especialmente Sheik, pues originalmente es un disfraz de Zelda y yo lo convierto en el líder de los sheikan.

Esto se debe a que siempre sentí especial predilección por ese personaje y no me gustó del todo que fuera la princesa. Siempre lo consideré como un ente aparte que merecía su propia historia y naturaleza independiente. Es un líder para su pueblo, una figura legendaria para los suyos... De igual forma quise ahondar un poco más en los sheikan, aunque sin desvelar mucho dada su permanencia en las sombras.

Respecto a detalles como el Libro de Mudora o el nombre del Rey de Hyrule... Quise tomar elementos que los fans asociaran rápidamente. Si me hubiera inventado el Grimorio de Turlian (por ejemplo) no habría tenido el mismo efecto que si digo Libro de Mudora. Cuando digo que se trata de éste último todos piensan: es poderoso, posee secretos... Aunque luego lo explico en el fic, el impacto en el lector aficionado es mucho mayor, pues anticipa lo que puede ocurrir y lo implico en la trama. Lo del Rey era para ponerle un nombre y el único que paraece en la saga de Zelda es el del rey del WW, a´si que me pareció apropiado incluirlo.

En resumidas cuentas: no trates de incluirlo en ninguna cronología, mi fic es tan sólo el desvarío de un pobre loco :jaur:

Beregord
20th September 2007, 13:27
Un gran desvario la verdad :P

y como tu siempre dices en mi post

¡¡¡Chincheta Ya!!!

Reshief
20th September 2007, 19:51
Pero uno muy bueno, la verdad me gusta un monton... si tienes toda la razon... Para cuando el final??

Yo he hecho varios fics pero nunca he terminado uno, tengo uno ionspirado en la formacion del primer imperio de hyrule asi como la coronacion del primer rey... si algun dia lo termino lo pongo aca!!

PD: Sigue adelante

Tildom
1st October 2007, 12:03
Miércoles 3 de octubre:

28 El Hombre y la Bestia

boinaverde515
3rd October 2007, 11:31
ya estamos a miercoles dia 3 :sorrisa: :sorrisa:

Tildom
3rd October 2007, 23:55
Bueno, con casi una hora de retraso, pero he tenido que pulir ciertas cosillas antes de darle el visto bueno. Además, le he añadido un par de páginas y ha salido bastante larguillo, pero no creo que os importe :jaur:

Como siempre, animo a opinar y que hableis entre vosotros sobre el fic que, aunque ya le queda poquito, siempre puede mejorar. ¡Feliz lectura!

PD: Dije en un post anterior que ya lo tenía todo pensado y que iría más rápido colgando los episodios que faltan. ¡MENTIRA! Cosas de la vida, la historia ha decidido dar un vuelco por sí sola y me ha jodido el poco de trama que me quedaba para el final. Pero no pasa nada, porque ya tengo lo nuevo bien pensado y no se alteran los planes de actualización así que, como tarde, a principios de noviembre pondré punto y final a este trabajo de casi dos años (Todos juntos: oooooooooooooooooh).

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28
El Hombre y la Bestia

Fueron unos segundos que transcurrieron como siglos. Todo estaba en silencio, quieto: hasta el mismo viento había quedado inmóvil, expectante. Link continuaba desafiante, empuñando su espada, una antorcha dorada que prevalecía ante la oscuridad.

Ganon lo contempló: un jinete solitario, un joven recién convertido en hombre. No se le oponía un general famoso o un guerrero invencible, tan sólo un chico, un huérfano criado por monjes. Volvió a sentir a la bestia pujando por salir. Toda la frustración y la rabia que sentía eran por culpa de aquel muchacho. Si no hubiera sido por él… Le comenzó a arder la mano derecha. Bajó la mirada y vio relucir su parte del Triforce. Notó cómo latía en su interior, como si tuviera vida propia. Se acompasaba con los latidos de su corazón.

Uno, dos. Uno, dos. Las piezas se llamaban, debían estar juntas. El Triforce era uno solo y nunca debió haberse dividido. Eso lo sabía Ganon muy bien. Uno, dos. Uno, dos. Él había poseído el Tesoro Dorado completo, había usado su poder; el Triforce lo había aceptado como su legítimo señor. El Triforce era suyo, él lo había reclamado después de siglos y ahora lo llamaba para que lo reuniera de nuevo. Uno, dos. Uno, dos. Sólo estaba aquel muchacho, débil, diminuto, armado con un juguete que despedía luz. ¡Cómo era posible que ese chico le hubiera causado tantos problemas! ¡Cómo era posible!

El rugido de la bestia rompió el silencio y el encantamiento que pesaba sobre todos se desvaneció. Los gritos volvieron y el caos reapareció, pero ahora eran gritos de miedo y hombres, bestias, aliados y enemigos, todos huían de Ganon. La bestia volvió a aullar y esta vez acompañó al arranque de furia un terrible golpe que derribó parte de la muralla y lanzó pedazos de roca a varios metros de distancia. La bestia se hacía más fuerte y tomaba el control.

Link se estremeció ante la furia del Demonio de Jade. Sintió el abrazo de la princesa, tan asustada que apenas se podía mover. Con firmeza dominó a Epona que, asustada, amenazaba con derribar a sus jinetes. Cuando la tuvo controlada, Link separó las manos de la princesa con delicadeza y desmontó con agilidad.

- ¡Ponte a salvo! – le dijo a la princesa.

Sin esperar repuesta, le dio una palmada a la yegua y ésta salió a galope tendido, encantada por escapar de aquella terrible bestia.

Quedaron frente a frente, rodeados de cuerpos sin vida y escombros, con una ciudad en llamas a sus espaldas. La bestia se lanzó contra él a una velocidad de vértigo, enarbolando sus enormes espadas por encima de su cabeza.

Tal y como ocurriera en el Lago Hylia, cuando la empuño por primera vez, Link sintió el poder de su hoja y golpeó al aire con todas sus fuerzas. Aunque similar al del pasado, el efecto que obtuvo fue sustancialmente distinto. Sintió su brazo rebosar de energía y, al golpear el aire, ésta se liberó en un único y poderosísimo haz dorado. Cortó el aire rugiendo, dejando un surco en la tierra marchita, e impactó con una fuerza brutal en el pecho de la bestia.

La enorme mole salió volando por los aires, dando vueltas, y se empotró en la muralla, haciendo que un torreón se derrumbara. Gritó de dolor. Era un sonido completamente diferente al que nunca se hubiera escuchado sobre la faz de Hyrule. Había dolor, rencor, resentimiento, sorpresa y… miedo. Aquello había herido de verdad a la bestia y una sombra de duda comenzó a rondar su cabeza. Se irguió y pedazos de roca tan grandes como una cabeza de ganado se deslizaron a un lado, como si fueran simples guijarros. Había perdido una de sus armas, mientras que la otra estaba tirada en el suelo, bajo un montón de escombros. Tenía una enorme herida en el pecho, una herida de bordes quemados de la que rezumaba una sangre negra y espesa. El aire estaba cargado con el olor a pelo y carne quemados.

Le dolía. Nunca antes, ni siquiera el cuchillo de las que otrora fueran sus madres, le había infligido semejante dolor. Escocía, ardía, pero más que la herida física, aquella era una psicológica. Nunca antes había sido herido en combate, nunca antes nadie había logrado alcanzarlo con espada, lanza o flecha. Y nunca pensó que alguien pudiera hacer mella al poder del Triforce que corría por sus venas.

- ¿Quién eres? – articuló con dificultad, no por culpa de la herida, sino a causa de la bestia, con la que ahora mantenía una lucha constante por el control - ¡Quién demonios eres!

Link se acercó, sin mostrar ninguna emoción, rebosando un poder sereno diametralmente opuesto a la furia desatada de Ganon.

- Soy la respuesta a cientos de plegarias que imploraban tu caída.

Ganondorf lo miró con renovado respeto.

- ¡Soy el lamento de las madres que perdieron a sus hijos y de los hombres que abrazaron los cuerpos sin vida de sus mujeres! ¡Soy el llanto del niño que perdió a sus padres, del anciano que vio arder todos sus recuerdos! Soy el instrumento de las diosas, Ganondorf; soy su espada, su brazo y su voluntad. Soy la memoria viva de todos los que has asesinado.

A cada frase avanzaba un paso, ya despojado de todo temor. Ganon, en cambio, retrocedía ante esas palabras, temeroso, asombrado de que alguien se atreviera a tratarlo en aquellos términos.

- Sólo soy un niño que creció sin sus padres y al que tú se lo arrebataste absolutamente todo. Soy aquello en lo que tú me has convertido. Pero, sobre todo, por encima de cualquier otra cosa, soy aquel que acabará contigo y te relegará al olvido.

************************************************** ***********************

- ¿La princesa? Sí, es una de las que desean venganza, pero otro es del que te hablo. Un heredero que te odia todavía más. Cuídate de él; podría destruirte.

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Que el viento sople,
que el velo caiga.
Que las llamas lo quemen,
que el hielo lo quiebre.
Que aquel que es uno entre tres
sea derrotado.

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Palabras antiguas y recientes resonaron en su cabeza, ardientes como puñales al rojo. Durante toda su vida había rechazado la posibilidad de ser destruido. Dominaba poderes que incluso los antiguos guardianes Gerudo habrían envidiado. Gaarum, el Fuerte; Oren, el Justo… ninguno de ellos había sido tan poderoso como él. Y sus vidas habían sido cortas, efímeras, como el aleteo de una mariposa.

¿Acaso estaba ante él aquel que podría destruirlo? ¿Existía alguien así en el mundo?

Y de pronto todo cobró sentido. Era la última prueba. Todo aquello había pasado por alguna razón y resultaba casi absurdo que no se hubiera dado cuenta hasta entonces. Rió, rió enloquecidamente, complacido consigo mismo. Link no hizo ningún ademán y contempló estoicamente cómo su adversario, el siempre frío y calculador Demonio de Jade, era consumido finalmente por las redes de la locura.

- Fui un ingenuo al pensar que el poder del Tesoro Dorado se me rendiría tan fácilmente. Nunca en mi vida he tenido un adversario digno, nadie que se pudiera equiparar a mí en talla y poder. ¿Cómo podría entonces considerarme digno del mayor poder de esta tierra?

“Tú – dijo mientras lo señalaba con una garra manchada de sangre -. Tú eres la respuesta a todo. Eres el instrumento de las diosas, sí, pero no para destruirme, sino para probar mi valía y recuperar lo que es mío.

Alargó su brazo derecho por encima de la cabeza y sombras y fuego se arremolinaron a su alrededor. Una sombra alargada que adoptó forma sólida: un asta y tres afiladas púas que rezumaban veneno. Ganon cogió aquella temible arma, gruesa como el tronco de un pequeño árbol y la blandió con furia.

No había lugar para más palabras. Llegó el momento de que hablaran los actos.

La estocada sobrevino más rápido de lo que el ojo podía captar, pero Link se movió por puro instinto y las puntas del tridente pasaron a apenas unos centímetros de su costado. Su espada cortó el aire y golpeó el asta, arrancando una nube de chispas y un entrechocar de metales.

Link se movió a toda velocidad. Fintó a derecha e izquierda y se vio recompensado cuando otra fulminante estocada hendió el suelo justo donde acababa de estar. Se giró a la velocidad del rayo y propinó un revés con todas sus fuerzas. Su hoja se encontró de nuevo al tridente, sólo que ésta vez era Ganon el que había tenido que defenderse. Pese a ser mucho más débil que la terrible forma del Demonio de Jade, éste se tambaleó con la fuerza del golpe y se vio obligado a retroceder unos pasos.

