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Bully: Scholarship Edition

Adolescencia de un género que debe explotarse en Wii. Mantén limpia la nariz o te la limpiamos.

Bully: Scholarship Edition - Análisis

Ampliando horizontes

La vida en la academia Bullworth sigue un ritmo progresivo en intensidad y contenido, y el apetito de juego crece acorde con el conocimiento del mismo y con la amplitud del área explorable. La dificultad hace lo propio, y una misión tonta con una hora de juego puede resultar tan complicada como las de cuando se llevan diecisiete. Es muy destacable que a esas alturas se mantenga el humor y la sorpresa, que las misiones no sean todas esperables. Que el recorrido siga siendo interesante y agradable.

Ver cómo se abre la ciudad, con sus playas y su parque de atracciones, impacta más que en otras apuestas del género: en esas no comienzas encerrado en el recinto de la academia. Así hay, poco a poco, muchas más cosas que hacer, objetivos secundarios, compras de accesorios -que por vez primera no se limitan a 4 prendas de vestir-, partidas a las (geniales) recreativas de la ciudad o exploración de nuevas zonas aunque sea para pasar el rato, recoger coleccionables o encontrar otro de esos detallitos que hacen a Bully el adelantado de la clase: papeleras o taquilleras para esconderse, barandillas por las que deslizarse, cosas que tocar y encender... en definitiva, un mundo más interactivo.

Hablando de las bondades de la reedición de este año, el esfuerzo en la mejora visual es reconocible pero mejorable. Las sombras son lo más destacado aparte de la estabilidad de marcos por segundo y algunos retoques en los modelos y en la paleta. Mejorable porque hay más que explotar, pero nada que objetar tratándose de una recuperación de un clásico. Los andares de Jimmy son auténticos, y sus posturas en las escenas no le van a la zaga.

Igual que los minijuegos de las clases o los que te encuentras por ahí: utilizan el control de Wii, sí, y algunos -como la escisión de la paloma en biología- son bastante destacables, pero nunca algo que transforme la experiencia de juego. Los controles, el otro de los añadidos, cumplen con su cometido sin ningún problema ni ningún alarde -¿no sería mejor abrir una cerradura tipo caja fuerte inclinando el mando en lugar de hacer círculos con el joystick?-. Ahora bien, recuerda de nuevo que Wii posee el mejor sistema de control para los juegos de mundo abierto.

Es decir, el terreno de los extras hace de este Bully el mejor de los tres existentes, pero también demuestra que esta reedición es justo para los que no jugaron el original, nunca -salvo alguna excepción- para los que sí. Y que es ahora el momento de hacerse con él, mientras siga siendo ese eslabón intermedio y no uno oxidado de una cadena que está apunto de alargarse.

Lo más interesante es que la forma de jugar que plantea devuelve al jugador a la esencia de los juegos sandbox. Es divertido tanto para echar un rato haciendo tonterías como para centrarse en una historia excelentemente guiada, y ahí está la originalidad cuando puede sonar a "esto ya lo he jugado".


Evaluación

Bully es un buen ejemplo de esas veces en las que la recuperación de un proyecto pasado convertido al manejo de Wii tiene valor y sentido, de esas que no nos importaría que se repitieran con otros clásicos. Quizás no satisfaga a los que ya lo disfrutaron (o sí, si es amor incondicional o coleccionismo), pero sin duda es, aún hoy, una historia fresca, divertida y puesta al día con los puntos Wii, que son todos aciertos. Una joya rescatada que vuelve a dejar claro lo bien que le va el género a esta consola.