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Scarface: The World Is Yours

Tras su salida en las plataformas de anterior generación, Tony Montana vuelve a Wii con un control renovado y mucha testosterona que liberar.

Scarface: The World is Yours - Avances

Hace ya más de una veintena de años desde que el personaje Tony Montana irrumpiera en Hollywood con una de las películas de gangsters, violencia y narcotráfico más emblemáticas del cine: Scarface, que a nuestro país llegó bajo el título de El Precio del Poder. Hace menos de un año Vivendi Universal distribuía en España el juego basado en la película, con el título Scarface: The World Is Yours, en el cuál se nos planteaba seguir la historia -spoiler- de Tony Montana si éste hubiera sobrevivido al tiroteo del final de la película, que es precisamente donde comienza el juego. Tras este inicio, se nos presentaba la labor de volver a ganarnos el respeto de todo Miami, a través de la violencia, el crimen, los negocios y las drogas. Ahora, este título ha sido escogido para unirse a la larga lista de ports adaptados al Wiimando, de consolas de la pasada generación. Aun así, esto no debe ser una mala noticia, ya que ayuda a ampliar el catálogo de la consola y hacerlo más plural, aparte de que el juego que nos ocupa ha tenido una crítica bastante notable en sus anteriores plataformas.

 Así pues, bajo el mismo título que hace unos meses, Montana emprende su incursión en Wii con unos controles adaptados a la blanca de Nintendo, y básicamente con lo que ya vino en su día en PS2, Xbox y PC, que no es poco: un juego del estilo “mundo abierto”, donde Tony tendrá que realizar toda clase de negocios, trabajos y recados para volver a llegar a la cima. Al hablar de este juego, las comparaciones con la saga Grand Theft Auto, y en especial con su entrega Vice City, son inevitables, ya que en Scarface se incorporan gran cantidad de elementos similares al título de Rockstar, como la compra de armas, robo de coches, una ciudad abierta donde actuar con libertad y una banda sonora que cuenta con alrededor de 100 canciones. Aun así, no por ello hay que pensar que este título sólo se podrá apreciar bajo la ausencia de Vice City, ya que Scarface: The World is Yours tiene sus propias características para hacerse fuerte dentro del propio género, como la habilidad de Montana de volverse invencible a lo Hulk, al realizar algunas acciones, por así decirlo, “con un par”. Y es que en este título demostrar que eres el que más contenido tiene entre pierna y pierna será muy importante, ya sea conduciendo peligrosamente, disparando en ciertas “partes” de tus enemigos o adoptando actitudes desafiantes y jocosas ante su masacre.

Más que un título del estilo GTA, donde podemos matar peatones y sembrar el caos tanto civil como militar, Scarface nos pone en la piel de un “Sim-Montana”, permitiendo a los jugadores ver la vida desde el punto de vista de un hombre totalmente despiadado, pero que tiene un código de honor propio. Así, y pese a lo enfermizo que pueda parecer, para las versiones de PS2/Xbox se asignaron a ciertos botones una serie de acciones, a las cuales podríamos definir como oleadas de testosterona, con el fin de meternos más en la piel de Tony. El control total sobre las acciones del cuerpo implican un sistema de control total para estas acciones. Y aquí es donde entra el Wiimando.

Tony podría considerarse como el máximo exponente de los idearios del típico macho: ensuciandose las manos, soltando palabrotas y completamente obsesionados con sus “bolas” (en el sentido más anatómico de la palabra). Así, para sus movimientos más generales, como andar, se utilizará el stick analógico, mientras que otros movimientos más “teatrales” se reservaran al agitar el nunchuk. Otro de los puntos importantes en Scarface serán lo que vienen a ser los disparos, los cuales tendrán su protagonismo en gran cantidad de misiones. En esta ocasión el disparo se delegará a la función de puntero del mando, cosa que será aun más útil a la hora de ponernos en la piel de Tony. Como ya se mencionó antes, dependiendo de la zona en la que dispares a tus enemigos, se irá rellenando un indicador al cual llamaremos “medidor de furia”, por así decirlo, y que medirá las pelotas que le echamos a la hora de liquidar a la gente que osa interponerse en nuestro ascenso al poder; cuando este “medidor de virilidad” esté al máximo, nos volveremos casi invencibles durante un tiempo.