Link lo miró al rostro y apreció cómo la bestia resurgía con más fuerza que nunca, ahogando la frialdad y raciocinio del Demonio de Jade, asfixiando lo poco de humano que le quedaba.

El entrechocar de metal fue continuo, un enorme y prolongado repiqueteo. Ambos contendientes giraban, fintaban y esquivaban. La espada de Link era un borrón dorado, mientras que la de Ganon era negrura en estado puro. Los dos parecían alimentados por una fuerza sobrehumana, forzando los límites de lo razonable. Link se veía obligado a esquivar o desviar muy de refilón los demoledores ataques de Ganon, mientras que éste confiaba en su superioridad física para imponerse. Era una danza terrible, dos bailarines mortales buscando ese ansiado hueco, ese trozo de carne para hundir su arma hasta la empuñadura.

Los ataques de Ganon ganaron en fiereza, pero perdieron precisión. Link comenzó a tener problemas ya que no seguían una estructura lógica, sino que cada vez más sentía estar luchando contra un animal salvaje.

Ganon cogió el tridente con los dientes hacia abajo y le atacó, como si clavara una pica. Link se desplazó a un lado mientras que ponía el escudo en un ángulo muy leve para desviar la trayectoria. Sintió como el acero negro dejaba un surco en su escudo en medio de un agudo chirriar. El tridente se clavó en el suelo, a pocos centímetros de su pie y la tierra se resquebrajó, como si la lanzaba la hubiera herido en lo más profundo.

Link saltó para caer en terreno seguro, pero Ganon lo estaba esperando. Con la mano desnuda lo alcanzó con un revés en medio del pecho. El golpe derribó a Link y lo dejó aturdido y sin respiración. Pero sabía que quedarse inmóvil suponía la muerte, y rodó por el suelo. Sintió otra lanzada y oyó cómo la tierra se partía y dejaba un pequeño cráter allí donde había estado su cabeza.

Se incorporó con una acrobacia y blandió la espada a derecha a izquierda. La brusquedad de la maniobra sorprendió al Demonio de Jade y la hoja dejó una marca sanguinolenta en su brazo. La bestia lanzó un ataque que habría atravesado un oso de parte a parte, pero golpeó el aire. Link había girado hacia su derecha y, una vez que la estocada lo hubo sobrepasado, asió con ambas manos su prodigiosa hoja y golpeó con todas sus fuerzas.

La luz luchó contra la oscuridad durante unos instantes, pero aquella hoja estaba hecha con un metal que no era de ese mundo, forjada con el poderoso Martillo Megatón y fortalecida con la antigua magia de la Ocarina del Tiempo. Los misterios de la tierra de Hyrule, sus secretos y poderes, residían en aquel filo y, por si esto no fuera poco, por el brazo que lo empuñaba corría el poder de las diosas.

El acero se quebró en dos, limpiamente, con un sonido como el tañer de una campana. Cayeron al suelo los dientes del tridente pesadamente y todo el arma se desvaneció a los pocos segundos. Ganon miró sus manos vacías con incredulidad, incluso con cierto deje de estupidez, y clavó sus ojos llameantes en su adversario.

Alargó el cuello hacia el cielo y rugió. Con sus terribles garras pareció querer coger algo del cielo. El aire reverberó a su alrededor y su melena rojiza prendió en llamas. Éstas lo rodearon, rugiendo furiosas, y varias lenguas se separaron de su cuerpo.

Era una visión terrible y Link retrocedió, empañada su pequeña victoria por aquella demostración de poder. Las lenguas de fuego comenzaron a adoptar formas. Un afilado pico, unas punzantes garras, dos poderosas alas… En pocos segundos, media docena de halcones de fuego los rodeaban, chillando complacidos por la inminente caza.

No hubo orden de ataque, sólo ocurrió. Link se cubrió con el escudo y rechazó a uno, se arrodilló y sintió el calor al pasar el segundo por encima de su cabeza, saltó hacia atrás y otro cayó donde había estado, al cuarto lo golpeó con su escudo y tuvo la satisfacción de alcanzar en plena carga al quinto y al sexto: los tres se deshilacharon en el aire y desaparecieron. Sin embargo, no pudo reaccionar a tiempo para esquivar la acometida de Ganon y apenas pudo bloquearla con el escudo.

El impacto lo desequilibró y recibió de lleno el ataque de uno de los halcones de fuego en medio de la espalda. La túnica de los kokiri prendió, pero la cota de mallas amortiguó en gran medida el impacto. Un segundó halcón lo alcanzó en un costado, mientras que el tercero en discordia se encontró con la espada y se deshizo en un santiamén.

Link se dolió de las quemaduras cuando evitó otro ataque de Ganon. Su melena seguía en llamas y su aspecto era temible. Ahora luchaba con sus poderosas garras, cortando, golpeando, intentando atraparlo y aplastarlo, pero Link pudo evitar cada uno de los ataques. Sin embargo, sabía que no podía defenderse eternamente si pretendía derrotar a su enemigo, por lo que de vez en cuando atacaba en una sucesión de rápidos mandobles que solían culminar en un pequeño corte o estocada superficial.

A pesar del esfuerzo de ambos, ninguno parecía desfallecer. Alimentados por el poder del Triforce sus golpes no perdían fuerza ni acierto. Si aún fuera posible, se movían más rápido que antes. La espada dorada ya era un borrón que Ganon ni se molestaba en esquivar del todo. Su cuerpo aparecía salpicado de infinidad de cortes, cubiertos de sangre, sudor, cenizas y tierra, pero la bestia no parecía notarlos. Más grave era la herida del pecho, que seguía sangrando profusamente y, si no hubiera sido por el Triforce del Poder, ya habría acabado con su vida.

Link tenía quemaduras en la mayor parte de su cuerpo, si bien las más graves eran las de la espalda y el costado, y le dolía el pecho y un hombro, machacados por la terrible fuerza del Demonio de Jade.

Continuaron girando, atacando y defendiendo, mientras el sol subía por el cielo. El resto de la batalla no importaba. No sabían si iba ganando un bando u otro y tampoco es que importara. El resultado de la batalla, de todo el destino de Hyrule, dependía de aquel combate singular.

Ganon intentó agarrar a Link para aplastarlo con sus hercúleos brazos, pero éste rodó hacia delante y pasó entre ellos. Cayó de rodillas y pudo asestar un importante golpe a sus piernas, pero Ganon se giró bruscamente y, a la vez que la hoja se clavaba en su muslo, golpeó a Link en el rostro con su robusta cola.

El guerrero salió despedido hacia atrás y perdió el escudo, aunque pudo mantener sujeta la espada, que relampagueó en respuesta al desafío. Link se incorporó, con el cuello adolorido y una herida en el labio, pero dispuesto a continuar el duelo. Ganon había hincado la rodilla y su sangre negra manaba profusamente allí donde la espada lo había herido.
Sin darse más que unos segundos de reposo, volvieron a la carga. Ganondorf acertó a Link con sus garras en un brazo mientras que éste lo hería en el hombro. La cola de la bestia volvió a surcar el aire y lo derribó otra vez, no sin que antes Link clavara su hoja en un costado. La lucha ya no era elegante, se había convertido en una sucesión de golpes desordenados, casi desesperados. Caían al suelo para levantarse de nuevo a trompicones, sangraban, estaban manchados con tierra y sudor. Los dos sabían que estaban igualados y que sólo un golpe de suerte podría inclinar la balanza a uno u otro lado.

Y dicho golpe de suerte llegó. Cambió el viento y comenzó a soplar desde el norte. El campo de batalla se llenó con el olor a muerte de la ciudadela, de meses de olvido y enfermedad. Pero, sobre todo, se lleno de cenizas y humo. La ciudadela ardía por los cuatro costados, sucumbiendo a la fuerza irresistible del fuego, y las nubes de humo negro y espeso cayeron sobre Link y Ganon, como una manta de polvo que se metía en los pulmones y en los ojos.

A Link le costaba respirar y los ojos le comenzaron a lagrimear, irritados. Intentó retroceder para ganar unos segundos, pero Ganon estaba siempre allí, acosándolo. No vio venir el golpe que lo derribó, pero lo alcanzó en un costado y casi le arranca una pierna de cuajo, tan violento fue.

En el suelo intentó rodar, pero se golpeó contra un trozo de muralla en la rodilla y enseguida voló por los aires al propinarle Ganon una patada en el costado. Un crujido atravesó el velo de dolor y Link supo que le había roto varias costillas. Clavó la espada en el suelo y se apoyó en ella para erguirse y continuar la lucha.

Cuando levantó la vista, vio a través del muro de cenizas a Ganon y a más halcones de fuego brotando de las llamas que lo rodeaban, como una corona llameante. Cuatro, cinco, diez, quince… Link perdió la cuenta de cuántas aves de fuego había invocado el Demonio de Jade. Cuando se lanzaron al ataque, la única defensa que le quedaba era tratar de acertarlas en pleno vuelo y acabar con el mayor número de ellas posible.

Lo golpearon en el hombro, el pecho, el brazo y la cabeza. Parte del cabello se le abrasó y la túnica kokiri estaba hecha jirones. La cota de mallas había comenzado a derretirse en algunos puntos, quemándole la piel, y se había tornado negra por culpa del hollín. Sangraba por infinidad de heridas y a duras penas se podía mantener en pie, pero lo hizo, esgrimió con una maestría admirable la espada dorada y abatió a cuantas invocaciones pudo. Un muro dorado se desplegó a su alrededor, así de veloces eran sus golpes, y los chillidos lo rodearon hasta que ya no pudo discernir cuándo empezaba uno y acababa otro.

Y seguían llegando más y más aves. Ganon, arrodillado, continuaba llamándolas y enviándolas. Sus fuerzas mermaban con cada halcón invocado, pero ya no pensaba, sólo actuaba. Su enemigo estaba flaqueando y continuó formando halcones de fuego a su alrededor, tantos que pronto él mismo pareció una enorme bola de fuego.

Miró a Link, defendiéndose a la desesperada y, por un momento, sus miradas se cruzaron. Link vio su destino en aquellos ojos llameantes y siguió luchando. Lo haría hasta el final.

Reshief
4th October 2007, 16:23
"Ohhhhhh"
Muy bueno, estaba muy bueno!! muy epico!!
No puedo esperar por leer el final!!! bravo Tildom!!

Ah por cierto:

"Gritó de dolor. Era un sonido completamente diferente al que nunca se hubiera escuchado sobre la faz de Hyrule. Había dolor, sorpresa, rencor, resentimiento, sorpresa y… miedo."

Saludos!!

Tildom
4th October 2007, 20:37
"Ohhhhhh"
Muy bueno, estaba muy bueno!! muy epico!!
No puedo esperar por leer el final!!! bravo Tildom!!

Ah por cierto:

"Gritó de dolor. Era un sonido completamente diferente al que nunca se hubiera escuchado sobre la faz de Hyrule. Había dolor, sorpresa, rencor, resentimiento, sorpresa y… miedo."

Saludos!!

Gracias, por el comentario y el gazapo. Ya está corregido :sorrisa:

Tildom
17th October 2007, 00:29
Bueno, última actualización de hoy (o primera, según se mire XD). No sé, tengo dudas acerca de este episodio, me ha quedado demasiado filosófico, pero es lo último. De verdad, lo prometo. El gran final se aproxima y ya todo está explicado y planteado para el desenlace.

