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Pokemon Farm

Pikachu también se merece unas vacaciones en el campo.

My Pokémon Ranch - Análisis

Aún compartiendo lista con títulos como LostWinds o Toki Tori, My Pokémon Ranch no puede ser considerado como juego, sino como ampliación y complemento de las ediciones Perla y Diamante de Nintendo DS. Por lo tanto, su compra es totalmente inútil si no se poseen, pese a la posibilidad de jugar sin uno de éstos. Pero, aún teniéndolos, ¿es recomendable? ¿Qué se esconde tras esas tiernas miraditas de esos pokémon?

Nos decidimos a adquirir un rancho por diez euros. Una ganga tal y como está el mercado inmobiliario. Ilusionados con nuestra nueva compra, pudiendo decir ya que es 'Our Pokémon Ranch', llegamos al lugar. Nos encontramos una extensa planura verdosa. Verdosa y a la vez desierta. Ni rastro de vegetación, ni estanques, ni montañas. Nada. Lo único que variará el escenario se reduce al  transcurso ente el día y la noche, independiente del horario de la consola.

Ésta primera impresión del terreno no empaña nuestras ganas de convertirnos en rancheros. Pero éste no es un rancho cualquiera. Nada tiene que ver con el de Harvest Moon o Rune Factory: dejamos de lado a vacas y lechugas para dedicarnos al cuidado de pokémon. Así pues, nuestro principal objetivo será reunir al mayor número de criaturas posible e ir elevando así  el nivel de nuestro rancho. Para la causa, contaremos con la ayuda de una compañera de fatiga: Eulalia irá aportando cada día algunos pokémon para agrandar la lista. Aunque, sin duda, la mayor responsabilidad recae en nosotros. DS en mano, podremos traspasar nuestros bidimensionales monstruitos de portátil a la vida campestre en tres dimensiones en Wii. Este viaje entre consolas parece ser demasiado duro para nuestros pokémon: cuerpos deformes y poligonales carentes de  detalles es lo que arriba al rancho. ¡Hasta  Voltorb dejará de lado la belleza de sus curvas para convertirse en un amasijo de   ángulos!. No obstante, esta dejadez gráfica podría ser justificada. El limitado tamaño que ofrece WiiWare a su software y el elevado  aforo (hasta 1000 pokémon) jugaban en su contra, y se ha decantado por la cantidad antes que la calidad. Todavía menos se puede comentar del sonido: una única melodía que acompaña al juego y los típicos y estridentes gruñidos.   
 
El nivel de interacción con los pokémon también es limitado. Tan sólo nos ceñiremos a observar cómo interactúan entre ellos o con nuestros Mii, o cómo juegan con saltadores y otro tipo de objetos. Bienvenido a la tranquila y aburrida vida en el rancho. Cada uno de nuestros pokémon tendrá su personalidad. Algunos, como Tauros, se dedicará a embestir a todo aquél que se encuentre por delante; mientras que otros, como Typhlosion, mantendrá a sus compañeros a raya a golpe de llamaradas. Nuestros Mii también crearán vínculos. Siempre habrá alguno de ellos que se lleve mejor con las criaturas, u otro que sea todo lo contrario, según el afecto que el pokémon tuviese hacia su entrenador en el juego de DS. De vez en cuando, para llamar nuestra atención y romper nuestra soporífera estancia, realizarán espectáculos tales como una columna tótem o una danza alrededor de una hoguera a la luz de la luna. Para inmortalizar estos momentos, se podrán realizar fotografías que más tarde podrán ser enviadas a nuestro ordenador mediante la tarjeta SD o a nuestro tablón de Wii.