Portada » Análisis » Little King's Story

Little King's Story (Project O - Ousama Monogatari)

Un cuento infantil y cargado de humor, para todos los públicos, que cabalga entre la aventura y la estrategia. ¿Puede pegar todo eso junto?

Little King's Story - Análisis

Estimulando los sentidos

También ha quedado de fábula el estilo artístico escogido para representar esta gran obra. No sé ni por dónde empezar: los diseños de los edificios y sus detallitos, los aldeanos y sus trajes poco profesionales, los enemigos y sus animaciones, los ministros y sus tonterías, los paisajes y el paso del tiempo, los árboles con sus hojas de corazón, los equipos y sus carreritas, los motivos de los reinos y las perversiones de sus reyes... Es uno de los juegos más pastelones que pueden existir, pero qué mejor que ésto para contar un cuento de niños y títeres. Pequeños fragmentos de vídeo, que imitan dibujos animados a mano, se intercalan para contar los grandes pasos de la narración.


Personajes diminutos hacen su vida en este universo de Pin y Pon en el que hasta los más machotes dejarán sus complejos para jugar a los muñecos. En Arbok, todo el mundo tiene algo que hacer, aunque sea tomar el sol sobre una manta si no hay trabajo. No faltarán celebraciones y festejos, fans, quejas y pesados de turno. En la iglesia, un cura perturbado esperará pacientemente a que Corobo dé permiso de casamiento a los enamorados, ¡y aquí siempre es primavera! Cuando cae la noche, candiles de fuego, amarillo o morado, alternan la iluminación y llenan de paz un mundo muy vivo. Si ya teníamos aventura y estrategia en las misiones, la paz del reino es una dosis muy suave de simulación social a la Animal Crossing. Además, el equipo de noticias y cotilleos estará todo el día al pie del cañón para avisar de las últimas novedades mediante su banner en pantalla ¿Alguien sigue pensando que éste juego no tiene algo que le guste?

Pero sin ninguna duda el apartado más soberbio de Little King's Story es la banda sonora. El equipo quería que todo el mundo reconociese los temas y se animó a adaptar canciones clásicas como El Lago de Los Cisnes, El Cascanueces, La Novena Sinfonía o España Cañí. Creaciones propias acompañarán a estos arreglos. El Bolero de Ravel da el toque épico a esta gran aventura imperial y las gargantas de los minihabitantes el toque humano. Como en el juego de Nintendo, emitirán sonidos articulados semejantes a un lenguaje en el que se intercalan algunas palabras en inglés o francés. Pero el mensaje está en el texto, siempre en clave de humor. Subtítulos en castellano inundados de licencias y chistes sólo aptos para los españoles. Quizá rechine mucho, sobre todo a los más jóvenes, el abuso de 'chiquitadas', pero a medida que avanza el juego se van diluyendo. "En este país hay menos trabajo que en uno que yo me sé que empieza por E y acaba por A", me dijo un parado cuando me dirigía a las granjas.


Ningún miedo al control

Sin duda una de las decisiones que inclina la balanza hacia el lado de la aventura es el sistema de control. Muy a la Pikmin, sólo consiste en reclutar a los siervos, conducirlos detrás y enviarles a su tarea uno por uno hacia donde mire Corobo. Para facilitar la tarea, se ha incluido inteligentemente una línea de puntos que se muestra y se oculta con 'Z'; también persigue objetivos. Ayuda muchísimo en planos complicados y evita movimientos de cámara extra. Ha sido una solución útil pero que podría haberse solventado utilizando el puntero del Wiimote para mandar como en los New Play Control. Éste es el punto más débil del juego, puesto incluso después de estar acostumbrado se enviará a los vasallos en la dirección levemente errónea y se perderá tiempo por no apuntar bien. No podía ser todo perfecto, ¿no?