Si seguís el índice de la primera página de cerca veréis que a esto le quedan dos telediarios (literalmente) y que los títulos ya están puestos. De hecho los capítulos ya están escritos y los estoy revisando. En fin, que me enrollo una barbaridad y será mejor que os deje leer tranquilos.

Y lo de siempre: Espero que os guste, no tengáis miedo de dejar vuestra opinión y ¡feliz lectura!

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29
La Luz de la Sabiduría

La princesa estaba abrumada. Mientras Epona se alejaba oyó el ruido de la batalla, más no volvió la vista a atrás, aún conmocionada por la transformación de Ganondorf y de los poderes que esgrimía.

Ella también sentía en su interior la llamada del Triforce. Le había hablado en sueños, le había contado secretos, historias antiguas… El legado de los antiguos ahora vivía en ella y lo haría en sus descendientes por siempre. La magia se había convertido en un segundo lenguaje para ella. Desfilaban en su memoria encantamientos poderosos que podrían hacer brotar una fuente, hacer crecer un árbol de una semilla en un suspiro o sanar la tierra y a las personas. Era frustrante adoptar un papel pasivo en todo aquello, pues deseaba unirse a su pueblo en la lucha, codo a codo, tal y como Link hacía.

A su alrededor todo el mundo corría sin orden ni concierto. Amigos y enemigos habían dejado a un lado sus diferencias y escapaban del terrible duelo. Cuando estuvo a una distancia prudencial, Zelda sofrenó a Epona y se dio la vuelta. Lo que vio la dejó sin aliento.

Una figura enorme y poderosa luchando contra otra pequeña, brillante. Supo en ese momento que mientras viviera, jamás olvidaría la esperanza que inundó su corazón entonces. Link giraba, saltaba, golpeaba y retrocedía; avanzaba, amagaba y volvía a golpear. Los ataques de su adversario pasaban a pocos centímetros de su rostro, pero ni se inmutaba.

Al ver Zelda aquello, esa perfecta analogía de la situación que vivía Hyrule, que vivían todos ellos, las últimas dudas fueron barridas de su corazón. En ese momento, la verdad se reveló ante ella abiertamente. No había tiempo para huir, no había tiempo para ponerse a salvo. Había que ganar, o ya no habría mañana para nadie.

En medio de todo aquel caos, la princesa cerró los ojos y buscó a Rauru. Notó su presencia paternal, cerca de donde se encontraba, e hincó los tacones para poner a Epona al galope. A medida que se alejaba de las murallas, los enfrentamientos entre los bandos eran más frecuentes, hasta que pronto se halló de nuevo en medio de la batalla. Sin flancos, sin órdenes, la limpia carga de los pueblos libres de Hyrule se había convertido en una amalgama de criaturas que luchaban codo con codo por su supervivencia en miles de luchas individuales.

Contempló al Rey Zora esgrimir su lanza de forma letal, moviéndose ágilmente entre los enemigos, rodeado de su guardia personal. Los Zora eran fieros guerreros, aún en tierra firme, rápidos como serpientes, danzaban más que luchaban, economizando movimientos y acabando de forma rápida con sus adversarios. A su lado, Darunia representaba el extremo contrario. Protegido por una coraza de acero forjado, prácticamente sin adornos, balanceaba una enorme maza plateada y aplastaba todo cuanto se pusiera en su camino. Se protegía con un escudo gigantesco, en el que ya se habían incrustado decenas de flechas enemigas. A su lado, varios goron sembraban muerte entre sus enemigos.

Aunque sin duda alguna, el batallón que más muertes causaba entre las filas de enemigos era el de las gerudo. Ansiosas de venganza tras años de esclavitud, las terribles luchadoras actuaban como un solo ser. Cada una armada con dos delicadas cimitarras avanzaban sobre un camino de cadáveres. Nabooru las lideraba en completo silencio, transmitiendo sus órdenes en un lenguaje silencioso y ancestral entre las de su clase. Sus hojas giraban más rápido de lo que el ojo podía seguirlas y, de repente, una rapidísima estocada alcanzó a un hombre bestia en el corazón y lo mató en el acto. Inmediatamente el hueco se cerró y volvió a quedar escudada tras su muro de cuchillas.

Avanzaban, y los adversarios que tenían la desgracia de no apartarse a tiempo, recibían cortes en los brazos, piernas, rostros y cuanto se ponía al alcance de sus hambrientos filos. De vez en cuando la danza se pausaba y los ataques se hacían más precisos y poderosos. Casi siempre entonces caía un enemigo muerto o gravemente herido.

Todos luchaban, todos unidos bajo una misma enseña. Encontró a Rauru atendiendo a unos heridos ayudado por hombres y mujeres demasiado jóvenes o ancianos como para empuñar un arma. Rauru pareció aliviado al verla.

- Me alegro de veros, majestad – dijo el sabio dejando un herido al cuidado de un joven cargado de vendas.

- Necesito tu ayuda. Link está combatiendo a solas contra Ganondorf.

Todos los que escucharon esas palabras se la quedaron mirando, boquiabiertos. Rauru pensó unos instantes su repuesta.

- En verdad que nuestro General ha cambiado y ya no es el muchacho indeciso, aunque su arrojo sigue siendo el mismo que cuando nos conocimos – dijo recordando su primer encuentro en el lago Hylia -. ¿Qué puedo hacer por vos, alteza?

Ignorando las miradas de perplejidad, Zelda desmontó y se colocó al lado del sabio.

- He aprendido mucho en estos últimos días, pero aún desconozco muchas cosas. El poder del Triforce es demasiado vasto, demasiado profundo para mí. Aún no comprendo por qué fui elegida por una de sus partes ni qué puedo hacer con ella.

- El poder de la Sabiduría, aunque más evidente que el del Valor, no es tan explícito como el del Poder, como así ha quedado demostrado – respondió el sabio señalando a uno de los hombres bestia.

- Pero vos controláis ese poder.

- Cierto. Los Hylian, aún siendo hijos de las Tres Doncellas, somos el pueblo escogido por Naryu. Se creía que nuestros ojos azules eran la señal de nuestra afinidad con ella y que, en un tiempo remoto en los albores de nuestra raza, nos dotaron de más percepción y sensibilidad hacia la magia y el mundo que nos rodea – dijo mientras señalaba sus orejas puntiagudas.

“Fui educado en el arte de la hechicería y también aprendí mucho por mi cuenta, mientras permanecía en la Tierra Dorada. ¿Qué deseáis saber?

- Quiero que seáis franco conmigo. ¿Es posible destruir al Demonio de Jade?

Rauru la miró a los ojos. Vio en ellos el brillo de la misma Diosa de la Sabiduría, sintió su espíritu dentro de aquella muchacha de frágil aspecto. No podía mentirla.

- No, no creo que se le pueda destruir ahora.

- ¿Por qué? – la princesa estaba muy seria, pero a Rauru le sorprendió descubrir que aquel arranque de sinceridad no le tomaba de nuevas.

- El Triforce ha escogido, y su voluntad es la de las mismas diosas. El Trifroce es un instrumento y, como tal, no entiende de bienes y males. El gran temor de los hylian era que su poder cayera en las manos equivocadas. Más aún, que volviera a dividirse y el mundo volviera a entrar en guerra para reunir de nuevo las tres partes, tal y como ocurre ahora mismo.

- ¿Cómo acabo la guerra en el pasado?

- La situación es completamente distinta. En aquel tiempo luchaban las razas de Hyrule por el poder del Tesoro Dorado, pero nadie era malvado del todo. Sólo éramos un puñado de niños, inmaduros e ignorantes, jugando con algo que escapaba a su comprensión.

“Ganondorf no es ningún niño. Sigue sin saber el poder que tuvo, que tiene, entre manos, pero su corazón es negro y no se detendrá ante nada. Esta guerra no puede acabar en tregua como la otra, sólo hay una forma: derrotando a Ganondorf.

- ¿Cómo?, si acabáis de reconocer que no se puede.

- No he dicho eso, tan sólo que no se le puede destruir, al igual que tampoco él podrá destruir a Link, o destruiros a vos.

Zelda se lo quedó mirando, aún sin comprender las palabras del sabio.

- ¿Aún no lo habéis entendido? El Triforce, aunque separado, sigue siendo uno; único e indivisible. Las piezas se llaman para reunirse de nuevo, conceden enormes poderes a sus portadores para llevara cabo esa hazaña. Incluso ahora mismo debéis estar sintiendo la llamada – no espero a que Zelda confirmara aquella afirmación, pues sabía que era cierto.

“Tened lo siguiente muy claro. Si el Triforce se ha dividido es porque tal ha sido la voluntad de las diosas. No hay duda de que algún día volverá a estar completo, pero hasta que llegue alguien con la pureza y equilibrio suficientes como para reclamarlo, permanecerá dividido.

- Entonces Ganondorf es inmortal.

- Sí, y no. El Triforce del Poder está en él. Es uno de los elegidos de las diosas. A pesar de todo el mal que ha hecho, del horror de la guerra, es indudable que Ganondorf encarna como nadie, en esta era o por lo menos de todas aquellas que yo he vivido, el poder en estado puro. Su espíritu es como el que sería de Din si no estuviera equilibrada por las otras dos Doncellas. En ese aspecto es inmortal.

- ¿Y cómo se lo detiene?

- De la misma forma que Din no es una diosa sanguinaria y desatada. El equilibrio es la clave de todo, princesa. El equilibrio es lo que mantenía el Triforce unido, el equilibrio fue lo que acabó con la guerra de hace cientos de años, el equilibrio, más bien su falta, fue lo que propició la caída de Ganondorf y el nacimiento de toda esperanza al dividirse de nuevo en tres fragmentos, y el equilibrio es lo que hará que algún día el Triforce vuelva a ser uno. Pero, sobre todo, será el equilibrio lo que encierre a Ganondorf y nos libre de todo este sinsentido – añadió mientras señalaba alrededor.

La princesa medito las palabras del sabio y se dio cuenta que tenía razón. No se podía matar a Ganondorf porque eso supondría acabar con la misma naturaleza del Trifroce. Ahora, él formaba parte de la misma esencia creadora del mundo y la sola idea de acabar con él resultaba absurda.

- Un sello – dijo finalmente -. Si no podemos destruirlo lo encerraremos.

Rauru asintió y se inclinó.

- Vuestra sabiduría va más allá de los dones que os han sido concedidos – dijo -. La única solución viable es sellarle.

- Tendremos el suficiente poder para hacerlo.

Rauru sonrió.

- ¿Yo? Imposible, princesa. Sólo un igual puede detener a un igual. Y en este caso, como ya hemos comentado antes, es necesario retomar el equilibrio para acabar con la guerra y encerrar a Ganondorf. Sólo vos y Link tenéis el poder de conseguirlo.

Zelda asintió, comprendiendo el sabio consejo de aquel hombre centenario.

- Tenéis razón, Rauru. Una vez más tenéis razón. Me alegro de haber hablado con vos, ahora está todo mucho más claro.

Rauru la contempló con tristeza.

- Me alegro de haber sido de ayuda, aunque lo lamento profundamente. Vos y Link sois merecedores de un destino mejor que el que las diosas han escogido.

- ¿Aún no lo entiendes, Rauru? – dijo la princesa con una gran sonrisa. El sabio la miró extrañado -. No hay ningún destino, sólo las decisiones que libremente tomamos.

************************************************** ********************

PD: Aprovecho para perdir disculpas. Link siendo azotado por el fuego de Ganondorf y os meto este pestiño filosófico sobre el equilibrio y el libre albedrío. ¡Sois unos santos! Para el siguiente prometo acción.

