Portada » Análisis » Sword Master

Sword Master

Retroanalizamos Sword Master, un título de Espada y Brujería de excelente factura que salió para NES.

Sword Master - Análisis

Sword Master fue uno de esos juegos que adquirí por su carátula pero que se convirtió en uno de mis títulos favoritos, amén de una de mis bestias negras. Un juego con un nivel de exigencia altísimo pero con una estética y una factura técnica que sobresalían dentro del catálogo de NES. Era de esis juegos que eran implacables con el jugador y al que le obligaban a repetir los niveles una y otra vez hasta que te plantaban por delante un enemigo dedificultad especialmente alta, para acabar con tus pequeñas expectativas de victoria. Como la saga Souls de Bandai Namco hace ahora.

Lo primero que te llamaba a atención eran las ilustraciones estáticas de la introducción, que servían para contar la historia, muy trillada eso sí. Un caballero, na chica secuestrada y un malvado demonio al que hay que destruir. El juego recogía el periplo de este guerrero cruzando bosques, aldeas asediadas y penetrando en su castillo para acabar con el mal, liquidando por su paso a todo tipo de alimañas, muertos vivientes y demonios.

Sword Master introducía elementos de acción y, puntual y desesperadamente, de plataformas. Sin embargo, a medida que avanzábamos y derrotábamos a los sirvientes del hechicero, conseguíamos ciertos objetos especiales y ampliábamos nuestra vitalidad, completado la oferta jugable con cierto aspectos roleros. Esto, en última instancia, era sinónimo de perdición, ya que muchas veces te cegaba la necesidad impuesta de acabar con todos los enemigos que se te cruzaran por el camino a fin de conseguir la preciada experiencia, lo que muchas veces podía desembocar en un mal salto y una caída en un precipio.

Pero el guerrero de Sword Master comenzaba su andadura con una simple espada. Había, además, tres tipos de ataque diferente, dependiendo de con qué dirección acompañáramos al botón de ataque: alto, medio y bajo. A esto hay que sumar dos tipos de defensa: la alta, que protegía de los ataques que caían desde el cielo, y la baja. Conjugar todos estos elementos se tornaba en fundamental contra ciertos enemigos. Los primeros no, murciélagos y lobos que se abalanzaban sobre nosotros alegremente. No suponían mucho esfuerzo, pero servían para irse acostumbrando a los controles.

Los problemas siempre venían de parte de los enfrentamientos más en solitario, esqueletos, caballeros acorazados y hombres lagarto casi siempre, que constituían confrontaciones en la que los reflejos, la paciencia y el saber cómo atacar eran las claves para salir victoriosos. No se trataba de los enemigos finales (estos solían ser hechiceros), sino de pequeños enfrentamientos a mitad de nivel y del que cada uno tenía dos o tres. Eran picos en dificultad, muy rápidos y defensivos, y costaba mucho impactarles.

Los enemigos finales, además, solían dejar caer un objeto especial que permitían al guerrero lanzar magia. La armadura se tornaba en túnica con capucha y obteníamos la capacidad de lanzar sortilegios. Hay que reconocer que no era demasiado efectiva, salvo en puntuales ocasiones, ya que te dejaba completamente vendido desde el punto de vista defensivo. Bolas de fuego, relámpagos, bolas de energía... Un añadido que pasaba casi todo el tiempo inadvertido por culpa de su elevado coste. 

Sword Master conjugaba todos estos elementos para proporcionar una experiencia en verdad desafiante, con mucha variedad de enemigos y localizaciones bien diferenciadas, aunque es cierto que podía llegar a abusar de los enfrentamientos particulares, ya que alguno podía ser una piedra demasiado grande en el camino. Haciendo comparaciones, es como tener a uno de esos dungeon master que diseñan las aventuras como una serie de pequeños enfrentamientos para que los personajes gasten sus recursos y lleguen al gran enemigo final agotados, sin pociones y hechizos, listos para ser vapuleados.

Sword Master

El último detalle a destacar de este juego es el apartado técnico, ciertamente sobresaliente para la época. Criaturas de gran tamaño, escenarios muy bien diseñados, especialmente los previos al castillo, y ciertamente con gran pesonalidad. Parte de estar personalidad se debe a la música. Composiciones rítmicas que te metían perfectamente en la acción y con una melodía de enemigos finales tremendamente peagadiza.

Sword Master puede que no fuera uno de los mejores juegos de NES, pero sin duda era divertido y desafiante. Entraba por los ojos y los oídos y convencía con un desarrollo ágil y, sobre todo, complicado, que obligaba sacar al mejor jugador que se llevaba dentro para superar los obstáculos que te proponía.