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Colin McRae DiRT 2

Rallies de bolsillo en tu Wii.

Colin McRae: DiRT 2 - Análisis

La muerte del piloto Colin McRae no ha supuesto el final de su popular serie de juegos de carreras. DiRT 2 es el primer título que ve la luz después de este triste acontecimiento, y afortunadamente Codemasters ha sabido superarse a sí mismo con una obra tan divertida como espectacular a la vista. Su jugabilidad arcade a la par que desafiante se ve adornada con unos efectos de iluminación y polvo envidiables, amén de las voces grabadas de algunas de las estrellas del rallie más famosas del momento: Ken Block, Travis Pastrana, Dave Mirra... Y no hablemos de las posibilidades de personalización de coches y sus numerosos extras desbloqueables.

Si a estas alturas os habéis fijado en las capturas que acompañan este texto o en la nota a pie de página os estaréis preguntando de qué estoy hablando. En realidad estoy haciendo referencia a las versiones de Xbox 360 y PS3, por supuesto. Y lo hago para que os hagáis una idea de la enorme oportunidad que se ha perdido al realizar el port de este juego a Wii y del pésimo trabajo realizado con él. Porque la versión para la plataforma de Nintendo, la que tratamos en estas líneas, tiene muy poco que ver con el juego que os he descrito en el párrafo anterior, pues se parece más a las versiones de Nintendo DS y PSP que al de las consolas HD.



Coches de juguete

Las señas de identidad de las carreras de DiRT 2 son la espectacularidad de los coches, su grado de interacción con el terreno y la suciedad, y los duelos verbales entre pilotos famosos. No encontraremos ninguno de estos elementos en la versión Wii. En su lugar tendremos unos escenarios y unos coches con un texturado y unos modelos sorprendentemente pobres, que despiden un feeling más propio de las producciones de Nintendo 64 que de un juego del año 2009. Cierto es que conforme avanza el juego los escenarios se van volviendo algo más interesantes, incluyendo detalles como un puente, un molino de agua, un poblado... Pero no dejarán de ser anécdotas dentro de un diseño parco en detalles. Que repito, más acorde con las limitaciones de una consola portátil que con lo que suele ofrecer un título de sobremesa.

Los coches parecen juguetes de plástico, sin ninguna clase de efecto de reflexión de luces sobre la chapa, las ruedas son octogonales y su física da a entender que pesan menos que una pluma. Y sí, se ensucian con el polvo del suelo, aunque el efecto no llega más lejos que un simple teñido de las texturas de los bajos de los vehículos. Dispondremos de coches de diversas categorías, desde rápidos turismos hasta enormes todoterrenos, como el poderoso Hummer. La variedad de coches disponibles ronda apenas la decena, aunque podremos variar entre distintas pieles conforme las vayamos desbloqueando. La licencia les permite disponer de coches reales, aunque con ese aspecto la cierto es que poco importa que lo sean. Los coches sufren escasas deformaciones incluso en los choques más fuertes, y de hecho su comportamiento en carretera no se ve alterado tras un impacto, por lo que los destrozos se quedan en el plano estético.

Por lo general nunca tengo nada que objetar a los efectos de sonido en ningún tipo de juego, pero en este caso comentaré que las frenadas utilizan uno de los FX más chirriantes e irreales que he escuchado en mucho tiempo. Es imperdonable que un todoterreno resbalando por un camino de tierra suene igual que la yema de un dedo frotando una mesa encerada. Acerca de la estupenda banda sonora de DiRT 2 (que sí ha sido respetada en este caso), advierto de que nunca estaremos suficiente tiempo en sus menús o viendo repeticiones como para disfrutarla, y dado que en carrera no hay música de ningún tipo, la experiencia de juego puede calificarse como silenciosa.