Reshief
23rd October 2007, 15:48
Bueno como siempre, es como el clasico episodio de pensamientos y donde se ve un rayito de luz aun en las mas densas tinieblas!! me gusta
solo dos faltan ya!!

Tildom
22nd November 2007, 00:24
Viernes 23 de Noviembre

30
Los 3 Elegidos

EDITADO:

Ya lo habréis notado, pero no he actualizado. Todo se debe a una torpeza mía: el capítulo lo estaba revisando en el trabajo y se me olvidó mandármelo a casa. Como da una pereza enorme volver a hacerlo pido disculpas y lo colgará mañana por la tarde.

¡Sorry!

EDITADO 2:

Ahora sí, por la gloria de mi madre que actualizo mañana. El destino se pone en contra mía a la hora de acabar el capítulo 30. Me lo dejé en el trabajo, sí, justo el fin de semana en el que hacían limpieza de servidores. Resumen de daños: capítulo 30, la BSO de Metroid, Magio Galaxy, Hyrule Simphony, 60 imágenes de fantasía y 15 capítulos de Chicho Terremoto perdidos para siempre.

Lo he reescrito y no sé si me ha quedado mejor o peor que el original, pero uno no deja de tener la sensación de que ha perdido algo.

En fin: mañana a las 12, como tarde, capítulo 30. Ahora sí. De verdad.

Tildom
28th November 2007, 12:26
Bueno, terminado el capítulo 30. Ya solo queda el último capítulo de cierre, Un epílogo sencillo que cierre el fic, más sentimental que otra cosa. Completamente innecesario, puesto que podría acabarlo perfectamente con este capítulo, pero mentiría si dijera que lo primero que me vino a la mente a la hora de concebir el fic fue el Epílogo.

En fin. Perdón por los retrasos y, como siempre, espero que lo disfrutéis.

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30
Los Tres Elegidos

Jadeante, Link continuó con su desesperada defensa. Los pájaros llameantes de Ganondorf no cesaban en su ataque, embistiéndole sin compasión una y otra vez. Manejaba la espada sin pensar, dominado completamente por su instinto guerrero. Pero aquello no era suficiente, había demasiados. Estaba cansado y el sudor le escocía al caer en las heridas y quemaduras. Y, sin embargo, seguía en pie, su espada un borrón dorado.

Ganondorf avanzó hacia él. Ahora daba todo igual, estaba a su merced, pues la nube de halcones llameantes no reducía su número y más y más seguían brotando del Demonio de Jade.

Ya estaba tan cerca que Link pudo notar su olor, acre y amargo, oír su pesada respiración a pesar de los chillidos que lo rodeaban. Trató de alejarse, pero sólo podía moverse lentamente so pena de bajar la guardia y caer irremisiblemente. Ganondorf lo contempló con odio, con unos ojos irracionales. Había dejado de ser un hombre, pero sus sentimientos hacia él habían permanecido, tan arraigados estaban en su alma.

Link apeló a los últimos rescoldos de poder que podía invocar y sintió las familiares pulsiones que emanaban de su espada. Fue un giro rápido, preciso; un grito desesperado resonó en su garganta. La espada describió un circulo dorado a su alrededor, rugiendo con la misma pasión que el guerrero que la empuñaba. La onda expansiva exterminó de un solo golpe a todos los pájaros de fuego. El mismo golpe hizo revolotear a las pavesas que poblaban el aire y despejó el aire que lo rodeaba.

Link quedó jadeante, sin perder la pose defensiva, aunque ya sin enemigos que lo acosaran. Las llamas de su adversario se habían desvanecido y en verdad Ganondorf parecía más pequeño, débil, como si sus constantes demostraciones de poder hubieran quebrantado su espíritu. Parte de su majestuosidad se había perdido en algún momento y ahora parecía más bien una bestia gigante y agotada, manchada y herida por innumerables lugares.

Ninguno de los dos se movió, aprovechando aquellos segundos para recuperar el aliento, pero aunque los cuerpos permanecieran inmóviles, sus mentes seguían luchando, estudiando posibilidades, calculando la nueva situación con precisión milimétrica.

Los ataques se reanudaron con la misma violencia con que se había detenido. Link se deslizó por debajo de los brazos de Ganondorf y lo alcanzó en el estómago. Éste sintió el acero y retrocedió bruscamente, casi arrancando la espada de la mano de Link, que se desequilibró unos instantes. Ganondorf se agazapó y su cola avanzó como un látigo y lo golpeó en el rostro parcialmente, derribándolo.

Sin lamentarse por la caída, el guerrero rodó por el suelo y evitó por enésima vez las garras de su adversario, que dejaron un profundo surco en el suelo. Haciendo caso omiso al dolor de sus costillas, aprovechó la inercia que llevaba y se levantó acrobáticamente, justo a tiempo de parar con el escudo un segundo coletazo. Con la rapidez de una cobra, se abalanzó hacia adelante y, arriesgando el todo por el todo, saltó sujetando el arma con ambas manos propinando un tajo temible contra el poderoso apéndice.

El corte fue limpio. Más de la mitad de la musculosa cola de Ganondorf cayó al suelo, inerte, mientras que de la herida brotó una sangre negra que borboteó al caer al suelo. Ganondorf sintió cómo el dolor se propagaba por su espalda y se adueñaba de su cuerpo. Quemaba, lo abrasaba por dentro, pero la adrenalina llenó sus venas y no desfalleció, no se dejó vencer por la debilidad y se mantuvo en pie, aunque tembloroso.

Se abalanzó hacia Link, como un animal. El joven general mantuvo la distancia y lo alcanzó otras dos veces, pero al Demonio de Jade ya no le importaba. Los pequeños cortes que le hacía no eran nada comparados con el dolor de sus otras heridas. Ignoraba los movimientos de la espada de Link, avanzaba sin descanso, acorralándole, soportando cada pequeño tajo con estoicismo, obligándole a huir y luchar a la defensiva.

Link se las deseaba para escapar del acoso de su enemigo. Aunque se movía más lento que antes, también era cierto que a él también le pesaban las heridas. Le costaba respirar y el aire, aunque más despejado, continuaba enrarecido por la ceniza y el polvo. Le dolía el costado y tenía la pierna cada vez más rígida. Además, el golpe en la cara había provocado que un ojo comenzara a hinchársele y le restara todavía más visibilidad. Movía la espada de lado a lado, sin orden ni concierto, y la mitad de las veces hería a su adversario más suerte que por maestría. Concentraba todos sus esfuerzos en mantenerse fuera del alcance de aquellos poderosos brazos, capaces de despedazarlo.

Pero lo estaba arrinconando, lo sabía. Ganondorf lo estaba conduciendo hacia las ruinas de la ciudadela, hacia los pedazos de muralla caída. El terreno estaba salpicado con trozos de piedra, algunos tan grandes como una cabeza de ganado, y se le hacía más difícil moverse con soltura. A Ganondorf no le importaba si lo alcanzaba o no con uno de sus golpes, quería atraparlo entre las piedras, impedirle la huída y después acabar con él.

Y lo consiguió. Un fragmento de muralla mal colocado, un terreno resbaladizo y un paso en falso. Se torció el tobillo e hincó la rodilla. Su gemido de dolor fue interrumpido cuando los poderosos brazos del Demonio de Jade lo atraparon. El abrazo fue brutal y el dolor de las costillas amenazó con hacerle perder la conciencia.

Ganondorf rugió de placer. No sería una muerte lenta, acabaría lo antes posible, sin alardes, espectáculos, grandes discursos o miradas eternas. Sólo el placer del crujir de los huesos, la cálida sensación de la sangre correr entre sus garrar, el dulce olor de la muerte. Sentir el último latido de la presa, la expiración que convierte el cuerpo en un trozo inerte de carne. Esa sería su recompensa.

Link intentó zafarse de la presa, pero todo era inútil. Tenía atrapados ambos brazos y había soltado la espada, que yacía en el suelo, completamente inútil. El aliento fétido de Ganondorf le revolvió el estómago, pero no tenía fuerzas ni para vomitar. La presión era cada vez más fuerte y ya no podía respirar.

Y entonces, cuando ya no había más que dolor y angustia, sintió el poder del Tesoro Dorado más fuerte que nunca. La presa se aflojó levemente y, en la niebla de la inconsciencia, pudo distinguir un astil de flecha clavada en el hombro de Ganondorf. Era hermosa, con plumas de cisne, y su mástil era plateado.

Un fogonazo argénteo salpicó si vista mientras que otra flecha se clavaba en la espalda del Demonio de Jade y este sufría otra sacudida y se debilitaba. Una tercera saeta, y luego una cuarta y una quinta, lo aguijonearon. Ganondorf lo miró con incredulidad, la bestia sucumbía de nuevo al hombre en aquel momento, y la revelación de lo que sucedía fue tremenda. Soltó a Link y cayó al suelo de lado, completamente aturdido, sin emitir sonido alguno.

Link cayó al suelo como un fardo, apenas consciente de lo que ocurría a su alrededor. Vio a un guerrero sobre un corcel bayo armado con un arco plateado que soltó una quinta flecha que se clavó en el pecho del Demonio de Jade. El guerrero desmontó con gracia y se mantuvo a una distancia prudencial mientras que una y otra vez descargaba su arco contra Ganondorf. ¿Quién sería?

El poder del Triforce lo alimentó y Link se deshizo del escudo, consciente de que no podría usarlo de puro agotamiento y ayudó a levantarse con ambas manos hasta descansar apoyado en unas piedras. Las pulsaciones que nacían de su mano eran fuertes y acompasadas, tranquilizadoras en extremo y sabía perfectamente que era ese poder el que hacía posible que estuviera, ya no consciente y de pie, sino vivo.

Ganondorf, desde el suelo, pugnaba por levantarse, pero sus heridas eran más y mayores que las de Link y seguían creciendo con cada flecha plateada que se alojaba en su cuerpo. A pesar de que Link sabía que la misma fuerza que lo alimentaba a él estaba en Ganondorf, había algo que la frenaba e impedía que recobrara sus fuerzas. Comprendió inmediatamente que sólo había una persona que tuviera semejante poder.

Volvió a mirar al arquero desconocido y ahora pudo identificarlo. Conocía aquella armadura, conocía aquel arco, sólo que no había caído antes en quién podía ser. Con lágrimas en los ojos, la arquera ponía en cada flecha todo su afán de justicia, de acabar con aquel que le había arrebatado todo y cuanto quería en el mundo. Ya no era una princesa luchando por su reino, era una amiga, una hija, que ejecutaba la voluntad de los caídos.

La mano de la princesa Zelda viajó por última vez al carcaj de su espalda y, al percatarse de que ya no tenía flechas, se acercó a Link mientras guardaba el arco, pero sin dejar de mirar al Demonio de Jade. Durante un fugaz instante, los ojos de ambos se encontraron y los ojos de Ganondorf la contemplaron, primero con asombro y luego con odio. La bestia había muerto, ahogado el poder con el que se alimentaba por una misteriosa fuerza. Ganondorf, al comprender que era la princesa la que la contenía, la odió todavía más.

- Has sucumbido, Demonio de Jade – dijo la princesa con tono pausado mientras se colocaba al lado de Link, a la vista de Ganondorf -. Con mi parte del Triforce someto a la tuya.

- ¡No! – gritó el Demonio de Jade -. ¡Tú no puedes poner barreras al poder de las diosas!

