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Light Crusader

Revisitamos Light Crusader, una de las joyas de Treasure para Mega Drive.

Light Crusader - Análisis

Light Crusader fue uno de los RPG que creó Treasure para Mega Drive, y uno de los pocos que llegaron a España completamente traducidos al español. Un juego atípico, que se alejaba de contar historias complejas y presentar a decenas de personajes en un mundo de fantasía para centrarse en la aventura de un caballero solitario en un pueblo maldito.

Al más puro estilo de Diablo, teníamos que meternos en los subterráneos de un pueblo para descubrir todo un mundo gigantesco bajo él. Pisos y pisos de mazmorra, elaborados y complicados, llenos de peligrosos enemigos, poderosas armas y hechizos para descubrir y, sobre todo, una cantidad puzles capaces de volver loco al más pintado.

La perspectiva tampoco era la clásica del género. Mientras que los JRPG se solían centrar en una vista casi cenital, que mostraba a los personajes explorando el entorno, Light Crusader siguió la línea de otro clásico de Mega Drive, Landstalker (que nunca llegó a Europa a pesar de que sí lo hizo Alundra, su segunda parte espiritual), con una perspectiva isométrica. Lo cierto es que en aquella época, los escenarios tridimensionales resultaron muy efectivos y el juego era muy llamativo.

También ayudó una dirección artística que desechaba los convencionalismos japoneses y se centraba en una ambientación puramente europea. Tanto el poblado y el castillo principal como la mazmorra en sí con sus distintos ambientes, todo recordaba a un poblado del viejo continente. Por supuesto, que en la aventura de Sir David había una enorme variedad de enemigos sacados del rol más clásico: limos, esqueletos, zombis, hechiceros malvados, orcos…

Light Crusader

Los combates en Light Crusader eran en tiempo real, pudiendo usar la espada y la magia, para la que se necesitaba ir recuperando esencias elementales y combinándolas para crear una multitud de efectos diferentes. Por supuesto, a todo esto hay que añadir objetos mágicos que dejaban caer los enemigos, que servían para recuperar vida, y los objetos de aventura, como llaves, amuletos y medallones. Los tesoros más apreciados eran, sin duda, las armas y la armaduras nuevas, que podían estar tanto en cofres como en determinados enemigos. Aquí, además, el juego te hacía trampas, ya que los objetos más poderosos estaban fuera de inventario y sólo sabías que existían cuando te los encontrabas. Toda una sorpresa, y de las buenas, además.

Pero lo fundamental de Light Crusader no eran sus combates, sino los complejos y espectaculares puzles que había por todas partes. Palancas, plataformas móviles, lámparas que iluminar, rocas que empujar, placas de presión que activar… Puzles tridimensionales que no obligaban únicamente a ser hábil con los dedos, sino con la cabeza. Una habitación con un puzle complejo podía mantenernos ocupados durante horas, tratando de encontrar la forma correcta de resolverlo.

No sólo eso, sino que el componente pataformero no se dejaba de lado, ya que muchas veces había que saltar para alcanzar lugares altos, esquivar trampas mortales y luchar contra la vista isométrica, que podía llegar a engañar la vista. Tampoco ayudaba el hecho de no tener un mapa a mano y tener que saber de memoria por dónde ir, qué habíamos hecho y cómo se resolvían algunos puzles, inevitables.

Light Crusader

Light Crusader fue uno de los mejores juegos de Mega Drive, complejo y divertido, que desafiaba tanto los reflejos del jugador como su capacidad de resolver puzles. Largo, emocionante y, además, favorecía la exploración y la experimentación. Un verdadero clásico de los que ya no se hacen.