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Overlord: La Leyenda Siniestra (Dark Legend)

Hay historias acerca de grandes héroes y nobles acciones. Ésta no es una de ellas…

Overlord: La Leyenda Siniestra - Análisis

 

Overlord: La Leyenda Siniestra Wii

Overlord es un juego dual, que deja dos sensaciones bien diferentes al jugarlo. El primer contacto, las dos primeras horas de juego, es una explosión de euforia, un juego que se sale de la tabla en todos los apartados. Sin embargo, a medida que progresamos, esta euforia va desapareciendo y, al final, deja una sensación algo vacía. ¿Por qué? Porque uno se queda con la impresión de que el juego no está acabado, que faltaban cosas por hacer y que se dejaron en el tintero.

Somos el hijo menor de un Duque azotado por la mala suerte. Incapaz de sacar adelante a sus dominios de la pobreza, marcha en busca de aventuras. Su mujer se fuga con otro hombre más rico que él. Durante su segundo viaje, a ver si consigue más suerte el pobre, es cuando transcurren los acontecimientos de Overlord, en el que nuestra herencia será revelada, ya que somos los descendientes del terrible Barón Negro, un tirano que dominaba el reino hacía muchos años. Nuestros dos hermanos están demasiado ocupados con sus asuntos entre los elfos y los humanos, así que será nuestra tarea, y la de nuestros esbirros, poner en orden todo y ampliar nuestros dominios.

 


Overlord rompe todas las reglas de la narrativa de héroes medieval y nos pone en el papel del tirano, que maltrata a sus seguidores, ayuda a chicas a encontrar a sus abuelitas para llevarse la herencia y que se regala en la destrucción y la muerte. En varias de nuestras misiones se parodia a los cuentos de hadas, al más puro estilo Shrek, y el juego completo destila buen humor. No hay que olvidar que la guionista es Rhianna Pratchet y que lleva el humor en la venas. Su trabajo, si bien se hubiera agradecido un puntín más de mala leche y no tanto humor blanco, es excelente.

 Visualmente, Overlord resulta no bueno, sino apabullante. Tiene la dosis justa de realismo mezclado con una paleta de colores muy saturada, por lo que conserva el aire de juego de fantasía sin caer en el dibujo animado. Los escenarios son magníficos, aunque lineales, llenos de elementos y con multitud de personajes presentes (en las últimas etapas del juego contaremos con una veintena de esbirros que actúan de forma independiente). El trabajo de diseño es exquisito, con formas exageradas lo justo para ser ridículas, y muy imaginativas. La iluminación es otro punto a su favor, con un bloom bien empleado en su dosis justa.