- Eternamente no – contestó la princesa con una sonrisa -, pero tampoco lo pretendo. Sólo por unos instantes. Lo suficiente para hacer lo necesario para liberar a mi reino de tu presencia.

Cerró los ojos y obvió los gritos de Ganondorf, desesperados, patéticos, por reclamar su atención.

- Te daré poder, todo el que quieras y más. Regirás Hyrule a mi lado. ¡Regirás el mundo entero a mi lado!

Zelda lo ignoró y un halo azulado la envolvió. Link sintió el poder que brotaba de ella como una fuerza tangible. Casi podía alargar la mano y sostener en su mano la luz que emanaba de su cuerpo. Sintió el poder que corría por sus venas acompasarse a esa fuerza, entrar en sintonía con ella. Las partes del Triforce se llamaban, deseaban estar juntas, aunque no era su hora, todavía no. No en esa era.

- Tendrás lo que pidas – suplicó Ganondorf -, todo cuanto desees será tuyo. Te mostraré secretos más allá de tu imaginación. Podrás obtener lo que más anheles, todo, ¡todo! cuanto desees.

El suelo tembló y, a los pies de Ganondorf se abrió un portal azulado. Inmediatamente, el enorme cuerpo de Ganondorf comenzó a verse atraído a su interior. Venciendo su debilidad, éste clavó las garras con fuerza en el suelo, intentando impedirlo, pero todo fue inútil. Palmo a palmo fue siendo arrastrado a lo desconocido. Gritó, aterrorizado, angustiado, como una bestia que no comprende lo que sucede, como un niño en una noche de tormenta, como un hombre que ha visto cómo todos sus sueños se dan la vuelta y lo apuñalan.

Los miró fijamente y Link retrocedió, tan fiero y profundo era su odio. Ya no había nada que perder y el Demonio de Jade luchó con todas sus fuerzas.

- ¡Os perseguiré! – gritó furioso - ¡Nunca estaréis a salvo! Atacaré a vuestros hijos, a vuestros amigos, a todo aquel que signifique algo para vosotros. En las noches oiréis el viento y creeréis que es mi voz, veréis una sombra y os encogeréis pensando que he vuelto.

A cada palabra pronunciada, parecía que la fuerza volvía a sus miembros. La princesa Zelda se tambaleó, incapaz de mantener a raya el Triforce del Poder y, a la vez, abierto el portal. Un gemido escapó de sus labios.

Ganondorf consiguió ponerse a cuatro patas y, con brusquedad, se arrancó cuantas flechas pudo de su cuerpo y las arrojó a un lado.

- Apareceré cuando menos os lo esperéis, cuando estéis convencidos de que me he ido para siempre. Aunque me cueste el tiempo de mil vidas os hallaré y relegaré al olvido. Aprisionaré vuestras almas para someterlas a torturas tan intensas que suplicaréis una y otra vez la muerte. Pero ésta nunca llegará, ¡me oís! ¡Nunca! Dejaré que penséis que podéis escaparos, alentaré esos sentimientos y, cuando creáis que de verdad es una posibilidad, empezaré desde el principio.

Su cabellera bermeja irrumpió de nuevo en llamas y en sus ojos brilló de nuevo el poder. Zelda cayó de rodillas y abandonó la idea de contener el poder del Triforce, dedicando todos sus esfuerzos a mantener abierto el portal. Inmediatamente, la oleada de fuerza de Ganondorf los azotó en el rostro, pero al mismo tiempo el portal se fortaleció y arrastró a Ganondorf hasta la cintura.

- Dejaré que oigáis el lamento de aquellos que amáis. Os obligaré a que veáis cómo gritan suplicando su muerte. Incluso en vuestros sueños reviviréis el horror de vuestras existencias. ¡Mi venganza durará hasta el último brillo de las estrellas, hasta el mismo fin de los tiempos!

Con ésta última promesa, Ganondorf saltó hacia delante, dispuesto a matar y despedazar. Link no tuvo tiempo de pensar, pues todo ocurrió demasiado rápido. Se arrodilló, recuperó su arma y se lanzó contra Ganondorf con la punta por delante, todo en un único y fluido movimiento.

Chocaron brutalmente en el aire. Las garras de Ganondorf abrieron su carne y sus colmillos lo hirieron, pero su hoja dorada se enterró en el pecho de la bestia hasta la empuñadura y alcanzó el corazón. Cayeron al suelo pesadamente y la espada se hundió todavía más en la herida.

Link estaba sobre el cuerpo de Ganondorf, cara a cara, contemplando su expresión atónita. Un hilillo de sangre surgió de la comisura de sus fauces y boqueó, tratando de respirar. En cuanto cayeron al suelo, sintió cómo una fuerza monstruosa lo arrastraba hacia atrás, hacia el portal. Con las últimas fuerzas que le quedaban, Link se aferró a la empuñadura de su espada con ambas manos y fue arrastrado junto al Demonio de Jade.

- Recuerda este momento, Ganondorf, recuérdalo mientras dure tu miserable existencia. Recuerda que has sido derrotado.

Ganondorf ya tenía medio cuerpo metido en el interior del portal, Link arrancó la espada de su pecho y se dejó caer a un lado para evitar ser absorbido también. Tosió sangre. El último ataque de Ganondorf había sido terrible. Tenía unos cortes profundos y muy grandes en el estómago y su pierna derecha estaba destrozada. Se giró a duras penas para ver por última vez a Ganondorf Dragmire, el Demonio de Jade, el Conquistador.

- Tarde o temprano volveré – prometió -. Volveré y cumpliré mi venganza.

Link rió.

- No, Ganondorf. Siempre habrá un elegido por la Sabiduría que conozca el camino y siempre habrá alguien con la marca del Tesoro Dorado en la mano que empuñará la hoja que te ha herido – como corroborando estas palabras, la espada relampagueó -. Cuando la veas brillar recordarás este momento, recordarás que fuiste derrotado una vez y que puedes volver a serlo; y entonces tendrás miedo y sabrás que otra vez has fracasado.

Ganondorf alargó un brazo en un último gesto patético. Ya sólo quedaba su rostro al descubierto. Intentó hablar, pero la voz no le salía. Sus ojos ya no mostraban odio, sino un temor irracional. Y ya no se le vio más. La garra extendida se aferró a la tierra, pero fue inútil. Por último, no quedó nada salvo el portal abierto.

La Princesa se incorporó y abrió los ojos. Estaba pálida y agotada. Con un suave ademán, el portal se cerró y en un instante no quedó nada de él. Luego vio a Link, tendido en el suelo, herido mortalmente, y se arrodilló a su lado urgentemente. Contempló horrorizada las heridas de su cuerpo, sorprendida aún que el joven guerrero tuviera fuerzas suficientes como para poder estar consciente. Sin, embargo, aún quedaba algo por hacer.

- Necesitamos sellar el portal, Link. Necesito de tu fuerza un poco más.

El joven asintió.

- Comprendo. Si no, no tardaría en volver.

Ayudado por ella, Link consiguió llegar hasta el lugar donde Ganondorf había desaparecido. Todavía podía sentir su presencia, estaba ahí, temporalmente inútil, atrapado y maldiciendo, pero todavía ahí. Sostuvo su espada y acarició su pomo por última vez. Su bruñida hoja, la forma de su mango, como dos alas extendidas. Se había acostumbrado a tenerla cerca, siempre certera, inspiradora… Pero había sido forjada para una tarea muy especial y él no podía interferir en la voluntad de las Tres Doncellas. Se arrodilló y clavó la espada en el suelo, más profundamente de lo que cabría esperar de sus fuerzas.

Una luz purísima invadió el lugar. La espada brilló más fuerte que nunca y Link y Zelda tuvieron que apartar la mirada. Una columna de luz se levantó donde ellos estaban y la batalla se detuvo. Rauru se levantó y observó con esperanza. El Rey Zora y Darunia, luchando codo con codo, detuvieron su ataque y contemplaron la escena. El ejército de Ganondorf, aguardó, expectante.

Cuando la luz se hizo más débil, vieron cómo de la nada había aparecido una pequeña estructura de mármol, con forma circular. Allí se erigía un pedestal con el símbolo del Triforce grabado. En él, estaba la espada clavada, descansando, su brillo desaparecido y la gema de su pomo apagada.

La nube de cenizas y de humo se había disipado y un lecho de hierba y flores recién brotadas rodeada a una pareja de jóvenes. No había ni rastro del Demonio de Jade.

Los lizalfos y hombres bestia huyeron despavoridos, al saberse derrotados. Muchos del ejército de Hyrule gritaron de alegría, celebrando la victoria. Otros los persiguieron y dieron caza, aunque los hubo que huyeron y se refugiaron. Los vítores y alabanzas poblaron el campo de batalla. Los heridos se levantaban y celebraban con sus compañeros el fin de la guerra, hubo muchos que rompieron en un llanto de alivio. Pero todos, todos, gritaban una y otra vez los nombres de Link y Zelda.

Y en medio de toda aquella algarabía, los dos jóvenes héroes se contemplaron, sonriendo.

- Te pondrás bien – dijo la princesa.

No sabía por qué, pero Link sabía que tenía razón. No importaba cuán fatales fueran las heridas que tuviera, Link tenía la conciencia de que todavía su hora no había llegado.

- Lo sé. Todavía no es la voluntad de las Diosas.

Y dicho esto cerró los ojos y respiró, por primera vez en su vida, el aire de un Hyrule libre.

Reshief
28th November 2007, 21:16
Me gusta el final!! esta muy cercano al inicio de OoT segun mi parecer... voy a leer el epilogo para ver si lo que espero se hace!!!

Kalas Matacasuals
30th November 2007, 22:59
Finalaz0 que te has marcado. Qué diferencia de esta batalla a las primeras. Sólo echo de menos una descripción más literal de Ganondorf (aunque todo aquel que haya jugado a un par de Zeldas se lo imagina). A ver qué tal te queda el epílogo.

boinaverde515
1st December 2007, 02:48
como siempre un capitulo sublime. Lastima que ya solo quede un capitulo :pena: :pena: :pena:

Tildom
17th December 2007, 00:53
Epílogo

El niño había encontrado el mejor escondite del mundo. Había sido de casualidad, estaba trepando a un árbol cuando arriba, desde las ramas, vio el antiguo cementerio.

Había oído a los mayores decir que toda esa parte de la ciudad había sido construida hacía mucho tiempo, cuando se fundó la ciudadela de Hyrule, pero que ahora ya nadie iba por ahí. La piedra de las paredes estaba cubierta de líquenes y entre las baldosas había crecido hierba. Los árboles se había asilvestrado y eran enormes, con grandes ramas retorcidas y de una frondosidad apabullante. Las casas estaban abandonadas, con las puertas de roble gruesas quemadas, y el interior en ruinas. Decían que una vez la ciudadela había sufrido un tremendo incendio y que se había quedado así.

En cualquier caso, en cuanto escuchó la historia de la ciudad antigua, corrió a contárselo a sus amigos y fueron a verla, pero daba miedo. Había un aire de solemnidad que nunca antes habían experimentado, ni siquiera en el Templo. Su lugar favorito de juegos estaba bastante cerca de los límites de aquella misteriosa ciudad fantasma y siempre que pasaban por delante, procuraban hacerlo con presteza, como si tuvieran miedo de importunar la tranquilidad serena de aquellas estoicas construcciones de piedra, en especial el cementerio.

El camposanto era un lugar muy, muy triste. Las lápidas estaban sucias y rotas, abandonadas completamente. Había una cancela de hierro que guardaba la entrada, justo al lado de una pequeña casa de apenas un par de habitaciones. Estaba oxidada y algo desvencijada y cuando hacía mucho viento podían oírla chirriar sobre sus goznes, como un triste lamento a su estado.

