Portada » Análisis » Carnival Games

Carnival Games

¡Pasen y vean, señoras y señores! ¡Tenemos de todo, tiro al pato, carreras de caballos, salto de rana! ¡Juegue hasta que se le caigan los brazos, oooooooiga!

Carnival Games - Análisis

De los acontecimientos que uno más recuerda de niño (al menos del que suscribe) es cuando llega la feria. Hay atracciones, chocolate con churros (de esos tan gordos), algodón de azúcar, gofres… Y luego están los juegos. No hay nada más que suba la autoestima que conseguir un “ping” con el martillo pilón. Bueno, sí, el beso de la chica cuando le regalas el superpeluche que has ganado.

 


Take2 se propone llevarnos todo eso al salón de nuestras casas (menos los gofres, los churros y el algodón de azúcar) con Carnival, un juego que se suma al amplio catálogo de 'party games' disponibles para Wii. Precisamente por eso, porque hay mucho donde elegir, este título saca a relucir defectos graves.

Todo producto entra por los ojos, y tal vez es el apartado en el que Carnival Games más flojea. El juego está ambientado en una feria, con sus puestos ambulantes  prototípicos, como el de tirar a los patos, derribar botellas o la pitonisa. El problema no radica en su simpleza, sino en su sosería. Son planos, predominando los colores simples y completamente esquemáticos y un punto más de locura en su diseño habría encajado más en el espíritu de cachondeo que un título de minijuegos debería tener. Teniendo en cuenta que son estáticos podrían haber pensado en colocar prerrenders para darle algo de vidilla, pero nada de nada.

Igual ocurre con los personajes. Aquí se ha copiado descaradamente la idea de los Miis, pero tratando de enriquecer sus atuendos: no funciona. Una cosa es ver un monigote caricaturizado y otra muy distinta es ver a un personaje inexpresivo que camufla su realidad bajo un aspecto de dibujo animado y cuyas manos, exageradamente grandes, no están unidas al cuerpo. Personalmente me pareció grotesco.

La personalización de nuestros personajes está algo limitada en cuanto a tipos humanos (por supuesto una oferta que queda a años luz de los Miis) y se ha hecho más hincapié en la personalización de los complementos, la mayoría de ellos desbloqueables y disparatados: patas de elefantes, pelucones imposibles, plumas, etc. Muy… raro. Más que un elemento de diversión es una forma de meter con calzador un buen montón de extras desbloqueables.

El sonido es también cumplidor, aunque hay que destacar que está en perfecto castellano, tanto los textos de pantalla como el doblaje explicativo, si bien es cierto que las frases que sueltan los encargados de los puestos son un puñado y ya en la primera partida las oiremos repetidas. La musiquilla de fondo es adecuada, aunque tampoco es ninguna maravilla. Acompaña lo justito.