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Un océano azul

Mañana es el gran día. Para muchos de vosotros será más fácil comprenderlo, para otros, más complicado, pero, sin lugar a dudas, lo que todos debemos hacer es tratar de comprender lo que encierra en sí esa esperanza blanca que se ha dado a conocer como Wii.

Nintendo ha llegado a un punto en el que, sin catastrofismos, ha comprendido que debe volver a ser la compañía que marque las pautas a seguir, un honor del que hizo gala con NES, GameBoy, Super Nintendo y, en lo referente a jugabilidad, con Nintendo 64. Muchos, entre los que me incluyo, consideran que ese ha sido el error de GameCube; una consola, no obstante, cuyo éxito ha sido menospreciado por los chillidos incontrolables de la masa, pero que los que sabemos de lo que hablamos reconocemos. GameCube se despide con el catálogo menos extenso de la actual generación, no lo pongo en duda, pero tampoco dudo que se marcha con el mejor catálogo de juegos de la actual generación, y por si fuera poco, la guinda aún no se ha puesto en el pastel, The Legend of Zelda: Twilight Princess, un juego que sin lugar a dudas ya tiene reservado un 40/40 en la biblia de los videojuegos y que será catalogado como el mejor juego de la actual generación y uno de los mejores de la historia de los videojuegos (lo siento por Ocarina of Time, aunque siempre tendrá el reconocimiento de ser quien fuera).

Pero Nintendo, con GameCube, no quiso innovar, no quiso correr mayúsculos riesgos. Se limito a copiar a la competencia, olvidándose de que, hasta el momento, la competencia era quien copiaba a Nintendo. Seamos sensatos y reconozcamos lo que ya Nintendo ha reconocido, no se pueden colocar tres productos idénticos, a saber, Nintendo GameCube, PlayStation2 y Xbox, en el mercado y pretender un éxito rotundo para todos.

Son muchos los errores de Nintendo, pero muchas más las soluciones que ahora ofrece. Los grandes cambios solamente se producen después de una revolución, después de que alguien se atreva a remover los cimientos de lo que hasta un determinado momento se considera establecido y se cree, inocentemente, que permanecerá de ese modo per saecula.

Nintendo ha estado gestando esa revolución, que ahora se presenta ante nosotros con un nombre nada ortodoxo que, cómo no, ha suscitado todo tipo de reacciones: Wii. Un nombre que se me antoja perfecto por muchas razones que no viene al caso explicar, sino contemplar con el paso del tiempo, no mucho... por cierto.

Pero como en toda revolución que se precie, no sirve de nada sin un ejército decidido a apoyar el cambio. Ese ejército somos nosotros. Escribo estas líneas porque a lo largo de los últimos meses he ido observando cómo muchos ya lo comprenden y muchos otros parecen no llegar a captar la idea que Nintendo nos arroja continuadamente. Wii no es una consola de videojuegos, sino un concepto de consola de videojuegos. Un concepto que encierra muchas sorpresas y que se desmarca del resto, por no llamarlo competencia, porque no lo es, ofreciendo unas características que el resto, una vez más, se limitará a copiar.

Mucho se ha hablado acerca de la potencia gráfica de Wii. Pues bien, vamos a decirlo de una vez por todas, alto y claro: Wii no contará con la potencia técnica de las consolas de las otras compañías, no al menos en lo que a los números se refiere, y no al menos en lo que a la capacidad gráfica se refiere. Pero no os tiréis las manos a la cabeza aún, ya que eso solamente quiere decir que no tendremos juegos en los que un zoom nos muestre hasta las glándulas sudoríparas de un luchador, más que nada porque eso no implica absolutamente nada, e incluso resulta risible, desde el punto de vista de la jugabilidad. No obstante, Wii contará con una potencia gráfica que parte de un kilómetro cero nada despreciable: The Legend of Zelda: Twilight Princess. Así las cosas, hay que reconocer que por comenzar, comienza mejor que el resto de sistemas.

El aspecto que marcará la diferencia de Wii es la jugabilidad. En ese aspecto, son las otras consolas las que no dan la talla, y eso se notará. Por ello es necesario que lo vayamos comprendiendo todo. Nintendo no quiere decepcionar a nadie, pero tampoco decepcionarse a sí misma. Y tranquilos, que ni una ni otra cosa ocurrirá. Mañana será un día a recordar, porque mañana nacerá lo que muchos subrayarán como el Renacimiento de los videojuegos.

Wii es un producto maduro, mucho más maduro que PlayStation 3 y mucho más maduro aún que Xbox360. Por ello, Wii se diferencia del otro bando. El público de Wii no es ya el de las otras consolas, ni siquiera el público de GameCube. Wii es un producto más abierto, dispuesto a acoger a nuevas generaciones de jugadores y a satisfacer a los que se enmarcan dentro de la tipología de la, esta vez sí, competencia. Wii es un aparato que viene a recuperar a los que, como yo, comenzábamos a aburrirnos con los videojuegos (igual porque comencé con un Amstrad CPC6128). Wii es una esperanza, una bocanada de aire fresco. La competencia, sin embargo, vuelve a introducirse en un cuarto cerrado, de aire viciado y pueril, un ambiente hostil para los que ven esto de los videojuegos como algo propio de niños y adolescentes en plena ebullición hormonal. Wii no es un sistema con límites, no es un sistema para un determinado sector demográfico, es un sistema para todos, para nosotros, de ahí su nombre, de ahí su filosofía, de ahí sus ganas, de ahí su espíritu... un sistema para todos los que navegamos en el amplio océano azul. Ahora ya solo queda esperar, con una sonrisa, a que se muestre en todo su esplendor. Nunca más volveremos a jugar a los videojuegos, jugaremos a Wii, y lo haremos todos juntos.