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MADWORLD

Un proyecto innovador para volver a las raíces de los mata-mata clásicos, con un estilo blanco y negro rompedor y violencia excesiva. ¿No será demasiado?

MadWorld - Análisis

 Rápidamente, esta obra se convierte en un gran juego multijugador a un Wiimote: el mítico "pasa el mando" recupera todo su poderío con una experiencia tan expresiva que tan curioso es jugar como mirar. Cualquiera aprende rápido -dos minutos y alguna pregunta del tipo ¿cómo se daba el cabezazo?- y la sucesión de golpes y cortes horizontales y verticales, combos, finalizaciones, saltos y QTEs parte de una sencillez y una aplicación tal que recuerda qué hace grande a un beat ‘em up.

La clave y gran acierto de toda la experiencia de juego se pone de relieve desde esa primera prueba del novato hasta el final, y no es otra que la experimentación. Es evidente que el desarrollo ha girado en torno a este concepto y también lo es que los resultados, visto lo visto con esas personas tan distintas, hacen a MadWorld sobresalir entre otros muchos títulos del género. El juego invita al usuario a probar, a dejar volar su imaginación. ¿Violencia gratuita? Por segunda vez, NO. La violencia en MadWorld se paga con tanta diversión que es difícil recordar su espectáculo enfermo. El cerebro trabaja en cada situación; ahora piensas qué pasaría si consigues sujetar a un desgraciado contra la cuchilla de turno, luego si el "finish" cambiará actuando por detrás o si algún objeto incrustado decorará la escena... y finalmente lo has matado tanto que dices, siempre dices, "podría probar esto otro". Si no, siempre quedan los comentarios de los televidentes. En esa experiencia multijugador-público que os proponemos, no pararán las sugerencias, a cual más descerebrada. Al principio abrumarán al que lleve el mando, que mezcla sus ideas con la avalancha de propuestas, otras veces los espectadores están para exclamar sin descanso ("¿has visto el charco que estás montando?") o animar cual seguidores sádicos "¡eso, eso, dale, TOOOMA!". Al final, hay momentos de "goregasmo" en los que las bocas sólo son capaces de poner sonido a las onomatopeyas escritas en la pantalla, junto a varios "oooh", "wow" y resoplos de placer. En el mejor momento de la partida, fin de una batalla con una especie de cowboy-jefe final, todos rompimos en aplausos.

Porque el trabajo técnico sacado adelante también es digno de elogio. El equipo escogió un estilo cómic con el añadido de que sólo se utilizan cuatro colores. Todo el peso artístico descansa en unos dibujos en dos dimensiones muy logrados y detallados que no hacen perder en ningún momento el sentido de la profundidad. La calidad es tal que apetece detenerse y apreciar la belleza de los escenarios. El aspecto grotesco también llega hasta los personajes, enriquecidos con un toque de locura y extravagancia, sobre todo los jefes finales. Como complemento, el color rojo de la sangre inunda cada rincón desde el comienzo de la batalla, incluso literalmente. Las manchas se quedarán pegadas en paredes, ropa y armas como recuerdo de la masacre que se vivió. Y un toque de amarillo para las palabrejas, advertencias y señales.

De vuelta a los escenarios, no sólo su diseño artístico es de calidad, sino su concepción. Como dijimos, son una parte imprescindible para sacar todo el potencial de violencia elaborada de MadWorld. La interactuación con los mismos no se limita a la gran cantidad de objetos a la disposición de Jack para provocar muerte. Es más, porque hasta las pruebas están integradas en los escenarios. Una escena de vídeo precede cada minijuego y descubre dónde estaban escondidos los utensilios. ¡Cómo imaginar que detrás de esa pared había un ala de avión con una turbina en marcha! Son pequeños, con muchas conexiones y de ida y vuelta, pero siempre poblados por instrumentos para la muerte y candidatos de sobra.

Una cosa rara es la mezcla que ha resultado entre el castellano y el inglés. La actuación de voz de los personajes sigue siendo la original, cargada de carácter, pero los comentaristas sí han sido doblados al castellano. Los primeros sólo aparecen durante las cinemáticas, subtitulados, así que se les puede entender... a los otros, depende del cerebro de cada uno. Y entre medias, infinidad de efectos de sonido que abruman al mismo ritmo que se reparten mamporros, con la motosierra, fiel compañera, en el altavoz del Wiimote.