Pues resulta que mientras estaba escondido en la copa de una encina y se disponía a saltar a un tejado, vio el cementerio y pensó que a Willem nunca se le ocurriría buscarlo ahí dentro. Así que, ni corto ni perezoso, bajó del árbol con la agilidad de un gato y abrió con sumo cuidado la cancela para evitar que hiciera ruido.

Se quedó quieto durante un momento, buscando un buen lugar donde ocultarse hasta que finalmente decidió hacerlo detrás del pedestal de una gigantesca estatua de un guerrero con espada y escudo. Anticipó su victoria con una risa traviesa y se escondió pensando en su llegada triunfal cuando no le hubieran encontrado en toda la tarde. Se recostó sobre el pedestal y contempló lo que había a su alrededor.

Había un conjunto de tumbas con un símbolo extraño, un ojo abierto de par en par, sin epitafios ni nombres que indicaran a quiénes pertenecían. También había muchas tumbas sueltas, algunas debía de tener muchos siglos de antigüedad, porque no supo entender los caracteres que estaban grabados en ellas a pesar de que podía leer la mayoría de ellos. Había varios árboles plantados, tanto pegados a los muros de piedra como entre los senderos de piedra que circulaban entre las tumbas. También había un par de mausoleos, con la piedra castigada por las inclemencias del tiempo, de un diseño que no se veía en la parte nueva de la ciudad. Sus líneas eran demasiado rectas, sin los habituales recargos con los que estaban construidos los edificios más modernos.

Dejó pasar el tiempo y poco a poco le entró la modorra. Era aburrido estar sin hacer nada y estaba cansado por todo un día de trabajo en casa. La tarde de verano era muy agradable y ahí se estaba muy tranquilo, así que el muchacho se acabó durmiendo.

Fue como si no hubiera pasado un solo segundo, pero despertó cuando ya caía la noche. Había refrescado algo, pero todavía no hacía frío. Se desperezó y levantó con cuidado. Y lo vio.

Era un anciano envuelto en una capa marrón, ajada por el uso. Vestía unas ropas de viaje, también marrones, y botas manchadas de barro. Se apoyaba en un bastón nudoso, más alto que él, que acababa en forma de garra dragón. No andaba encorvado, sino que lo hacía erguido, con una vitalidad que resultaba chocante con la edad que aparentaba: era probablemente el hombre más anciano que nunca había visto, y eso que la vieja Gredda había llegado a besar a sus tataranietos.

Las arrugas poblaban su rostro y casi lo ocultaban. Iba rasurado, pero llevaba el pelo largo, mucho, ya que le caía en cascada por los hombros hasta llegar a la mitad de la espalda. No estaba sucio, sino cepillado y limpio: brillaba con reflejos plateados.

El anciano estaba contemplando la estatua detrás de la cual él se había escondido. Cuando se levantó y desperezó, lo miró con curiosidad.

- ¿No es un poco tarde para que estés por ahí? – le preguntó con voz tranquila.

- ¿Quién eres? – contestó con descaro – Nadie viene por aquí.

El viejo se sonrió.

- Bueno, tú estás aquí. ¿Eres nadie?

El chico se quedó pensativo unos instantes.

- Estaba escondido y me quedé dormido. Vine porque nadie me buscaría aquí, la gente no suele venir aquí.

- Extraño lugar para jugar el escondite.

- ¿De dónde eres? ¿Cuántos años tienes?

La sonrisa se convirtió en risa. Era una risa contagiosa y agradable. Ese hombre se reía de verdad, con todo su alma.

- Vengo de muy lejos, soy un viajero. Y mi edad… Tengo muchos, muchos años, tantos que ni los recuerdo.

- ¿Más de cincuenta? – preguntó el niño.

El anciano asintió.

- ¿Sesenta?

El anciano volvió a asentir.

- Más de doscientos – le dijo en voz baja mientras le guiñaba un ojo.

El niño abrió mucho los ojos. ¡Doscientos años! Salió de detrás de la estatua y se puso a su lado.

- ¿Por qué mirabas la estatua?

- Me recordaba a alguien que conocí hace muchos años.

- ¿Era un guerrero?

- Lo era, uno muy famoso, aunque ya la gente no se acuerde de él.

- ¿Conociste a un guerrero famoso? – la admiración del muchacho por el anciano no hacía otra cosa que aumentar.

- Sí. Y conocí a magos y a princesas. Hablé con ellos, comí y bebí con ellos, luché con ellos…


- Has vivido mucho. ¡Ojalá yo haga todas esas cosas!

- He vivido demasiadas cosas. He vivido demasiado tiempo – de repente el hombre pareció aún más viejo y el brillo de diversión de sus ojos se tornó en puro cansancio -. En verdad que he vivido demasiado tiempo, mucho más del que me correspondía.

- ¿Por qué?

El anciano se quedó pensativo unos instantes.

- Cosas pendientes. A veces no te puedes ir porque te quedan cosas por hacer.

- ¿Eres un fantasma? El chico retrocedió unos pasos – Mi madre me dijo una vez que los fantasmas son los espíritus de aquellos que han dejado cosas por hacer y que no se pueden ir hasta que lo hayan hecho.

- ¿Crees que soy un fantasma? – el brillo de diversión volvió a los ojos del anciano.

- Bueno… No eres transparente, y no das miedo. Creo que no eres un fantasma.

- ¡Claro que no!

- ¿Y qué es lo que tienes que hacer?

- Verás, tengo algo muy valioso busco a alguien que se haga cargo de él.

- ¿Qué es lo que guardas?

El anciano se tomó un tiempo para responder. Murmuró algo ininteligible, pero el chico pudo cazar un par de palabras al vuelo, “voluntad”, “doncellas” y “extraños”. Finalmente el anciano asintió.

- Si me prometes guardar el secreto te lo enseñaré.

- Lo prometo – dijo el niño muy serio.

- No me vale. Esto es muy importante. Tienes que prometerlo por algo que te importe mucho, así me aseguraré de que cumples tu palabra.

El chico asintió, comprensivo.

- Lo prometo por las Diosas Creadoras.

El anciano pareció sorprendido.

- Ese juramento no puede ser roto a la ligera, espero que lo cumplas.

- Si tiene miedo de perderlo podría dejarlo aquí. Ya le he dicho que nunca viene nadie.

- ¿Y quién vendría a ver si está bien, si no se lo han llevado?

- ¡Yo lo haré! – dijo el chico, entusiasmado - ¡Yo lo cuidaré por usted!

- ¿Cómo te llamas, muchacho?

- Link, señor.

El extraño asintió, como si aquello no lo extrañara.

- Pues bien, Link, déjame pensarlo. ¿Vale?

El chico pareció algo decepcionado, pero asintió de todas formas.

- Mientras lo hago, ¿harías el favor de traerme un poco agua? Si decido hacerte caso te enseñaré qué es lo que guardo y luego te acompañaré a tu casa para que tu madre no te regañe por lo tarde de la hora.

- De acuerdo, vuelvo enseguida.

El chico salió corriendo a toda velocidad. Se paró un momento en la cancela del cementerio y echó la vista atrás, sólo para asegurarse que el anciano seguía allí, y luego volvió a salir corriendo.

Cuando el anciano se quedó sólo, suspiró.

- En verdad que a veces vuestra voluntad es difícil de acatar – dijo en voz alta, como si le reprochara algo a un viejo amigo-. ¡Un niño! ¡Es demasiado joven!

Sujetó con fuerza el cayado con una mano en la que un extraño símbolo estaba tatuado. Extraño para el mundo de hoy en día, pero que en la era en la que él vivió su juventud era fácilmente reconocible: era el símbolo del Triforce, el Tesoro Dorado. Avanzó con un paso afectado, como si su pierna derecha sufriera de una antigua herida. Sólo anduvo una decena de pasos, hasta quedar delante de una tumba anónima.

- Hola, mi buen amigo. Estoy aquí otra vez, sólo que ahora han sido mis sueños los que me han traído, no la nostalgia. Ahora sé lo que viviste y sufriste, viejo sabio, ahora lo sé y te envidio, aunque tal vez no por mucho.

Volvió a ponerse en movimiento y se detuvo enfrente de una segunda y tercera lápidas. Eran de las que tenían un ojo grabado.

- Me acuerdo a menudo de vosotros. Los dos dísteis la vida a causa del deber y causa del amor. No me imagino un sacrificio más grande que el vuestro, nada más noble. Espero haberme hecho digno de él. Si sólo he conseguido eso en mi vida, me daría por satisfecho.

Una última caminata lo llevo a uno de los mausoleos, al más pequeño. Allí, para los ojos que sabían buscar, había un nombre grabado en antiguos caracteres, tanto que dudaba que hubiera alguien capaz de leerlos hoy en día.

- Hola de nuevo, princesa. Creo que por fin he encontrado a un digno custodio, aunque las diosas saben que no lo comprendo – sonrió -. Supongo que muchos se sentirían como yo ahora cuando Cadler me escogió para acompañaros, hace ya tantos años.

Cuando se giró vio de nuevo aquella magnífica estatua. El guerrero gallardo enarbolando una maravillosa espada y portando un escudo irrompible. El guerrero parecía audaz, con una fuerza que quebrantaría cualquier obstáculo que se le opusiera. El anciano sabía que en realidad esa estatua tendría que haber reflejado el peso de la responsabilidad, el sufrimiento y el temor al fallo.

- Estoy cansado, muy cansado.

Se apoyó en un árbol para descansar.

- ¿Tendrá que pasar por lo mismo que pasé yo? Yo era adulto, él sólo un niño.

- No estará sólo.

El anciano se giró, sobresaltado por la voz, ya que no había oído a nadie acercarse.

La que había hablado tenía aspecto de niña, aunque su mirada esmeralda reflejaba una edad muy superior a la que aparentaba. Era preciosa, con sus verdes cabellos entrelazados con flores y enredaderas. Sonreía. Tenía una pequeña luz titilante encima del hombro. Si uno prestaba un poco de atención, podría reconocer un par de alas cristalinas que aleteaban con infinita gracia.

- Hola, Saria. Hola Navi. Me alegro de que estéis aquí.

- Y nosotras nos alegramos de verte, ¿verdad? – la luz salió volando y se posó en la rodilla del anciano con un sonido de mil campanas. Tanto Saria como el extraño se rieron.

- Sí, Navi, soy un viejo feísimo. Vosotras, en cambio, no habéis cambiado nada.

Saria se acercó y se sentó a su lado cogiéndole de la mano.

- He visto al chico, ¿es él?

El anciano no preguntó cómo ella lo sabía, Saria era así, sabía muchas cosas y callaba aún más.

- Se llama Link, como yo.

Era una afirmación estúpida, pero a la vez cargada de significado. Dos lágrimas rodaron por sus mejillas.

- Sólo espero que su camino sea más fácil que el mío.

Saria le apretó la mano con fuerza.

- Sabes que puede no pase nada. Podría vivir una vida feliz sin saber que lo tiene.

- Si así fuera habría dado igual a quién se lo hubiera legado. Si así fuera las diosas me habrían dejado descansar hace muchos años.

- ¿Es un reproche?

- No. Nunca renegué de mi responsabilidad, a pesar de haber dedicado mi vida a ella. Es sólo que me esperaba algo más. Algo como…

- ¿Un huérfano criado por clérigos?

- Es sólo un niño, Saria.

