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Adventures of Pip

Un píxel que da mucho de sí

[ANÁLISIS] Adventures of Pip - Análisis

Puede que tanto Internet como los videojuegos no tengan todavía una historia de docenas de lustros detrás; pero tampoco hace falta para darse cuenta de que sus fuentes de inspiración y su humor pasan por etapas cíclicas. Ahora vivimos años en los que se lleva hacer parodia y el humor meta-referencial. Adventures of Pip, lo último de Tic Toc Games para Wii U, no escapa de esa tónica. No es para menos, pues Pip, el protagonista, no es más que un píxel en un mundo donde los individuos se clasifican por la resolución de sus sprites. Así pues, Pip no es más que ese último mono del que nadie espera nada. Pero como diría Bruce Willis en Pulp Fiction: “Así les vencerás, Butch; no paran de subestimarte”.

Un píxel que da mucho de sí

Centrándonos ya en el juego, Adventures of Pip es principalmente un plataformas de dos dimensiones. Cierto es que cuenta con algunos elementos de exploración más tipo Metroid, con sus compartimentos escondidos al otro lado de un falso muro; pero no añaden mucha profundidad, ya que sólo sirven para acceder cofres con dinero y aldeanos perdidos, siendo lo primero para comprar power-ups y lo segundo para obtener nada más que la sensación de realización personal por haber completado el juego al 100%.

Afortunadamente, Pip cuenta con algunos recursos que permiten que su aventura no caiga en lo genérico (no excesivamente, al menos). A medida que avanza aprenderá a evolucionar en sprites de 8 y de 16 bits. Si con su forma “monopixelar” original Pip es más pequeño, permitiéndole colarse por huecos pequeños y suavizar las caídas planeando levemente, la de 8 bits aprovecha sus nuevos brazos para pegar puños y agarrarse a las paredes (lo que le permite alcanzar grandes alturas saltando de pared en pared). La forma de 16 bits es más lenta y pesada; pero maneja una espada y es capaz de destrozar rocas gracias a su mayor fuerza.

Esta mecánica otorga a los niveles una componente más de puzzle que ayuda a evitar la monotonía. Sobre todo porque el jugador no puede evolucionar a voluntad (necesita recolectar un tipo de energía que se obtiene derrotando un tipo especial de enemigos estratégicamente ubicados) mientras que para otras situaciones puede volverse necesario involucionar (esto ya sí disponible en cualquier momento), ya sea porque la forma de 16 bits es demasiado lenta o porque el paso es demasiado estrecho. También cada forma se comporta de una manera distinta dentro del agua o entre las corrientes de aire, por lo que también sirven para regular la altura o salir disparado según convenga.

Como resultado, Adventures of Pip consigue un desarrollo variado y trazado de manera inteligente. El jugador no sólo tiene que ser hábil, sino que además debe saber adoptar la forma apropiada para cada momento, aunque eso pase por involucionar en medio de un salto. La fórmula parece funcionar, pues a lo largo de sus cinco mundos el juego consigue picar al jugador y animarlo a seguir en fases que combinan ese saber alternar formas con saltos bien medidos de una forma desafiante, aunque sin llegar a extremos megamanianos; pero se muere. Vaya si se muere, como atestigua un cartel que lleva el sonrojante recuento de las muertes del jugador. Puede que el juego abuse un poco del ensayo-y-error gracias a que las vidas sean infinitas; pero mejor eso que quedarse con la sensación de paseo.

Al margen de las transformaciones, Pip puede conseguir ayuda de items tanto temporales como permanentes. Los primeros se compran al mercader y van desde curaciones hasta localizadores de cofres, pasando por corazones extra (aunque estos sí sean para toda la partida) Los segundos son potestad del herrero y permitirán una mayor protección contra los ataques enemigos, conseguir más dinero o fortalecer tus ataques. Lamentablemente los objetos no terminan de parecer verdaderamente útiles. Todos los enemigos mueren de un toque y el riesgo de perder la vida (salvo en los primeros mundos, en los que tus corazones escasean) suele venir de medir mal los saltos, por lo que fortalecerse suele ser una fútil inversión. Algo parecido pasa con la forma de 16 bits: dado que no hay enemigos desafiantes (los jefes no están del todo mal; pero casi siempre se rigen por la eterna ley de los tres toques) normalmente su pesadez es contraproducente, sobre todo cuando consigues un power-up que da cierta capacidad destructiva a la forma de 8 bits. Da la sensación de que el juego no llega a aprovechar del todo su propia base, como si el concepto fuera excelente pero la ejecución se quedase al 80%.

Si entramos a valorar su apartado visual, Adventures of Pip se queda como un juego de aspecto simpático pero poco destacable. Sus personajes y escenarios son coloridos; pero, quitando un par de excepciones, distan mucho de ser los más preciosos o los más imaginativos que ha conocido la consola. También queda empañado por las muy puntuales bajadas de framerate, muy localizadas en todo el juego y de escasísima duración; pero lo suficiente para llegar a molestar en medio de algún salto importante. La música también deja una sensación agridulce. Por un lado hay melodías sorprendentemente buenas; pero por el otro la sensación de acompañamiento se queda a medias, sobre todo porque apenas se han aportado efectos sonoros a los diálogos. Esto último es una lástima, pues Adventures of Pip tiene un guión que no escatima en usos de su particular sentido del humor; pero tanto la historia como los personajes pierden fuerza al no ir la música de la mano con ellos.

Breve pero divertido

Quien se decida por Adventures of Pip se encontrará con un juego de una tarde, dos a lo sumo si se pone empeño en lograr el 100%. Estamos por lo tanto en un juego que puede durar entre 5 y 8 horas dependiendo de los detalles que se quieren completar (desgraciadamente éstos tampoco otorgan extras, así que de gran cosa tampoco sirve). Quizás una duración que no colme del todo las expectativas que se esperan de un juego de 13€; pero que al menos no está dopada mediante un exceso de linealidad y monotonía.