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Harvest Moon Magical Melody

Desde las entrañas de NGC viene este remake del simulador campeste más famoso del mundo. ¿Qué tal le ha sentado el cambio a Wii?

Harvest Moon Magical Melody - Análisis

Harvest Moon (Luna de la Cosecha) es el nombre que se le da a la última luna llena antes del equinoccio de otoño y posee un significado muy poderoso en la mitología nórdica. Es la noche en la que la luna parece más grande y teñida de rojo, y se celebraban festivales para favorecer la bendición del dios Loki sobre las cosechas.

 Alejándonos de la particular estética que acompaña al microcosmos de Odín, Yggdrasyl y compañía, es el título perfecto para la propuesta que Marvelous Interactive: encarna a un joven granjero y cultiva tus tierras, cría animales, ten mujer e hijos y salva a la Diosa de la Cosecha.

Lo primero que llama la atención de Harvest Moon: Magical Melody es un apartado gráfico tremendamente descuidado. Ya no es sólo que se trate de un port directo de un juego originalmente diseñado para NGC, es que no exagero si digo que podría tratarse de un juego a medio camino entre N64 y PS2. No es que no haya uso de bloom o de las TEV (que no lo hay) es que el juego entero es feo. Personajes estilo chibi (cabezones) pero con rasgos poligonales y animaciones idénticas para todos los personajes y contadas con los dedos de una mano. Los animales son monos, pero cuadrados (en el caso de las vacas es sangrante) y todos los elementos del escenario tremendamente esquemáticos.

La sensación es de completa dejadez y ausencia de trabajo creativo. Hay juegos sencillos pero con un trasfondo artístico con detalles geniales: Harvest Moon, de tan minimalista que es, parece vacío y sin vida.

Mención aparte merecen los escasísimos emoticonos que aparecen sobre la cabeza de los personajes: puntos suspensivos y símbolos de “sostenido" (#)… Si los unimos al ridículo número de expresiones faciales (cerrar los ojos, sonreír, abrir los ojos… y para ya) tenemos a algunos de los personajes menos expresivos de la historia. El resultado final son escenarios pobres con elementos tristes, modelados toscamente y unos personajes con el carisma y la expresividad de una patata.


El apartado sonoro mejora, pero no es, ni mucho menos, memorable. Melodías simples y algo aburridas tras dos o tres horas de juego. Los efectos sonoros son los justitos. No llama la atención, pero tampoco es abominable. Siendo un juego de simulación podrían haber incluido el aprendizaje de un instrumento y, para los más virtuosos, incluir nuestras propias melodías.

Pero obviemos los apartados técnicos y cojamos el Wiimote. Somos granjeros, podremos segar, arar, sembrar, regar, pescar, ordeñar, cepillar… Pues alguien decidió en algún momento del proceso de desarrollo que no era una buena idea usar el Wiimote. Sólo hay un movimiento y vale para todo. De arriba abajo: segamos; de arriba abajo: aramos; de arriba a abajo: regamos… Pues qué bien, señores: bienvenidos a la Touch Generation.

¿Y el sistema de juego? Pues en primer lugar aclarar que si no eres aficionado a la saga te pasarás los dos primeros días dándote de cabezazos contra la pared. Nadie te dice cómo hacer las cosas y los libros explicativos que te dan son poco menos que inútiles, eso sin mencionar el libro de instrucciones, que tampoco aclara nada.