- Incluso ahora, amigo mío, comparado conmigo sigues siendo un niño. Uno asustado, si puedo añadir – Saria lo miró y enjuagó sus lágrimas -. Ellas han hablado, Link, han decidido. El chico es quien debe soportar ahora la responsabilidad, aunque nunca la descubra, es, después de tantos años, después de ti, el único que podría enfrentarse a Él.

Link asintió, agradecido.

- ¿Lo cuidarás? Llegado el caso, ¿lo ayudaréis como me ayudásteis a mi?

- No estará sólo, te lo prometo.

El anciano cerró los ojos.

- Estoy cansado, ¿sabes? De tanto caminar, de tanto deambular. Me habría gustado tener un hogar, un lugar donde, al terminar el día, sentarme frente a un fuego y no tener preocupaciones. Tengo demasiados recuerdos. Nadie debería vivir tanto, no, nadie debería.

“Estoy cansado, muy cansado.

La cancela se abrió y llegó el chico corriendo, con un odre de agua. En cuanto oyó el chirriar de la puerta, Navi voló hasta meterse entre los pliegues de la capa del anciano, su brillo ahogado. El chico vio a Saria con el anciano y se acercó corriendo.

- ¿Está bien?

- Sí, sólo se ha quedado dormido.

- ¿Tú quien eres?

- Me llamo Saria.

- ¿Lo conoces?

- Sí, es mi amigo.

- Me dijo que si le traía el agua me dejaría que le guardara algo muy importante – dijo el niño algo decepcionado.

- Antes de dormirse me dijo que si llegabas buscaras en su bolsa- dijo Saria señalando una que pendía del cinto del anciano.

- ¿No se molestará?

- No te preocupes.

Con cuidado de no despertarlo, el chico cogió y rebuscó dentro de la bolsa. Sacó una reluciente ocarina azul con detalles dorados.

- ¿Es esto?

Saria asintió.

- No parece muy importante. Al lado de casa ayuna tienda con muchas de estas.

- ¡Ah!, pero esta ocarina sí que es especial. Es mágica – dijo Saria mientras le guiñaba un ojo.

- ¿De verdad? – el chico abrió mucho los ojos.

- Claro que sí. ¿Sabes tocar?

El chico asintió

– Pues hazlo.

- ¿Y qué toco?

- Lo que quieras.

El niño se llevo el instrumento a los labios y comenzó a interpretar una melodía dulcísima. Sus dedos volaban por los agujeros de la ocarina y extraían de ella antiguos acordes de magias ya olvidadas. Un aire fresco se levantó a su alrededor, trayendo los aromas de los bosques y los ríos. Saria vio cómo en la mano del joven aparecía durante un instante una marca mientras que ésta desaparecía de la mano del anciano que estaba a su lado. Sonrió tristemente.

- Vaya – dijo el muchacho cuando acabó -. Nunca la había tocado tan bien.

- Te lo dije, es mágica.

- ¡Gracias!

- Recuerda no decírselo a nadie.

El chico negó con la cabeza, muy serio.

- Lo he prometido. Tengo que irme a casa y él me dijo que vendría conmigo.

- Déjalo dormir, estaba muy cansado.

- ¿Estará bien?

- Me quedaré con él, no te preocupes.

- De acuerdo. Adios.

El chico se dio la vuelta y, después de llevar andado medio camino se giró y deshizo lo andado.

- Me llamo Link.

- Encantado de conocerte, Link.

- ¡Hasta luego!

El chico salió corriendo de nuevo hacia su casa. Navi salió de su escondite y titiló con dulzura.

Saria contempló la cara de su amigo. Parecía tremendamente frágil, como a punto de quebrarse. Recordó cuando era joven y fuerte, cuando lo había dado todo por el reino, cuando había ido más allá que nadie por simple altruismo. Por primera vez vio en aquel ajado rostro la tranquilidad y el sosiego que había buscado toda su vida. Se levantó y le dio un beso en la mejilla.

- Hasta luego, Link. Que descanses.

Y luego sólo hubo sonido de campanillas.



FIN

Beregord
18th December 2007, 12:00
Plas plas plas [aplauso] [aplauso] [aplauso]

Ahora toca enviarla a las editoriales (previo cambio de nombres de los personajes :P).

En fin enhora buena Tildom... Una pregunta ¿no te queda como un vacio cuando acabas de escribir (o de leer) algo tan grande?

Tomoe Yukishiro
19th December 2007, 18:48
jooo m has hecho llorar y todo, te parecera bonito hacerme eso no?

Muy bien m ha encantado, un fantastico final.


PD:xd aun estoy emocionada jus.
PD2:ahora a seguir con tus otros proyectos, ;)

Shadow 666
21st December 2007, 11:17
Tildom, ¿están todos los capitulos en formato PDF?

(Ahora solo te queda contactar con Nintendo para que te ceda los derechos de autor de los personajes, contactar con una editorial y publicar el libro de Zelda) :jaur:

boinaverde515
24th December 2007, 16:53
maginifica historia tildom cm me gustaria poder comprar una version impresa :^^¡: :^^¡: :^^¡:

Tildom
25th December 2007, 03:54
Beregord, muchas gracias. Lo de cambiar los nombres y tal... No creo que lo haga, la historia fue concebida para el universo Zelda y ahí se quedará. En cuanto a la sensación de vacío te diré que no, que lo leo y corrijo y cuando lo temrino me encuentro satisfecho con la mayor parte del fic y me entran más ganas de escribir. Eso sí, cosas mías, porque ya adelanto que no habrá segunda parte ni precuela ni gaitas.

Tomoe Yukishiro, eres un solete, pero eso ya lo sabes ;).

Shadow 666, he actualizado el enlace con la versión corregida. Son dos chorraditas, pero bueno, había cosas que no me habían quedado del todo bien escritas y he aprovechado. Eso sí, paso de corregirlas en el foro, que a saber por dónde andan. Lo de los derechos de autor y eso ¡ojalá!, pero lo dudo, y tampoco lo he hecho por eso. Necesitaba exponer mi visión del mundo de Zelda y contar una historia que nunca se había contado, la Forja de la Espada Maestra.

boinaverde515, a continuación y en la primera página pongo el fic entero en formato PDF. La impresión y encuadernación corren por vurestra cuenta :jaur: .

Y muchísimas gracias a todos los que me habéis leído y aconsejado, a los que capítulo tras capítulo me dabáis ánimos para continuar y por haber conseguido más de 15.000 visitas en un post nacido de la locura de superfriki de Zelda.

Bájate "La Forja de la Espada Maestra" en formato PDF (http://www.megaupload.com/es/?d=IYXXTUAN)

Lloyd 816
2nd January 2008, 12:36
Acabo de darle al enlace de tu firma y he visto la cantidad de cosas que hay por leer...

Lo intentare si puedo

Espero que me guste que si no :malo:



:jaur:

Anda!!! creo que me lo voy a bajar en PDF

Tildom
5th January 2008, 01:32
Lloyd 816, enga a leer. Pero no te olvides de dejar luego tus impresiones, ¿eh? Espero que te guste :^^:

Tildom
6th January 2008, 02:29
Vale, el fic se ha terminado, pero voy a seguir dando la tabarra un poco más XD.

Las ideas para escribir me suelen venir viendo imágenes u oyendo música. Por ejemplo, en "La Forja de la Espada Maestra" habréis notado mi insistencia en la música como fuente de poder. Esto es algo recurrente en las mitologías clásicas y fue heredado por la literatura fantástica: Tolkien, Tad Williams, C.S. Lewis... En todos ellos la música hace las funciones de poder creador. Pues con esa idea en la mente me ponía a escuchar un disco de música celta que tengo, "The Bard and the Warrior", realmente magnífico e inspirador. Si unimos esto a que en la saga de Zelda la música siempre ha tenido un papel protagonista, sobre todo en el Ocarina of Time (que es el juego más influyente en mi fic) tenemos un elemento ajeno a lo visto en la saga, pero que encaja.

A lo largo de todo el proceso creativo me pasaba de vez en cuando por galerías de imágenes de Zelda, para tomar ideas y conceptos. Quiero compartir con vosotros las que más me inspiraron. Aviso: SPOILERS


http://img149.imageshack.us/img149/7187/brokenlinkgo0.jpg

Esta fue un gran impacto y de las primeras que vi. Es dura, es cruda y con mucha fuerza. Es un Link roto, derrotado. La tuve en mente mientras escribía la apertura del portal a la Tierra Sagrada y cuando Link se enfrenta a Ganondorf en la cima de la torre del Triforce.



http://img88.imageshack.us/img88/6682/ganonjs8.jpg

El Ganon del Ocarina en todo su esplendor. De aquí surgió la idea de la Bestia. A mi me parece que este Ganon está rabioso, ruge, el suelo tiembla... Pero Ganondorf no podía ser así. Ganondorf era frío, calculador y cruel; no se deja invadir por las emociones fácilmente. Tenía que haber "algo" que lo cambiara. La solución era bien sencilla: la Bestia. ¿Y cómo hacer que Ganondorf se conviertiera en Ella? El Triforce.

Y llegamos a la máxima de: El poder corrompe; el poder absoluto corrompe absolutamente.



http://img114.imageshack.us/img114/1691/eldemoniodejadeov5.jpg

http://img245.imageshack.us/img245/3919/ganondorfew9.jpg

Este es mi Demonio de Jade. Curiosamente, Nintendo oensaba como yo, y el Ganondorf del Twilight Princess encaja mucho con la idea que yo tenía de Ganondorf (más que todo porque la del Wind Waker me parecía muy débil com todo eso del viento que ansiaba y envidiaba).

El primer dibujo es, sencillamente, sobrecogedor. Indolente, pagado de sí mismo, poderoso... Es la pura imagen de la arrogancia. El segundo es la maldad personificada.



http://img170.imageshack.us/img170/9748/eltesorodoradooj7.jpg

El Tesoro Dorado. El mundo bañado de luz dorada surgió de este dibujo. Me encanta su sencillez y su fuerza.




http://img244.imageshack.us/img244/9943/sheik2zz3.png

Este es Sheik. Sus ojos me gustaron. Es enigmático. Quise separar a Sheik de Zelda, más que todo porque nunca me gustó demasiado esta coincidencia. Reivindico el personaje de Sheik como Señor de los sheikans.

En mi fic hace el sacrificio supremo, es el abogado del diablo y el ejecutor de la magia que convierte a la Espada Maestra en lo que es. El Señor de las Sombras ha sido redimido.



http://img49.imageshack.us/img49/3959/naviim6.jpg

Adoro este dibujo. Y cuando digo uqe lo adoro es que lo ADORO. No pensaba meter a Navi, peor lo hice. ¿Por qué? Por este dibujo. Mirad las alas, esa luz preciosa. Es perfecta.



http://img177.imageshack.us/img177/4442/nabooruiv4.jpg

Tampoco iba a haber gerudo. Dadle las gracias a este dibujo. A pesar de su delicadeza rebosa fuerza. COn el dibujo y la inclusión de las guerreras del desierto vino la Guardia Escarlata, con ésta la historia de Ganondorf y con eso terminé de perfilar las motivaciones del Demonio de Jade. A eso se le llama tirar del hilo.



http://img177.imageshack.us/img177/1012/twolinksbx9.jpg

Iba a incluir a Link Oscuro. Después de éste dibujo decidí que no iba a ser un personaje como tal. No me cuadra la idea de un alter-ego de Link por ahí suelto. Tenía que ser una perversión del Link original y lo mejor que se ocurrió fue un hechizo de Ganondorf. Así nació la magia de sangre y la inclusión de Koume y Kotake.

