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Prince of Persia : Rival Swords

El Príncipe de Persia vuelve por fin a su hogar, la ciudad de Babilonia, después de su odisea en busca de las Arenas del Tiempo. Pero la paz hace mucho que abandonó su reino. ¿Derrotará al Visir y a su yo oscuro que las Arenas del Tiempo han despertado?

Prince of Persia: Rival Swords - Análisis

En nuestros intentos por detener al malvado Visir, sobreponernos a la maldición de las Arenas del Tiempo y recuperar el trono de Babilonia contaremos con dos nuevas armas: el wiimote y el nunchuk. En Las dos Coronas, el príncipe poseía una enorme variedad de movimientos, tanto acrobáticos como de lucha. Pero si algo destacaba en cómo se desarrollaba es que primaba el sigilo sobre todo lo demás. Si planeamos bien nuestros movimientos, tomaremos a los enemigos por sorpresa y caerán derrotados es un santiamén.

Cuando podemos hacer uso de estos golpes definitivos, la cámara hace un extraño, se desenfoca en los bordes y adquiere una tonalidad azulada. Esa será la señal para agitar el nunchuk y comenzar la secuencia. Dependiendo de la fuerza de cada enemigo, ésta será más o menos larga y, de hecho, es la forma de combatir a los jefes finales que aparecen en el juego. En este “modo asesino” tendremos que agitar el wiimote cuando se nos indique, con la misma cámara emborronada y de tonos azules. Si hemos tenido éxito, el enemigo (o los enemigos, porque podremos hacer esto con más de un adversario) habrá muerto.
 


Si nos tomamos calma para preparar nuestros movimientos, serán muy pocas las veces que tendremos que combatir de forma normal con el príncipe. Ahora bien, llegados a un momento del juego podremos encarnarnos en nuestra versión oscura, con una cadena, mucho más ofensiva y en la que más que las plataformas priman los comb ates. Desgraciadamente las transformaciones están totalmente controladas y no podremos elegir nuestra forma a voluntad.
Cuando toque combatir tendremos que alternar entre apretar botones y agitar mandos para desatar todo nuestro potencial acrobático. Combos con ambas manos (en la izquierda llevaremos armas que arrebatemos a los enemigos y que se “gastan” con el uso), subir por las paredes y caer en picado, girar en columnas, saltar por encima de un adversario y rajarle el cuello mientras nos quedamos con su arma… Todo esto es posible de forma bastante sencilla pero… en Rival Swords falta contundencia. Por así decirlo, los enemigos mueren de forma demasiado suave. Después de hacer un aspaviento con el wiimote no te deja satisfecho que el príncipe se limite a rematar a un enemigo en el suelo en una secuencia a cámara lenta. Es precisamente el abuso de ésta en los golpes finales y la ausencia de sangre lo que hace que, aunque los controles han sido bien implementados, los combates no resulten todo lo satisfactorios y divertidos que debieran. Y sí, habéis leído bien. La única modificación respecto al juego original ha consistido en la eliminación de todo rastro del rojo icor que va ligado a la vida.