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Cursed Mountain

Deep Silver nos ofrece una original y elaborada propuesta dentro del género de los survival horror, en la que tendremos que encontrar a nuestro hermano desaparecido en una de las montañas más altas del mundo, el Chomolonzo.

Cursed Mountain - Análisis

 Por todos es sabido que a la hora de plantearse el desarrollo de un juego de grandes dimensiones, la mayoría de las grandes desarrolladoras miran a Wii con cierto recelo. Por suerte, también es otro hecho que a la hora de presentar proyectos que se desvían un poco de lo tradicionalmente aceptado es en ésta en la que se posan todas las miradas, sobre todo de estudios no tan potentes pero que siguen teniendo en sus cajones un buen puñado de ideas originales a las que dar forma. Ya sea por los costes de desarrollo más económicos para la blanca de Nintendo, o por sacar partido de las características únicas del control de Wii, lo cierto es que ambos factores han propiciado un catálogo exclusivo que ahora este Cursed Mountain viene a reforzar.

La desarrolladora, Deep Silver, hasta el momento había sido conocida por haber producido títulos de cuestionable calidad en Nintendo DS para un público muy diferente al que va dirigida la obra que ahora nos ocupa, así como por ser la responsable de las conversiones para consola de la serie de aventuras gráficas Secret Files. Es por ello que sorprende la solidez que desprende en general todo el planteamiento de Cursed Mountain. En una época en la que ya es bastante difícil sorprender e innovar en un género tan trillado como el de los juegos de terror, el título de Deep Silver lo consigue. Quizás no logre aterrarnos ni estremecernos como otros, pero desde luego la sensación de estar en un lugar maldito de arriba a abajo no se nos quitará ni un segundo de la piel.

 

 

Así pues, y entrando en materia, comenzamos esta ascensión con un video narrado en forma de sucesión de imágenes estáticas en el que vemos, no sin cierto desconcierto, a un escalador en medio de una ventisca ascendiendo y escalando de forma fatigosa la ladera de una montaña. Aunque no se dice de forma explícita, ya se nota que algo no va bien, que el bueno de Frank Simmons, hermano de Eric, protagonista de la aventura, se encuentra en una situación más que desesperada. Lo próximo que sabremos poco después es que Frank ha desaparecido y nosotros, en la piel de Eric, tendremos que esclarecer lo ocurrido y encontrar a nuestro hermano, si es que sigue con vida. La historia no tendría tampoco mucho más que reseñar, si no fuera porque la expedición de Frank buscaba una reliquia sagrada en las cumbres del Chomolonzo, la montaña sagrada de la zona. Para escalar esta montaña antes hay que seguir un escrupuloso ritual basado en la mitología budista y tibetana, pero al  parecer Frank no creía demasiado en lo que él considera unas creencias primitivas y sin sentido. Esto desata la ira de la Diosa de la Montaña, que envía a sus demonios a desolar el valle que anteriormente la veneraba.

Lo primero que hay que destacar es la increíble ambientación que han logrado darle los chicos de Deep Silver a todo el juego en general. Estamos en el Tíbet, en una zona dónde la gente ha huido despavorida ante la llegada de los espíritus ansiosos de almas que robar. Las ciudades, monasterios, pueblos, carreteras, caminos y, en general, cualquier núcleo civilizado, están abandonados. Las pocas personas que nos encontremos que no estén muertas seguirán aportando a la ambientación ese toque de inquietud, pues descubriremos que son los únicos que han sobrevivido a la masacre, y pese a todo, guardan una extraña tranquilidad que al menos ayudará a Eric a mantener un poco su cordura y a conocer exactamente lo que está pasando.