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Futbolín (Table Football)

Otra disciplina llevada de la mesa a la tele. ¿Llega a cumplir?

Futbolín - Análisis

¡Ah, el futbolín! Ese deporte egregio, cima de la cultura occidental. ¿Cuántas tardes hemos pasado entre pelotita y pelotita a golpe muñeca? Desde el bar de la esquina hasta el apartamento de Joey y Chandler (y quien no sepa de qué hablo le recomiendo que vea la serie "Friends") el futbolín es una fuente inagotable de entretenimiento, de pasar el rato con los amigos y la mejor forma de reírse cuando hay alguna copichuela de más.

Y en mis manos, Futbolín, el videojuego. Sí, un videojuego de futbolín. Con reglas diferentes ajustables a nuestro gusto (¿el futbolín tiene reglas más allá del ¡remolino no!?), ligas, modo desafío...

Más allá de su estética simplona, menús y la mesa de futbolín, casi en 2D, que no importaría si el juego divirtiese y tuviera buen control, encontramos una física en la pelota desconcertante, una música algo obsesiva y unos efectos sonoros muy justitos.

El control, la gran baza de este juego, ha sido pasado por alto, dando por resultado un sistema, cuanto menos, irregular. Los sensores de movimiento responden mal, nunca cuando queremos ni de la forma que queremos. No sólo eso, sino que sólo puedes controlar una fila de jugadores a la vez, como si fuéramos mancos, así que tenemos que estar constantemente cambiando de fila con el stick del nunchuk (cuyo acelerómetro es ignorado limpiamente). Afortunadamente, para golpear la pelota también podemos emplear el "Z", lo que facilita enormemente el juego, lo que no significa que sea sencillo.

Incluso después del completo tutorial sigues completamente perdido y las cosas no te salen. Le das una oportunidad y te echas unas cuantas partidas (con la práctica llega la perfección, ¿no?), pero nada, la CPU te machaca con un humillante 21-3. La siguiente partida es mejor: 21-5. Tercera partida: 21-1. En modo fácil. Parece que me tendré que conformar con ser vapuleado por un pedazo de silicio.

El que podría ser un juego entretenido se convierte en un juego malo por culpa de su insufrible sistema de control. Sigue saliendo más rentable irse con los magos.