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Project Zero 2: la herencia kaidan

La tradición japonesa y el formato digital 

El concepto de terror en occidente ha sufrido una subversión por culpa del cine de los años ochenta. Ya sabéis, ese en el que un grupo de adolescentes se quedaba aislado por cualquier motivo y entonces aparecía un asesino enmascarado con una motosierra o un machete más grande que él y los cortaba en juliana. El terror de sangre y casquería nunca ha sido de mi agrado sino que más bien me parece que llama al morbo de la gente, el mismo que nos impulsa a formar un corrillo cada vez que hay un accidente para “ver si veo algo”.

Sin embargo, esto no fue así siempre. Los padres del terror occidental, H.P Lovecraft, Edgard Alan Poe o Bram Stocker bien lo sabían. Stephen King tiene en su haber la virtud de convertir las cosas cotidianas, como la familia, el instituto, un pueblo idílico... en el terror absoluto. Pero estamos hablando de literatura, que usa un lenguaje mucho más sutil y que se puede permitir jugar con la imaginación del lector, que evoca los terrores que provocan las palabras del autor.

Lovecraft kaidan

En los videojuegos los amos absolutos del terror son los japoneses (con la magistral excepción del lovecraftiniano Amnesia). Tal vez sea por su novedosa forma de comprender el terror, el choque cultural que resulta de ver y asimilar las cosas de forma diferente, de encontrarnos de lleno con un nuevo imaginario que pertenece a un pueblo milenario y su forma de comprender los horrores que atormentan el alma. El hecho indiscutible es que los juegos de terror japoneses han tenido no sólo una gran acogida, sino una manufactura magistral.

Pero uno no puede evitar ver similitud en ciertas historias, ciertos patrones y símbolos que se repiten una y otra vez. ¿Es que acaso los guionistas y escritores de estas historias virtuales no tienen imaginación? ¿O es que tal vez diguen ciertos patrones tradicionales que son ineludibles?