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Final Fantasy Crystal Chronicles: Echoes of Time

El primer juego para WiiDS, es decir, una apuesta muy fuerte por el multijugador.

Final Fantasy CC: Echoes of Time - Impresiones - Avances

Hasta que llegue Final Fantasy Crystal Chronicles: The Crystal Bearers, los usuarios de Wii no tendrán una gran producción de Square Enix (después llegará Dragon Quest X). Sin embargo habrán podido disfrutar de media docena de juegos de esta franquicia en WiiWare, en formato físico y, ahora, en una novedosa combinación Wii-DS.

Final Fantasy Crystal Chronicles: Echoes of Time, es una producción conjunta para las dos consolas de Nintendo, aprovechando la versatilidad del motor Pollux. Ambas versiones son prácticamente idénticas, tanto en el apartado jugable como en el técnico, una decisión que condiciona de forma determinante a la de sobremesa. Pero por otro lado ha permitido un grado de integración en el modo multijugador no  logrado hasta ahora entre Wii y DS, una función que quisimos probar de primera mano antes de su salida en Europa.

Square Enix ha insistido mucho en la enorme facilidad para entrar y salir de las partidas, ya sea en el multijugador local como en internet a través de la Nintendo WiFi Connection, convirtiendo la aventura individual en colectiva. Esté en la zona que esté, un jugador podrá unirse a otra partida y ayudarle a completar sus objetivos en cualquier momento. El proceso es muy sencillo y directo. Dentro del juego habrá cristales que funcionarán como estaciones de guardado y también de conexión. Tan sólo hay que acercarse a uno de ellos, seleccionar la opción (invitar o unirse), escoger la partida creada por otra persona y aceptar. Cuando el que comenzó de la partida cambie de escenario, aparecerá nuestro muñeco (o recibiremos a los invitados si somos el creador). Y lo mismo para salir a volver a la propia partida.

Este sistema afecta directamente al modo historia, ya que todas las situaciones se vuelven una misma, en la que domina el personaje inicial. Por un lado, al llegar a los vídeos narrativos, sólo aparecerá el personaje escogido por quien creó la partida, tanto en su consola como en las demás. Por otro lado, el resto del tiempo, cada uno dispondrá de su propia escena. Además, no habrá un cambio de escenario o avance hasta que el que comenzó todo dé el paso. Los primeros espacios que pudimos jugar no eran muy grandes, pero sí lo suficiente como para poder alejarse del compañero y ni siquiera aparecer en su pantalla. En esa situación, la máquina empezará a enviar mensajes de aviso para que sepas que el otro hace tal o cual cosa, o que tienes que ir en su búsqueda.


Por tanto, cada jugador debe comenzar su partida de forma individual. Este proceso arranca seleccionando a un personaje, hombre o mujer, perteneciente a alguna de las cuatro razas disponibles: yukes, clavats, selkies y lilities [gracias a las noticias sabemos que también podrá ponerse la cara de nuestro Mii al personaje, pero esa función o aún no estaba disponible o no la supimos encontrar]. Una introducción que se antoja brevísima para un juego de Square Enix nos dice que todo comienza el día de la celebración de la mayoría de edad de Charlotte, el personaje protagonista. Tan sólo tendrá que ir al bosque y sobrevivir entre monstruos. Pero a su vuelta, algo habrá cambiado, arrancando la verdadera historia de Echoes of Time.

 La similitud también ha llegado hasta la interface y el sistema de control. Las dos pantallas de DS han sido llevadas a Wii en forma de dos ventanas que conviven en el televisor en todo momento: una para la acción y otra para los menús y las estadísticas. Con los botones ‘+' y ‘-' puede modificarse el tamaño y la preponderancia de cada una de ellas al gusto. Este detalle que sustituye al típico menú del botón pausa aporta mucha fluidez a la partida, ya que no hace falta detener el juego mientras, por ejemplo, se cambia el tipo de magia o se estudian las estadísticas y habilidades de los compañeros de batalla. Además, mientras se controla al personaje con el joystick del Nunchaku, puede navegarse por los menús con la cruceta o el puntero, si uno es suficientemente habilidoso para estar a dos cosas a la vez.