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Stick it to the Man

Analizamos Stick it to the Man, una aventura única con un brazo espagueti que lee mentes.  

Stick it to the Man - Análisis

Hablar de Stick it to the Man es hablar de una de esas apuestas que ya no se ven en un triple A, un juego peculiar cargado de personalidad y estilo propio que se sale de lo habitual hoy en día. De la mano de Zoink Games, el estudio que ya sacó The Kore Gang para Wii, por fin ha aterrizado esta gran obra con hilarante guión de Ryan North, el popular escritor de los cómics de Hora de Aventuras.

Podemos definir este título como una aventura gráfica, a pesar de que tengamos dosis de plataformas presentes. Como tal, su historia es muy importante y uno de los grandes pilares sobre los que se sustenta. Se nos cuenta la historia del entrañable Ray que, tras volver a casa un día después del trabajo, sufre un accidente y un alien se le mete en la cabeza. Ahora él tiene que lidiar con dos problemas fundamentales: huir de los criminales que buscan al ser que vive en él (que serán mini-secciones de infiltración o de esquivar simplemente) y razonar sobre su posible locura tras lo ocurrido, con visitas a su yo interior en varias ocasiones. Que Ray piense que está loco no es por casualidad, ya que el pequeño que lo tiene de huésped le ha otorgado un poder especial, el brazo espagueti telepático.

El brazo es clave de la jugabilidad de Stick it to the Man. Con él no sólo es posible leer las mentes de otras personas para resolver puzles, sino que además se puede interactuar con diferentes pegatinas del escenario. Se llaman pegatinas porque el mundo en el que se desarrolla la aventura es completamente de papel y sus personajes también, así que los diferentes objetos que cojamos realmente serán despegados de un lugar para luego poder ser pegados en otro, es decir, la filosofía de los míticos cromos Stick Stack bien llevada a un juego y con sentido argumental. Pero el brazo no sólo vale para coger objetos, sino también pensamientos de algunas personas para utilizarlos. Además de lo que se puede coger, también hay otros elementos con los que interactuar, como chinchetas que permiten a Ray moverse hasta su posición o edificios en los que vemos una esquina despegada y puede arrancarse para ver lo que hay en el interior.

El desarrollo de Stick it to the Man se lleva a cabo a lo largo de diez cortos capítulos. Quizás aquí esté su mayor pega porque todos ellos pueden completarse en unas cuatro horas de media, algo más o algo menos si nos paramos a explorar más o vamos de cabeza al asunto. A pesar de ello todos los momentos son buenos y, aunque ciertas mecánicas se acaban viendo en varias ocasiones, la duración hace que no lleguemos a un punto en el que se acerquen al aburrimiento por repetición. En cada nivel hay siempre un objetivo al empezar, aunque para lograrlo al final hay que interactuar con muchas otras cosas y realizar intercambios de objetos (pegatinas) entre personajes para poder conseguir lo que veníamos buscando.

Lo que impresiona es el apartado técnico del juego. El universo de papel y el estilo de los personajes es bastante especial y se utiliza para todo, no sólo para las pegatinas. Durante los capítulos hay puntos de control para continuar nuestra partida si la abandonamos o si morimos, y esto último se realiza mediante una nueva impresión de papel de nuestro personaje. El humor es clave en todo momento y las situaciones son de lo más disparatadas y, aunque a veces sea un poco negro y absurdo, no cae en lo fácil de meterse con nadie para buscar el humor instantáneo. Luego está el apartado sonoro, que es sobresaliente. Tenemos una banda sonora con jazz y rock de hace varias décadas, y para la pantalla de título está la mítica canción Just Dropped  de Mickey Newbury. Y luego están las voces que, a pesar de ser en inglés, son realmente acertadas y acompañan a todos los diálogos del juego, con una traducción para los subtítulos muy buena. Como curiosidad, mientras se realiza una lectura de mentes, con el stick izquierdo podemos escuchar el mensaje a distintas velocidades, lo cual le da otro posible toque humorístico a las voces.

Las posibilidades de control son realmente buenas. Por un lado está la posibilidad de utilizar el Pro Controller o el mando clásico además del Gamepad. Los controles se basan en los dos sticks, uno para mover el personaje por escenarios de desarrollo lateral pero con profundidades y otro para mover el brazo telepático. Los dos botones L sirven para activar el modo de lectura de mente y los botones R para interactuar con el brazo sobre lo que tenga señalado, sea un cerebro para leerlo, o bien pegatinas. Además de eso está el salto, imprescindible para avanzar.

Pero no sólo hay que agradecer el poder utilizar diferentes controles, sino que también se ha aprovechado el Gamepad de diferentes maneras. Si jugamos en la televisión, la pantalla del mando muestra un mapa del nivel en el que nos encontramos, algo que sería accesible con el botón X pero que de esta manera está siempre presente. Luego está la posibilidad de leer mentes levantando el mando y moverlo para buscar en una especie de radar a las diferentes personas, animales y fantasmas para escuchar sus ideas si lo estamos apuntando. Aunque resulta rápido, sus pensamientos se oyen en el mando (en inglés) y los subtítulos están en la televisión, por lo que aquel que requiera leerlos no encontrará del todo cómoda esta opción por la postura a tomar (aunque puede desactivarse en el menú del juego). Luego está el Off-TV, genialmente presentado. Y no sólo porque puedas cambiar en cualquier momento con el botón – entre las pantallas, sino porque añade otra posibilidad si jugamos en el mando: la pantalla táctil. Con ella podemos pinchar directamente sobre los objetos con los que se puede interactuar para ganar rapidez y precisión, además de darle un toque más “auténtico” al pegar pegatinas.

En definitiva, la experiencia que proporciona Stick it to the Man es soberbia. Los únicos puntos que pueden empañar la experiencia son la duración, la repetición de ciertas mecánicas o que no te guste el género. De cualquier manera, estamos hablando de un título que podría perfectamente haber sido firmado por LucasArts o por Double Fine, pero que no por no ser de ellas merece menos reconocimiento.