Portada » Análisis » Xenoblade Chronicles X (Wii U)

Xenoblade Chronicles X

Bravo, Monolith Soft, bravo.

Xenoblade Chronicles X (Wii U) - AnŠlisis

Monolith Soft tiene a sus espaldas la enorme presión de superar a uno de los RPG más grandes de los últimos años. Xenoblade Chronicles marcó un antes y un después en el género con una propuesta soberbia y difícil de batir en la mayoría de sus aspectos. Cinco años más tarde, con un salto generacional de por medio, el estudio japonés nos trae un juego que derrocha grandeza por todos y cada uno de sus poros. Xenoblade Chronicles X está a punto de llegar a Wii U, y lo hace con una experiencia absolutamente sobrecogedora.

Julio de 2054, el fin de la Tierra

Lo primero que Xenoblade Chronicles X nos muestra, con un despliegue que deja entrever lo que nos espera a lo largo de la trama, es cómo la Tierra ha sido completamente aniquilada por una amenaza alienígena que recibe el nombre de Ganglion. La humanidad, desesperada y haciendo lo necesario por sobrevivir, ha tenido que huir de su hogar a bordo de la Ballena Blanca para buscar un nuevo hogar. Por desgracia, sus enemigos no han desistido, y obligan a los humanos a aterrizar forzosamente en un planeta completamente desconocido. La consecuencia, tristemente, no es otra que una nave destrozada y desperdigada por la inmensidad de Mira.

Nuestra misión principal es localizar algo conocido como el Arca de la Vida (qué es o por qué se busca es algo que os dejamos a vosotros descubrir). Pero no vamos a hacerlo como un héroe único, carismático y prototipado; vamos a hacerlo con un personaje hecho a medida, porque el primer paso de esta aventura no es otro que crear un avatar a tu gusto. Puedes elegir entre un buen repertorio de opciones: chico o chica, color de piel, de ojos, de cabello, tatuajes, cicatrices… Casi todo lo que puedas imaginar.

El protagonista no tiene voz en las conversaciones, salvo en combate (con un buen reparto de doblaje a elegir), pero sí tiene voto. En muchos momentos tendremos que tomar decisiones que, si bien no suponen un giro radical en la trama, sí que fomentan nuestra afinidad con unos u otros personajes. Esto último, aunque pueda parecer una tontería, es más importante de lo que parece. Pero ya hablaremos de eso más adelante.

"Esto te va a encantar, ya verás"

Hemos oído por activa y por pasiva que el mundo de este RPG es de lo más grande que se ha visto en un videojuego hasta la fecha. Ahora, vais a leerlo de nuevo: Xenoblade Chronicles X nos suelta ante un planeta descomunal del que podremos explorar hasta el último rincón. No hay barreras, no hay límites entre sus cinco continentes, y no hay tiempo de aburrirse recorriéndolo. Es más, ni siquiera hay tiempos de carga cuando nos movemos por el terreno, salvo ocasiones muy puntuales (teniendo en cuenta que hemos jugado a la versión digital, con los packs de datos incluidos). A esto hay que sumarle que, además, la meteorología es cambiante, y hay ciertos fenómenos atmosféricos que sólo se dan en territorios concretos y que influyen en el comportamiento de las criaturas. Como es el caso de Sylvalum y su niebla, con la que no ves ni donde pisas. Todo está vivo en Mira, absolutamente todo.

Este planeta es enorme y está lleno de todo tipo de paisajes y de fauna; pero también es tremendamente hostil. En más de una ocasión, mientras observas atónito cualquiera de las miles de panorámicas que ofrece el juego, verás a su libre albedrío a criaturas poco amenazadoras acompañadas de otras que sí pueden acabar contigo de un plumazo. Tendrás que andarte con pies de plomo porque, si bien las hay pacíficas (como esa especie de brontosaurio cuya uña es como nuestro personaje), hay otras que no dudan en ir a por ti en cuanto te vean. Creednos, no han sido pocas las veces que nos hemos visto huyendo de una manada de Grex mientras no hacíamos más que despertar el interés de otros indígenas que se sumaban a cazarnos (el resultado os lo imagináis). Por no hablar de los magnos, criaturas especiales que suponen una amenaza aún mayor que cualquier espécimen normal de su raza.

Entre toda esa naturaleza se encuentra Nuevo Los Ángeles, último bastión de la humanidad y punto de encuentro de muchas de las civilizaciones que conozcamos. Es el centro desde el que recibimos todas las misiones que tenemos que efectuar para avanzar en la historia. Nada más llegar, pasamos a formar parte de la organización militar BLADE. Para ser miembro de ella, antes tendremos que elegir a qué brigada unirnos de las 8 disponibles: Pathfinder, Interceptor, Harrier, Reclaimer, Curator, Prospector, Outfitter y Mediator. Podemos alternar entre ellos, y cada uno tiene una función concreta. Ya sea explorar, acabar con criaturas gigantescas o mediar con dos vecinos que tienen un problema. Estas tareas, aunque nos las puede encomendar cualquier ciudadano de NLA, también se encuentran en un panel de misiones cercano al Barracón BLADE (nuestra “casa”) en el que elegirlas y cumplirlas para ganar dinero, equipamiento o mejorar nuestra afinidad con ciertos personajes. Por otra parte, a raíz de esto, al nivel base de nuestro personaje y su nivel de clase se suma el nivel BLADE. Un rango que se incrementa a base de realizar todo tipo de acciones y que nos sirve tanto para aumentar nuestras destrezas mecánicas, arqueológicas y biológicas como para decorar nuestro barracón.

Nuestro avance en la historia de Xenoblade Chronicles X se hace a través de capítulos y se basa en completar una serie de misiones principales que nos encargan desde la organización militar. Sin embargo, esto no significa que podamos pasar de puntillas por Mira para ceñirnos a la historia. Tenemos un espectacular planeta a nuestra disposición y un amplio y variado reparto de personajes a nuestro lado. Tenemos que explorar y conocer el pasado de muchos de ellos para cumplir los requisitos con los que pasar de capítulo. Eso sí, si se nos pide buscar o acabar con algo, no esperéis que se nos lleve de la mano hasta el objetivo como en muchos juegos de mundo abierto. Somos exploradores, y como tal, aparte de tener que recurrir al manual del juego, necesitamos aprender a usar las herramientas que tenemos a nuestra disposición si no queremos acabar, por ejemplo, perdidos y desesperados buscando una criatura en mitad de la selva de Noctilum.