El fuego de fondo me inspiró para la destrucción del Santuario Dorado.



http://img507.imageshack.us/img507/6725/wolfjh0.jpg

SU-PRE-MO. Qué decir de este fanart aparte que es el mejor que he visto nunca (y he visto 15.000 en Deviantart). Con este dibujo o metía a Link lobo o dejaba de escribir el fic. No sólo es la mirada de inteligencia en los ojos del lobo, o la nobleza que despide. El pájaro de fondo me inspiró para meter a Kaepora Gaebora y el castillo de fondo se convirtió en la Torre del Triforce, ya corrompida por la voluntad de Ganondorf.

Geostigma
6th January 2008, 04:20
Dios me he bajado el pdf, he leido un poco y me ha encantado :sorrisa:
No acostumbro a leer pero estoy intentando cambiar ese defecto. Ahora he empezado Shogun pero cuando lo acabe pienso imprimir la forja de la espada maestra y leerlo :^^:

Salvattore
7th January 2008, 21:29
Me encanta el fic, pero tengo unas dudas:

SPOILER:
¿el niño que al final se convierte en el nuevo portador de la ocarina es de la descendencia de link o ha nacido en otra familia?si es asi, entonces link estuvo con alguien ¿podría ser zelda?
P.D: te animo a que escribas mas fics, y a ser posible del mismo tema que este, como por ejemplo: la vida de link despues de el final de este ultimo capitulo.

Tildom
7th January 2008, 22:53
Me encanta el fic, pero tengo unas dudas:

SPOILER:
¿el niño que al final se convierte en el nuevo portador de la ocarina es de la descendencia de link o ha nacido en otra familia?si es asi, entonces link estuvo con alguien ¿podría ser zelda?
P.D: te animo a que escribas mas fics, y a ser posible del mismo tema que este, como por ejemplo: la vida de link despues de el final de este ultimo capitulo.

En primer lugar contestar tu duda:

[spoiler:f59db6d499]En mi historia Link y Zelda nunca están juntos; no procede. A lo mejor si las ocsas se hubieran desarrollado de otra forma... Pero Link sale en busca del sucesor del Triforce y hasta que no lo hace no se le permite morir. Link viaja por muchos sitios antes de encontrar al joven Link, que no tiene nada que ver con él salvo el nombre.

No es familia de Link. Es solo un muchacho que ha sido desigando por las diosas para ser el sucesor del primero. El que se llamen igual es un símbolo, ya que todos los protagonistas de los juegos de Zelda se llaman Link.

Es un tributo a la saga[/spoiler:f59db6d499]

Y respecto a lo de continuación del fic: NO la va a haber, lo siento. Quiero escribir otras cosas y ahora mismo no se me ocurre nada más que añadir. Si hago otro fic, quiero que sea de Metroid :^^¡:

Salvattore
8th January 2008, 23:27
Me encanta el fic, pero tengo unas dudas:

SPOILER:
¿el niño que al final se convierte en el nuevo portador de la ocarina es de la descendencia de link o ha nacido en otra familia?si es asi, entonces link estuvo con alguien ¿podría ser zelda?
P.D: te animo a que escribas mas fics, y a ser posible del mismo tema que este, como por ejemplo: la vida de link despues de el final de este ultimo capitulo.

En primer lugar contestar tu duda:

[spoiler:09c21b9221]En mi historia Link y Zelda nunca están juntos; no procede. A lo mejor si las ocsas se hubieran desarrollado de otra forma... Pero Link sale en busca del sucesor del Triforce y hasta que no lo hace no se le permite morir. Link viaja por muchos sitios antes de encontrar al joven Link, que no tiene nada que ver con él salvo el nombre.

No es familia de Link. Es solo un muchacho que ha sido desigando por las diosas para ser el sucesor del primero. El que se llamen igual es un símbolo, ya que todos los protagonistas de los juegos de Zelda se llaman Link.

Es un tributo a la saga[/spoiler:09c21b9221]

Y respecto a lo de continuación del fic: NO la va a haber, lo siento. Quiero escribir otras cosas y ahora mismo no se me ocurre nada más que añadir. Si hago otro fic, quiero que sea de Metroid :^^¡:

Jejejeje, tranquilo ya me habia dado cuenta de que no harias ninguna continuacion y en mi opinion es mejor asi, solo los malos escritores intentan continuar historias que estan mas que cerradas para intentar que sus momentos de gloria no acaben, sabia decision por tu parte, pero ¿podrias contarnos algun avance de lo que piensas hacer en ese fic del metroid? te animo a seguir escribiendo y a seguir publicando tus obras.
ÁNIMO :sorrisa:

praterian7
15th January 2008, 12:40
No hay derecho Tildom, me has conmovido y todo...realmente creo que es uno de los finales que el futuro Zelda debería tener... Deberíamos poder ver la muerte de Link en alguno de los títulos...

Lloyd 816
15th January 2008, 14:57
No hay derecho Tildom, me has conmovido y todo...realmente creo que es uno de los finales que el futuro Zelda debería tener... Deberíamos poder ver la muerte de Link en alguno de los títulos...

Creo que eso es un spoiler del 24... y por cierto, muchas gracias por la informacion :malo: :malo: :malo: :malo:

PD: Espero que no hables de la obra de tildom
(Aunque no este escrito en papel se le llama libro??)

Tomoe Yukishiro
15th January 2008, 18:39
xd habeis destripado el final a Lloyd 816, bueno aun asi leetelo porq merece la pena, a mi m ha encantado de principio a fin, he llorado y todo snif

zelinkavo
27th February 2008, 18:52
No hay derecho Tildom, me has conmovido y todo...realmente creo que es uno de los finales que el futuro Zelda debería tener... Deberíamos poder ver la muerte de Link en alguno de los títulos...

Sé de otros que merecerían más la muerte.... ¬¬'

coky
25th April 2008, 11:50
No hay derecho Tildom, me has conmovido y todo...realmente creo que es uno de los finales que el futuro Zelda debería tener... Deberíamos poder ver la muerte de Link en alguno de los títulos...

Sé de otros que merecerían más la muerte.... ¬¬'
+10000000 ::s: por que nos has hecho estoooo praterian!!!.

Wolf_Link
25th April 2008, 12:27
Tildom, debo de decir que tras leerlo me ha parecido una de las mejores historias de Zelda que he leido/visto. Se nota claramente las influencias de otros capitulos de la saga (como el barco y demas) y de obras fantasticas como El Señor de los Anillos

Solo tengo una duda

[spoiler:d7dc870883]Como es posible que Ganondorf cuando crea a Link oscuro le asigna el nombre de link?¿Como es posible si no lo conoce todavia?[/spoiler:d7dc870883]

Un saludo

Y te animo a que la siguiente historia trate de Metroid, que desde siempre ha sido una franquicia menor de nintendo y cuya historia siempre me ha parecido atractiva.

La espero con ansias

Tildom
25th April 2008, 12:39
Tildom, debo de decir que tras leerlo me ha parecido una de las mejores historias de Zelda que he leido/visto. Se nota claramente las influencias de otros capitulos de la saga (como el barco y demas) y de obras fantasticas como El Señor de los Anillos

Solo tengo una duda

[spoiler:bf0a82b625]Como es posible que Ganondorf cuando crea a Link oscuro le asigna el nombre de link?¿Como es posible si no lo conoce todavia?[/spoiler:bf0a82b625]

Un saludo

Y te animo a que la siguiente historia trate de Metroid, que desde siempre ha sido una franquicia menor de nintendo y cuya historia siempre me ha parecido atractiva.

La espero con ansias

Me alegro que te haya gustado, de verdad. El fic de Metroid tendrá que esperar, que estoy ahora mismo con cosillas mías (El Tiempo de la Magia, no dejeis de leerlo :P). Tal vez para distraerme haga algo, pero no pondría nada hasta que no tuviera 30 o 40 paginillas y un esquemilla que me guiara en algunos asuntos. Me temo que a corto/medio plazo nada de fics.

En cuanto a tu duda:

[spoiler:bf0a82b625]Al final del capítulo 3, Ganondorf mata al traidor Arad. Explico que Arad le ha contado todo lo que pasa a Ganondorf: la reunión, la colaboración de Cadler y, por supuesto, que el único escolta de la princesa es un jovenzuelo que se llama Link.

Así sabe su nombre y cómo es físicamente[/spoiler:bf0a82b625]

cgv89_
7th February 2010, 22:58
acabo de descubrir este hilo, me bajado el pdf, mañana lo imprimiré haber que tal es

un saludo

7CFN
27th November 2010, 19:47
Aún no me lo he leído, pero en cuanto pueda me bajaré el pdf y lo leeré. Sólo leí un fragmento muy breve, y debo decir que escribes genialmente Tildom, además, me has hecho tener ganas de escribir. A lo mejor haré un fic de alguna saga de Nintendo cuando tenga tiempo...

Tildom
4th March 2011, 23:23
¡¡Buenas a todos!!

Con motivo del 25º aniversario de Zelda, me apetecía hacer algo especial. Como ya había escrito un fic de 31 capítulos y ponerme a escribir otro me daba una pereza enorme, opte por tirar la casa por la venta y hacer una edición de lujo del primero.

El PDF que está disponible es en un Word chusquero, sin nada de gracia. Todo blanco y un dibujillo soso al principio. He revisado el texto y cambiado cosillas del estilo que usé (no he tocado nada de historia, tranquilos) y he usado mis artes maquetadoras yme he ayudado por un par de fuentes de texto chulas.

Quiero compartir con vosotros esta edición "deluxe" digna de las bodas de plata de esta saga que me hizo soñar y marcó mi infancia.

Para descargároslo, haced click en la imagen. Si algún loco tiene pensado imprimirla, sabed que el archivo está pensado para imprimirse a doble cara.

Y sin más preámbulos, con todos ustedes: La Forja de la Espada Maestra (ahora un 30% más friki).


http://img202.imageshack.us/img202/9296/portadapz.jpg (http://www.megaupload.com/?d=EILO7OB0)

NinteenBoy
5th March 2011, 00:46
¡Temporalmente inactivo! :S

Tildom
5th March 2011, 19:15
¡Temporalmente inactivo! :S

Arreglado. Megaupload estaba dando muchos problemas. He cambiado a rapidshare y ya tendría que funcionar ^_^

Luigimagno
9th March 2011, 16:47
Arreglado. Megaupload estaba dando muchos problemas. He cambiado a rapidshare y ya tendría que funcionar ^_^

¡Qué va! si eso es cosa de las ansias. Cuando un archivo está recién subido, MU sólo deja descargarlo a los usuarios premium.

sukodj
11th March 2011, 13:51
Ehmmm en Rapidshare se ha alcanzado el limite de descargas :(

Tildom
11th March 2011, 19:44
Ehmmm en Rapidshare se ha alcanzado el limite de descargas :(

He pasado de nuevoel enlace a Megaupload, a ver si ahora os va bien.

Tildom
14th October 2012, 23:55
¡Reflote maximum!

Únicamente es para proporcionaros una forma adicional de haceros con el PDF y difundir la palabra. El enlace lleva al documento en Googledocs, donde lo podéis leer, imprimir, descargar...

Es la versión final del 25º Aniversario. Revisada, maquetada e ilustrada.

Enlace a Google Docs
https://docs.google.com/open?id=0BwZL7EBjZZXPMjc2M2E4MDYtZmE0Ni00OTNiLWFkN jItM2U4Nzk1Njk2NmNi