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Streets of Rage

El mítico juego de Mega Drive del que nació una de las mejores trilogías de los 16 bits.

[Retroanálisis] Streets of Rage - Análisis

Streets of Rage tenía muchos de los elementos típicos de los beat´em up de su época. Había varios personajes para elegir, cada uno con sutiles diferencias entre ellos. Adam era fuerte y tenía buen salto, pero era más lento. Axel fallaba en su salto, y Blaze, la chica de turno, era físicamente la más débil del trío. Jugando sólo o a dobles, había que escoger a un personaje y avanzar nivel tras nivel derrotando a oleada tras oleada de enemigos clónicos interrumpidos de vez en cuando por algún enemigo final enorme y de lo más duro.

Pero estos tres justicieros no están solos en su cruzada contra el malvado Mr. X, que controla el crimen de la ciudad. Los escenarios están llenos de elementos destruibles, como cabinas de teléfono o bidones, que pueden tener todo tipo de objetos en su interior, desde puntos, pasando por ataques finales extra, vidas o recuperadores de vida (manzanas y pollos asados, sobre todo). Y, por supuesto, también estaban las armas.

[Retroanálisis] Streets of Rage

Mientras que con los ataques especiales el jugador llamaba a un coche de policía aliado para que limpiara la zona con un super bazooka, las armas normales permitían ataques mucho más peregrinos… y más contundentes. Vale, no se limpiaba la pantalla de un solo ataque, pero hay pocas sensaciones que puedan superar al de blandir un bate de baseball contra una dominatrix de negro y con látigo. O una tubería. O una botella, que se rompía al primer golpe y se convertía en una poderosa arma cortante, por no olvidar el cuchillo, muy versátil ya que se podía arrojar a distancia causando un tremendo daño por puñalada.

Puñetazos, patadas, agarres y lanzamientos, el poderoso suplex y, si se jugaba a dobles, los ataques conjuntos. Para dos jugadores expertos de Streets of Rage el acabar con los enemigos pasaba a segundo plano: había que matar con estilo. Era un arte matar a un punky pandillero de un solo largo y prolongado combo. Dos puñetazos, patada, aproximación, dos rodillazos, salto por encima y suplex. Para lucimiento extremo siempre podías dejarte agarrar por tu compañero y saltar por encima de su hombro para dar una patada voladora a todo ese grupo de chulos que han aparecido en el extremo derecho de la pantalla.

[Retroanálisis] Streets of Rage

Los jefes finales eran harina de otro costal. Más rápidos, más fuertes y cada uno con su técnica para acabar con ellos. Era peligroso alargar demasiado un combo con uno de ellos, ya que siempre podían librarse y causar un daño masivo en pocos instantes. Uno de los detalles que dan cuenta de cómo se desarrollaban juegos en aquella época está cuando intentabas hacer un suplex a uno de los enemigos finales: el gordo. La animación se cortaba y el enemigo caía sobre el jugador, ya que era demasiado pesado como para cogerle en vilo. Un puntazo. Pero tampoco había que olvidar al que yo llamaba el Freddie, por sus enormes zarpas y un trostro que podría recordar la cara quemada del de Pesadilla en Elm Street, o las dos chicas, unas ninjas velocísimas y bastante esquivas, a las que con el paso de los años acabé bautizando, cariñosamente, como las Zorritas.