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Super Monkey Ball 3D

Monos en bolas de plástico, corriendo por circuitos y recogiendo plátanos. Y en 3D. True story.

Super Monkey Ball 3D - Análisis

SEGA inicia su trayectoria en 3DS con uno de sus juegos más emblemáticos, un arcade que pone a prueba nuestra habilidad, paciencia y pulso, además de intentar sorprender pluriempleando a Aiai y sus amigos en carreras de karts (¿de qué me suena esto?) y la lucha al más puro estilo Super Smash Bros.

El núcleo importante de Super Monkey Ball 3D es, por supuesto, lo que cabría esperarse de un juego de la franquicia: un mono dentro de una esfera transparente que recorre circuitos plagados de obstáculos, recoge plátanos y lucha contra un implacable cronómetro para llegar a tiempo a la meta.

Con la nueva generación de controles, la saga de Monkey Ball ha intentado siempre reinventarse. Con Wii ya vimos un buen ejemplo al usar tanto el wiimote como la Balance Board. En 3DS se sigue la tradición, pudiendo elegir entre un control tradicional con el slide u otro, que es más divertido, moviendo la consola gracias a los acelerómetros. Desgraciadamente, esta elección tiene otro tipo de consecuencias que van más allá a cómo se siente más cómodo el jugador. Esto se debe a las 3D.

Si escogemos el control tradicional no tendremos ningún problema con la vista tridimensional. El juego no es que las necesitara, pero el acabado es más espectacular y refrescante. Las 3D empleadas están basadas en la profundidad, no es hacer que salgan elementos fuera de la pantalla, y apreciaremos mucho más las caídas, la anticipación de los giros y los diferentes planos en los que se puede estructurar el laberinto por el que nos moveremos.

Super Monkey Ball 3D - Análisis Revogamers

Sin embargo, si decidimos usar el control por movimiento, las 3D se convierten en una molestia gordísima. Las características de la pantalla de 3DS obligan a tener un determinado ángulo de visión para poder apreciar el efecto 3D o si no, obtendremos una imagen duplicada y superpuesta. Este tipo de control nos obliga a mover constantemente la consola, con la pérdida consecuente del mencionado ángulo de visión. El resultado final es injugable.

Así pues, tenemos que elegir entre un control más soso y tradicional y un aspecto visual muy atractivo y un control desafiante y francamente entretenido, pero con una imagen plana, en absoluto mala, pero sin la chispa de la novedad de las 3D.

El slide funciona perfectamente y es muy sensible a los ligeros toques que tendremos que hacer a veces para resituar a Aiai (o al mono que hayamos escogido) después de una rampa en la que aceleramos o al tener que coger una curva cerrada. El acelerómetro es mejor todavía, sumamente sensible y preciso y responde con mucha fluidez a nuestros deseos. De hecho, existen suficientes diferencias en el control como para que las puntuaciones que consigamos con cada uno de ellos sean consideradas en rankings aparte y concedan medallas de acabado diferentes.

En cualquier caso, Super Monkey Ball 3D propone nueve mundos diferentes con diez circuitos de creciente dificultad. Los diferentes elementos se van incorporando a medida que progresemos, como plataformas móviles, interruptores, pasillos más estrechos, bumpers y eliminación de los quitamiedos. Al final de cada nivel obtendremos una puntuación basada en el tiempo restante que quede en el crono, en el número de vidas que hayamos gastado y el número de plátanos que hayamos recolectado por el camino. Cabe decir que si en algún momento perdemos todas las vidas y nos vemos obligados a continuar la partida, este marcado volverá a cero puntos, por lo que el desafío se convierte en no perder vidas y llegar hasta el final con la puntuación más alta.