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Monster Lab

Backbone y Eidos Interactive nos invitan a sumergirnos en el hilarante mundo de la ciencia loca donde todo tipo de aberraciones imaginables se dan cita para uno de los mayores entretenimientos que puede ofrecer el mundo de los videojuegos: repartir sopapos.

Monster Lab - Análisis

Podremos tener un monstruo con piernas de barro, brazos con motosierras incorporadas o con cañones laser, un torso escamoso como el de un gigantesco reptil y una cabeza con forma de radiador. Además de darle un toque muy vistoso a los enfrentamientos, también les otorga un componente estratégico, donde tendremos que elegir con qué parte atacar a nuestro contrincante y dónde, para desarmarlo lo más rápidamente posible. Al final de cada enfrentamiento, lo más probable es que alguna parte de nuestro robot haya quedado dañada, con lo que se nos dará la posibilidad de repararlo mediante un minijuego en el que tendremos que agitar el Wiimando para recargar la energía perdida de cada una de las extremidades.

 En general las batallas se hacen amenas, si bien es cierto que, sobre todo en un principio, pueden resultar demasiado fáciles, quitando esa sensación de reto y pudiendo parecer monótono incluso. Pero una vez jugadas unas pocas horas, y desbloqueadas todas las ciencias para poder construir monstruos variados y diferentes, el juego gana muchos enteros. Y es que otra de las grandes bazas que tiene Monster Lab es la enorme cantidad de minijuegos que implican todo el proceso de creación de un monstruo, desde la obtención de ingredientes, hasta la elaboración de cada parte del bichejo en cuestión. En total dispondremos de 22 pruebas diferentes en las que tendremos que utilizar el mando de nuestra Wii de diversos modos posibles. Como ejemplo, para excavar en busca de un tesoro, tendremos que mover el mando de izquierda a derecha para sacar la arena, y arriba y abajo para romper las calaveras que nos entorpezcan nuestra excavación; sin embargo, para crear una cabeza biológica, tendremos que encestar cerebros en una cabeza de monstruo, calculando la fuerza con la que agitamos el mando para ser lo más precisos posible.

Por si esto fuera poco, cuando el juego empiece a parecernos monótono siempre podremos disputar batallas online con amigos que previamente hayamos agregado a través de códigos amigo. Esto suma un plus a los enfrentamientos, ya que si bien el juego en el modo historia nos presenta adversarios que por lo general se defienden  bastante bien, la creatividad de una persona real de carne y hueso puede dar lugar a combates mucho más duros, imprevisibles, y contra monstruos mejor diseñados.

Todo ello presentado con unos gráficos sólidos, coloridos, y un diseño artístico que a un servidor le ha llevado a pensar a la vez en dos cosas: Tim Burton y Monkey Island. El primero por lo tétrico de la ambientación, que en ocasiones recuerda a películas como Bitelchus; el segundo por el humor absurdo que destila el título en general (si bien no llega a los niveles de la obra de Ron Gilbert), y por el diseño de objetos e ingredientes en general, muy en la tónica de aquellos que aparecían hace ya más de 15 años en aquellas míticas aventuras gráficas. También es cierto que, debido al planteamiento del juego, sólo veremos hasta qué punto se han esmerado gráficamente los chicos de Backbone en las batallas, donde podremos contemplar criaturas muy bien recreadas, con unas texturas por lo general nítidas, y un sinfín de efectos de luces y de partículas muy logrados.


En cuanto al apartado sonoro, cabe destacar que Monster Lab viene traducido y doblado a nuestro idioma, lo cuál es un punto a favor, ya que a parte de que pocas veces nos vienen juegos doblados a Wii, el de este título en concreto es notable. Las melodías acompañan en todo momento, y si bien se podría decir que no hay ningún tema de mención especial, también es cierto que las composiciones y los efectos de sonido no nos harán bajar el volumen de la tele.

En definitiva, Monster Lab es una apuesta divertida, diferente, fresca, y bien trabajada. Tiene sus fallos, desde luego, como que se hubiera agradecido más un entorno tridimensional que un tablero por el cuál moverse, que los minijuegos de crear piezas se pueden hacer repetitivos, que podría haber existido un modo multijugador local o que en un principio puede hacerse monótono. Pero si se le da unas pocas horas de juego, descubriremos una trama bastante cómica e interesante, una linea de dificultad que poco a poco va ofreciendo retos, y un sistema de creación de criaturas que después hará las delicias de los aficionados a los combates por turnos que busquen algo diferente.